Oh Captain! My Captain!: apuntes sobre un compromiso

por Alan Ojeda

Es difícil olvidarse del profesor Keating de La sociedad de los poetas muertos, dando clases de literatura en el ámbito más conservador que podemos imaginar. También es difícil olvidarse del progresivo despertar de los alumnos que, poco a poco, comienzan a vincularse con la palabra y a entender que ocupan un espacio en el mundo. Aún más importante, comienzan a vincular lo que aprenden a su vida: vida y aprendizaje se vuelven indivisibles. Por último, dentro de esas aulas oscuras de techos altísimos, aprenden que en el proceso de aprendizaje siempre existen problemas con la autoridad, cosa que logran atestiguar al ver los problemas en los que comienza a involucrarse Keating cuando las autoridades cuestionan sus poco ortodoxos métodos de enseñanza.

 

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La sociedad de los poetas muertos

Todo aquel que haya transitado por las aulas ha pasado por la experiencia de encontrarse con autoridades inflexibles, conservadoras y molestas. Esas mismas autoridades son las que usualmente hacen caso a las quejas de los padres pero oídos sordos a las demandas de los profesores.  Esto suele darse con más frecuencia en escuelas privadas religiosas o en las que la cuota es muy alta como para desobedecer los caprichos de los padres. Mientras tanto, en el aula, la tensión se corta con un cuchillo. Los alumnos, que no son estúpidos, preguntan. Indagan sobre la realidad y piden la opinión del profesor sobre los temas calientes: aborto, represión, dictadura, etc. Sí, en el siglo XXI los temas calientes parecen ser aún los del siglo pasado. El profesor se halla en una disyuntiva: debe cuidar su trabajo pero también le resulta casi imposible esquivarle el bulto a la realidad. Por miedo a perder su trabajo, el docente olvida sus derechos, se resigna a la mansa servidumbre y a evitar la polémica mientras mastica la bronca y se gasta los dientes y las muelas con el bruxismo que no para ni por las noches. ¿Acaso, alguien podría hacer algo cuando hablamos de Educación Sexual Integral si es ley? Sin embargo, se siente impotente. Los estudiantes que lo miran sienten que pasa algo, que les oculta algo, que no habla por alguna razón. En conclusión, sienten que les ha fallado. Que ese docente que verá a lo largo del año será unos más de los tantos que entra, escribe en el pizarrón, da tarea y se va. Entonces los chicos salen como entraron, con la ansiedad que implica no tener respuesta.

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Merlí

El problema no es nuevo y parece estar vigente, tanto como para dar lugar a otro personaje que ha suscitado discusión en los medios masivos: Merlí. Al igual que Keating, pero con un estilo más sucio y desprolijo, Merlí responde a un imperativo que ya es imposible de ocultar: la situación áulica como una forma de desobediencia civil frente a todas las autoridades. Merlí no solo no transa, sino que cada capítulo hará todo lo posible para lograr sus cometidos. Pensada así, la educación no puede ser sino una enseñanza de la rebeldía que se concreta en su propio ejercicio. Se enseña siempre a no obedecer, porque pensar, como señala Henri Meschonnic, es todo lo contrario de establecer categorías. Ese es el momento de la transformación en el que la autoridad pasa a ser otra cosa, no ya la que se ejerce a través de las órdenes sino la de la coherencia.

Un ejemplo bíblico ilustra bien esto. En el Nuevo Testamento puede leerse que Jesús daba sermones y la gente escuchaba porque él hablaba con autoridad. Esa era la autoridad de quien hace y por eso es respetable. El colectivo intelectual Tiqqun nos ofrece otra perspectiva para pensar el asunto. En los apartados número 13 y 16 de la Introducción a la guerra civil, puede leerse: “Cuando dos cuerpos afectados —en cierto lugar, en cierto momento— por la misma forma-de-vida llegan a encontrarse, hacen la experiencia de un pacto objetivo, anterior a toda decisión. Esta experiencia es la experiencia de la comunidad”. Asimismo, dice: “El encuentro de un cuerpo afectado por la misma forma-de-vida que yo, la comunidad, me pone en contacto con mi propia potencia”. La comunidad que se genera con un grupo de estudiantes es, antes que nada, afectiva. Esa afectividad capaz de crear comunidad no será efectiva a menos que nosotros nos dirijamos hacia la misma dirección que sus deseos. Sí, parece utópico, pero no lo es. Es una cuestión de decisión. Como dice Camus: “El hombre que dice no, también afirma desde el primer paso”. Si sabemos a qué nos oponemos, desde ese mismo momento estaremos un paso más cerca de los alumnos que, sin duda, nos acompañarán y apoyarán, porque encontraron algo que es mucho más importante que el contenido, que el orden y que lo que la autoridad puede decir. En ese momento, los alumnos descubrirán que la escuela la hacen ellos.Aunque haya quedado algo viejo ya no puedo olvidarme de Sartre: “Nuestra consciencia está eyectada al mundo, en ese mundo encuentra un contenido para comprometerse y, al mismo tiempo, se encuentra en riesgo”. Ese riesgo es el infierno que son los otros. ¿Se puede actuar libremente sin esperar consecuencias? ¿No es la libertad aquello que se ejerce pese a los condicionamientos?

Conforme pasa el tiempo observo que el sistema educativo insiste en permanecer en su cueva. Los cambios nunca llegan, y si llegan son para lograr transformar la educación en un espacio servil al mercado y al status quo, donde cualquier tipo de polémica puede derivar en la expulsión del docente, como en las universidades norteamericanas donde ser políticamente correcto es la norma. Los tiempos actuales nos invitan a revalidar nuestro compromiso como docentes, y este no se cumplirá sin resistencia por parte de las autoridades y los padres, los encargados, en su mayoría, de mantener artificialmente esa falsa paz que clase a clase muta y se transforma en una bola de rabia en los estudiantes, en un odio/rechazo categórico a la escuela y todos sus derivados.

Frente a cada elección de importancia tenemos que preguntarnos si, al fin y al cabo, no estamos tomando el camino burgués por excelencia: la comodidad. La apuesta es fuerte, pero la ganancia también. Quizá sea un sacrificio necesario para forjar la comunidad que viene.

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Foto: infobae.com

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