Lembra 06: Todas las caras de Martín Rechimuzzi

por Adrián Giorgio

Martín Rehimuzzi tiene 30 años, es politólogo, actor y director. Sus personajes no necesitan presentación porque durante el último tiempo vienen llamando la atención de la sociedad con la aparición de un humor político muy propio de los años que vivimos. Hablamos con él para Revista Lembra.

Handel 1_opt¿Cómo llegás al humor político?

Sostengo que todo humor es político, incluso ese humor que supone simplemente ser mero entretenimiento necesita, para que se produzca técnicamente el fenómeno de la comicidad, apelar a todo aquello que la persona transita habitualmente. El humorista sabe que para producir el fenómeno de quiebre o de transición o lo que fuere, el remate digamos, la persona tiene que ir entendiendo de alguna manera los fenómenos que lo llevan a eso. Y por lo general, lo que se entiende, lo que se tiene en común, es la inteligencia compartida que es el dispositivo de poder hablando en uno. De modo que sí. Me parece que todo humor es político. Y en mi caso la llegada fue absolutamente natural. El humor sobre la política fue apareciendo y se fue desarrollando a lo largo de mis acciones o de mis elecciones.

¿Cuál es el personaje que más disfrutás hacer?

En realidad los personajes es por épocas. A veces estoy más conectado con uno que con otro. Pero siempre trato de que haya una coherencia en lo que quiero contar. Imagino, en base a lo que quiero decir, cuál es el personaje más adecuado. Todos tienen una lógica distinta, un arma distinta. Por ejemplo, últimamente me resultó bastante difícil hacer a Patricia, por lo de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado. Pero es algo que no quiero dejar de hacer porque me parece que es algo que nos toca hacer a nosotros. Me refiero al de denunciar desde donde nos toca. Pero disfruto todos mis personajes. Y trato de mantener a los que son para radio, a los que tienen corporalidad.

¿Qué opinión tenés sobre el humor nacional? ¿Tenés una conclusión sobre el hoy humorísitico y el hoy social?

No tengo elementos comparativos para ver cómo se desarrolló el humor sobre la política en otras partes del mundo, pero me parece que acá hay una tradición bastante fuerte. No es algo nuevo, sino que estamos antecedidos afortunadamente por muchísimas experiencias, algunas mas gratas que otras. Se han transitado muchísimos lenguajes y creo que siempre los lenguajes condicen con el paradigma político al que se asiste. En la década de los 90, por ejemplo, el fenómeno que primaba era la desafección sobre la vida política. El humor sobre la política era hacer meras imitaciones y no había un contenido de denuncia sobre el humor. En cambio, durante el kirchnerismo esto empezó a virar, incluso desde voces opositoras. Hoy en día me parece que somos muchos los que nos encargamos justamente de hacer eso, de tratar de parodiar qué es lo que pasa en términos de la política y las acciones y no tanto del ocupante, algunos con mas compromiso que otros. Pero me parece que es un camino a seguir transitando.

Trabajás a través de nuevos medios de comunicación. ¿Qué posibilidades te brindan las redes sociales, a diferencia de la televisión? ¿Hay más libertad para hablar, para expresarse o para jugar con el humor?

Sí. Creo que son lógicas distintas. Me parece que no solo el discurso está modificado en términos de cómo se cuenta sino que también hay una producción distinta. La comunicación que supone la televisión es bastante dialógica, pedagógica: uno dice y el otro escucha. La radio tal vez se nutre más del feedback. Pero me parece que en las redes la velocidad es mayor, se va transformando, lo que hace un diálogo mucho más fluido entre quienes miran y quienes muestran. Por eso me parece que es una lógica absolutamente distinta.

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El presidente Handel y la ministra Patricia fueron los primeros personajes en resaltar. ¿Qué es lo que más te gusta de ellos?

Los dos fueron apareciendo, no fueron elecciones que tomé en un escritorio. Handel me gusta porque es una parodia sobre algo de Macri, sobre algo de “lo Macri”, presente en muchos gobernantes, pero no es la representación total de Macri. Se da por épocas también. Lo que yo entiendo del macrismo va modificándose. Ellos creo que también van modificando su discurso. Eso trato de imprimirlo en el personaje. Esa cuestión infantil de Handel que tenía en una primera instancia y se encarnan en los primeros videos ya no es la misma. Hoy en día no se puede hablar de un Macri distraído. Pero existe una necesidad de no mostrar lo que realmente es. Esa pantomima de Handel de lo festivo y lo gay siendo ocultado todo el tiempo hace referencia a lo que Macri tiene que ocultar todo el tiempo, que es su alma ultraconservadora, esa línea blanco Villegas histórica. En el caso de Patricia es el exceso. La borrachera cuenta sobre el exceso del exceso que termina en las últimas experiencias que todos conocemos.

¿Cómo llega el feminismo a vos?

El feminismo me llega a través de mis compañeras, de escucharlas, de ver sus militancias, de respetarlas y de ir comprendiendo cuál es el rol que imagino que me toca a mí como varón. No me parece que sea materia de los varones ponerse a versar sobre teoría del feminismo, sino que es más un rol de respeto y acompañamiento. En mi caso, por la crianza de parte de mis padres, sobre todo por la influencia de mi vieja (y también tal vez por un interés artístico) nunca fue algo muy exógeno la incorporación de una otredad. Pero sí es un ejercicio que se va aprendiendo día a día, que es una deconstrucción permanente, y, además, una construcción porque una deconstrucción siempre viene acompañada de la fundación de algo nuevo.

Las preguntas de Randall López nos llevan a reírnos y a querer llorar con las respuestas. ¿Cómo viviste el crecimiento de este personaje?

Randall no tiene una raíz histórica. No fue creciendo de a poco, sino que apareció y explotó. Fue muy televisual su existencia. Y también voy descubriendo cuál es el rol de este personaje, qué tiene para contar. El interés en este caso, su fin, no está puesto en lo que cuenta, sino en las condiciones de posibilidad que genera. La comicidad está en las respuestas. A la par, voy conociendo muchísimo sobre lo que quiero contar, que no es tanto la estigmatización de un pensamiento o de otro, sino la coacción de un medio a la hora de formar opinión. Desde el prestigio de la televisión, de la cadena internacional, creo que rápidamente se omite la desconfianza, la racionalización de la pregunta. Y es algo que también voy descubriendo y que confirmo con Randall.

¿Leés o escuchás lo que comentan quienes ven tus videos o preferís mantenerte al margen de la opinión de las personas?

Sí, obviamente. Leo bastante, trato de ir manteniéndome más o menos al tanto de lo que pasa con cada personaje. Pero tampoco tomo como verdaderos los insultos ni los halagos. Entiendo que es parte del trabajo y que es muy difícil tratar de contentar a todo el mundo. Sí es algo que está ahí todo el tiempo, que te devuelven las redes. En mi caso estoy acostumbrado a ese diálogo permanente, pero trato de no tomar demasiado en cuenta ninguna de las dos posturas porque sino es imposible trabajar.

¿Tenés algún proyecto a realizar pronto? ¿Podés contarnos algo sobre él?

Sí, tengo muchos proyectos por realizar pero por ahora son ideas. Creo que toma un tiempo ir encontrando la manera más adecuada de contar eso. Pero siempre busco nuevos desafíos y trato de no quedarme enquistado con lo que va apareciendo y sirve ahora porque eso es algo absolutamente efímero.

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