Un futuro sin lugar para el amor

por Narciso Rossi

Antes de comenzar deseo abrir un paréntesis y confesar que la postura tomada por los entrevistados no refleja necesariamente la del autor de la nota. Para evitar declaraciones algo confusas me tomé el atrevimiento de pasar a mi voz varias de las respuestas de los entrevistados. De ninguna manera Joaquín, Cesira, Julián y Luciano representan a la sociedad. Las respuestas son de carácter puramente personal. Cierro paréntesis. 

La vida que llevamos hoy era impensable hace diez o quince años. A tal punto que los que pasamos los treinta hace rato, recordamos con añoranza los juegos en la calle y las salidas o los bailes para conseguir citas. En la era de la tecnología la revolución se da tan rápido que no siempre llegamos a verla. Hoy no hace falta que canten los grillos para saber que lloverá. Ni siquiera tenemos que sacar la cabeza por la ventana. No hace falta salir a comprar comida porque podemos pedirla por una app. ¡Ni siquiera necesitamos llamar por teléfono! Podemos saber en cuánto tiempo pasará el colectivo, qué hora es Suiza, comprar un pantalón nuevo y un par de zapatillas usadas. ¡Podemos conocer gente sin movernos de casa! ¿No es estupendo? No.

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Joaquín tiene 23 años y utiliza Tinder desde los 22. Le gusta más que levantarse una chica en la calle, asegura. “En la calle también te encontrás cada loca. Acá ves un par de fotos y ya está. Yo nunca leo las descripciones. A todas les gusta lo mismo: ir al cine, caminar, escuchar música, viajar. A veces chusmeo qué música escuchan, pero no porque eso cambie algo la cosa. Si la mina está buena ya está. Con eso basta”. Tinder y Happn son las dos apps con mayor cantidad de denuncias por acoso en todo el globo. El sistema es básicamente el mismo. Una vez instalada la app, los usuarios deben crear un perfil con sus fotos, sus gustos, elaborar una descripción y a la caza. El mecanismo es sencillo. La app mostrará a las personas que se encuentren cerca, dentro del rango que el usuario elija. Joaquín abre la aplicación para mostrarme “las minas que hay. Te encontrás de todo, pero la mayoría miente con algo. Si no es con la edad es con el nombre, con lo que dice que estudia, la zona en la que vive. Y casi todas mienten con las fotos. Si tiene una sola foto es porque es fea. Si tiene varias podés ver mejor. En la primera están todas buenas pero yo vi algunas que las conozco de la calle y no son como se ven acá. Ojo”.

Captura-de-pantalla-2015-06-21-a-las-21.23.11.pngCesira tiene 42 años y por su trabajo viaja “más de lo que quisiera”. Es profesional, está casada y no tiene hijos. Usa Happn sin mostrarse. En su foto de perfil hay un animal doméstico con los ojos tan grandes que genera cierta ternura. En la descripción es clara. “Casada, profesional, de paso. Solo sexo”. No hay nada más. “Y sí, claro que funciona” dice mientras revisa un saludo que acaba de recibir ni bien nos sentamos. “A mí me distrae. Estoy casada y soy feliz. No me pasa eso que dicen muchas mujeres de que porque son infelices en sus matrimonios tienen amantes. Yo estoy enamoradísima de mi marido. En Happn ni busco ni doy amor. El sexo va por otro lado. Me excita que sea prohibido, no volver a verlo, qué se yo. Es una mezcla de todo”. Happn además de encontrar personas cercanas, brinca características muy particulares, como marcar la zona donde te cruzaste con la persona que te interesa, o describir la cantidad de veces que se han cruzado. Para que funcione tenés que darle un corazón a la persona que te gusta y esperar a que ella haga lo mismo al verte. Si coinciden, igual que en Tinder, podrán conversar.

grindr-nuevo-02.jpgJulián tiene 29 años. Usa Grindr porque le gusta el sexo directo. Instaló Happn y Tinder alguna vez pero no eran lo que esperaba. “En Grindr es palo y a la bolsa. No tenés que esperar a que el otro te mire para hablarle. Ves la fotito y si te gusta le hablás. Que te responda es otro tema”, dice y se ríe. Julián se muestra en la app como es. Está en cuero frente a un espejo y mirando hacia la cámara. Lo curioso es el nick. Julián no puso su nombre como lo hicieron Joaquín y Cesira. “El nick lo cambio todo el tiempo pero siempre sugiere lo mismo: que busco sexo sin protección”. Hace una pausa esperando a que yo agregue algo pero lejos de mostrarme sorprendido, lo sigo escuchando. “Algún día me voy a agarrar algo. Tarde o temprano me va a pasar. Prefiero vivirlo como me gusta y no usando un forro que es algo que usé pero que no siento nada. Yo no busco novio ni amigos en Grindr, eso lo tengo claro. Busco garche. Soy solo, tengo lugar. Acá pasan un promedio de uno o dos tipos por semana. Tampoco soy un puto reventado”.

Julián dice que hay términos que todos deben conocer para que nadie se lleve sorpresas. Hicimos juntos una especie de glosario con “terminología gay indispensable para todos los putos”.

A pelo: Sexo sin protección.
Embichar: Persona que quiere transmitir o recibir una enfermedad sexual o venérea.
Vicio y morbo: Drogas y sexo sin protección.

unnamed“Todos los putos cojemos a pelo. Por lo menos alguna vez. Pero no todos quieren embichar ni todos dejan embicharse. Aunque hay muchos que lo piden directamente en sus nick o en las descripciones. Si ves que dice BB es bareback, otra forma de pedir sexo “a pelo”. Y si dice POZ es “Hiv positivo”. Este, por ejemplo, que dice POZME busca que lo embichen. Por lo general los que se dejan embichar son putos viejos, maricas muy reventadas ya que eso no es nada al lado de lo que hicieron. Mi amiga Marcos les dice Bebitos de oro a los de 18 o 19 años que buscan bichitos. Esos son como los más cotizados. Todos los putos les quieren dar. Los filman y siempre alguien te manda un video porque se comparte enseguida”.

Luciano tiene 27. Es gay, eso lo sabe y es lo primero que me dice. Tiene novia y los encuentros son una forma de escape. Usa Grindr desde hace varios años. No recuerda cuántos, pero muchos. No coje a pelo y no le van ni el bareback ni los bichitos. Tampoco le gustan los afeminados auqnue ni tiene nada contra ellos pero a él no le van. “Yo lugar no tengo, lo pongo claro en mi perfil, pero siempre me lo preguntan igual. A veces me pinta o mi novia está lejos y si estoy con otro flaco no es el mismo tipo de engaño. Ya sé que me vas a decir que sí o peor. Pero para mí, sabiendo eso que me dirías, en mi cabeza, digamos, es distinto y ya con eso me alcanza. Nunca la engañé con otra mina. Y mirá que tuve oportunidades. Pero siempre me quedé en el molde. Con pibes es diferente. Instalo la app cuando quiero sexo y después de verme con alguien la borro. Cuando tengo ganas de nuevo la vuelvo a instalar. Capaz pasan dos o tres meses sin que me acuerde de usarla. Sin que me den ganas, poné. Queda mejor”. Luciano desconoce palabras que le menciono de la conversación con Joaquín. Dice que nunca las escuchó ni las vio en Grindr, y le creo. “No estoy loco y me quiero mucho a mí mismo como para hacer algo así.

Cesira me advierte también de los peligros de la app. “Nunca sabés con qué loco te podés encontrar. Pensá que si ponés tus datos reales cualquiera puede saber tu nombre, ver tu cara, dónde trabajás, dónde estudiás, no sé, todo, moviendo solamente un dedito. Yo la uso desde el anonimato y mal no me va”.

Los peligros son reales. Las apps, esos pequeños íconos en cualquier celular, pueden contener muchas alegrías, posibilidades, encuentros de lo más calientes, y también lamentos, como lo señala Joaquín.

“Me agarré la cabeza alguna vez, no te voy a mentir. Conocí flacas muy locas, pero las bloqueás y ya está. Además podés denunciarlas si te amenazan o te acosan y los mismo tipos de la app leen las charlas. Pero locas hay, como en todos lados”.

El uso de aplicaciones para encuentros va en aumento. Ya sea porque las personas se sienten solas o porque les genere curiosidad, morbo o placer, la elección de parejas a través del celular es algo instalado en la sociedad. Tanto como elegir un libro, un sandwich o la música que queremos reproducir. Renegar de eso será inútil. Aprender a utilizar con cuidado ese aparatito que llevamos casi todo el día en el bolsillo, parece la mejor opción para no tener dolores de cabeza. No todo es claro, no todo es color de rosa. Dependerá de nosotros hacer un buen uso y encontrar lo que hemos ido a buscar.

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