Cataratas y Las mellizas del bardo

por Lucía Vazquez

No se puede decir que Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980) no sea un tipo completo: sociólogo (doctorando), escritor, periodista y editor. Fundador del sello Tamarisco, actual editor de la pequeña editorial Momofuku y de la revista Crisis, escribe para Página 12. Entre otras cosas. Escribió Varadero y Habana maravillosa (cuentos 2009, Caballo de Troya), Pinamar (2011, Interzona), Las mellizas del bardo (2012, Clase turista)Cataratas (2015) y hace muy poco salió su nuevo libro de cuentos, Pyongyang. A los dos últimos se los editó ese monstruo que es Literatura Random House.

cataratas.jpgCataratas es una novela de cerca de 500 páginas, protagonizada por un grupo de becarios del Conicet que viajan a un Congreso de Sociología en Misiones. Hasta ahí parece todo “normal”, pero si hay algo que no tiene este autor es la normalidad y eso es lo que hace tan atractivas sus ficciones. El truco es subvertir algo muy chiquito, meter un elemento absurdo o desubicado, y nos cambia totalmente la escena. Y hace esto desde la ciencia ficción y por eso lo amamos un poco más: Misiones es una provincia en problemas, ya que hay grupos guerrilleros de mutantes. Los becarios son sujetos abúlicos, ambiciosos, envidiosos, moralmente cuestionables, mezquinos, y están conectados todo el tiempo con el Google Iris, que es algo así como Internet en el cuerpo. Se colorean las uñas, los ojos ven la interfaz, etc. Como buena ciencia ficción “blanda” no explica cómo funciona, pero sabemos que los personajes tienen la posibilidad de filmar una situación si así lo desean, enviar un email, un mensaje, sin conectarse a ningún dispositivo. Nos recuerda un poco al “grano” de Black Mirror (que almacenaba todo lo que los sujetos veían y podía editarse, compartirse, reproducirse al infinito, otra que los recuerdos de Facebook). La novela es divertida y opresiva. Hay varias tramas, de amor, de amistad, de superación personal, todas atravesadas por la ambición y el deseo de salir beneficiado no importa a quién se perjudique. Hay un juego con la oposición campo/ciudad, si se quiere, en el contraste entre los becarios y los dueños del hospedaje San Antonio Lodge en El soberbio. El futuro permite una mirada irónica muy crítica de las instituciones, en especial las del ámbito académico, al que le da para que tenga y reparta. El uso de la tecnología solo intensifica más las bajezas humanas. El acercamiento al género policial es innegable, porque hay varias intrigas y crímenes, y es muy entretenida de leer porque resulta por momentos una novela de aventuras. Los personajes son memorables, odiables y prescindibles en igual medida.

Clase-Turista_Las-Mellizas-del-BardoCataratas es la novela de un escritor que ha recorrido un firme camino, que ha crecido en su forma de narrar. Sin embargo, Las mellizas del bardo, solo tres años anterior, es una nouvelle de desborde total que en realidad opera de la misma manera, pero más agresiva e hiperbólicamente. También en un futuro “cercano”, dos chicas integrantes de la barrabrava de Boca secuestran al ciborg de Messi (héroe del mundial 2014) y la novela nos cuenta a modo roadmovie los percances de esta aventura. Me interesan dos cosas de esta novela, la primera el delirio de la idea, que invita a lector y autor a sumergirse en aguas marginales (y, al modo de Hernández en el Martín Fierro, el doctorando en Ciencias Sociales hace hablar a dos barrabravas). La otra es que esta novela forma parte de una colección que es una apuesta por los género menores en Argentina: Clase turista edita la colección “Saqueos en Greiscol” que incluye horror, western, fantástico y “otros géneros pulp” ¿Qué quiere decir esto? Que podemos leer la novela como se lee una pulp, una revista barata hecha con el deshecho de papel (pulpa de celulosa) que entretiene. La narradora (una de las barrabravas) todo el tiempo hace alusión a un “ustedes” que no termina de quedar claro quiénes son. Los imaginé espectadores de tv, como si lo que se narrara fuera un reality show, tal vez somos nosotros, los mismos lectores, que nos asomamos con morbo a un mundo desconocido, cercano pero que intentamos mantener alejado. También la crítica social aparece en Las mellizas del bardo, aunque no tan a simple vista como en Cataratas.

Si la distopía no va más, porque nuestro presente es ya el futuro tan temido, podemos pensar que cualquier cosa que se esté publicando en los últimos años en Argentina está cerca de la ciencia ficción. Es innegable que se fue armando una tendencia al género (también incluyendo el fantástico) de manera imperceptible, pero fuerte y persistente. Les digo, entonces, estimados, que Hernán Vanoli es de los mejores escritores de ciencia ficción argentina que tiene el siglo ¡A leer!

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