Los demonios de Bragagnolo

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA BALADA DE CONSTANZA Y VALENTINO

por Sandra Gasparini

El brujo (2015), de Matías Bragagnolo, comienza con una mirada historizadora, la del narrador de un informe que sitúa un penal de máxima seguridad en un proyecto distópico de país neofascista y corrupto, el del Triunvirato, hacia 2030. El protagonista adolescente de La balada de Constanza y Valentino, su última novela, en cambio, relata una historia que sucede en 1998, veinte años atrás, con una reconstrucción cuidada del referente histórico a partir de detalles mínimos (discos, formas de comunicación, de la afectividad, etc). Hay tres tramas entrelazadas: la de la relación amorosa entre Constanza y Valentino, la de una posesión demoníaca y la policial -la fuga del penal que engloba a las otras-. La estructura triangular se repite en el elemento fantástico, como un ostinato rítmico propio del terror.

BragagnoloLa balada, se sabe, es un género de canción de tema más bien amoroso, de ritmo lento, aunque puede narrar historias tristes. El desarrollo de esta novela se propone a simple vista como un crescendo, como producto de una morosidad narrativa: 1. Manifestación, 2. Infección y opresión, 3. Posesión. Sin embargo, la violencia de los hechos va ganando en vértigo y rapidez hacia el final, donde descubrimos que se corre en círculos: lo que comienza con una práctica sexual termina con otra, desafiando los límites de lo decible.

Bragagnolo reescribe en esta novela diversos géneros: las historias de amor, las de terror, específicamente las de posesión satánica, la novela juvenil. Sin dudas, arma con esos elementos otra cosa: un “festín de depravación” –tal como lo define el protagonista en sus palabras finales-. Un relato en el que la hipérbole, como en sus otras novelas (Petite mort, de 2014, por ejemplo), es la figura estelar. La espectacularización de lo nimio, lo cotidiano a través de lo escatológico, lo que es construido como tabú y desarmado como tal, son procedimientos que caracterizan su narrativa. El desasosiego, aliado permanente del género, que suele disiparse en el policial, se instala como efecto de lectura.

La violencia de los hechos va ganando en vértigo y rapidez hacia el final, donde descubrimos que se corre en círculos.

En La balada se distinguen al menos guiños explícitos y ocultos a El exorcista, solo que aquí no se trata de Pazuzu sino de Asmodeo, encargado de aniquilar el amor de una pareja, convirtiéndolo en otra cosa. Frank de Felitta también está implícito en algunas escenas.

Lo que más interesa de La balada es cómo la culpa cristiana puede convertirse en una invitación al demonio, a nuestros propios demonios. En esta línea de lectura, también se trata de una novela sobre las ausencias: de los padres biológicos y de los simbólicos. Las relaciones familiares están rotas desde el principio: el incentivo económico prevalece sobre los afectos (el padre y el tío de Valentino, el narrador protagonista, se enemistaron durante 15 años por ese tema y él mismo es despreciado por su padre porque no lo considera muy apto para manejarse con una carrera apropiada para tener un buen pasar económico, al igual que su hermano, entre otros ejemplos), la pareja que hacen sus padres está desgastada hace años pero se mantiene de manera hipócrita y conveniente; sus tíos son destrozados anímicamente al comienzo del relato por un suceso insólito que cambia sus vidas para siempre. La relación entre padres e hijos en la década del 90, en la que los lazos vinculares habían sido profundamente modificados a la luz de la ley de divorcio en la anterior y en la que ya se veían grupos familiares totalmente distintos de la familia nuclear tradicional que subsistió agonizante hasta la última dictadura, es el centro de la tragedia.

La culpa cristiana puede convertirse en una invitación al demonio

En este punto entran en el juego las instituciones, como en El brujo. Tienen una presencia muy fuerte en el clero y en los representantes de la seguridad y del ámbito judicial: esas instituciones también son burladas y quebradas pero, como insinúa la novela, ya lo están desde la prehistoria de La balada. También se pone en cuestión el saber de la psiquiatría, que intenta diagnosticar el proceso por el que pasa Valentino, aunque como ocurre cuando estamos frente a una narración fantástica en primera persona, la duda del lector sobre si se trata de sucesos paranormales o de hechos experimentados por una mente alterada es intermitente hasta el final.

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Asmodeus; or The Devil on Two Sticks

En Filosofía zombi, Jorge Fernández Gonzalo propone que el “gore como género o como forma de estructurar la mirada del espectador supondría una deconstrucción del miedo” y que a través de él “se nos propone reconciliarnos con el miedo y recuperar la fascinación y su espanto, el asombro poético y el delirio del horror”. En detalladas escenas gore, Bragagnolo satura la imagen de la maldad con detalles escatológicos, a veces con elementos paródicos, atomizando así el templo sagrado del cuerpo.

Los motivos del horror cambian con el tiempo: librados a su devenir, se renuevan, pierden su carácter subversivo y aterrador. Bragagnolo ha descubierto cómo dar una vuelta de tuerca más al espanto que nos provoca enfrentarnos con nosotros mismos.

Podés conseguir más información sobre esta obra en la página web de la editorial: http://www.laotragemela.com y hacer tu compra online desde cualquier punto del país escribiendo a hola@laotragemela.com

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