Mario Castañeda es Goku

por Narciso Rossi

Mario Castañeda es mexicano, actor, locutor, director de doblaje, y uno de los dobladores más famosos de la industria latinoamericana. Es casi imposible no haber escuchado su voz alguna vez. Podemos reconocerlo en las voces latinas de Bruce Willis, Jim Carrey, Mel Gibson, Tom Hanks, Jakie Chan y muchos más.

Hablamos con Mario sobre su trabajo, sus proyectos y sobre las voces que lo llevaron a la fama.

mario-castaneda-462481mp3_462482.pngNR: ¿Cómo es el proceso de Doblaje? ¿Trabajan en grupos, o de forma aislada, repiten escenas o después de cierto grado de profesionalismo no es necesario?

MC: El proceso de Doblaje empieza mucho antes de llegar al estudio de grabación. Se establecen contactos con clientes que envían trabajo. Se seleccionan Directores y Traductores, se elaboran copias de trabajo. Se selecciona al elenco en conjunto con el departamento de Producción y Talento. Se dan los llamados a Actrices y Actores y por fin se llega al estudio.

Actualmente se graba personaje por personaje a diferencio de hace años en que se grababan todos los personajes juntos por falta de canales de grabación. Hacerlo así mejora la mezcla final.

Los actores llegan a la hora que fueron llamados y conocen por primera vez el proyecto que van a grabar, lo escuchan, lo miran y lo ensayan una vez… y lo graban. Es un trabajo muy especializado y el nivel de expertice es muy elevado. Se trabaja contra reloj por las fechas de entrega que marca el cliente. Los “loops”, como llamamos a cada segmento de grabación en Doblaje (15 segundos o 25 palabras lo que suceda primero), se graban las veces que es necesario hasta que la toma queda perfecta.

NR: ¿Cuál considerás que es el mayor logro que te dio el doblaje?

MC: El mayor logro que me da mi trabajo es sentirme realizado como persona y como profesional. Cada día me siento satisfecho por lo que hago, no tiene que ser algo especial, de hecho TODO es especial. Siempre igual pero siempre diferente. Soy muy afortunado.

NR: Empezaste a trabajar siendo muy chico. Si mirás ahora hacia atrás, ¿Qué destacás o extrañás del recorrido que queda en tus espaldas?

MC: Yo encontré mi vocación a los 17 años y comencé a grabar hasta que terminé la carrera de Arte Dramático a los 20 años. No sé si tengo una gran carrera a mis espaldas, lo que sé es que realizo mi trabajo con el 100% de mi conocimiento; con pasión, con amor y entrega. Nunca extraño nada ni a nadie. Estoy feliz y completo, y todo me gusta… amo mi trabajo.

 

 

 

NR: Además de algunos personajes, que es lo que uno ve, lo cierto es que te encargás de hacer el doblaje de determinados actores. ¿Cómo trabajas la voz en estos casos? ¿Usas un mismo tono cada vez que doblas a Jim Carrey y otro cada vez que doblas a Bruce Willis, por ejemplo? ¿Hay tips que escuchas en la voz de los actores y los reproduces en tu trabajo?

MC: Básicamente no cambio la voz como si la voz fuera la herramienta que utilizo para trabajar. Trabajo con todo el cuerpo. De hecho en el Doblaje la voz es lo menos importante. Lo que se escucha diferente es el resultado de las emociones que manejan los personajes que interpretan los Actores que doblo. Y por supuesto la gente de Doblaje “leemos” las emociones de los personajes para entender lo que están sintiendo y para saber que procesos internos debemos seguir para re-interpretarlos.

128162.jpgNR: Una serie del recuerdo es Los años maravillosos. Tu voz es la de un Kevin adulto, a modo de narrador, contando sus años escolares. Ya que no hay un trabajo de coordinación entre tu voz y lo que se ve, ¿fue ese un trabajo más libre de alguna manera?

MC: Sí. Libre de la sincronía de labios, pero no de los ritmos y tiempos en los que el personaje hablaba. Hay un diseño de audio y la voz juega un papel importante en este diseño, por lo tanto un actor no puedo hacer lo que quiera, debe seguir el trabajo en equipo que realizan todos los personajes para no romper el ritmo y las interpretaciones de los demás personajes.

NR: Antes de ir a Goku, entremos por el animé en general. Te escuché antes decir que tenías un poco de miedo al animé, ¿a qué se debe? ¿qué diferencia hay entre este el anime y otras series de animación o películas?

MC: Nunca he dicho que le tenga miedo al anime. Lo que he dicho es que grabar anime es complicado y me daba flojera grabarlo porque tienes que mirarlo todo el tiempo debido a lo fuera de sincronía que esta hecho; prefería grabar cosas menos complicadas. El anime es diferente a otras animaciones por el estilo de interpretación de los seiyuus que es muy intenso, diríamos “exagerado” desde el punto de alguien occidental.

NR: Durante mucho tiempo los actores de doblaje permanecieron en el anonimato. Uno no buscaba, o no tenía cómo buscar, quién estaba detrás de la voz de tal o cual personaje. Con internet todo eso cambia y los actores de doblaje salen a la luz. ¿Se pierde algo de la magia original en esta nueva era? ¿Cómo reaccionan los fans al descubrir que hay otras
personas detrás de lo que veían o ven?

MC: Evidentemente parte de la magia del Doblaje era no saber quién lo grababa. No había forma de relacionar al doblaje con nombres, rostros. Pero esa magia la rompieron los fans al tener acceso, vía internet, a la información de los Actores. No creo que los fans no supieran que había Actrices y Actores grabando las voces que escuchaban, pero no los conocían. Y ahora los fans han creado un principio de Star System al sacar a los Actores del anonimato; su reacción es de admiración al conocer nombre, rostro y datos de sus voces favoritas.

Mario.jpgNR: En los últimos capítulos de Dragon Ball, el pequeño Goku crece y con el cambio de apariencia hay un cambio de voz. Ahí es donde entras tú. Pero desde siempre tu voz ya aparecía en el opening latino de la serie y no estabas al tanto. ¿Esto es así? Y por otro lado, ¿cómo fue encarar un Goku adulto? Es decir, tomar la voz del personaje principal una vez que ya estaba avanzada la serie?

MC: Claro que estaba al tanto, digo, ¡yo lo grabé! Pero como muchas cosas que hago no es algo que me ocupe como para tenerlo presente todo el tiempo. No lo relacionaba al hecho de trabajar en la serie como lo es grabar alguno de los personajes. A lo que me refiero cuando lo comento es que no cobré todos y cada uno de los capítulos como debería haberlos cobrado… Lo grabé una sólo vez y me desentendí…

En cuanto al Goku adulto obviamente que tenía que estar basado en el trabajo que había realizado Laura Torres, la voz de Goku niño… No puedes aparecer de pronto y borrar todo el recuerdo de la infancia. Mi trabajo fue revisar y entender el trabajo de Laura para que el personaje no cambiara…

NR: Pasó algo muy curioso en Japón justamente cuando se da este crecimiento de Goku. ¿Puedes contarnos bien cómo fue eso? ¿Qué diferencias hay entre el público japonés y el de Latinoamérica? ¿Piensas que el público tiene poder de decisión?

MC: En Japón no cambió la voz de Goku al momento de crecer, como cambió en el resto el mundo donde la serie se dobla. La gente no estuvo de acuerdo y prefirieron dejar de ver la serie que aceptar el cambio. El público japonés sabe que tiene este poder, y aparentemente Latinoamérica apenas lo está descubriendo. El público tiene mucho poder… pero no lo sabe.

NR: Además de doblador, eres director de doblaje. ¿Qué área es la que más te gusta o en la que te sientes más cómodo y por qué?

MC: Yo soy Actor. Además dirijo Doblaje, como Locutor grabo spots publicitarios, audiovisuales, he sido la voz oficial de varios canales de TV, doy conferencias, talleres y presentaciones personales, tengo con René García un canal de YouTube… Pero yo soy Actor… Podría dejarlo todo y si sólo trabajara como Actor sería feliz…

NR: Te escuché hablando sobre la importancia del director de doblaje. En esa entrevista me llamó la atención que dabas el ejemplo de “What happening?” y por qué no se debería doblar como “¿Qué sucede?” o “¿Qué ocurre” porque puedes decir “¿Qué pasa?”. ¿De quién es la responsabilidad en estos casos? ¿Y por qué crees que se dan?

MC: El Director de diálogos en Doblaje es el último filtro que cuida que la calidad de la traducción y la interpretación sea optima. La responsabilidad de la traducción y adaptación para Doblaje es del traductor, pero puede haber errores y al final será el director quien los detecte y corrija.

El Doblaje no es perfecto, pero es perfectible y es un trabajo de equipo. Director, Traductor, Actores e Ingeniero trabajan juntos para lograr el estándar de calidad de la Industria Mexicana de Doblaje. Sencillamente es gente haciendo su trabajo.

Anuncios

Grandes putas made in Hollywood – primera parte

por Emiliano Román 

“Me llaman calle, me llaman calle,
calle sufrida, calle perdida de tanto amar”.
Manu Chao

La palabra puta es, tal vez, el insulto más popular de la lengua castellana. Primeramente fue un intento degradatorio y de estigmatización hacia la mujeres que se dedicaban al oficio de la prostitución. Luego se fue generalizando y se refiere a cualquier mujer que esboce gestos de libertad sexual y estética frente a los mandatos patriarcales. Intentar abolirla o censurarla del lenguaje le daría más consistencia a la hora de querer agraviarlas. Por eso, es necesario un camino deconstructivo que más que injuriante debe ser empoderante, que implique una resignificación desde el punto de vista teórico, político y estético. Puta ya no es una vergüenza sino un signo de libertad. Esta reinvención no debe perder de vista a las trabajadoras sexuales, quienes son las que viven el estigma y la marginación cotidianamente.

Las putas existen desde que el mundo es mundo y desde que el cine es cine. Se suele llamar a la prostitución como “el oficio más antiguo del mundo”, más allá del mito, hay versiones que ya en la antigua Mesopotamia las mujeres eran obligadas a prostituirse como signo de hospitalidad ante visitantes extranjeros.

El tema en el cine fue representado desde sus comienzos mudos, ya en 1913 Traffic in Souls (George Loane Tucker), abordaba la cuestión de la trata, pero esos seres marginados y atractivos siguieron siendo el objeto de fascinación de los realizadores hasta el día de hoy, con las esclavas sexuales futuristas en la distópica Blad Runner 2049 (Dennis Villanueve, 2017).

El presente escrito es un recorrido cronológico por aquellas putas que han trascendido la pantalla y dejaron marcas en el inconsciente colectivo. Hollywood es la meca del cine, la industria del entretenimiento por excelencia. Refleja realidades pero que también las genera, es un dispositivo para construir subjetividades, desde valores morales y prejuicios estéticos. Tal es así que desde 1934 hasta 1968 rigió el absurdo código Hays, un manifiesto que tenía reglas restrictivas sobre lo que se podía ver o no en las pantallas. Un intento moralizante de conservar el carácter sagrado del matrimonio y la familia y evitar escenas sexuales que despierten algún tipo de emoción en los espectadores. Las putas fueron las primeras en caer en la censura, por eso los directores se las ingeniaban para mostrarlas desde detalles muy sutiles o leerlas entre líneas.

Más adelante con la caída de este código y el nacimiento del cine independiente, podemos ver que las producciones norteamericanas comenzaron a contar historias más jugadas, menos edulcoradas y con más presencia en la profundidad psíquica de los personajes.

El recorrido lo iniciaremos desde el nacimiento del cine sonoro hasta la actualidad, y tendremos las más diversas putas, desde las putas de buen corazón, hasta las putas frías y calculadoras, desde las que ejercen la prostitución por extrema necesidad o desesperación hasta las que lo hacen por decisión personal o alguna causa determinada. Es un recorte, una selección, sería imposible abarcar en un formato como este a todas esas mujerzuelas que nos han fascinado desde la pantalla grande.

El término PUTA se fue generalizando y se refiere a cualquier mujer que esboce gestos de libertad sexual y estética frente a los mandatos patriarcales

Marlene Dietrich en “Fatalidad” (Josef von Sternberg, 1931)

Marlene Dietrich - Fatalidad.jpgPara 1930, el gran ícono alemán Marlene Dietrich, desembarca en Hollywood de la mano del realizador Josef von Sternberg, con el cual, debido a su aspecto de femme fatal, ya había interpretado a varias putas. Ahora, la erótica blonda andrógina, uno de los primeros seres queer que habitaron el mundo del espectáculo, encarna a Marie, una viuda de un oficial caído en la I Guerra Mundial, que debe ejercer la prostitución para sobrevivir. Por su belleza e inteligencia es contratada como agente por el servicio secreto austríaco para seducir a posibles traidores. Son varios los que muerden el anzuelo de esta puta tentadora, hasta que se encuentra con un coronel ruso del cual se termina enamorando y lo deja escapar. Un mirada machista, que pone a cuestionar la supuesta lealtad de la mujer. Por más fría y calculadora que se muestre, a la larga su condición femenina la hará debilitar y traicionará la causa. Por eso la terminan ejecutando, porque puta muerta, puta redimida.

Joan Crawford en “Bajo la Lluvia” (Lewis Milestone, 1932)

Joan Crawford - Bajo la lluvia.jpgPara comienzos de los años treinta, Joan Crawford era una de las chicas del momento. Aquí interpreta a Sadie, una prostituta que convive en una posada con un grupo de personas que están varadas temporalmente en una isla. Entre quienes se encuentra un predicador con influencias políticas, que se obsesiona con ella obligándola a redimirse, a costa de cualquier sacrificio. Sally es adorable, divertida y arrabalera, baila y se pavonea con los marineros del lugar, pero el encuentro con el pastor fundamentalista le inyecta una sobredosis de culpa y represión que la deja en estado catatónico. La película en su momento fue subversiva al denunciar la hipocresía, opresión y manipulación del patriarcado religioso. El costo fue caro, la sociedad no estaba preparada para tal cuestionamiento, la sintió ofensiva hacia las buenas costumbres y fue censurada, aunque con el tiempo se la consideró de culto y uno de los mejores trabajos de la Crawford en su notable carrera.

Greta Garbo en “La dama de las camelias” (George Cuckor, 1936)

greta garbo la dama de las camelias.jpgSi existió en el cine una estrella mítica, fue Greta Garbo, con un aspecto gélido y un halo misterioso, la actriz sueca siempre se mostró inabarcable. Ha interpretado numerosos papeles, pero sin dudas el de puta fina le calzaba como anillo al dedo. Como lo es en la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Alejandro Dumas. Allí es Marguerite, la bella cortesana del París en 1847. Como buena puta de lujo, frecuentaba las fiestas de la alta sociedad. Padecía de agobios económicos debido a su alto nivel de vida, aunque nunca faltaba un aristócrata dispuesto a pagarles sus caprichos. La historia es un desgarrador melodrama romántico, donde ella enferma de tuberculosis y debe renunciar al amor de un hombre más joven en pos del pedido del padre de este, nuevamente el patriarcado aparece como sancionador del “pecado” femenino. La redención aquí viene de la mano del sacrificio y la muerte. Tuberculosa y agonizante, la Garbo jamás pierde belleza y glamour, hasta ofrece uno de las escenas finales más emblemáticas de la historia del cine: muere en brazos de su amado.

Claire Trevor en “La diligencia” (John Ford, 1939)

Claire Trevor - la diligencia.jpgIcónico film western que refleja la hipocresía y doble moral de la sociedad americana. Dallas es una prostituta que ha sido expulsada del pueblo por parte de unas damas indignadas con su vergonzosa vida mundana. El viaje es largo y peligroso en una diligencia que debe compartir con otros personajes bastantes distintos. Ella es estigmatizada por el resto de los pasajeros pero no deja de ser gentil y amable. El único que la acepta e integra es un forajido. Logra redimirse cuando ayuda a la pasajera embrazada, se hace cargo del parto y cuida de la recién nacida. En las expresiones de su rostro se refleja el instinto maternal, este rasgo la exculpa, como si la maternidad sería el don absoluto de una mujer que perdonaría todos sus pecados. A partir de ahí, el fugitivo le pide casamiento y le ofrece huir juntos. Él no la juzga, no le importa su pasado, solo ve en ella un buen corazón y belleza. Ambos encuentran en el otro el trayecto para una vida feliz y la redención de sus pasados.

Vivien Leigh en “El puente de Waterloo” (Mervyn LeRoy, 1940)

Vivien Leigh - El puente de Waterloo.jpgVivien Leigh, una de las actrices más bellas y talentosas que nos ha dado el cine, también hizo de puta. Debiendo sortear la cerrada censura del código Hays, esta película es un oscuro melodrama con la guerra como telón de fondo. En un inmenso flashback, Myra es una virginal bailarina que se enamora de un capitán que va a la guerra, lo da por muerto y sin posibilidades laborales, la desesperación la lleva a prostituirse. El principal conflicto interno aparece cuando él regresa vivo, le ofrece casamiento y le presenta a su burguesa familia, quienes la tratan muy bien y reconocen que tenían prejuicios porque ella era bailarina. El remordimiento de Myra neutraliza su deseo y decide marcharse con un dolor existencial tan garrafal que la lleva a suicidarse. Dos cuestiones: por un lado pareciera que el único camino de salvación para una mujer sería el amor romántico y por el otro, la culpa y el sacrificio como destino ineludible a la redención.

Ingrid Bergman en “Notorious” (Alfred Hitchcock, 1946)

Ingrid Bergman  - Notorious.jpgLa puta no necesariamente revolea la cartera en la calle, o es una chica de burdel, o tampoco recibe dinero por parte de su cliente. Se lo puede ser por una causa y sí el motivo es la patria se estaría libre de culpa. La otra gran estrella sueca, Ingrid Bergman interpreta a Alicia, a quien se le propone ser espía de una célula nazi en Brasil y para ello debe enamorar, acostarse y hasta contraer matrimonio con uno de sus líderes y así sacar la mayor información posible. Al igual que la Dietrich se enamora de un caballero, pero esta vez es de un agente americano que es parte del mismo bando, quién sería el salvador que la rescataría del enemigo. Parece que la doble moral del patriarcado dice que ser puta por una causa nacional no solo no es condenable, sino que también sería heroico.

Jane Russell en “La rebeldía de la Sra. Stover” (Raoul Walsh, 1956)

Jane Russell - La rebeldia Sra Stover.jpgRaoul Walsh aborda el tema desde un lugar distinto con la influencia de un feminismo velado, tal vez sin proponérselo. El símbolo sexual Jane Russell personifica a Mamie, una joven que se va a Honolulu, en plena II Guerra Mundial, para trabajar de puta y hacerse unos cuantos dólares, con el fin de ayudar a su familia que siempre sufrió la discriminación de la sociedad americana. Ella no tiene ningún tipo de planteos morales, solo quiere ese objetivo. En el trayecto se enamora de Jim, un escritor militar a quien sí le hace ruido la forma de ganarse la vida de su amada. En medio del bombardeo del Pearl Harbor, él debe ir a combatir y le pide que deje el cabaret para ser exclusivamente suya. Ella lo promete pero le salen nuevas oportunidades de puta, las cuales no rechaza. Lo que provocó que más tarde que Jim la abandone, Mamie llora un poco, pero no cedió al amor romántico, ni necesito redimirse. Una vez cumplida su meta, vuelve empoderada a visitar a sus padres.

Marilyn Monroe en “Bus Stop” (Joshua Logan, 1956)

Marilyn Monroe -bus stop.jpgEl ícono sexual de todos los tiempos, Marilyn Monroe, protagoniza esta ligera comedia romántica donde es hasta gracioso como la película da cientos de vueltas para evitar decir que es una puta, aunque la presente como tal. Cherie es una ingenua campesina, cuyo sueño es llegar a Hollywood, trabaja como cabaretera en un club nocturno de mala muerte, el cual se llena de vaqueros. Una noche llega un joven inexperto e impulsivo que ni bien la ve le propone casamiento sin importar la respuesta de ella. El niega la mala reputación de Cherie, hasta termina secuestrándola. Maquillada de amor romántico, la historia devela un machismo recalcitrante. Bajo el aspecto de torpeza simpática, el sujeto es un acosador que la zamarrea y la humilla constantemente, él debe tener el objeto sexual que se le antoje. Ella finalmente cede porque al parecer nunca nadie la había tratado tan bien, a pesar de ser medio violento. Vuelve al campo con él y renuncia a sus sueños en pos del amor. El supuesto final feliz, incluye la redención a cualquier costo.

Susan Hayward en “La que no quería morir” (Robert Wise, 1958)

Susan Hayward - La que no quería morir.jpgAhora si a alguien se le acusa de asesinato y encima tiene un pasado de dudosa reputación, lo más probable es que su destino sea la pena capital. Esta película reconstruye el famoso caso de Barbara Graham, una mujer que es sentenciada a la cámara de gas por haber asesinado a una anciana. Susan Hayward encarna a esta prostituta “asesina” que se paseaba por bares y fiestas hasta que la detienen por el supuesto homicidio. El film infiere la inocencia de Graham y resulta un alegato cuestionador a la pena de muerte. Hayward con esta notable actuación se gana el Oscar a la mejor actriz, porque parece que a Hollywood le encanta premiar a actrices que hacen de putas y sobre todo si se redimen con la muerte.

Elizabeth Taylor en “Una mujer marcada” (Daniel Mann, 1960)

Elizabteh Taylor - Una mujer marcada.jpgOtra puta muerta premiada con el Oscar, es nada más y nada menos que uno de los grandes mitos de Hollywood: Elizabeth Taylor. Gloria es una puta bastante alcohólica y con rumbo perdido, que frecuenta señores adinerados. Se enamora de Weston, un cliente casado con buen pasar y está punto de dejar todo en pos del amor salvador, inclusive su tratamiento psicológico. Con un pasado traumático, donde fue abusada de niña por un padrastro pero que confiesa que a ella le gustaba, desiste de entregar su vida a Weston y huye. En la fuga, se estrella con el auto y muere. Como se resistió a redimirse, gracias a un varón que la rescate, termina trágicamente. De alguna manera había que salvarla de su vida “inmoral”.

Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany (Blake Edwards, 1961)

Audrey Hepburn - Desayuno en Tiffany.jpgUn ángel también puede ser puta, si hay dudas solo basta con ver a Audrey en este film. Holly es una desenfadada chica buscavidas que utiliza sus encantos para acompañar a señores adinerados. Su meta es casarse con un millonario. Paul, un escritor vecino se fascina con ella y ocupa durante casi todo el relato un rol pasivo frente al avasallamiento de la joven. Es ella la que maneja los hilos del deseo masculino. La cinta es una adaptación libre de la novela de Truman Capote, y Hollywood no pierde la oportunidad para darle una vuelta y un punto de vista patriarcal. En la obra literaria, no hay vínculo amoroso, sino de amistad (él claramente homosexual). Para despejar dudas, el film lo heterosexualiza, enamorándose de ella y también viviendo de una mujer mayor, es decir, que ambos utilizan la prostitución como medio de vida. En el libro Holly no renuncia a su alocada vida, mientras que en la película, Paul puede tomar, sobre el final, un papel activo y le pide a ella que le pertenezca, como signo de amor y clave de la felicidad. Holly termina cediendo, en un final feliz hétero patriarcal.

Shirley McLaine en “Irma la dulce” (Billi Wilder, 1963)

Shirley Mc Laine - Irma la dulce.jpg

Volvemos al endulcorado cuento de hadas, aunque por momentos es menos naif de lo que aparenta. Irma, representada en el cuerpo de una genial Shirley McLaine, es una bella y descocada puta de las calles, siempre con su perrita a cuesta y vestida de verde manzana, debe lidiar con su opresor proxeneta, hasta que conoce a un policía, con quien entabla de a poco una relación amorosa y lo nombra su chulo. Lo interesante, en la primera parte, es la posición subjetiva de Irma, su trabajo es una elección personal, lo considera su carrera y critica a su madre (también puta), por haber dejado todo detrás de un varón, también advierte que 8 de cada 9 clientes la quieren rescatar, como si hubiese una buena y una mala vida. Como toda comedia romántica, la trama va dando varios giros, desencadenando en la boda con el policía y lo que al principio fue subversivo, termina siendo moralizador.

Jane Fonda en “Klute” (Alan J. Pakula, 1971)

Jane Fonda - Klute.jpgUn thriller paranoico que por la honestidad y lucidez con que aborda la cuestión de la prostitución, rompe con todos los convencionalismos con los que se había tratado el tema hasta el momento. Jane Fonda se adueña de la historia en su papel de Bree, logrando uno de los retratos más sensibles y deconstructivos de ser una puta. Mientras hace castings para modelo y actriz se gana la vida como trabajadora sexual, que no le va nada mal. Son magníficas las escenas de sus sesiones psicoanalíticas, donde la analista apuesta a su subjetividad nada moralizante y la interviene desde la pregunta sobre cuál es la diferencia entre ser prostituta, modelo y actriz. En el medio una serie de asesinatos de putas, hace que se relacione con el detective que tiene a su cargo resolver el caso. Se enamoran, pero no desde el lugar del amor romántico, sino desde el deseo. Ella tiene claro que son muy distintos y que no funciona en el modelo de pareja hegemónico. Cuando termina le dice a su analista que se muda con él a otra ciudad, pero no sabe por cuánto tiempo, tal vez la semana que viene esté de vuelta. El descomunal trabajo de Fonda, le valió su primer Oscar.

Liza Minelli en Cabaret (Bob Fosse, 1972)

Liza Minelli - Cabaret.jpgSe estrena en los cines la adaptación del musical Cabaret. Sally es una chica alegre y talentosa que trabaja de puta en un club nocturno de Berlín en los albores del nazismo. Llega un joven inglés, que primeramente establece una amistad con Sally y luego se enamoran. Ella queda embarazada pero no se sabe quién es el padre. El está dispuesto en aceptar la paternidad y llevarla a Londres en pos de una vida familiar. Cuando todo va encaminado hacía la redención de su “mundana” vida, Sally decide abortar y no resignar sus sueños de ser actriz. Una película tan aclamada como valiente, aborda temas como la prostitución, el aborto, la bisexualidad, la poligamia y el nazismo desde un punto de vista subversivo. Liza Minelli está tan brillante que se lleva un Oscar.

Jodie Foster en Taxi Driver (Martín Scorsese,1976)

Jodie Foster - taxi driver.jpgScorsese, nos regala una de sus primeras Obras Maestras. En la misma, una adolescente Jodie Foster, se personifica en la piel de Iris, en un papel secundario pero determinante para la trama. Acá el cine pone sobre el tapete la prostitución infantil. Iris, tenía tan solo 12 años, vivía de puta por las calles de New York, casi esclavizada por un proxeneta, en medio de matones, violencia y adicciones. La niña había escapado de su casa y estaba enamorada de su pedófilo y perverso amo. Un taxista facho y paranoico que quería limpiar la ciudad de mugres como putas, maricas y drogadictos, se la encuentra y ofrece rescatarla. Ella con una personalidad avasallante se niega, pero él decide acribillar a su chulo y a todos los gángsters que estaban detrás de esta explotación. Aquí sí podemos decir que Iris fue rescatada, aunque de manera enferma, de algo que por su edad, no tenía el psiquismo preparado para moverse en ese ambiente de tanta pulsión de muerte.

Brooke Shields en “Niña bonita” (Louis Mallle, 1978)

Brooke Shields - Niña bonitaSe vuelve a abordar el tema de la prostitución infantil. Brooke Shields es Violet, una preciosa y curiosa niña que creció junto a su madre (Susan Sarandon), en una casa de putas, comandada por una madama, en Nueva Orleans por el año 1917, donde se celebraban banquetes y tertulias dentro de un ambiente familiar. Para ella, el trabajo sexual es natural, está ansiosa por empezar a ejercerlo pero todavía es virgen. Al ser tan bella y codiciada, su virginidad es rematada ante unos caballeros que no dudan en subir la apuesta. Violet no recibió educación formal, sus aprendizajes tienen que ver con el arte de la seducción, la única manera de salir de ese burdel es con un cliente dispuesto a casarse con ellas y hacerse cargo de sus hijos. La niña se identifica en todo con su madre, una vez que esta se va a vivir en pareja con un señor, la pequeña hace lo mismo con un fotógrafo mucho mayor que ella. La historia pone de relieve como la trata y la pedofilia era algo naturalizado a principios de siglo y no había otra opción de mundo para los niños criados en estos prostíbulos.

Nancy Allen - Vestida para matar.jpgNancy Allen en “Vestida para matar” (Brian de Palma, 1980)

En este hitchcockiano y pertubador thriller, Liz es una bella puta vestida con ropa de erótica de encaje y maquillaje sugerente, quien es el objetivo de una trans, asesina en serie. Liz había sido testigo de un macabro asesinato, su prontuario de prostituta, la convertía automáticamente en sospechosa. Su oficio de puta, también lo utiliza como una causa, para ir develando el misterio en cual está envuelta. Su personaje aparece como la contrafigura de la mujer asesinada, una burguesa insatisfecha que recorre museos pero con una libido tan reprimida como pujante, Liz al contario, disfruta de la sexualidad que le ofrece ser una puta de alto nivel.

 

Barbara Hershey - La ultima tentacion de  cristo.jpgBarbara Hershey en “La última tentación de Cristo” (Martín Scorsese, 1988)

Hasta la Santa Biblia nos aportó putas inolvidables. El caso más famoso es María Magdalena, aunque hay debates si su pasado pecaminoso se debe a haber sido prostituta o adúltera. La cosa, es que fue una puta la que tuvo el privilegio de ser la primera persona de ver a Jesús resucitado. En el cine hay muchas actrices que la personificaron, que van desde Anne Brancroft hasta Monica Belucci. Pero es Barbara Hershey quien la interpreta como una verdadera ramera, en esta controvertida y censurada película. La pecadora y fiestera mujer, no dudaba en usar todos sus encantos sexuales para seducir al mesías. Al ser salvada por este de ser apedreada, decide redimirse, pero la pasión entre ellos no parece haberse apagado, tal es así que en plena crucifixión, el hijo de Dios tiene la fantasía de ser un hombre mortal, tener sexo con ella y formar una familia, claro que en ese onirismo, la ex puta es usada por Satanás para que este traicione a su padre y muere estando embarazada.

 

En la próxima edición seguiremos transitando por las calles de las putas, pero ya desde el cine contemporáneo.

Lo siniestro y lo femenino. Intensidades e identidades en el universo Atwood

por Iván Paz

“la muerte es el enemigo. la muerte es contra lo que cabalgo con la espada envainada y el pelo flotando al viento”.
Virginia Woolf

El nombre de Margaret Atwood, consagradísima escritora, no es ajeno para todos aquellos fanáticos de la literatura, y nunca necesitó de los medios audiovisuales para logar su merecido reconocimiento. Sin embargo, este año la pantalla nos regaló, por medio de nuestras queridas (y cada vez más indispensables) plataformas de streaming, dos adaptaciones de sus obras que dieron y seguirán dando mucho que decir. La primera de ellas, amadrinada por Hulu, fue The Handmaid’s Tale, basada en la homónima novela de Atwood publicada en 1985. De la mano del esperado advenimiento de la segunda temporada de Stranger Things y de todas aquellas otras series que le dan fundamento a nuestra seriefilia, The Handmaid’s Tale es considerada, sin ninguna duda, uno de los éxitos y de las más gratas sorpresas que nos ha traído la temporada 2017, ya sea en tanto por la aceptación general que supo tener en el público como también por la aclamación crítica que le valió, entre otras premiaciones, un Emmy por mejor serie dramática. Sin embargo, hay otra adaptación de la que pareció valerse Netflix para enmendar el gravísimo error de, en su momento, haber rechazado The Handmaid’s Tale, y que proviene del mismísimo seno de Margaret Atwood: hablamos de Alias Grace. Esta última, un drama de altísima categoría, es una propuesta bastante diferente de The Handmaid’s Tale pero que sigue, si se quiere, una misma tradición narrativa. En ambos productos salidos de la brillantez de Atwood se nos sugiere que, sobre las mujeres, hay algo más para decir, una historia más para contar. Sin embargo, ¿podemos considerar que ambas series son feministas? Si acordamos que lo son, ¿es un poco mucho considerarlas feministas, o nos estamos quedando algo cortos con la definición con todo lo que ambas series pretenden abarcar?

Captura de pantalla 2017-12-04 a las 10.18.32 p.m..pngEn una nota de esta misma revista, Emiliano Román supo incluir a The Handmaid’s Tale en su análisis sobre feminidades y patriarcado en las nuevas series. Lo que nos cuenta Emiliano, con una certera y muy apropiada contextualización de las luchas del feminismo que rondaban por la época en la que se escribió la novela, es cómo la adaptación logra sintetizar en diez intensos episodios una realidad (no tan) distópica en la que, instauración de una nueva república mediante, la opresión contra las mujeres se vuelve más feroz que nunca. Decimos que no es tan distópica porque, a pesar de presentar una sociedad futura y ficticia indeseable en sí misma, las características que presenta son una radicalización de las condiciones actuales de opresión que viven las mujeres en nuestra propia sociedad. La propia Atwood ha comentado las sociedades antiguas y contemporáneas y los hechos en los que se ha basado para pensar susodicha distopía, entre los que se encuentra, para sorpresa de nadie, el robo y apropiación sistemática de bebés dado en nuestro país en el contexto de la última dictadura cívico-militar.

The Handmaid´s tale 1×03 – Escena de represión

Aquella inspiración, sumada a una versión irreal pero no impensable de nuestras condiciones actuales de existencia, le da a The Handmaid’s Tale una tonalidad siniestra muy perturbadora. Alias Grace, por su parte, publicada como novela en 1996, narra una historia basada en hechos reales: Grace Marks, su protagonista, fue una handmaid canadiense-irlandesa que, en 1843, fue condenada por el homicidio de su empleador Thomas Kinnear y el ama de llaves Nancy Montgomery. Sin nada distópico, la narrativa es un relato (pasado por el filtro Atwood, por supuesto, y con lo que ello implica) inspirado en hechos puramente reales que, a partir del curioso vínculo entre la (in)justicia y la mujer construye una historia atrapante desde el primer momento.

MV5BZjRjMDA1MDYtMjRhYy00NmI3LWE3ZGUtZDU3ZjM3ODdiN2NkXkEyXkFqcGdeQXVyNjEwNTM2Mzc@._V1_SY1000_SX675_AL_.jpgEn ambas historias, como vemos, hay un componente que es esencial y que hace de ellas obras maestras: un fuertísimo protagónico femenino. Tanto en The Handmaid’s Tale como Alias Grace hay un problema en común, la constitución de las feminidades y sus problemáticas en sociedades estrictamente patriarcales, tanto por la dominación real masculina como por la preminencia de las ideas que hay en cada cual. Hay un hilo conductor, entre ambas historias, que ya sea a mediados del siglo XIX, ya sea en un futuro que aún no ha llegado, tiene algo para decir, y ese algo está filtrado, en ambos casos, por los ojos de una mujer. En The Handmaid’s Tale, si hay algo que no sorprende (a quienes ya la conocíamos de, por ejemplo, Top of the Lake) es la gracia de Elisabeth Moss para interpretar a personajes entrañables y luchadores. Su June, una víctima elegida por la injusticia y por un condicionante tan ridículo como lo es su fertilidad, se va construyendo a sí misma para convertirse en el personaje que es en la escena final, subida en la camioneta, dispuesta a enfrentarse a la luz o la oscuridad o lo que sea que esté esperando por ella. Sin embargo, apoyada en una historia compleja y llena de ramificaciones, además de un elenco excelente, June se mueve con mucha lucidez entre muchos argumentos, probabilidades, desenlaces inesperados. Para Grace Marks la cosa parece, entre muchas comillas, un tanto más simple: su vida, marcada por un destino ya escrito y su rol como hija de una familia pobre y un padre abusador, se define entre los barrotes de la prisión y la casa del Gobernador en la que comienza sus sesiones de terapia, que intentan determinar el grado de culpabilidad en los crímenes de los que se la acusa. La interpretación de Sarah Gadon (a quien ya pudimos ver en el rol de Sadie en 11.22.63, la adaptación de aquella gran novela de Stephen King) es atrapante y excelente, de principio a fin. Su imagen aniñada, su acento y el tono de su voz son, quizás, uno de los condimentos que hacen a Alias Grace una trampa de ratones para todo aquel dispuesto a pasar seis electrizantes episodios sin poder despegarse de la pantalla.

9b89080dec16503125bfb4cf7a9628fdb56e5992Si bien en Alias Grace el protagonismo de Sarah se lleva constantemente toda la atención, la narrativa se compone de una tríada más que interesante, con su amiga Mary Whitney (en manos de una intensa Rebecca Liddiard), a quien perdemos quizás demasiado pronto en la serie, producto de un aborto muy poco seguro, pero que encarna el espíritu de rebelión que, sobre el final de la serie, se apodera (en más de un sentido) del cuerpo y la esencia de Grace; y por otro lado con el ama de llaves Nancy Montgomery (interpretada por Anna Paquin, una grandísima actriz muy poco valorada, si las hay), un oscuro personaje con una mochila cargada de heridas abiertas que, por momentos, parece ahondar en una particular bipolaridad que la lleva desde la euforia y la ternura hacia la violencia y lo perturbador. Entre las tres, y sobre todo con el arrollador protagonismo de Grace, dejan al descubierto cómo la autoridad y los abusos llegan a establecerse como algo natural, y cómo sus consecuencias son algo que asumir y ocultar a la vez. Alias Grace, en su complejidad, logra algo que, en una época de abundantes dramas románticos y pésimas películas de terror, es innovador: perturbarnos. La figura del narrador no fiable que nos presenta Grace (ya sea porque sólo contamos, a lo largo de seis episodios, sólo con su punto de vista; ya sea porque, como privilegiados espectadores, podemos acceder a las historias que le cuenta al doctor Jordan a la vez que escuchamos sus más profundos y ocultos pensamientos) es el aspecto más fuerte de una serie que nos ofrece una perspectiva cruda y un tanto (demasiado) real de la carga que las mujeres arrastran con ellas desde tiempos muy lejanos, y contra las que nuestras protagonistas atentan a revelarse.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En The Handmaid’s Tale, por otro lado, si bien el protagonismo de June no es tan arrollador, es también una gran representante del espíritu de rebelión que subyace a ambas historias. Sin embargo, hay un detalle de la construcción de la feminidad particularmente interesante, y es cómo esta se va dando en las figuras antagonistas de la historia. Simone de Beauvoir alguna vez dijo que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”; en este caso tenemos, por ejemplo, a la Aunt Lydia (Ann Dowd), que comienza siendo una de las mujeres (aquellas del lado equivocado) más crueles y violentas y acaba formando un vínculo muy intenso con las handmaids en general y con Janine/Ofwarren (Madeline Brewer) en particular, el cual llega a su punto más álgido en la escena del apedreo del último episodio, donde sus límites morales/sentimentales colisionan de lleno con sus obligaciones en la nueva sociedad. A su vez, también, una representación polémica e interesante de las nuevas identidades femeninas se da en el caso de Serena Waterford (una sobria interpretación de Yvonne Strahovski), quien, en sus orígenes y en su rol de pensadora/académica, es una de las ideólogas de la República de Gilead, al punto de sugerirse, en un momento, que fue una de las fundadoras de lo que denominan un “feminismo doméstico” (ultraconservador y ultracatólico, por supuesto); y que acaba siendo víctima del propio monstruo que ayudó a crear. Si bien en ningún momento duda de sus ideas y sus obligaciones, la evolución de su personaje (de devota “Señora de”, cuyo único rol es desear un hijo, a la escena final donde encara sin miramientos a su marido y culmina diciéndole que Dios no favorece a los débiles como él) da cuenta de cómo, en el universo Atwood, no todo es tan simple como parece y no todo culmina de la forma que hubiésemos esperado.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Tanto The Handmaid’s Tale como Alias Grace nos dejan, evidentemente, nuevas formas de pensar las problemáticas en torno a la mujer, nuevos lugares desde donde hacerlo y muchas y variadas perspectivas sobre cómo llegamos hasta donde estamos hoy. Sin embargo, hay algo más profundo que ambas historias nos dejan: siendo el patriarcado el enemigo, el monstruo pareciera siempre destinado a ganar. Si ambas heroínas sobreviven, como es el caso, el canon del terror nos fuerza a pensar que hay algo más: el horror es una constante en la vida, no es una mera interrupción. Como le ocurre a Grace al observar la pintura de Guido Reni, hay algo que tenemos en claro, y es que el horror de cada historia se da en tanto la mujer está siempre siendo observada, al igual que Susana en la pintura. Que haya más historias en torno a estas confusas, dramáticas e intensas constituciones de las feminidades, sin embargo, es una buena señal de que la lucha continúa: donde haya oscuridad, siempre, en algún rincón, habrá un atisbo de resistencia.

Sonar

            por Alan Ojeda

Hay mucho sol, y eso es bueno, sobre todo cuando uno se va a pasar el día caminando de una carpa a la otra, desde temprano. El colectivo, por suerte, me deja justo en la puerta de Tecnópolis. Hasta el momento nunca pisé el lugar. Me sorprenden las dimensiones del predio y el tamaño de las construcciones. Por años me limité a ver esta pequeña ciudad a la distancia desde la ventana de algún colectivo.

Me resulta raro no escuchar ni un sonido desde afuera. El primer checkpoint se ocupa de vigilar que no entres con botellas que contengan agua —sí, el problema no es la botella, sino el agua. No entiendo cuál es la norma, pero me tomo toda el agua y me dejan pasar sin hacer ningún cacheo. Podría haber entrado a un pequeño niño vietnamita atado a mi espalda, pero no con una botella CON agua—. La gente camina en una procesión silenciosa. Hay pocas personas aún. De hecho, el lugar está bastante desolado, demasiado para un evento masivo con actividades desde las 14 h. En otros eventos, sobre todo de música electrónica, los asistentes se preparan desde temprano. El Sónar, en general, posee un Line-up bastante electrónico. En su versión original en Barcelona, desde mediados de los años 90´s, el Sónar ha convocado Djs y productores como Jeff Mills, Plastikman, LCD Soundsystem, Marcel Dettmann, Carl Craig, Nicolas Jaar, Speed J, Carl Cox y Dj Hell. Si bien el festival se propone como un espacio musical de experimentación y vanguardia, gran parte de los músicos pueden considerarse directamente músicos electrónicos. Por extensión y razonamiento lógico, podríamos deducir que electrónico=experimentación. ¿Por qué no hay más gente queriendo bailar desde temprano? Al menos yo estoy para eso.

Sigo caminando por esta pequeña ciudad tecnológica/científica algo lo-fi. Si bien Tecnópolis puede ser interesante y un espacio importante a nivel difusión y divulgación, al caminar por esas calles no puedo dejar de pensar en cierta precariedad. ¿Por qué? Bueno, intentaré explicarlo. Supongamos que cada país es alumno de una escuela y llegó el día de mostrar los proyectos de fin de cursada. Cuando nos toca presentar nuestro proyecto, mostramos una batería hecha a base de limones, que puede hacer encender una lamparita de pocos watts. Luego viene Japón y le presenta a sus compañeros un reloj de bolsillo que funciona a base de fisión nuclear y que es capaz de dar energía a un edificio entero. Entre la necesidad, el ego y la precariedad. En ese delta parece que construimos todo, pisando el barro que nos llega hasta las rodillas, pero mirando a un horizonte que no es el nuestro. ¿Ejemplo? Argentina fue la sede de una de las Creamfields más grandes del mundo, sin embargo, la seguridad siempre fue nula, hasta que en los últimos años un par de personas resultaron apuñaladas. La UMF no tardó mucho en tener su par de muertos y ediciones post-lluvia con barro hasta el pecho. Lolapalooza no quería ceder su nombre para su evento en Argentina por los bajos estándares de los eventos musicales que manejaba cada año. Por último, pero no menos importante, Time Warp terminó con 5 muertos por policonsumo, lo que derivó en una investigación que reveló una sobreventa de entradas equivalente al doble de la capacidad para la que estaban habilitados los pabellones de Costa Salguero. ¿El Sónar será la excepción? Esta es la tercera edición. En un principio el predio parece lo suficientemente grande como para poder realizar eventos sin problemas de capacidad, con una buena división del público y espacio al aire libre.

El día va a ser largo y tengo sólo 200 pesos en la billetera. Calculo como van a ser mis gastos. Es fin de mes, no tengo más efectivo ni plata disponible en ninguna cuenta bancaria. ¿Tarjeta de crédito? Ni hablar. Habrá que usarla para sobrevivir hasta cobrar. Llego a donde se encuentran los espectáculos. Hay tres espacios que se supone que tienen tres perfiles musicales diferentes. Yo entro al más cercano, que se encuentra dentro de un pabellón donde hay equipos musicales y 3D para experimentar. A la vista hay un patio y antes del patio una zona de comidas y bebidas. Los precios: agua de 500ml $80, lata de Quilmes de 500ml $120, cono de Papas $80, hamburguesa —imaginen el concepto más básico de hamburguesa, eso que pensamos cuando escuchamos la palabra “Paty”— $150. Sí, el día va a ser largo. No tengo agua, son las 15 h y faltan al menos 8 horas hasta el cierre del festival en manos de la banda islandesa Sigur Ros.

Entro a la carpa SonarClub. Es la hora de Ibiza Pareo, un dúo electrónico medio retro con un estilo post-punk/new-wave playero, aggiornado para nuestra época. Suena bien, tiene ritmo. El groove suave del House se mezcla con una voz etérea que genera una leve sensación de alucinación auditiva en un oasis. Como si la voz llegara de algún lugar o de todas partes. Aunque muchos anticuados digan que la música electrónica es fría, suelo encontrarla más sensual y sexual que otros géneros tradicionales. La forma en la que el sonido estimula el cuerpo y la mente, sin la necesidad de anclar la voz o la música de una fuente determinada, como si por fin pudiéramos perdernos sin prestar atención a “quién canta” o “quién toca”. Mientras aprovecho para bailar. Estoy solo y no hay mucha gente en el lugar. La mayoría son amigos o colegas de los músicos que tocan temprano. Los únicos que desentonan un poco son unas diez personas con una remera de Sigur Ros que están sentadas contra la reja que separa el escenario de la pista, donde colgaron una bandera de Paraguay. Parecen haber encallado ahí, por voluntad propia. El show dura media hora y rápidamente entra Carisma a escena. Es un buen set y lamento que no haya más gente para bailar. Lamento que la gente no haya decidido venir temprano para aprovechar a los otros artistas, pero esa falencia habla más de la organización que de la ausencia de asistentes. ¿Acaso el festival estuvo armado en torno a un único artista “convocante”? Carolina Stegmayer e Ismael Pinkler, los integrantes de Carisma, tocan mientras saludan a los amigos que van llegando de a poco. Trato de enfocarme en la música. Hay mucho espacio disponible. Literalmente me siento abriendo una pista en las primeras horas de la noche, pero recién son las cuatro de la tarde.

Antes de que termine el show de Carisma, salgo a dar una vuelta. La señalización es nula. Busco el nombre de las carpas en vano, ya que hay pocos carteles y mal señalizados. Algunos de los que vigilan las entradas de las carpas siquiera saben qué espacio es. No es muy difícil, no hay tanta variedad, solo son tres. En fin. Lo que si es visible es la larga línea de foodtrucks ejerciendo su derecho a poner la comida a precios absurdos. Sesenta hamburguesas de marca salen, en Mercado Libre, aproximadamente 1450 pesos; 72 panes 390 pesos. Es decir: el costo total de cada hamburguesa para la venta, sumando ingredientes varios, no puede exceder los 34 pesos. Si la hamburguesa sale 150 pesos, implica que se vende a 4 veces su precio. Aún así hay gente que compra. Cuando veo a las personas haciendo fila, entiendo que el evento hace un corte de clase. Los precios son prohibitivos. ¿Casi 300 pesos para una hamburguesa y una lata de cerveza de supermercado chino? Al parecer, por lo que indican los precios, este festival es territorio uruguayo. Precio uruguayo, pero sin sus beneficios. Encuentro, casi de casualidad, un cartel con los line-ups. Aún falta para Catnap, así que voy de nuevo al SonarClub a ver al chileno Alejandro Paz, que está por empezar.

Conozco a Alejandro Paz como Dj del sello Cómeme, pero ahora presenta su nuevo LP llamado Sin llorar, acompañado de una banda. Este nuevo trabajo está bajo el sello argentino Gaiser Discos y tiene un formato más y tradicional. Cuando empiezan a tocar automáticamente vienen a mi mente un par de asociaciones. La primera es Virus. Un sonido electrónico, un poco más rockero que Ibiza Pareo, pero mucho más lúgubre. ¿Un defecto? La performance del cantante, es decir, de Alejandro Paz. Ser un frontman implica otro tipo de compromiso con la performance. Hay Djs que suelen dejar eso de lado, cosa que no me importa, porque uno se enfoca más en la música que en la personalidad, si de verdad le interesa lo que sucede en la pista, pero un formato banda implica determinado culto a la personalidad. Hay alguien canalizando la atención del público mientras canta. ¿Otro defecto? El bajo desarrollo lírico de las letras. Mantienen el ritmo, pero eso no es suficiente. Si vas a forzar la atención de los oyentes a escuchar una letra, al menos tiene que tener algo. Las letras son tan áridas y taciturnas como la performance de Alejandro. Pero bueno, aún tiene un largo recorrido y la banda suena muy bien, lo que no es poco.

Es la hora de ir hacia el SonarComplex, un auditorio techado en forma de teatro griego en miniatura. Justo se encuentran preparando el sonido para Catnapp. Amparo Battaglia es argentina, pero canta en inglés, el esperanto de la industria cultural. Hace unos años se fue a Berlín a trabajar, a desarrollar su carrera como artista, cosa que en Argentina suele ser algo bastante difícil para cualquiera, salvo que seas artista plástico y pertenezcas a algún tipo de elite. Si cumplís con esos requisitos podés exponer un “Jenga” hecho de galletitas en un ArteBA, que vas a poder hacer plata. Antes de su exilio artístico, había entrevistado a Amparo en la casa de una amiga. En esa entrevista ya dejaba entrever la potencial carrera que había para desarrollar en el exterior. Acá parece haber solo dos estados de mercado: ausencia o saturación monopólica, que se retroalimentan para producir un under bastante endeble y cortoplacista desde hace un tiempo a esta parte. Por otra parte, Berlín es, hace más de diez años, la meca de la cultura mundial, sobre todo en música electrónica, aunque no se limita a eso. Hoy en día Berlín es lo que fue París en el siglo XIX. Es el lugar de las oportunidades, donde la producción experimental de arte puede ser suficiente para la supervivencia. Igual, no es novedad. Siempre está presente el cipayismo del público argentino que solo valora aquello que ha triunfado afuera, como si nunca hubiera existido hasta ese momento. Son las 17:45 h y Catnapp ya está en el escenario. El set up es mínimo. La magia de la era digital: todo lo que necesitas para hacer música cabe en un par de equipos. Su show es muy enérgico: ritmos, texturas, hip-hop y desplazamiento sobre el escenario. Su voz me hace acordar un poco a Yolandi, de Die Antwoord. Un registro muy agudo lanzando frases a un ritmo muy rápido, en vivo y en directo. Lamentablemente la gente no baila, la disposición del mini-teatro griego hace que el espacio delante del escenario sea muy pequeño y que resulte también un poco intimidante exponerse. Todas las luces están prendidas. Pese a eso, poco a poco la gente que entra se posiciona adelante y empieza a bailar, invitando a que la gente se vaya sumando. Catnapp hace una buena performance. Sería absurdo cuestionar su elección lingüística. Si bien implica cuestiones muy complejas que ponen en juego las relaciones de fuerza en la cultura nacional y global, y la ubicación en un espacio más hegemónico de las dinámicas de la circulación del arte, eso no le resta calidad. No son pocos los argentinos que le deben lo mejor de su carrera a otro país, que les ha dado la oportunidad que nosotros no supimos dar. Nadie siembra en el páramo.

24651105_10155196484107759_935597807_o24726007_10155196483907759_2013991090_o

Al final del show encuentro de casualidad a unas amigas que vinieron a ver a Sigur Ros, pero aprovecharon para ver también otras cosas, sin mucho entusiasmo. Decidimos ir a sentarnos un rato, mientras hablamos, nos quejamos de la organización, de los precios y de la extraña oferta de artistas que puso en su line-up el festival. Observamos alrededor. Una de mis amigas señala la increíble uniformidad estética de los asistentes. Casi todos parecen vestidos por la misma marca o conjunto de marcas de ropa. Miro a mi alrededor y veo algunas personas que conozco, y con las cuales comparto poco y nada. “¿Qué hago acá?”, me pregunto. Pero la respuesta es fácil: “No pagaste la entrada”. No suelo ir a eventos masivos: el precio siempre es exorbitante, el trato y la organización pésimos. Siento que el público tiene una relación con los festivales que limita con lo sadomasoquismo. Hay un pacto implícito: dejaré que me traten mal, me quejaré, pero igual volveré a pagar un promedio de 100 dólares de entrada por festival.

Después de terminar las elucubraciones y esperar la noche, decidimos visitar nuevamente el SonarClub, donde estaba mezclando el británico Gilles Paterson, acompañado de MC Earl Zinger, que bailaba como una versión sexagenaria de Bez, de Happy Mondays, mientras improvisaba las vocales que acompañaban al set. Con un número mayor de personas en la pista, un groove mucho más fuerte y rápido, una selección de temas muy heterogénea que parecía realizar una propia historia del sonido bailable, el clima se transformó en algo mucho más festivo. Paterson estaba en su salsa. Mezclaba con actitud festiva, arengando a la gente a bailar. El clima festivo se mantuvo, quizá, hasta el momento en el que la deconstrucción musical derivó en un pseudo-carnaval retro. En ese momento decidimos irnos nuevamente al aire libre. Esta vez esperaríamos hasta minutos antes de Sigur ros, que cerraba el show con un espectáculo de casi dos horas.

La noche está animada. Se puede ver mucha gente caminando o esperando sentada en el pasto. Ya sin el sol pesado y omnipresente de toda la tarde. Es un momento especial para hidratarse con los microvasitos de agua que ofrecían en algunas partes del predio. Obviamente casi nadie vino a ver otra cosa que no sea Sigur ros. Visto así parece un show central con 23 artistas teloneros. Ninguno de los que llego a observar parece interesado en ver a alguno de los otros artistas que están casi cerrando el festival: Tangana, Melero y Pantha du Prince, que está desarrollando antes de la entrada de Sigur, mientras nosotros esperamos y esperamos.

Alrededor de las 21:50 h decidimos ir al SonarClub para conseguir un espacio. Adentro ya están preparando todo, incluso unas columnas raquíticas con forma de esqueleto de árbol que se distribuyen a lo largo del escenario. Sigur ros son solo tres músicos. ¿Podríamos decir un power-trio? La banda entra y se posiciona. El lugar ya está lleno, sin embargo, hay suficiente espacio como para conservar una mínima burbuja individual en la cual oscilar un par de centímetros para cada lado sin estar empujando. No es muy necesario el espacio en esta oportunidad. No habrá pogo, pero habrá un éxtasis quieto y generalizado.

Sin mucho preámbulo, Sigur Ros empieza a tocar. Las estructuras esqueléticas del escenario comienzan a iluminarse y a realizar una coreografía de luces lentas y suaves que se mueven como en una lluvia de estrellas o una aurora boreal. Pese a estar a una distancia considerable del escenario y encontrarme separado de él por una masa humana de cientos de personas, cada golpe de la batería arrasa a los cuerpos como una pared sonora. Cada golpe se siente en el pecho, sobre el plexo solar y en los líquidos del estómago. El contraste entre los golpes de la batería y la guitarra y voz sirenáica de Jónsi, genera un efecto dramático y épico. Alterna entre el sonido emocional de la música celta y algo que me remite a lo que, en mi imaginario, al menos, es una percusión de guerra vikinga. Los paisajes de mezclan. Mientras Jónsi despliega un paisaje sonoro extenso y llano que bien podría sugerir una pradera, los golpes de la batería realizan un corte abrupto que presenta la sensación de un preludio a la guerra, como el momento previo a que Leónidas se enfrentara a los persas en la batalla de Termópilas. La tensión es continua. En cada tema se renueva la expectativa de una revelación, como la espera de un orgasmo. La gente se mantiene en un poco habitual quietismo. Mientras hay música se mantiene casi en silencio y pendulan de derecha a izquierda. Son anémonas de mar arrastradas por la corriente. Todos están sumidos en un éxtasis contemplativo. Sólo alguna voz aislada aparece de vez en cuando, de entre el público, con un “Gracias, Jónsi”, o algo por el estilo.

El tiempo se condensa y se estira. Ya no sé cuánto pasó desde que comenzó el show. Miro mi celular y el show está a punto de terminar. Me acerco a la puerta para estar cerca de la salida y salir lo más rápido posible. No se muy bien qué pasó en el escenario, pero sé que fue bueno. Ahora me queda un viaje de más de dos horas, tres colectivos, y un paisaje extraño en la memoria.

Remedios Varo: Ingeniería de lo fantástico

por Cezary Novek

Su nombre completo era María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga. Nació en Anglès, Gerona, España, el 16 de diciembre de 1908 y murió en Ciudad de México el 8 de octubre de 1963. En apenas 54 años de vida produjo una obra pictórica que se puede contar entre las más originales y atractivas del siglo XX.

Remedios-Varo-e1476970336703.jpg

Su padre era un ingeniero de mentalidad progresista, interesado en el estudio del esperanto y la mineralogía. Su madre, de fuertes convicciones religiosas, la llamó Remedios debido a que su nacimiento vino a aliviar el dolor por la pérdida de otra hija. Tuvo dos hermanos varones y problemas cardíacos que a la larga truncarían su carrera en el momento de mayor productividad artística.

De niña vivió en Madrid y en Marruecos. Fue una de las primeras estudiantes de la Academia de San Fernando, donde ingresó a los quince años. Compartió clases y reuniones con personalidades como Federico García Lorca y Salvador Dalí. Contrario a la usanza de la época, su padre fue quien más estimuló su temprana inclinación por la pintura. En 1930, a los 22 años, participa por primera vez en una muestra colectiva, organizada por la Unión de Dibujantes de Madrid.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Se casó apenas terminar los estudios y se fue a vivir a París durante un año, para luego regresar a Barcelona. Por estos años, vivió como dibujante publicitaria, apoyó la causa republicana durante la Guerra Civil y formó parte del grupo surrealista catalán Logicofobista. En 1936 conoció a quien sería su gran amor, el poeta francés Benjamín Péret. Al año siguiente, se separó de su marido y se fue a París con Péret, donde viviría hasta 1941. Allí conoció y se relacionó con figuras relevantes del momento como Max Ernst, André Breton, Víctor Brauner, Joan Miró y Leonora Carrington. Con esta última, construiría una amistad de por vida. De estilos afines –aunque no similares–, sus obras muchas veces se confunden ante el ojo inexperto.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Después de la invasión nazi a París, Varo y Péret huyen a México. Después de una estadía breve en Venezuela, se afincó definitivamente en México. En 1952 se casó con el político austríaco exiliado Walter Gruen. En 1955 recién pudo realizar su primera exposición individual y en 1958 ganó el primer lugar en el Salón de la Plástica Femenina en la galería Excélsior. Nunca pudo vivir completamente de la pintura: la mayor parte de su vida se dedicó al dibujo publicitario, la cartelería y los trabajos por comisión. Un infarto de miocardio se la llevó súbitamente después de terminar su obra Naturaleza Muerta Resucitando, que está plagada de símbolos que se constituyen como una síntesis de su existencia.

Aunque casi todas sus obras llevan título, estos aportan más misterios que respuestas sobre el significado de las mismas.

La obra de Remedios Varo está profundamente influida por la alquimia, el psicoanálisis, la obra de Freud y de Jung. Breton la calificó como “la hechicera del surrealismo que se fue demasiado pronto”. Lo más importante de su obra, de hecho, fue producida durante los últimos quince años de su vida. En ella se pueden apreciar la construcción de mundos oníricos plagados de criaturas feéricas, de naturaleza híbrida animal-vegetal. La representación de la unidad del universo es otro eje de su trabajo. En sus lienzos se pueden apreciar la preocupación por los desplazamientos, las maquinarias de precisión, su particular reinterpretación de los arquetipos del inconsciente colectivo, la organicidad entre el paisaje y la máquina, entre lo vivo y lo muerto.

Aunque casi todas sus obras llevan título, estos aportan más misterios que respuestas sobre el significado de las mismas. Figuras estilizadas y frágiles, de mirada ausente, reposan en estado de contemplación rodeadas de instrumentos musicales o de delicados artefactos mecánicos de índole esotérica, en habitaciones de geometrías imposibles, con puertas que interconectan diferentes universos o dimensiones de existencia. La precisión técnica no queda fuera de toda su imaginería fantástica: sus cuadros tienen un nivel de detalle y meticulosidad que explica en parte lo poco prolífico de su producción.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De haber vivido más, hubiera tenido aún más relevancia en el plano internacional. No obstante, los reconocimientos póstumos fueron llegando con los años: En 2000, su viudo donó todas las obras que tenía en su poder al Museo de Arte Moderno de México. En 2001, la colección de pinturas de Varo fueron declaradas Monumento Artístico Mexicano. En 2007, la escritora cubana Zoe Valdés registró su historia en la novela La cazadora de astros. En 2008, la ciudad de Barcelona le realizó un reconocimiento colocando una placa en unos jardines que llevan su nombre. En la actualidad, sus obras son muy cotizadas en el mercado de galerías, ya que son tan escasas como apreciadas por los coleccionistas.

Remedios Varo vivió naturalmente como una mujer libre de mandatos sociales, adelantada a su época: no necesitó rebelarse contra nadie ya que se dedicó desde la infancia a seguir sus propias inquietudes intelectuales y creativas. No tenía mucho interés en el destino de sus trabajos –los regalaba o vendía, según el caso– ya que le interesaba más el proceso creativo y los aprendizajes que le dejaban antes que el soporte o el resultado en sí mismo.

Astrología China #1

por Sergio Oms

Ciclo anual 35 Perro de Tierra
Tallo 5     Rama XI
Nombre poético: Perro en la Montaña
Años: 1958, 2018

El 16 de febrero de 2018 comienza el Año del Perro de Tierra. Sin ninguna duda este año tendrá la particularidad de estar dominado por la Energía Tierra; por lo cual en líneas generales este será un tiempo de transiciones. Aún nos queda por delante los últimos meses del Año del Gallo de Fuego, sin embargo la Energía del Perro es expansiva y podremos comenzar a percibir sus efectos antes de que comience su reinado.

Infografia diciembre 17.jpgCómo se relacionarán las Energías en el 2018

El 2018 será un tiempo en el que domine, casi por completo la Energía Tierra. Dicha energía está relacionada con el crecimiento, la expansión y la estabilidad; por lo cual se verán muy favorecidos todos aquellos proyectos relacionados con el hogar, el trabajo y la seguridad.

– Aquellas personas nacidas en los años regidos por el Agua (ver tabla) serán los más beneficiados del ciclo ya que durante este año tendremos una ausencia importante de este elemento. Esta carencia estará marcada principalmente a nivel de las comunicaciones interpersonales y la fluidez emocional. Durante este tránsito es posible que muchas veces tendamos a aislarnos y nos mostremos algo retraídos. Se verán beneficiados también durante este año la Rata y el Cerdo ya que ambos poseen Energía Agua.

– Los nativos de los años de Madera, los Tigres y los Conejos se encontrarán bastante conflictuados, ya que entre ambas energía existe tensión. En términos energéticos, la Madera domina a la Tierra, ya que de esta obtiene los nutrientes para crecer. Este año tendremos exceso de Energía Tierra, en otros años esto significaría abundancia; sin embargo al no haber casi Energía Agua la Madera no logra su expansión. En otras palabras, será un año es donde tendrán muchas posibilidades, pero en el que la mayoría de los proyectos tenderán al fracaso.

Diseño sin título.jpg– Los nacidos en los años del Metal, como así también los Monos y los Gallos, serán bien recompensados en este año. La abundancia de Energía Tierra potencia proyectos, asociaciones y reconocimiento. Será un tiempo próspero con muchos réditos económicos y de expansión. Este también será un tiempo en el que podrán recuperar parte de su autoestima, un poco cascoteada en los últimos años. Este será un año para brillar.

– Los nativos de los Años de Fuego, como también la Serpiente y el Caballo, vivirán tiempos de calma en el que la Tierra entregará el fruto del trabajo realizado. No es un tiempo propicio para aventurarse en nuevas empresas, pero si para cerrar proyectos personales y sobretodo disfrutar de los logros. El exceso de la Energía Tierra podrá calmar y contener muchos brotes de ira y desbordes emocionales característicos del Fuego. Un tiempo en el que se sentirá en armonía con el mundo sensible que lo rodea.

– Los nacidos en los Años de Tierra encontrarán cierta estabilidad en su hogar y proyectos. Sin embargo el aumento exponencial de la Energía Tierra podrá en algunos casos actuar de manera positiva o conflictiva, dependiendo del resto de los elementos que compongan su Carta Natal China. En líneas generales El Buey y la Cabra tendrán un año relativamente bueno, pero los imprevistos y contratiempos estarán a la orden del día. El Dragón será uno de los signos penalizados por el Tai Sui, por lo cual será un año muy intenso que conllevará a cambios profundos e inesperados. El Perro por su parte será el rey en su propia casa y alcanzará grandes reconocimientos introduciendo cambios poco convencionales pero efectivos.

Te invito a descubrir el animal que se oculta en tu corazón.

Captura de pantalla 2017-12-04 a las 4.33.57 p.m..png

Cataratas y Las mellizas del bardo

por Lucía Vazquez

No se puede decir que Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980) no sea un tipo completo: sociólogo (doctorando), escritor, periodista y editor. Fundador del sello Tamarisco, actual editor de la pequeña editorial Momofuku y de la revista Crisis, escribe para Página 12. Entre otras cosas. Escribió Varadero y Habana maravillosa (cuentos 2009, Caballo de Troya), Pinamar (2011, Interzona), Las mellizas del bardo (2012, Clase turista)Cataratas (2015) y hace muy poco salió su nuevo libro de cuentos, Pyongyang. A los dos últimos se los editó ese monstruo que es Literatura Random House.

cataratas.jpgCataratas es una novela de cerca de 500 páginas, protagonizada por un grupo de becarios del Conicet que viajan a un Congreso de Sociología en Misiones. Hasta ahí parece todo “normal”, pero si hay algo que no tiene este autor es la normalidad y eso es lo que hace tan atractivas sus ficciones. El truco es subvertir algo muy chiquito, meter un elemento absurdo o desubicado, y nos cambia totalmente la escena. Y hace esto desde la ciencia ficción y por eso lo amamos un poco más: Misiones es una provincia en problemas, ya que hay grupos guerrilleros de mutantes. Los becarios son sujetos abúlicos, ambiciosos, envidiosos, moralmente cuestionables, mezquinos, y están conectados todo el tiempo con el Google Iris, que es algo así como Internet en el cuerpo. Se colorean las uñas, los ojos ven la interfaz, etc. Como buena ciencia ficción “blanda” no explica cómo funciona, pero sabemos que los personajes tienen la posibilidad de filmar una situación si así lo desean, enviar un email, un mensaje, sin conectarse a ningún dispositivo. Nos recuerda un poco al “grano” de Black Mirror (que almacenaba todo lo que los sujetos veían y podía editarse, compartirse, reproducirse al infinito, otra que los recuerdos de Facebook). La novela es divertida y opresiva. Hay varias tramas, de amor, de amistad, de superación personal, todas atravesadas por la ambición y el deseo de salir beneficiado no importa a quién se perjudique. Hay un juego con la oposición campo/ciudad, si se quiere, en el contraste entre los becarios y los dueños del hospedaje San Antonio Lodge en El soberbio. El futuro permite una mirada irónica muy crítica de las instituciones, en especial las del ámbito académico, al que le da para que tenga y reparta. El uso de la tecnología solo intensifica más las bajezas humanas. El acercamiento al género policial es innegable, porque hay varias intrigas y crímenes, y es muy entretenida de leer porque resulta por momentos una novela de aventuras. Los personajes son memorables, odiables y prescindibles en igual medida.

Clase-Turista_Las-Mellizas-del-BardoCataratas es la novela de un escritor que ha recorrido un firme camino, que ha crecido en su forma de narrar. Sin embargo, Las mellizas del bardo, solo tres años anterior, es una nouvelle de desborde total que en realidad opera de la misma manera, pero más agresiva e hiperbólicamente. También en un futuro “cercano”, dos chicas integrantes de la barrabrava de Boca secuestran al ciborg de Messi (héroe del mundial 2014) y la novela nos cuenta a modo roadmovie los percances de esta aventura. Me interesan dos cosas de esta novela, la primera el delirio de la idea, que invita a lector y autor a sumergirse en aguas marginales (y, al modo de Hernández en el Martín Fierro, el doctorando en Ciencias Sociales hace hablar a dos barrabravas). La otra es que esta novela forma parte de una colección que es una apuesta por los género menores en Argentina: Clase turista edita la colección “Saqueos en Greiscol” que incluye horror, western, fantástico y “otros géneros pulp” ¿Qué quiere decir esto? Que podemos leer la novela como se lee una pulp, una revista barata hecha con el deshecho de papel (pulpa de celulosa) que entretiene. La narradora (una de las barrabravas) todo el tiempo hace alusión a un “ustedes” que no termina de quedar claro quiénes son. Los imaginé espectadores de tv, como si lo que se narrara fuera un reality show, tal vez somos nosotros, los mismos lectores, que nos asomamos con morbo a un mundo desconocido, cercano pero que intentamos mantener alejado. También la crítica social aparece en Las mellizas del bardo, aunque no tan a simple vista como en Cataratas.

Si la distopía no va más, porque nuestro presente es ya el futuro tan temido, podemos pensar que cualquier cosa que se esté publicando en los últimos años en Argentina está cerca de la ciencia ficción. Es innegable que se fue armando una tendencia al género (también incluyendo el fantástico) de manera imperceptible, pero fuerte y persistente. Les digo, entonces, estimados, que Hernán Vanoli es de los mejores escritores de ciencia ficción argentina que tiene el siglo ¡A leer!