El terror que nace en la web

por Pablo Stanisci

            Hace años que Internet avanza imparable sobre todos los aspectos de nuestras vidas. Conceptos como vida privada, circulación de información o, incluso, amistad han sido transformados a la luz del mundo digital. La literatura, fenómeno que nunca ha sido inmune a su entorno de producción, no es la excepción. Una de las primeras manifestaciones de esta mutación han sido las denominadas creepypastas. Historias nacidas y retroalimentadas en la red que exploran el terror desde supuestas historias reales. La similitud con las “leyendas urbanas” es inevitable pero las diferencias son muchas. El escritor, investigador, periodista y documentalista Diego Arandojo presentó en el año 2018 su investigación “Slenderman. Realidad y ficción de los creepypastas” por medio del sello Oráculo Ediciones, con una increíble portada ilustrada por Facundo Nehuén Lopez. Un trabajo pionero de este fenómeno todavía poco explorado en nuestra lengua.

Diego Arandojo presentó en el año 2018 su investigación “Slenderman. Realidad y ficción de los creepypastas” por medio del sello Oráculo Ediciones, con una increíble portada ilustrada por Facundo Nehuén Lopez.

521760-4fdbb2e2-eb6e-11e3-a4d2-9efb85c9fed0.jpg            Dentro de la estructura del libro pueden encontrarse dos grandes secciones. La primera y más extensa, luego de una introducción conceptual, está dedicada al análisis del creepypasta más famoso: Slenderman. Aquí nos encontramos con una profunda investigación que rastrea el origen de la criatura en un concurso de retoque fotográfico en el año 2009. Desde ese momento en adelante Arandojo sigue todo el derrotero del personaje por los foros y sitios web donde su leyenda fue creciendo, especificando los sitios y las fechas de cada dato. Donde se incluye una detallada lista con todos los cortos y videojuegos que ampliaron el universo del “hombre delgado”.

Un aspecto importante en estas entidades surgidas de las creepypastas son las invocaciones. Rituales que se deben realizar para atraerlas y, si la persona sobrevive, conocerlas. Diego indica los supuestos pasos a seguir en varias de estas historias pero algo que llama la atención es el motivo de la invocación. En las distintas tradiciones mágicas quien convoca a una entidad espera obtener algo a cambio, sea poder, dinero, amor, etc. En estos casos, incluido el de la creepypasta llamada Zalgo, la persona la atrae con el solo hecho de sobrevivir al encuentro. Es decir, que no se espera nada a cambio salvo una experiencia cercana a la muerte, un hecho al que vuelve el autor hacia el final del libro. Los seguidores de Slenderman, que integran numerosas comunidades en línea, pretenden ser aceptados en su secta, aunque nunca queda claro para qué.

Este intento de pacto mágico posmoderno llegó a tener sangrientas consecuencias en 2014 en la localidad de Waukena (Wisconsin, Estados unidos) cuando dos niñas de doce años de edad intentaron asesinar a su mejor amiga, una compañera escolar, de diecinueve puñaladas. La víctima tuvo la suerte de sobrevivir pero elevó la leyenda de Slenderman a un nivel de difusión inaudito a la vez que encendió la alarma sobre el alcance e influencia de la criatura. Sin caer en una paranoia absurda se vuelve importante darle a estos temas la seriedad de análisis necesaria. Aunque, por otro lado, este terrible hecho no impidió que el creador del personaje llegara a un acuerdo con Sony para realizar una película, contra la que los familiares de las víctimas intentaron detener.

Slenderman2           La parte final del libro inicia con una una serie de leyendas urbanas ubicadas en el conurbano bonaerense y la Capital Federal, dándole un acercamiento más local a las historias y generar ganas en el lector de querer conocer más. Para culminar con el análisis de algunos “juegos” que han aparecido en internet en los últimos años y que provocan un terror real, en especial en los padres. Se hace mención al Juego de Daruma pero el que más impacto generó, incluso en nuestro país, es el denominado La ballena azul. En estos casos nos alejamos de la mera ficción para adentrarnos en manipulaciones reales, donde las víctimas suelen ser adolescentes. Una situación de vulnerabilidad, de depresión o la simple curiosidad tan común en esa época de la vida, pueden poner en riesgo la integridad física o la vida de quien cae en manos de personas que solo buscan dañar al llevarlos por una serie de peligrosos desafíos que culminan en el suicidio. Arandojo analiza en detalle este fenómeno que ya lleva varias muertes en su historia.

La parte final del libro inicia con una una serie de leyendas urbanas ubicadas en el conurbano bonaerense y la Capital Federal, dándole un acercamiento más local a las historias y generar ganas en el lector de querer conocer más.

El libro vuela en la lectura. Las explicaciones en detalle pero narradas en una forma amena ayudan al lector a meterse en los extensos laberintos de estas ficciones y llaman a seguir investigando un tema que lejos está de encontrarse acabado. Esperemos que la obra de Diego se vuelva una pionera de futuros ensayos sobre este apasionante y complejo universo.

Contacto editorial: https://oraculoediciones.tumblr.com/

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CÁLLATE MARK: CHICOS UN POCO REBELDES

por Graciela Spotorno

Esta banda nació en el año 2008 cuando sus cuatro integrantes comenzaban el colegio secundario.  Dos años más tarde, empezaron a tocar en vivo y a definir suestilo propio y moderno partiendo de una esencia power,con influencias del new wave.  Un estilo de rock que surgió en la década de los ochenta como derivación del punk, que se caracterizó por suavizar las formas de éste con sonidos claros, voces melódicas, el uso de sintetizadores, etc.

“Cállate Mark” es una canción perteneciente al grupo de rock argentino Sumo. Formó parte del álbum titulado Fiebre de 1989. Fue escrita por Luca Prodan y la letra está dedicada a Mark David Chapman, famoso por haber asesinado de cinco balazos al músico inglés John Lennon (The Beatles) el 8 de diciembre de 1980. Esta canción inspiró a estos cuatro muchachos capitalinos para el nombre de la banda.

Sus integrantes son Tadeo Luna (voz), Florían Fernández Capello (guitarra), Lautaro “Laucha” Rico Gómez (bajo) y Julián Gondell (batería). Es importante destacar que Florián además de ser un excelente guitarrista (a pesar de su corta edad) es el hijo de Vicentico,  el líder de Los Fabulosos Cadillacs.

Primero empezaron haciendo covers tanto en inglés como en español, hasta que vieron que eran capaces de componer sus propios temas. El primer disco Balboa fue grabado en el año 2013 (con solo 17 años) con 10 canciones en las que se percibe la influencia de bandas clásicas como The Clashy The Who hasta las actuales como Strokes y Artic Monkeys.

El disco salió por bandcampy no a través de una transnacional como se esperaría de una banda que tiene todo el apoyo y los contactos musicales tanto en Argentina como en el exterior, gracias a Vicentico. Pero el líder de los Cadillacs solo se ocupó de la producción junto al grupo. La mayoría de los temas fueron compuestos por Florián y “Laucha” Rico Gómez y la elección del nombre de este primer material, derivó del fanatismo de todos ellos por Rocky Balboa, personaje interpretado por Sylvester Stallone en la saga Rocky.

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En este disco “Donde voy” es el hit, la canción que convence en la primera escucha y que tiene video propio. De esta manera, empezaron a sonar en las radios más importantes del país y a dar sus primeros shows masivos en diferentes festivales tanto en Argentina como en el exterior.

Este punk criollo y por momentos sentimental, suena muy poderoso y fresco en vivo. Es un trío potente muy bien ensamblado. El bajo lidera las armonías instrumentales junto a los riffsde la guitarra de Florián y una  batería que suena ligera y estruendosa. Tadeo Luna, el vocalista, tiene el estereotipo del típico cantante de rock pero que logra su propia personalidad arriba del escenario. Estos chicos tienen una energía renovadora, llevan mucho punk rock adentro y, a la vez, son como cualquier chico de barrio por su sencillez en la manera de pensar y de vivir.

En el 2017 salió su segundo disco Todo/Nada. Esta vez, la producción estuvo a cargo de Tuta Torres bajista de Babasónicosque a la hora de grabar el disco se animó a probar de todo. Los entendió y los exprimió musicalmente hasta el fondo y dejó que cada uno de ellos hiciera el aporte que les pareciera necesario para la terminación del disco.

Este trabajo contiene 13 canciones compuestas, en su mayoría, por Florián y “Laucha”.  El grupo muestra más actitud y madurez tanto en las letras como en lo musical. Las canciones van desde el desamor hasta tener muchas referencias (casi inconscientes) al fuego y a los incendios. De ahí nace la idea para realizar el arte de tapa de Todo/Nada.

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El punk rock argentino ya no está acéfalo. Gracias a chicos como estos, que entendieron y demostraron que a través de acordes poderosos y eléctricos podían cubrir “categorías” o “géneros” que estaban vacíos sin planificarlo. Una prueba de ello fue la nominación que tuvieron por Todo/Nada a los premios Carlos Gardel 2018 como “Mejor Álbum de Rock Pesado/ Punk”.

Cállate Mark está sumergido dentro de un lugar en el que se siente cómodo y que va por mucho más.

Para escucharlos hacé clic aquí: https://www.youtube.com/watch?v=qwSfC6hb7Ws

 

 

 

 

Los demonios de Bragagnolo

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA BALADA DE CONSTANZA Y VALENTINO

por Sandra Gasparini

El brujo (2015), de Matías Bragagnolo, comienza con una mirada historizadora, la del narrador de un informe que sitúa un penal de máxima seguridad en un proyecto distópico de país neofascista y corrupto, el del Triunvirato, hacia 2030. El protagonista adolescente de La balada de Constanza y Valentino, su última novela, en cambio, relata una historia que sucede en 1998, veinte años atrás, con una reconstrucción cuidada del referente histórico a partir de detalles mínimos (discos, formas de comunicación, de la afectividad, etc). Hay tres tramas entrelazadas: la de la relación amorosa entre Constanza y Valentino, la de una posesión demoníaca y la policial -la fuga del penal que engloba a las otras-. La estructura triangular se repite en el elemento fantástico, como un ostinato rítmico propio del terror.

BragagnoloLa balada, se sabe, es un género de canción de tema más bien amoroso, de ritmo lento, aunque puede narrar historias tristes. El desarrollo de esta novela se propone a simple vista como un crescendo, como producto de una morosidad narrativa: 1. Manifestación, 2. Infección y opresión, 3. Posesión. Sin embargo, la violencia de los hechos va ganando en vértigo y rapidez hacia el final, donde descubrimos que se corre en círculos: lo que comienza con una práctica sexual termina con otra, desafiando los límites de lo decible.

Bragagnolo reescribe en esta novela diversos géneros: las historias de amor, las de terror, específicamente las de posesión satánica, la novela juvenil. Sin dudas, arma con esos elementos otra cosa: un “festín de depravación” –tal como lo define el protagonista en sus palabras finales-. Un relato en el que la hipérbole, como en sus otras novelas (Petite mort, de 2014, por ejemplo), es la figura estelar. La espectacularización de lo nimio, lo cotidiano a través de lo escatológico, lo que es construido como tabú y desarmado como tal, son procedimientos que caracterizan su narrativa. El desasosiego, aliado permanente del género, que suele disiparse en el policial, se instala como efecto de lectura.

La violencia de los hechos va ganando en vértigo y rapidez hacia el final, donde descubrimos que se corre en círculos.

En La balada se distinguen al menos guiños explícitos y ocultos a El exorcista, solo que aquí no se trata de Pazuzu sino de Asmodeo, encargado de aniquilar el amor de una pareja, convirtiéndolo en otra cosa. Frank de Felitta también está implícito en algunas escenas.

Lo que más interesa de La balada es cómo la culpa cristiana puede convertirse en una invitación al demonio, a nuestros propios demonios. En esta línea de lectura, también se trata de una novela sobre las ausencias: de los padres biológicos y de los simbólicos. Las relaciones familiares están rotas desde el principio: el incentivo económico prevalece sobre los afectos (el padre y el tío de Valentino, el narrador protagonista, se enemistaron durante 15 años por ese tema y él mismo es despreciado por su padre porque no lo considera muy apto para manejarse con una carrera apropiada para tener un buen pasar económico, al igual que su hermano, entre otros ejemplos), la pareja que hacen sus padres está desgastada hace años pero se mantiene de manera hipócrita y conveniente; sus tíos son destrozados anímicamente al comienzo del relato por un suceso insólito que cambia sus vidas para siempre. La relación entre padres e hijos en la década del 90, en la que los lazos vinculares habían sido profundamente modificados a la luz de la ley de divorcio en la anterior y en la que ya se veían grupos familiares totalmente distintos de la familia nuclear tradicional que subsistió agonizante hasta la última dictadura, es el centro de la tragedia.

La culpa cristiana puede convertirse en una invitación al demonio

En este punto entran en el juego las instituciones, como en El brujo. Tienen una presencia muy fuerte en el clero y en los representantes de la seguridad y del ámbito judicial: esas instituciones también son burladas y quebradas pero, como insinúa la novela, ya lo están desde la prehistoria de La balada. También se pone en cuestión el saber de la psiquiatría, que intenta diagnosticar el proceso por el que pasa Valentino, aunque como ocurre cuando estamos frente a una narración fantástica en primera persona, la duda del lector sobre si se trata de sucesos paranormales o de hechos experimentados por una mente alterada es intermitente hasta el final.

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Asmodeus; or The Devil on Two Sticks

En Filosofía zombi, Jorge Fernández Gonzalo propone que el “gore como género o como forma de estructurar la mirada del espectador supondría una deconstrucción del miedo” y que a través de él “se nos propone reconciliarnos con el miedo y recuperar la fascinación y su espanto, el asombro poético y el delirio del horror”. En detalladas escenas gore, Bragagnolo satura la imagen de la maldad con detalles escatológicos, a veces con elementos paródicos, atomizando así el templo sagrado del cuerpo.

Los motivos del horror cambian con el tiempo: librados a su devenir, se renuevan, pierden su carácter subversivo y aterrador. Bragagnolo ha descubierto cómo dar una vuelta de tuerca más al espanto que nos provoca enfrentarnos con nosotros mismos.

Podés conseguir más información sobre esta obra en la página web de la editorial: http://www.laotragemela.com y hacer tu compra online desde cualquier punto del país escribiendo a hola@laotragemela.com

Amor desaparecido

por Florencia Benson

Contemplar las fotografías de los desaparecidos por la dictadura equivale a exponerse a una doble daga. Por un lado, nos atraviesa su belleza y juventud: la mayoría eran menores que quien escribe, es decir muy jóvenes, se estima que más del 80% de los desaparecidos tenían entre 16 y 35 años de edad. Por otro lado, en las fotografías se repite una y otra vez la presencia inequívoca del amor: en el lenguaje corporal, el abrazo, la mirada compartida, las sonrisas.

Se trata de fotografías cándidas, tomadas con el fin de circular en un ámbito muy limitado —la familia, los amigos cercanos; las visitas ocasionales que, mientras esperan el café de cortesía, hojean distraídamente el álbum— es decir, fotografías concebidas para habitar exclusivamente en el círculo de la intimidad. Sus poses, por tanto, son menos estudiadas, menos homogéneas (aunque no exentas de normas, tanto la burguesía como las clases trabajadoras siempre tuvieron sus códigos para retratarse a sí mismas), un poco más espontáneas que las galerías curadas y filtradas que exponemos hoy día en nuestros perfiles digitales.

Esa candidez nos atrae porque pareciera que sorprendemos a sus protagonistas en un momento privado, es decir, del que se suponía que estuviéramos excluidos, y nos interpela en nuestra propia intimidad: ¿he vivido yo un amor así? ¿Lo experimentan, acaso, otros contemporáneos a mí? En definitiva, ¿existe hoy ese amor que parece tan profundo y radical?

Hay una dimensión sagrada en la pareja que lucha hombro con hombro por un ideal. De amor y de sombra (Isabel Allende) o La mujer habitada (Gioconda Belli), ambos publicados en la década del ’80, son narrativas de una pareja que lucha contra un régimen opresivo y busca develar una verdad. Es decir, se trata de dos personas que comparten no sólo principios, ideología o ideales sino, fundamentalmente, un camino, una búsqueda, una meta: un destino. En ambos textos se pone en juego la dimensión sagrada de la pareja militante que lucha por un mundo mejor, que comparte ideales y trinchera, oponiéndose a un poder mayor, oscuro y letal. Parejas, en definitiva, que caminan juntas hacia el sacrificio, hacia una muerte significativa, altruista y trascendente: mayor que uno y mayor que dos, puesto que el deseo siempre triangula, fuga hacia algo más que no está aquí y ahora, sino en el futuro.

Esa épica y el contraste con el final oscuro, trágico, enaltece a los personajes ante nuestra mirada. Volvemos a la pregunta inicial: ¿qué se requiere hoy para producir esa clase de amor? En otras palabras: ¿acaso aquel amor que idealizamos con nostalgia deba esa cualidad luminosa a la lucha ideológica compartida, a sabiendas de su trágico final? ¿Y por qué en la actualidad esa fórmula idealista parece no funcionar, o no alcanzar, dado que las parejas —aún las militantes— se rompen o desgastan? ¿Es el amor un artículo de fe? ¿Es una construcción social? ¿Un enredo psíquico? ¿Un mix de todo?

La juventud y la belleza son los condimentos esenciales tanto del romance como de la tragedia. Romeo y Julieta no sería tal si los protagonistas no hubieran sido jóvenes y bellos: a sabiendas de su fugacidad, igualmente nos conmueve la violencia que trunca estos atributos antes de su degradación natural. Son también estandartes privilegiados de la rebeldía y de la militancia: en el imperio de la imagen, aún para comunicar las causas más subversivas recurrimos a estos atributos, alcanza con mirar las fotografías de las marchas de mujeres para corroborar que la gran mayoría de las imágenes tomadas corresponden a rostros jóvenes con cuerpos bellos. Este contrasentido es, de todos modos, absolutamente humano: Afrodita reparte sus dones de manera injusta, caprichosa y terminante. O se es bello o no se es; y si bien los cánones varían históricamente, son tiranos durante su reinado.

La juventud y la belleza, entonces, fungen en nuestro imaginario colectivo como canales poderosos del Amor y, por extensión, de la Verdad y la Justicia. En la última década se vivió en Argentina un contexto político que enaltecía la épica de la rebelión, del bien común, de la militancia y la justicia, pero el Amor —según las estadísticas— sigue en problemas. Las parejas se rompen, se separan, se desgastan. ¿Acaso hay que enfrentar directa y certeramente a la muerte para que triunfe el Amor radical, ese amor de las fotografías y de las novelas, donde dos parecen abstraerse del mundo —el amor radical es absoluto, excluyente y expulsivo, sólo hay lugar para esos dos elegidos— y retornar a él para transformarlo?

Platón en El banquete nos dice que el amor no es un dios, porque los dioses se bastan a sí mismos, y el amor siempre busca algo que le falta, es decir desea: el amor es un gran demonio. Hijo de Poros (el padre, la Abundancia) y Penia (la madre, la Pobreza), el demonio Amor se encuentra “por una parte siempre pobre, y lejos de ser bello y delicado como se cree generalmente es flaco, desaseado, sin calzado, sin domicilio, sin más lecho que la tierra, en fin, lo mismo que su madre, está siempre peleando con la miseria. Pero, por otra parte, según el natural de su padre, siempre está a la pista de lo que es bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, cazador hábil; ansioso de saber, siempre maquinando algún artificio, aprendiendo con facilidad, filosofando sin cesar”. Y sintetiza: “el amor es la producción de belleza, ya mediante el cuerpo, ya mediante el alma”, es decir, el amor tiende siempre a la fecundación, a la creación, a la acción (poesía), pues anhela la inmortalidad, es decir, la trascendencia.

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Entonces, ¿son los ideales los que engendran un amor radical, o es el amor radical el que genera, en su afán de trascendencia, los más altos ideales? Una pareja así retroalimentada, inferimos, sería capaz de alcanzar un grado tal de ascensión que podríamos denominar un “Nirvana de a dos”: abstraídos pero juntos, habitantes de una poderosa burbuja creativa.

Por supuesto que nadie (nadie conocido, al menos), ha alcanzado este grado de elevación amorosa. En la realidad, se nos dice, el amor es imperfecto, insuficiente, “siempre peleando con la miseria”. En este sentido, una novela también best-seller de la época, Flores robadas en los jardines de Quilmes (Jorge Asís), relata en código satírico el devenir de un personaje joven que no logra apegarse a ningún principio, persona, conocimiento, es decir, la personificación de un deseo debilitado e incapaz de salir de sí mismo. Opera la desidealización en todos los ámbitos y aspectos y se ensalzan los valores “realistas”, sin adornos, sin autoengaño, sin caretas, sin esfuerzo. La falta de compromiso y su deambular de nouvelle vague, salpicado de comentarios cínicos y derrotistas (“realistas”), anticipa un ethos del narcisismo e inaugura, tal vez, en ese desplazamiento, la literatura de los noventa. Todo lo que tenía de demonio, de monstruoso y de amenazante el amor se trastocó en adorno kitsch de telenovela, pues la gravedad de la muerte del deseo es sin dudas un asunto mucho más severo, desesperanzador e infinito que cualquier ilusión.

POTRA: POP-ROCK CON AROMA DE MUJER

por Graciela Spotorno

Potra es un grupo liderado por Sofía Vitola, cantante, guitarrista y compositora rosarina (ex Lavial y Plan be), hermana de Joaquín Vitola (cantante de Indios) y de Gonzalo Vitola (guitarrista de La Zimbabwe). Desde muy pequeña, se vio influenciada por sus hermanos y por otros miembros de la familia pero fue con Joaquín con quien la unión musical  resultó más fuerte. Siempre se juntaban a tocar y a grabar de manera casera y a los dieciséis años comenzó a estudiar guitarra, violín y audioperceptiva (base intuitiva para el proceso de formación musical).

A los veinte, tomó la decisión de abandonar la carrera de Letras en la Universidad de Rosario y se mudó a Buenos Aires para estudiar en la Escuela de Música Contemporánea. Allí conoció a Candelaria Molina Zavalia, con quien estableció una gran amistad y formaron Potra en el 2013. Primero aparecieron algunas canciones y después se empezaron a juntar en una sala de ensayo para tocar y armar los temas. Por último, apareció el nombre de la banda.

Editan su primer EP Electricidad en formato digital, con cuatro canciones: “Electricidad”, “Me gustás”, “Por vos” y “Si me corro”. La pre producción fue realizada con su hermano Joaquín y después le mostraron el material grabado al productor  Ezequiel Kronenberg . Él les propuso grabarlo en un estudio y sacarle un poco más el jugo a las canciones. En julio de ese mismo año, salió el primer video clip oficial del tema “Por vos”, la más pop y pegadiza. Luego Potra fue seleccionada para representar a la Argentina en el Worldmusic Festival Weltenclang en Ingolstadt, Alemania, en abril del 2015. A su vuelta, siguieron presentándose en escenarios de Buenos Aires, Rosario y Montevideo.

Candelaria es una guitarrista de backgroung jazzero, también cantante y compositora. En el 2015 sacó en paralelo su propio proyecto solista Pornopop con siete canciones pero sin dudas es la media naranja musical de Sofía en Potra. Vienen tocando juntas desde hace diez años y se conocen tanto que muchas veces se presentan las dos solas a hacer versiones acústicas de sus temas.

En el 2016 editaron de manera independiente bajo el mismo nombre de Potra un disco con once canciones en formato físico. El álbum fue producido nuevamente por Ezequiel Kronenberg, quien también participó en los teclados y en las guitarras. Lo grabó Luciano Pedreira en Spector Studios y la masterización estuvo a cargo de Daniel Ovie. Completan la banda Francisco Sarmiento en bajo y Rodrigo Geni en batería y coros.

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Este disco contó con un dueto del inseparable Joaquín en la canción “Todo azul”, que también tiene su propio video con excelentes efectos lumínicos “azulados”, combinados con los ojos celestes de los hermanos rosarinos.

En  Potra se fusionan lo estético, lo musical y lo compositivo de manera homogénea. Es muy importante el factor visual y las letras dan cuenta del universo femenino. Las canciones hablan sobre las relaciones en general, aunque en un principio parezcan que son puntualmente sobre relaciones de pareja. Están relatadas en primera persona por una voz femenina, que tiene una manera simple y directa de decir las cosas sin llegar a ser cursi. Vitola no tiene ningún problema en decir que le gusta desde David Bowie hasta Alejandro Sanz y Luis Miguel, pasando como su mayor inspiración la recordada María Gabriela Epumer (Viuda e Hijas de Roque Enroll-Charly García).

Tanto en el disco como en vivo, este dúo de chicas muta de un sonido dulce y melancólico a tremendos solos de guitarra. Pasan de una canción power dedicada a los chicos como “Pelotas” a “Que si que no”, donde se confunden la amistad con el amor, la histeria y la indecisión, hasta una divertida y quizás cliché por su temática como “Horóscopo”.

Durante los años 2015 y 2016, Potra giró por México, Alemania y Argentina donde hicieron una serie de recitales muy importantes para su difusión y el reconocimiento local.

Sofía disfruta mucho del arte en general y afirma que lo estético está muy relacionado con la música y que la gente, por ejemplo, mira más una foto que el disco en sí. En los tiempos de las plataformas digitales también dice: “Me emociona tener el disco en la mano, me dicen que no imprima más porque ya los discos no se usan, pero yo quiero tenerlos. Hay una parte del público, de los amantes de la música, que también quieren tenerlos”.

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Este dúo pop-rock con aroma de mujer es una de las bandas emergentes femeninas con mayor proyección. Saben estar bien acompañadas musicalmente, ya sean hombres o mujeres,  lo que despierta es la admiración y la amistad de sus pares de la escena local. Un claro ejemplo de ello es Rosario Ortega, otra chica que viene pisando fuerte más allá del peso del apellido que lleva. Hicieron juntas la canción “No te vayas”, banda de sonido de la película  El futuro que viene de Constanza Novick con Dolores Fonzi y Pilar Gamboa que se estrenó el 12 de octubre del 2017. En el mes de los enamorados de este 2018 presentaron en las redes, un video de un tema nuevo, Déjate enamorar.

Potra sigue tocando por diferentes escenarios de Buenos Aires y Sofía tiene varios objetivos propios a seguir, componer, grabar, y por sobre todo crecer.

 

 

Verónica y los demonios de Paco Plaza

por Patricio Chaija

Paco Plaza, el reconocido creador de la saga zombie Rec, sale con una nueva película: Verónica. En esta historia los sobresaltos y oscuridades dejan más que conformes a los fanáticos del género.

Verónica cuenta la historia de una quinceañera que juega a la copa con dos compañeras en un sótano del colegio e invocan a un espíritu durante un eclipse. La posesión demoníaca aparece en todas sus manifestaciones habituales, pero en el filme de Plaza se desarrollan tópicos muchas veces dejados de lado por las películas de miedo: la relación de amistad, la fraternal, o con los padres. Apuesta a la intriga y a lo sobrenatural para ahondar en el corazón humano.

Las actuaciones son convincentes y carismáticas. Gran parte de las acción es llevada adelante por Verónica y sus tres hermanos, que van desde los cuatro años a los diez. El universo personal se transfigura en el rostro de la adolescente: ella intenta ayudar a su madre, quien trabaja en demasía, criando a sus hermanitos.

La tensión crece y enlaza tópicos esperables con momentos pesadillezcos originales por su mirada y forma; no hay nada gratuito en ellos, no hay detalle librado al azar. El guión va por un sendero que, no por invisible, es menos perfecto.

La música de Héroes del silencio matiza las aventuras de esta joven que tiene que crecer en una Madrid de comienzos de la década del ’90, y es el acompañamiento preciso para cada escena de la ordalía adolescente.

El género de terror cultivado tan bien por el director español nos regala una deliciosa metáfora del dolor y el crecimiento en una gran ciudad moderna, en donde los demonios personales y familiares no nos abandonan nunca.

Sobre hielo fino: el problema de educar con instituciones quebradizas

por Alan Ojeda

“No, mejor no hablemos de esto porque puede traer conflictos”, “Los padres se quejan si se habla de política en clase”, “Los padres dicen que es su responsabilidad educar a sus hijos sobre sexualidad y no de la escuela”, “No hables de la dictadura”, “Te conviene no dar ese libro. Es fuerte y dice muchas malas palabras”, “Nadie debe tocar el tema drogas”, “Eviten las discusiones sobre el aborto en clase”, son solo algunos de la larga listas de “NO” con los que se encuentra el docente al momento de trabajar en una escuela.

En ese momento uno siente que la infancia no se termina, y que la imposición de prohibiciones sin sentido continúa. Así, poco a poco, se va construyendo en el docente una sensación de paranoia absoluta. Nada lo respalda, no hay norte, y se encuentra en offside al mostrar la más mínima disidencia. Si hay algo en lo que estamos de acuerdo es que, casi dos décadas después de haber atravesado las puertas del milenio, aún no nos ponemos de acuerdo en las bases. No hay acuerdo sobre métodos pedagógicos, no hay acuerdo sobre contenidos, no hay acuerdo sobre las materias y cuáles son las habilidades que debe desarrollar un estudiante, no hay acuerdo sobre la educación sexual y la memoria.

Ahora bien, ¿esto cambiaría si pasáramos a un modelo de educación pública como el de Finlandia? ¿Lograríamos un cambio cualitativo si lográramos abolir la escuela privada? Pareciera que no, ya que esto sucede incluso en escuelas estatales, donde la garantía de poder trabajar sobre cuestiones que son política de Estado debería estar garantizada. Entonces el problema es más grande que el dilema entre la escuela privada (laica, castrense o religiosa) y la pública. ¿Cuáles son las barreras que aún deben superarse para poder dar un salto hacia una nueva discusión?

Educación e inestabilidad institucional

El año pasado, durante la cursada de una materia de maestría, una compañera tuvo que analizar un poema ya clásico de la literatura alemana contemporánea: “Todesfuge” o “Fuga de muerte” del Paul Celan. Durante el análisis comentó que es un poema que se lee en las escuelas alemanas y que forma parte de la política de la memoria de ese país, y su vocación por condenar lo sucedido durante el nazismo. Eso puede confirmarse cuando uno visita Berlín y se encuentra con una ciudad-museo preparada no tanto para los extranjeros como para los propios alemanes. ¿Qué quiere decir eso?

Topografía del terror es por ejemplo un centro moderno que documenta los horrores del nazismo, ubicado donde estaba la sede central de la Gestapo. Si uno se acerca a pedir una audio-guía, le dirán que sólo hay en alemán, entonces mira alrededor y el espacio está lleno de profesores y alumnos de secundaria repasando su propia historia. Luego de la caída del muro, Alemania (y sobre todo Berlín) ha canalizado sus fuerzas en recordar los fracasos de los totalitarismos que la han atravesado.

Ese trabajo fue posible por una voluntad institucional tanto nacional como internacional. Si bien se condena también al pasado comunista, sus museos son más una curiosidad. Incluso se percibe, desde la forma en la que se presentan las exposiciones hasta por la circulación de gente que los consume, un dejo de superación y sorna, como si el comunismo hubiera sido solo un virus extranjero por el que se dejaron seducir. En contraposición, los espacios dedicados al nazismo son lugares de recogimiento, silencio y reflexión. Cada uno de los lugares dice: “Nosotros -sí, nosotros- hicimos esto”. Dudo que eso cambie algún día.

De la vereda opuesta estamos nosotros, los del país que no terminamos de asumir: “Nosotros -sí, nosotros- hicimos esto”. A 42 años del último golpe cívico militar, tanto políticos como ciudadanos se niegan a condenar definitivamente lo sucedido. A 42 años aún se buscan razones para justificar el proceder de las fuerzas armadas, casi siempre usando como argumento la presencia de Montoneros y PRT-ERP, organizaciones de izquierda que, ya para ese entonces, se encontraban lo suficientemente desmembradas. Ese argumento parece servir para todo, incluso para evitar la discusión sobre la anulación del Estado de derecho. Esto se agrava cuando autoridades del Estado salen a cuestionar las cifras de desaparecidos, la existencia de un plan sistemático de desaparición y asesinato de personas o la destrucción de la economía argentina durante esos años.

Pero esto es la base de algo más grande: la debilidad de las instituciones argentinas. Basta que cambie un gobierno para que todo lo anterior sea arrasado, para que los planes educativos cambien, la mirada sobre la historia cambie, los culpables cambien, y el docente pierda el amparo del Estado para tratar ciertos temas.  Los vaivenes de la política hacen eco en la economía, pero también en la educación. Un día se puede estar haciendo un proyecto sobre Derechos Humanos y diversidad sexual y al otro día recibir una intimación, una denuncia, una queja vehemente de algún padre o una reprimenda por parte de una autoridad educativa. Esa fragilidad institucional nos pone en un dilema ¿Cómo educar si el Estado no es capaz de aceptar cuestiones básicas como el horror que implica el ejercicio sistemático de la violencia desde el poder y, aún peor, el hecho de hacerlo al margen de la ley?

Lo peor de toda esta discusión es, quizá, el hecho de que la superación del conflicto sea: “Mejor no hablar de esas cosas”. Esa respuesta siquiera es una superación dialéctica del conflicto, sino la aceptación total del silencio como método cómplice del poder. ¿El argumento final para sostener esto? Considerar el debate como una cuestión meramente partidaria. La discusión sobre DD.HH es kirchnerista; hablar sobre neoliberalismo es kirchnerista; criticar a las fuerzas represivas del estado es kirchnerista, etc. Cuando no funciona ese argumento, se vira, rápidamente, al construido por la Iglesia: hablar de identidad de género es moralmente incorrecto; hablar de matrimonio igualitario es moralmente incorrecto; hablar de aborto con los chicos es moralmente incorrecto, and so on, and so on.

Algo similar ha pasado recientemente con la discusión sobre la Ley de Educación Sexual Integral que, a duras penas se ha instalado en algunas instituciones educativas, mientras otras prefieren hacer una interpretación libre de los contenidos u obviarla. Es así, cuando la Ley no gusta todos son Lutero. Si ese nivel de disidencia y libre interpretación es posible aún cuando el poder lo ejerce quien promovió la ley, ¿qué podemos esperar frente a un cambio de signo político?, ¿qué sucede con la educación pública si esta está sometida, directamente, al vaivén ideológico capaz de cuestionar todas las bases sobre las que supuestamente debe construirse la educación de un ciudadano?, ¿qué hacer cuando es el mismo Estado, cuando le conviene, el que cede al ámbito privado las decisiones del ámbito público?

La aplicación de la ESI es el máximo ejemplo de ese problema. Se supone que el Estado debe garantizar la formación de ciudadanos con determinados valores, y eso no se hace sin coerción. El Estado (al menos para los latinoamericanos y gran parte de los europeos) está por encima de la familia. De la misma forma que ningún Estado permitiría que alguien deje de pagar los impuestos debido a sus “creencias personales”, tampoco permitiría que la educación cívica y sexual tuviera como origen el grupo familiar. ¿Podemos confiar que una familia conservadora enseñará a sus hijos sobre métodos anticonceptivos? ¿Podemos confiar en que una familia castrense eduque a su hijo en Derechos Humanos? Esos son espacios en los que la familia no tiene -o no debería tener- potestad. Parece imponerse lo que dijo Jorge Luis Borges en 1945, en su ensayo titulado “Nuestro pobre individualismo”: “El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano”.

Esta falla en la consciencia argentina y, por lo tanto, en su Estado, dinamitan toda la posibilidad de una educación “moderna” o similar a la tan nombrada “educación finlandesa”. Al autoritarismo del Estado se opone el autoritarismo del núcleo familiar, que se cree en posición de opinar sobre la construcción ciudadana de su hijo. Entonces ¿Qué rol puede ocupar la escuela y el docente frente a un modelo de sociedad que se resiste a universalizar el tratamiento de determinados temas dentro del aula? El docente se transforma, entonces, en un mero reproductor de contenidos designados como “neutros” y “no problemáticos”, mientras se le pide que forme alumnos reflexivos y críticos de la realidad. Es decir, que piensen, pero no tanto.

En el contexto actual es difícil pensar un proyecto de escuela pública como el finlandés, y la discusión excede, por lejos, los salarios miserables y el destrato al que los gobiernos y los medios masivos de comunicación someten a las instituciones educativas. El centro del problema está en la intromisión de la Iglesia, las familias y el mercado. La escuela no es dueña se sí misma, tampoco el docente, y siempre deben rendir cuentas a otro que muchas veces está incapacitado para opinar, pero cuya opinión debe respetarse y aceptarse a rajatabla. Las instituciones que deben garantizar la unificación de contenidos, el camino a seguir y los valores “universales” de la educación, flaquean ante la más mínima crítica y se quiebran frente al más mínimo cambio del signo político.

Pareciera que el argentino se desentiende del Estado. No comprende que entre Estado y Sociedad hay -o debería haber- un feedback continuo, y que el primero es una expresión de la voluntad popular. Cada vez que la educación pierde terreno en estas discusiones y se somete a los educadores a asumir un papel “neutral”, nos alejamos cada vez de cualquier tipo de progreso social. Pero, mejor no hablar de ciertas cosas…