Los demonios de Bragagnolo

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA BALADA DE CONSTANZA Y VALENTINO

por Sandra Gasparini

El brujo (2015), de Matías Bragagnolo, comienza con una mirada historizadora, la del narrador de un informe que sitúa un penal de máxima seguridad en un proyecto distópico de país neofascista y corrupto, el del Triunvirato, hacia 2030. El protagonista adolescente de La balada de Constanza y Valentino, su última novela, en cambio, relata una historia que sucede en 1998, veinte años atrás, con una reconstrucción cuidada del referente histórico a partir de detalles mínimos (discos, formas de comunicación, de la afectividad, etc). Hay tres tramas entrelazadas: la de la relación amorosa entre Constanza y Valentino, la de una posesión demoníaca y la policial -la fuga del penal que engloba a las otras-. La estructura triangular se repite en el elemento fantástico, como un ostinato rítmico propio del terror.

BragagnoloLa balada, se sabe, es un género de canción de tema más bien amoroso, de ritmo lento, aunque puede narrar historias tristes. El desarrollo de esta novela se propone a simple vista como un crescendo, como producto de una morosidad narrativa: 1. Manifestación, 2. Infección y opresión, 3. Posesión. Sin embargo, la violencia de los hechos va ganando en vértigo y rapidez hacia el final, donde descubrimos que se corre en círculos: lo que comienza con una práctica sexual termina con otra, desafiando los límites de lo decible.

Bragagnolo reescribe en esta novela diversos géneros: las historias de amor, las de terror, específicamente las de posesión satánica, la novela juvenil. Sin dudas, arma con esos elementos otra cosa: un “festín de depravación” –tal como lo define el protagonista en sus palabras finales-. Un relato en el que la hipérbole, como en sus otras novelas (Petite mort, de 2014, por ejemplo), es la figura estelar. La espectacularización de lo nimio, lo cotidiano a través de lo escatológico, lo que es construido como tabú y desarmado como tal, son procedimientos que caracterizan su narrativa. El desasosiego, aliado permanente del género, que suele disiparse en el policial, se instala como efecto de lectura.

La violencia de los hechos va ganando en vértigo y rapidez hacia el final, donde descubrimos que se corre en círculos.

En La balada se distinguen al menos guiños explícitos y ocultos a El exorcista, solo que aquí no se trata de Pazuzu sino de Asmodeo, encargado de aniquilar el amor de una pareja, convirtiéndolo en otra cosa. Frank de Felitta también está implícito en algunas escenas.

Lo que más interesa de La balada es cómo la culpa cristiana puede convertirse en una invitación al demonio, a nuestros propios demonios. En esta línea de lectura, también se trata de una novela sobre las ausencias: de los padres biológicos y de los simbólicos. Las relaciones familiares están rotas desde el principio: el incentivo económico prevalece sobre los afectos (el padre y el tío de Valentino, el narrador protagonista, se enemistaron durante 15 años por ese tema y él mismo es despreciado por su padre porque no lo considera muy apto para manejarse con una carrera apropiada para tener un buen pasar económico, al igual que su hermano, entre otros ejemplos), la pareja que hacen sus padres está desgastada hace años pero se mantiene de manera hipócrita y conveniente; sus tíos son destrozados anímicamente al comienzo del relato por un suceso insólito que cambia sus vidas para siempre. La relación entre padres e hijos en la década del 90, en la que los lazos vinculares habían sido profundamente modificados a la luz de la ley de divorcio en la anterior y en la que ya se veían grupos familiares totalmente distintos de la familia nuclear tradicional que subsistió agonizante hasta la última dictadura, es el centro de la tragedia.

La culpa cristiana puede convertirse en una invitación al demonio

En este punto entran en el juego las instituciones, como en El brujo. Tienen una presencia muy fuerte en el clero y en los representantes de la seguridad y del ámbito judicial: esas instituciones también son burladas y quebradas pero, como insinúa la novela, ya lo están desde la prehistoria de La balada. También se pone en cuestión el saber de la psiquiatría, que intenta diagnosticar el proceso por el que pasa Valentino, aunque como ocurre cuando estamos frente a una narración fantástica en primera persona, la duda del lector sobre si se trata de sucesos paranormales o de hechos experimentados por una mente alterada es intermitente hasta el final.

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Asmodeus; or The Devil on Two Sticks

En Filosofía zombi, Jorge Fernández Gonzalo propone que el “gore como género o como forma de estructurar la mirada del espectador supondría una deconstrucción del miedo” y que a través de él “se nos propone reconciliarnos con el miedo y recuperar la fascinación y su espanto, el asombro poético y el delirio del horror”. En detalladas escenas gore, Bragagnolo satura la imagen de la maldad con detalles escatológicos, a veces con elementos paródicos, atomizando así el templo sagrado del cuerpo.

Los motivos del horror cambian con el tiempo: librados a su devenir, se renuevan, pierden su carácter subversivo y aterrador. Bragagnolo ha descubierto cómo dar una vuelta de tuerca más al espanto que nos provoca enfrentarnos con nosotros mismos.

Podés conseguir más información sobre esta obra en la página web de la editorial: http://www.laotragemela.com y hacer tu compra online desde cualquier punto del país escribiendo a hola@laotragemela.com
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Entrevista a Patricio Chaija

Patricio Chaija (Ciudad del Este, Paraguay, 1982) es escritor y profesor en Letras. Domiciliado en Bahía Blanca se desempeña en escuelas medias. Ha publicado El cazador de mariposas (Ediciones de la Cultura, 2009), El Libro de Fede (Ediciones de la Cultura, 2010), Pili (Simurg, 2010), Nuestra Señora de Hiroshima (Simurg, 2012),  El pueblo de los ritos macabros (2015), La oscuridad que cayó sobre Tornquist (2015), Los señores de Xibalbá (La Otra Gemela, 2016) y Los familiares (La Otra Gemela, 2017). Para editorial Muerde Muertos realizó la compilación de Osario común, Summa de fantasía y horrorcon la presencia de 17 autores que escriben sobre lo macabro como parte esencial de sus obras.

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¿Qué opinás del género de terror en la Argentina?

Creo que es un género muy ecléctico, y que rebulle de imaginación. Hay muchos escritores que se acercan a lo macabro. Y también creo que todavía puede dar para más.

¿Creés que se consume más literatura de terror en esta época, que el género se expandió?

Puede ser. Recuerdo cuando era chico y las librerías se veían bombardeadas por novelas de escritores anglosajones de terror. Hoy eso no lo veo, pero se de una gran cantidad de lectores voraces que buscan material para disfrutar.

395215-MLA25171193543_112016-C.jpg¿Qué géneros te gusta leer más?

Todos los géneros me encantan. Pero el misterio, mezclado con lo sobrenatural, es mi favorito.

¿Cuáles son los que evitás?

No evito ninguno. Todos son bienvenidos. Soy omnívoro.

¿A qué libros volvés una y otra vez?

A los de escritores como Peter Straub: Fantasmas, o La tierra de las sombras, por ejemplo. Releo obras de Ramsey Campbell y Clive Barker, prestando atención a lo que las hace funcionar.

Tenés varias novelas escritas a lo largo de los años. ¿Existe una estructura recurrente? ¿Algún plan al que te abocás?

No, trato de no tener plan. Podría decir que mi plan es no tener plan alguno. Creo que, si me sorprendo a mí mismo, entonces es probable que sorprenda al lector.

De los libros que escribiste ¿cuál de ellos es tu favorito o el más significativo?

El cazador de mariposas. Fue el primer texto que publiqué. Es un bello laberinto enfermo.

Siendo docente, ¿influyen los alumnos en la creación de historias y personajes escolares cono ocurre en Pili y en El pueblo de los ritos macabros?

Sí, influyen todas las personas de mi entorno. Cuando escribí El pueblo de los ritos macabros yo era estudiante secundario, así que conté todo de primera mano. En Pili es la visión de un adulto acerca de distintas situaciones áulicas.

¿Cómo aparecen los niños en tus obras?

Aparecen como centrales; a veces son protagonistas, y otras veces son testigos de hechos increíbles.

Los Señores de Xibalbá es una inmensa alegoría, ¿cómo trabajas el proceso de reinventar mitos?

Lo asumo con mucha libertad. Me gusta reinventar antiguas historias y trasladarlas a una trama de misterio.

¿Cómo es vivir pensando en Terror, incluso cuando no estás escribiendo?

Es muy divertido, la mente ya imagina por sí misma… cada cosa con que me cruzo es un germen de una historia intrigante.

A pesar de escribir terror, las dedicatorias de tus libros, los epílogos, y las notas que das a la prensa, dan cuenta de una persona muy sensible. ¿Cómo convive toda esa oscuridad en Patricio Chaija?

Es todo parte de mi imaginación. Es un lindo ejercicio separar lo real de lo ficticio. Espero que nunca se me embrollen los dos mundos. Por lo demás, soy un tipo muy normal.

Los rostros de Galán-Salgado

por Marcelo Rubio

El cuarto donde lo introdujeron no tiene ventana, solo una mesa plástica y dos sillas actúan de mobiliario. El piso es de cemento y las paredes lucen, como decoración, pintura gris acerado. Cuando salió de Buenos Aires no pensó que terminaría en esa habitación de 3 x 3. Tampoco imaginaba eso durante los tiempos en los que fue actor de fotonovelas y debía posar con gesto de sorpresa, odio, felicidad (uno de los más difíciles. Tenía que ser muy preciso para evitar confusiones con otros rictus. Él colocaba los ojos hacia arriba y arqueaba las cejas, tal como había aprendido en la escuela de teatro). De vez en cuando lograba rozar los labios de alguna actriz, así de poco apasionados eran los besos en las fotonovelas. Nunca llegó a la televisión. Interpretó algún que otro papel, pero muy lejos de lo masivo. A veces cree que su representante no fue lo suficientemente hábil para negociar. En otros momentos asume que el talento personal no alcanzó.

Desde fuera del cuarto llegan conversaciones incomprensibles, ruidos de pasos. La voz femenina que emiten los parlantes es amable, todo lo contrario a la actitud de los policías que lo condujeron hasta allí. También carece de ese adjetivo el hombre calvo que debe agachar su cabeza para pasar por la puerta. Farfulla algo en alemán, está fastidioso y sudado. Se quita el saco, la camisa le queda demasiado justa.

—Martín Galán es mi nombre artístico, pero mi documento dice Jerónimo Salgado.

El germano corpulento se enoja, golpea la mesa con el puño. Galán o Salgado, como se prefiera, busca hacerse entender.

—Actuaba en fotonovelas —se pone de perfil, hace con las manos el gesto de fotografiar y dice—: Ich war ein glücklicher mann[1]. —La única frase que sabe en alemán.

Es verdad que lo habían enviado a hacer un curso de alemán, pero él fue a dos clases, consiguió un certificado falso y se olvidó del asunto. Le habría sido muy útil entender a ese hombre calvo en el aeropuerto de Frankfurt.

El germano coloca sobre el escritorio el pasaporte de Salgado, señala una hoja y pregunta, pero Galán o Salgado, al momento da igual, no comprende y procura continuar explicando algo que al hombre calvo no le interesa.

—Fotonovelas. Fui algo famoso en mi país. Uno de los editores sugirió que me cambiara el nombre de Jerónimo Salgado, porque no sonaba bien.

El calvo resopla, se pone de pie, toma el pasaporte y sale dando un portazo. Salgado se siente emocionado. Por primera vez está viviendo algo apasionante. Galán no sabe si conoce esta sensación.

Captura de pantalla 2018-03-14 a las 9.07.46 a.m..pngHacer fotonovelas era poco excitante, solo un motivo lo mantenía interesado: saber cómo serían las lectoras de esas publicaciones. Por algún tiempo las imaginó delgadas, apenas maquilladas, leyendo en un sofá mientras disfrutaban del té con masas. Hasta el día en que al comprar media docena de huevos descubrió que estaban envueltos con las páginas de una fotonovela suya. Allí la idea sobre sus lectoras cambió, no sé si logró acercarse a la realidad, pero seguro dejó de ser tan naíf.

Había pasado varios meses sin trabajo. Fracasaron los proyectos para hacer teatro y las fotonovelas ya no eran un éxito. Su participación en la película La dama gris mereció una crítica lapidaria. El periodismo tuvo para con Galán los mismos malos modos que el grandulón.

Al nuevo trabajo, por el cual ahora está en ese cuarto, acostumbraba llegar todas las mañanas a las nueve; sobre el escritorio lo aguardaba la tarea que alguien, secretamente, dejaba allí. Por lo general le tocaba desgrabar cintas de audio y, cada tanto, algún video. Era un trabajo aburrido, sin embargo lograba cobrar un sueldo. El agradecimiento siempre era para su primo, responsable de su ingreso al servicio. La labor terminada quedaba en el escritorio y otro alguien la retiraba. Durante el mediodía pasaba un supervisor. La tarea de tipear era tediosa y, además, las conversaciones solían carecer de interés (alguna vez Salgado acomodaba verbos o agregaba adjetivos). El momento de mayor gloria para Salgado, no puedo afirmar que lo fuera para Galán, resultó cuando desgrababa una receta de pastaflora. El supervisor le dijo que esa no era una receta, ahí había un mensaje encriptado.

—Tal vez de una célula terrorista. Siga, siga, y veremos qué sacan los de arriba.

Salgado transcribió con esmero e hizo una copia para él. Compró el libro Cómo decodificar mensajes y pasó el fin de semana procurado encontrar el recado oculto. No lo encontró. Un par de jornadas después consultó al supervisor por aquella receta.

—¡Ah! No, no había nada útil, salvo que la mujer de uno de los decodificadores aplicó la receta, y parece que la pastaflora le salió deliciosa.

Aquella vez estuvo a un paso, ahora, en ese cuarto, sabe que está parado sobre la misma gloria. Durante la semana en la que preparó el viaje, recibió en su escritorio el sobre con escasas instrucciones, el pasaje a Frankfurt y algunos euros. El supervisor se acercó para preguntar si estaba todo claro. Ya en ese momento Galán armaba el personaje.

—¿Tengo que llevar pistola?

—Déjese de joder, Salgado. Acá no se trata de disparos, tiene que usar la cabeza y su conocimiento del alemán.

Captura de pantalla 2018-03-14 a las 9.08.16 a.m.El pelado grandote abre la puerta y entra una mujer, debe pasar los cuarenta años, tampoco tiene un gesto amable. Salgado piensa que debe ser una característica de todos los habitantes de Alemania; Galán no piensa, porque según él, es actor de fotonovela y no le pagan por tareas intelectuales.

Salgado se pone de pie para recibir a la mujer. Tal vez porque es la primera presencia femenina que tiene desde hace meses, es que advierte la propia desprolijidad. El traje gris que eligió para el viaje no le cae bien, y además, los pantalones se ven arrugados. Avergonzado de su condición apenas mira a la mujer. Ella apoya la cartera roja sobre el escritorio, es una dama elegante, huele a perfume fresco. El alemán cierra la puerta, Salgado conoce la voz de su visita.

—¡¿Qué diablos pasó?! Se suponía que mandarían a un espía con experiencia.

Salgado se arrellana en el asiento, a Galán el rostro de la mujer le parece fotogénico, un papel de malvada le caería perfecto. La voz cascada por el cigarrillo prosigue.

—Todo esto demora la misión. Lo comprende, ¿verdad?

—Sí —vacila Salgado—. Pero no me quedaron claros algunos puntos de la misión.

—Es que un espía sabe las cosas sin que se las digan. Ahora cuénteme cómo ocurrió.

—¿Cómo ocurrió qué? —levanta la voz Salgado.

—¡Hable bajo, hombre, puede haber micrófonos! —dice enojada la mujer—. Lo detuvieron porque su pasaporte no fue sellado al salir de Buenos Aires.

—La chica del mostrador… —comienza a contar Salgado.

La chica, la chica; tres carajos, la chica. No le selló el pasaporte, y usted no lo advirtió.

—No.

—Debió ser una doble agente, tal vez se filtró información. ¿Usted habló con alguien sobre la misión?

—No.

—¡Claro, y qué mierda me va a decir!— A Salgado esta mujer le parece una mal hablada, obvio, está acostumbrada a trabajar entre varones. Para Galán es una heroína cabal de fotonovela: boquilla larga, revólver humeante y ojos entornados mirando a cámara—. Debo llamar a Buenos Aires para pedir un nuevo espía. La misión está en marcha y no se puede demorar.

—¿Y yo?

—Se vuelve a Buenos Aires, viejo.

La mujer se levanta, toma el bolso y sin decir más se retira. Hay unos segundos de silencio. Galán sabe que sin su heroína ya nada le importa de la misión, le da lo mismo que sea un éxito o un fracaso. Tal vez por eso, cuando el alemán calvo ingresa nuevamente al cuarto, con dos policías, lo encuentra luciendo una sonrisa sobradora. Salgado toma el pasaporte que le extienden, su bolso de mano, se abrocha el saco y sale del cuarto.

El pasillo hasta el espigón 5 es largo. Caminar lento no ayuda a postergar la deportación. Salgado volverá al viejo escritorio a desgrabar cintas de voces que desconoce. Galán se lleva en secreto un plan: venderle la historia a la industria del cine y hacerse famoso. Arriba del avión Galán comienza a redactar la historia en un papel cualquiera. A Salgado le parece tan igual a su tarea diaria que decide dormirse.

[1] “Yo era un hombre feliz”.

Solo tempestad

por Esteban Dilo

Si entrevistar a un escritor o escritora me genera un extra de respeto, no se imaginan lo que pasa cuando hay que entrevistar a un periodista. Lo único que me queda es ser medio cara rota y pensar las preguntas que le haría si estuviese tomando un café con él. Así que tómenlo así, yo, siendo parte de Solo Tempestad –con algunas reseñas– me desasné con varias de sus respuestas, ustedes no se pueden perder lo que sigue.

Si te gusta la literatura; si te gusta reseñar; si te gusta la tempestad, no te podés perder la siguiente nota. Responde Pablo Mendez con la voz de la tormenta:

¿Qué es Solo Tempestad?

16343910_10154972222834268_1199776584_nSolo Tempestad es una web de reseñas de libros. Eso en una primera instancia. Después creo que con el tiempo comenzó a ser un concepto del que puede salir cualquier proyecto literario. El primer paso está cumplido y sigue su desarrollo, además de proponer constantemente nuevos proyectos, la intención con la que se creo ST no solo está saldada, también afianzada. Con respecto a lo no tan claro que significa ser un concepto, bueno a partir de ST me di cuenta que cualquier proyecto es posible, ST siempre será el modelo para otras cosas, tengan o no que ver con un medio de reseñas de libros.

¿Cuándo y dónde nace?

Cuándo: el 9 de febrero del 2015. De una manera abrupta, en un mes se me ocurrió la idea, el nombre de la web, pague el dominio, contraté el servidor, convoqué a reseñadores, y simplemente salió. Dónde: en un espacio en mi cabeza muy parecido a una redacción virtual, que si bien existe en mi cabeza funciona las 24 horas del día. Un proyecto comunicacional se mantiene en el tiempo si las responsabilidades son identificables, y si hay alguien que dice SI o NO. ST está estructurada como un medio tradicional, a pesar de la virtualidad que aún hoy pareciera que es una soporte novedoso; en el mundo de la literatura se acostumbra a crear medios literarios, a veces sin estructuras periodísticas que lo sostengan, un medio literario debería confiar más en algunos pilares conceptuales que vienen del periodismo. Son visibles las limitaciones de algunos escritores cuando deben encuadrarse dentro de una propuesta periodística.

El nombre habla de una sola cosa pero sabemos que hay una legión de lectores que reseñan codo a codo, ¿por qué Solo Tempestad?

12298061_10153452461158929_1961284598_o.jpgLa tempestad es algo contradictorio, tiene algo de caótico y algo de orden estético, es decir una belleza que provoca caos. Se pueden rodear el nombre desde múltiples interpretaciones, pero creo que fundamentalmente metemos los pies en ese plano/contraplano de significación. Hay una línea en Rezo por vos de Spinetta y Charly García que trajo a tierra esos divagues en mi cabeza: “…y leo revistas en la tempestad…”. Desde un plano más psicoanalítico considero que hay una sola tempestad y está adentro nuestro, cómo, cuándo y por qué la sacamos afuera es algo impredecible.

¿Hubo escritores reseñados en ST que se quejaron de las reseñas de sus libros?

Sí hubo, la verdad no me enteré. Solo un caso que recuerdo que no llegó a ser una queja, solo dijo que la reseña había sido reduccionista por el tratamiento analítico que se le dio a un personaje de la historia. La verdad que sentí que esa opinión respondía a que el autor había puesto mucho de su vida en ese personaje y el reseñados trató al personaje de ficción como un psicópata. Me causa risa la transferencia que algunos escritores hacen sobre lo que se dice de sus reseñas.

Me imagino que no debe ser fácil la coordinación de la web, ¿qué nos podes contar del trabajo que hacen?

DHmygltXoAIk9T_.jpgEn el comienzo era todo mucho más complicado, yo llevaba y traía libros, algunos llegaban a mi casa y luego los repartía entre los reseñadores. La verdad hubo mucho de físico en esa primera etapa. Ahora tenemos una especie de sede en Palermo donde las editoriales y escritores dejan los libros y también donde los reseñadores pasan a buscarlos. Valentina se encarga de que todo sea más ordenado. Pero también somos como una especie de redacción ambulante donde nos pueden dar libros en presentaciones de libros, ciclos de lectura, o cualquier evento vinculado con la literatura.

¿Cualquiera se puede sumar a reseñar?

Yo no diría que cualquiera. Todo aquel que le apasione la experiencia de lectura más allá del monstruo solemne de la literatura, eso lo que busco siempre. Los texto son muchos más ricos cuando desechamos la idea de ser más piolas que el escritor o que el lector, el análisis es otra cosa, la crítica literaria es otra cosa. Hay mucha gente que critica a ST por ser contemplativo con los libros que se reseñan. Es muy vaga esa crítica, primero porque no creo que hayan leído las 600 y pico de reseñas como para sacar esa conclusión, segundo porque es evidente que esconden un desorden emocional debido a los proyectos que ellos no pudieron sacar a la luz.

Dentro de la Pseudo-contemplación de la que hablan, me imagino que si un reseñador la pasa mal con la lectura del libro puede volcarlo en la reseña, ¿no?

Yo no creo que un reseñador la pase mal con la lectura de un libro. En todo caso si no es de su agrado lo manifestará en la reseña desde un lugar que no apele a un básico Me gustó/No me gustó. Creo que la intelectualidad pasa muchas veces por cruzar lecturas, buscar referencias en otras disciplinas artísticas, hacer relaciones. Creo que hay muchas maneras de ser responsable con el trabajo intelectual.

Sólo Tempestad (4).jpgEl año 2017 se realizó el festejo de las 500 reseñas, ¿cuánto falta para volver a festejar?

Este año no vamos a hacer ninguna locura. No vamos a apurar el número. todo seguirá su curso normal, tendrán que esperar para la cerveza gratis.

¿Hasta dónde piensan llegar con este proyecto?

No hay un destino. Si lo hubiera ya nos hubiera aburrido hace rato hacer ST. Creo que poco a poco vamos a innovar en nuevas formas de hacer llegar el mensaje. Creo que no hay ciencia en eso, somos una web de reseñas de libros, lo novedoso está en la forma, siempre. Creo que esa es una de las características principales de la revista y sobre todo que no se nos agoten las ideas.

Por ahí leí que hay un proyecto editorial en puerta ¿es verdad?

Otra locura que no tiene una fecha de inicio o desarrollo. La idea es poder publicar literatura islandesa, hacer una editorial destinada a un país con una cultura literaria muy profunda, con solo googlear salta a la vista algunos datos interesante. Por ahora es solo una idea a la que voy a adornando con otras ideas. Por lo pronto, solo tenemos el nombre “Olsen Olsen” y las ganas. Ni siquiera estamos seguros de que vaya a tener algo que ver con ST, o sí, no lo sé. Eso es lo atractivo.

Muchas gracias por tu tiempo, Pablo.

Gracias a vos, Esteban.

Ahora, vayamos todos a: www.solotempestad.com

Terror políticamente correcto

por Adrián Giorgio

No puede haber un cuento malo, afirma Di Marco. Una novela puede ser imperfecta, pueden sobrarle ―incluso faltarle― muchas páginas, pero con el cuento es distinto, porque si existe un cuento malo se acerca más a la anécdota, la crónica, la composición, al caso, el retrato psicológico, al prosa poética o la novela resumida.

25 noches de insomnio. Historias que te quitarán el sueño, editada por Bärenhaus, sostiene esta idea. Cada cuento es perfecto en sí mismo. Son breves, oscuros y sombríos, con finales contundentes que nos sorprenden como un derechazo a la mandíbula. Transcurren en escenarios actuales y urbanos, algunos explicitados, incluso, con nombres de las calles porteñas, y personajes fuera de lo normal y otros más fácilmente reconocibles: brujas, vampiros, zombis, necrófagos y licántropos, de los que el autor da cuenta en un intento de homenaje a aquellas historias que lo marcaron de joven.

marcelo-di-marco-25-noches-de-insomnio.jpgLas páginas del libro recorren el terror psicológico, el humor negro y los fenómenos sobrenaturales. El horror se muestra sin vueltas, sin maquillajes, en toda su repugnancia. El hombre se halla corrompido por los pecados capitales y esos vampiros o monstruos han cambiado de piel, pero siguen siendo igual de horribles, aunque se echen encima perfumes de Dior o Armani. En este sentido, el terror de Di Marco es políticamente incorrecto, dice lo que algunos no se animan a expresar. “Uno no puede escribir los correctos sueños de otro”, opina el escritor al respecto.

Las páginas del libro recorren el terror psicológico, el humor negro y los fenómenos sobrenaturales.

A modo de apéndice, cada relato tiene un comentario personal donde Di Marco cuenta detalles de cómo se inventó tal o cual historia (en algunos casos parten de hechos reales que lo tuvieron como protagonista de las acciones).

En conclusión, 25 noches de insomnio. Historias que te quitarán el sueño es una excelente opción para todo aquel que disfruta del género y las buenas historias.

Cataratas y Las mellizas del bardo

por Lucía Vazquez

No se puede decir que Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980) no sea un tipo completo: sociólogo (doctorando), escritor, periodista y editor. Fundador del sello Tamarisco, actual editor de la pequeña editorial Momofuku y de la revista Crisis, escribe para Página 12. Entre otras cosas. Escribió Varadero y Habana maravillosa (cuentos 2009, Caballo de Troya), Pinamar (2011, Interzona), Las mellizas del bardo (2012, Clase turista)Cataratas (2015) y hace muy poco salió su nuevo libro de cuentos, Pyongyang. A los dos últimos se los editó ese monstruo que es Literatura Random House.

cataratas.jpgCataratas es una novela de cerca de 500 páginas, protagonizada por un grupo de becarios del Conicet que viajan a un Congreso de Sociología en Misiones. Hasta ahí parece todo “normal”, pero si hay algo que no tiene este autor es la normalidad y eso es lo que hace tan atractivas sus ficciones. El truco es subvertir algo muy chiquito, meter un elemento absurdo o desubicado, y nos cambia totalmente la escena. Y hace esto desde la ciencia ficción y por eso lo amamos un poco más: Misiones es una provincia en problemas, ya que hay grupos guerrilleros de mutantes. Los becarios son sujetos abúlicos, ambiciosos, envidiosos, moralmente cuestionables, mezquinos, y están conectados todo el tiempo con el Google Iris, que es algo así como Internet en el cuerpo. Se colorean las uñas, los ojos ven la interfaz, etc. Como buena ciencia ficción “blanda” no explica cómo funciona, pero sabemos que los personajes tienen la posibilidad de filmar una situación si así lo desean, enviar un email, un mensaje, sin conectarse a ningún dispositivo. Nos recuerda un poco al “grano” de Black Mirror (que almacenaba todo lo que los sujetos veían y podía editarse, compartirse, reproducirse al infinito, otra que los recuerdos de Facebook). La novela es divertida y opresiva. Hay varias tramas, de amor, de amistad, de superación personal, todas atravesadas por la ambición y el deseo de salir beneficiado no importa a quién se perjudique. Hay un juego con la oposición campo/ciudad, si se quiere, en el contraste entre los becarios y los dueños del hospedaje San Antonio Lodge en El soberbio. El futuro permite una mirada irónica muy crítica de las instituciones, en especial las del ámbito académico, al que le da para que tenga y reparta. El uso de la tecnología solo intensifica más las bajezas humanas. El acercamiento al género policial es innegable, porque hay varias intrigas y crímenes, y es muy entretenida de leer porque resulta por momentos una novela de aventuras. Los personajes son memorables, odiables y prescindibles en igual medida.

Clase-Turista_Las-Mellizas-del-BardoCataratas es la novela de un escritor que ha recorrido un firme camino, que ha crecido en su forma de narrar. Sin embargo, Las mellizas del bardo, solo tres años anterior, es una nouvelle de desborde total que en realidad opera de la misma manera, pero más agresiva e hiperbólicamente. También en un futuro “cercano”, dos chicas integrantes de la barrabrava de Boca secuestran al ciborg de Messi (héroe del mundial 2014) y la novela nos cuenta a modo roadmovie los percances de esta aventura. Me interesan dos cosas de esta novela, la primera el delirio de la idea, que invita a lector y autor a sumergirse en aguas marginales (y, al modo de Hernández en el Martín Fierro, el doctorando en Ciencias Sociales hace hablar a dos barrabravas). La otra es que esta novela forma parte de una colección que es una apuesta por los género menores en Argentina: Clase turista edita la colección “Saqueos en Greiscol” que incluye horror, western, fantástico y “otros géneros pulp” ¿Qué quiere decir esto? Que podemos leer la novela como se lee una pulp, una revista barata hecha con el deshecho de papel (pulpa de celulosa) que entretiene. La narradora (una de las barrabravas) todo el tiempo hace alusión a un “ustedes” que no termina de quedar claro quiénes son. Los imaginé espectadores de tv, como si lo que se narrara fuera un reality show, tal vez somos nosotros, los mismos lectores, que nos asomamos con morbo a un mundo desconocido, cercano pero que intentamos mantener alejado. También la crítica social aparece en Las mellizas del bardo, aunque no tan a simple vista como en Cataratas.

Si la distopía no va más, porque nuestro presente es ya el futuro tan temido, podemos pensar que cualquier cosa que se esté publicando en los últimos años en Argentina está cerca de la ciencia ficción. Es innegable que se fue armando una tendencia al género (también incluyendo el fantástico) de manera imperceptible, pero fuerte y persistente. Les digo, entonces, estimados, que Hernán Vanoli es de los mejores escritores de ciencia ficción argentina que tiene el siglo ¡A leer!

Una amiga por el viento: Liliana Bodoc

por Soledad González y Fernando Candelero

“A veces, los cuentos son retumbos y destellos de hechos ciertos. Contamos lo que ocurrió. Otras veces, los cuentos son pedazos de sueños. Contamos para que ocurra…”.

Así comienza Liliana Bodoc “El puente de arena”, cuento que forma parte del libro Amigos por el viento recientemente reeditado. Nosotros las retomamos para encabezar este artículo porque creemos que es premonitoria y definitiva, se convierte en (casi) necesaria cuando hay que escribir sobre ella.

Venado_Tapa_bajaLiliana Bodoc ha alcanzado lo que pocos escritores han logrado que es unificar al público joven y adulto atrapando a una nueva generación de lectores y captando extraordinariamente la atención de aquellos ya afianzados en la literatura moderna. Bodoc ha jugado en sus novelas con los diferentes géneros literarios y en cada uno ha conseguido sentirse cómoda.

Creó obras épicas como La Saga de los Confines o realistas como El rastro de la canela, las cuales han sido traducidas (al alemán, al francés, al holandés, al japonés, al polaco, al inglés y al italiano) y premiadas. Incluso algunas son utilizadas como vehículos literarios en las escuelas para poner palabras precisas allí donde hacen falta.

Es que la autora argentina, que actualmente vive en la provincia de San Luis, es dueña de una prosa que bien vale la pena ser leída (o convidada a leer) por niños, jóvenes y adultos.

Su escritura es tan maleable que, por ejemplo, aquellos que la conocen por La saga de los confines —uno de los pocos ejemplos de fantasía heroica de la literatura juvenil en América Latina— quizás se sorprendan al dar con otra faceta de esta autora en En Amigos por el viento. Aquí, la narrativa épica es sustituida por un relato de carácter introspectivo, donde la sugerencia poética, la delicadeza psicológica y el empleo de símbolos son los elementos primordiales.

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Otro ejemplo de su ductilidad lo representa el recientemente publicado El Arte de los Confines: Venado, un nuevo proyecto donde Kenny, con una plasticidad magistral, ilustró y dio forma visual al universo de Bodoc. Se trata de un proyecto que no solo abarca los textos desde los orígenes de la Saga, sino que también se incluyen textos inéditos. De esta manera, nace un libro-álbum con textos completamente originales inspirados en la primera parte de la obra y acertadamente ilustrados por Gonzalo Kenny.

La épica narra gestas legendarias que generalmente están construidas por elementos imaginarios y ficticios aunque puede ocurrir que esos elementos estén basados en una verdad histórica, en un tiempo y un espacio determinados y creados a tales efectos. No obstante, esta idea tradicional encuentra su propia versión en Bodoc. Cada frase está teñida por una voz pausada y a la vez dan ganas de acurrucarse en alguna de ellas, pero las historias llaman a seguir por esos caminos que empujan y fascinan. Paisajes de puna, tierras antiguas,  colores que pintan sin nombrarse, pueblos que dan sentido a quiénes somos. Por eso, leer la épica de Liliana Bodoc es encontrar tan nítida su esencia poética como su capacidad para llevarnos de un extremo a otro: a reírnos despreocupados, a sentir miedo por una tierra plagada de misterios, a creer en el amor de quien cuelga una luna hasta el amanecer, a sucitar las más profundas cavilaciones a partir de los pensamientos de los personajes que dan vida a las historias.

Imagen 2.pngPara los que estén interesados en comenzar a explorar la obra de Bodoc, una buena idea es recurrir a los recientemente reeditados Amigos por el viento, Sucedió en colores y La entrevista que ilustrados por Poly Bernatere, Pablo Bernasconi, Candela Inssuay puso a la venta a partir de septiembre de este año Alfaguara. El encantamiento de la ficción de Bodoc resulta una promesa, realmente una propuesta de lectura para viajar imaginariamente a tierras lejanas o experimentar introspecciones hacia las fibras más sutiles del lector. sin lugar a dudas, la literatura de Liliana es el encantamiento en todas sus dimensiones.