Gabriela Mistral para niños

por Soledad González y Fernando Candelero

“…y

que sepa abrir la puerta

para ir a jugar.”

Gabriela Mistral para niños

En estos tiempos modernos y en casi todo el mundo, la literatura oral tiende a desaparecer por completo. Y aunque parezca exagerada la afirmación, salvo por algunas comunidades de África y otras de América Latina, las sociedades ya no tienen, entre sus  hábitos más cotidianos, el narrar historias.

La lengua española, como otras lenguas europeas que devienen del latín, se ha expresado ancestralmente a través de la literatura más bien por la vía oral que por la vía escrita y es cierto que las primeras transmisiones de costumbres y tradiciones  fueron través de la voz y de los gestos.

Serán las mamás en una primera instancia, la familia luego y la escuela más tarde las encargadas de abrir la puerta e invitar a jugar a las nuevas generaciones que empiezan a habitar el mundo. Pero, ¿cómo hacemos para sostener una tradición literaria oral que tiende a desaparecer? Una posibilidad es la de rescatar autores. Recordar aquellas personas que han convertido parte de su vida en una invitación contante a jugar y a jugar con y desde la palabra.

Screenshot_20170905-195734Nacida en Montegrande, Chile, en el valle del Elqui, tierra de vendimiadores y pastores a la que volvió siempre en pensamiento, Gabriela Mistral escribió páginas notables en las que recreó los cuentos infantiles clásicos transmitidos de generación en generación y la poesía infantil de tradición oral. Le gustaba la ronda, el romance, el cuento popular y la canción de cuna, por eso ella se convierte, hoy, en la autora que recordamos para acercar a los niños a todo el acervo cultural y literario que tiene como dupla indiscutible, laboca y el oído.

Gran conocedora de la infancia y preocupada de su educación, la maestra rural que fue Lucila Godoy Alcayaga, escribió poemas, estampas de viaje, artículos literarios y ensayos sobre la lectura bajo el seudónimo de Gabriela Mistral (1889-1957), nombre artístico que toma del escritor italiano Gabriel D´Annuncio y del escritor francés Federico Mistral, pesea que otra versión señala que lo toma del arcángel San Gabriel que veía en la Biblia siendo niña y del viento Mistral que sopla al sur de Francia. Tendría así un nombre que remite a un arcángel y un apellido de viento.

Sus páginas en prosa se prestan muy bien para cultivar en los más chicos el amor hacia la belleza, la educación de los sentimientos, la naturaleza y el paisaje. Para ellos, escribió poesía y cuentos de tono modernista que nos evocan los escritos por Rubén Darío, José Martí y Oscar Wilde. Son cuentos delicados y filosóficos como “Por qué las rosas tienen espinas”, “La raíz del rosal” y “Por qué las cañas son huecas”, con profundos simbolismos y riqueza de vocabulario.

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Por su poesía lírica, su visión americanista y su preocupación por la infancia en Latinoamérica, mereció el Premio Nobel de Literatura en 1945, después de cuatro años de haber sido interrumpido por causa de la Segunda Guerra Mundial, siendo la primera y única mujer en lengua castellana en haberlo recibirlo.

En relación a la literatura para niños, la autora creía que debía ser aquella inspirada en las costumbres y tradiciones primarias. Según su pensamiento, en los arrullos, las adivinanzas, las rimas, los cuentos de nunca acabar, las retahílas, las canciones para saltar al cordel, las rondas o las canciones de corro y los romances transmitidos por vía oral, estaba la verdadera cantera capaz de cautivar los niños y guiarlos en la senda de la poesía y del arte. Es entonces cuando escribe: “La primera lectura de los niños sea aquella que se aproxima lo más posible al relato oral, es decir, a los cuentos de viejas y a los sucedidos locales”.

Una puerta que nos invita a jugar…

Cuatro cuentos versificados…

Gabriela Mistral escribe entre 1924 y 1926, una serie de cuentos infantiles versificados, inspirada en los célebres Cuentos de antaño (1697) de Charles Perrault, escritos en el siglo XVII francés. Ellos  son los tan conocidos La CenicientaLa Bella Durmiente del Bosque y Caperucita Roja, aunque también agrega a la serie Blanca Nieve en la casa de los enanos, inspirada en el célebre cuento de los hermanos Grimm, escrito en Alemania en el siglo XIX.

Screenshot_20170905-195302Caperucita Roja

En la versión de Caperucita Roja vemos a una autora fiel al cuento escrito por Charles Perrault con la intención de moralizar a las jóvenes que asistían a las tertulias de la aristocracia francesa en tiempos del rey Luis XIV. Aunque, en realidad, el cuento era de tradición oral pues ya circulaba desde tiempos inmemoriales en labios de campesinos, pastores y aldeanas que lavaban en los ríos. Charles Perrault lo recogió de sus criadas y lo recreó por escrito para ese público de doncellas casaderas, advirtiéndoles del peligro que podía acecharles si no estaban prevenidas… Es pues, desde sus inicios, un “cuento de advertencia”.

Screenshot_20170905-195347Blanca Nieve en la casa de los enanos

En el cuento Blanca Nieve en la casa de los enanos, la autora recrea un fragmento del cuento Blancanieves, de los hermanos Grimm recogido en el libro Cuentos de la escuela y el hogar, publicado en Alemania en 1812. De este cuento escoge la escena del encuentro de los siete enanos con la protagonista a la que bautiza Blanca Nieve. De este modo, consigue un efecto poético desde el título que recrea al separar las palabras y poniendo el sintagma en singular. Además circunscribe el cuento al episodio que vive la niña dentro la casa de los enanos, de carácter más íntimo, y suprimiendo las escenas dramáticas como las tres visitas de la reina disfrazada de bruja, ofreciéndole cintas, peines y una manzana a la joven, tal como aparece en el cuento original. En versiones posteriores, estas tres visitas de la reina se han reducido a la final en la que solo le ofrece la manzana envenenada.

Su versión del cuento se apega esta vez al verso octosílabo, es decir, versos de ocho sílabas que van relatando la historia de una manera fluida, lo que muestra su facilidad por la métrica clásica.

Screenshot_20170905-195358La Cenicienta

Gran lectora de la literatura infantil clásica, Gabriela Mistral respetó siempre la versión original de los cuentos al crear sus propias versiones. En este sentido, no cambió ni dulcificó los finales como en muchas versiones de los hermanos Grimm, ni infantilizó los textos que no recarga de diminutivos ni onomatopeyas como suele hacerse erróneamente cuando se escribe para los niños a quienes la autora no subestima. Escribió para ellos con un lenguaje lleno de matices y expresiones literarias muy ricas, lo que hace que estas versiones sean apreciadas tanto por el niño como por el adulto.

Screenshot_20170905-195630La Bella Durmiente del Bosque

En sus versiones poéticas de los cuentos infantiles clásicos, la autora adopta el verso octosílabo que se aproxima muy bien al tono oral de la décima campesina tan cultivada en los campos de Chile. Desde su inicio, su versión de La Bella Durmiente del Bosque tiene el tono del relato oral contado al calor del brasero: “Hace tantos, tantos años / que imposible es el contar”. Ya en los años 20, ella valoraba la oralidad que hoy día está otra vez en boga con el auge de los cuenta cuentos en toda Iberoamérica.

El recurso de la repetición, tan frecuente en la narrativa folclórica, está presente a lo largo de esta versión. Así escribirá: “Era linda, linda / como si no fuese verdad” y hablando de los husos del reino, dirá que “recogieron tantos, tantos, / que una parva se vio alzar”. Muy significativo que asocie la montaña de husos con “una parva” de trigo con lo que refleja su formación campesina. Del mismo modo, las hadas llegan al bautizo cargando un “morral” como los labradores lo llevan a la espalda con la merienda del día. También las hadas reparten el Bien y el Mal “como harina”, evocando las faenas rurales de su amado valle del Elqui.

Sabemos entonces que en el principio de los principios, las historias no estaban escritas y los lectores accedían a ellas a través de un sujeto referente que leía y entretenía al público tanto en espacios públicos como privados con sus interpretaciones declamatorias. En la actualidad, estas historias llegan a nosotros a través del trabajo de escritores como Gabriela quien recrea en una lírica encantadora los títulos reseñados. Pero también destacamos aquí el trabajo de Manuel Peña Muñoz, un importante referente en la literatura chilena, filólogo y escritor de la Historia de la Literatura infantil en América Latina entre otros trabajos,  quien al final de cada uno de estos cuentos realiza una lectura crítica digna del trabajo literario de Gabriela. Y no menos importante es el trabajo de la Editorial Amanuta que, desde el año 2002, está dedicada a crear libros para niños y jóvenes. A través de historias entretenidas y dibujos modernos, Amanuta intenta encantar a  niños y a adultos hilando las tradiciones y la contemporaneidad, la herencia cultural.

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