La noche del dibujante: Una crónica sobre Jorge De Los Ríos

por Diego Arandojo

Recuerdo, y me vuelvo niño.

Recuerdo las páginas de Anteojito. El mítico semanario infantil. Ya desaparecido. Fue en diciembre de 2001, el año fatídico que vivimos los argentinos. La edición 1925 marcó el fin de la publicación, asfixiada por la economía en decadencia del gobierno de Fernando de la Rúa. Los lectores (que ya éramos, muchos, adultos) perdíamos algo.

–Cuando un personaje se muere, también se muere algo de vos –me dijo Carlos Garaycochea, el célebre humorista y actor, cuando lo entrevisté para su largometraje.

Y sí. Cuando murió Anteojito también se fue algo de nosotros. No sé si la “infancia” en términos tan estrictos, pero sí una sustancia profunda que, en mi caso particular, asociaba esa revista al mundo escolar.

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A la derecha se ve el dibujo que Jorge De Los Ríos hizo para Anteojito. A la izquierda, la edición final de la ilusiración.

Mucho se habló y se hablará sobre la mente detrás de Anteojito: Manuel García Ferré. Un inmigrante español que llegó con una mano adelante y otra detrás, como suele decirse. Un hombre creativo, pujante, atrevido. Una pieza clave para comprender el crecimiento y desarrollo de la animación en el Río de la Plata.

–García apostaba a la ternura. Ese era su sello distintivo –me comenta Jorge de los Ríos, en su casa del barrio porteño de Villa del Parque. Estamos ubicados en el living, cerca de una ventana por donde se filtran los sonidos de una plaza atestada de personas. Es un día domingo. Siempre nos juntamos los domingos. Yo lo propuse, él aceptó.

Como decía antes, de niño Anteojito era algo más que una publicación; traía juguetes y actividades escolares, por lo cual era común que después de algunos tijerazos quedaran las páginas desarmadas. Pero estaba bien. Porque esa era su función: ilustrar al pequeño soberano y darle herramientas didácticas.

20045833_1983752225190948_192903517_n.jpg  Mucho después supe que de las 1925 portadas de la revista, 1500 habían sido dibujadas por Jorge. Porque no había firma. Y uno terminaba suponiendo que era el propio García Ferré quién las dibujaba. No así con las caricaturas de la revista Muy Interesante (que me enloquecían); ahí sí las firmaba: “Jorge de los Ríos”. El artista.

–Artista no. Un trabajador del dibujo, sí –acota, mientras disfrutamos un café y medialunas de por medio.

Pero, y disculpe maestro, usted sí que es un artista. Y uno de los grandes; humilde, perseverante, en cierto aspecto muy parecido a García Ferré, en tanto al amor que pusieron al dibujo.

–¿Tiene algún hobbie, Jorge? –le consulto.

–Sí.

–¿Cuál?

–Dibujar –concluye, sonriendo. Y una sonrisa potente, iluminadora. Aunque después de la partida de su compañera y gran amor, Delma Martínez, ya no sea la misma. Vivieron cinco décadas juntos. Un amor que permanece impoluto.

20030753_1983752495190921_861696037_n.jpg     Antes de comenzar las entrevistas que darían nacimiento a su libro, titulado Dibujando con el corazón y editado en 2017 por Universo Retro, yo había filmado a Jorge. Fue justamente dos años antes, en 2015.

Gracias a Delma logré documentar la vida y obra del maestro, que publiqué en mi canal de Youtube Documentales en viñetas, en tres episodios. El rodaje fue intenso. Por un lado a causa de ver material original (yo estaba fascinado), y por otra por un detalle técnico: casi me quedo sin capacidad en mi cámara de video. Nunca me había sucedido. Es que la obra de Jorge era tan vasta, tan rica… que ameritaba preparar una serie televisiva de varios capítulos para intentar capturar todo su trayecto profesional.

Pero volvamos. Estamos en 2015, termino de filmar. Cuando me estoy despidiendo de Jorge, Delma me cuenta algo.

–A Jorge le quedó un sueño sin cumplir…

–¿Cuál?

–Publicar un libro.

Estábamos ya en la salida del edificio, y ahí mismo le prometí a Jorge que, una vez concluido el documental, podría darle una mano con eso. Al menos para organizar la información.

Dos años después, su sueño se materializó. Aquí está el libro. Editado de forma espléndida, en altísima calidad, por Adrián Paglini. A todo color. Con una selección cuidada de sus trabajos. Y pluma e investigación de mi parte. Eso también fue un sueño, poder historiar a este gran trabajador del dibujo.

Como decía antes, nos juntamos los domingos “a hablar”, esa fue mi premisa. No quería nada forzado. El relato de Jorge era claro. Tenía una memoria prodigiosa. Recorría el pasado con facilidad. Yo grababa y tomaba notas.

A medida que transcurrían nuestros encuentros, un detalle me fue cautivando.

–Y para cumplir esa entrega, tuve que invertir otras dos noches más –decía el maestro.

Las noches del dibujante. Es que casi no dormía, cuando atravesaba las etapas más álgidas de trabajo. Cuando hacía animación, ilustración, publicidad… etcétera y etcétera. Todo al mismo tiempo. Ayudado por Delma y también por sus hijos. De ahí surgió el personaje Ñomi, el duende del lápiz. De la necesidad de tener un “ayudante mágico” que le permitiera cumplir con todos los clientes.

De hecho ese era el subtítulo original del libro: Las noches del dibujante. Pero después me di cuenta que no era el correcto, el que haría justicia a una vida tan comprometida como la de De los Ríos. Finalmente decidimos que el subtítulo fuera Dibujando con el corazón.

Pocos dibujantes han impactado en la vida de tantas generaciones. Es que Jorge, además de trabajar en García Ferré, había creado inolvidables colecciones de figuritas desde fines de la década del 60. Por ejemplo: Chapitas. ¿La recuerdan? Muchas de ellas de fútbol para la compañía Crack. Luego ya para la propia Anteojito.

–Mi segunda gran pasión es el fútbol. Más precisamente, River –me dice, rozagante.

De hecho, cuando en 2012 se cumplieron 111 años de la creación del Club, Jorge participó con una muestra de las caricaturas de jugadores. Todo un orgullo.

Me muestra dibujos que hacía de niño.

–Este lo hice a los 8… este a los 10… ¿Ves? Jugadores de fútbol de aquel entonces… –me indica. Y, por fuera de la técnica, están muy bien dibujados.

–Jorge, siempre dibujaste bien.

–Me apasionaba dibujar…

La pasión. Sí. Esa que lo hizo saltar de la publicidad a hacer las portadas de otra publicación mítica, Canal TV. La primera revista que se ocupó del espectáculo local e internacional. Allí reemplazó a Abel Ianiro, el previo portadista, que admiraba.

–Son más de 50 años de trayectoria –me dice, terminando de beber su café. Por un instante su mirada queda perdida, extraviada en el aire.

–Y todavía seguís.

–Todavía. Pero es distinto ahora –dice.

Me sigue mostrando dibujos originales. Están todos buenos. Qué difícil elegir lo que será parte del libro… Pero hay que hacerlo. Tengo que congelar mi fan interior, y darle lugar al escritor más frío y selectivo. Por el bien de la obra.

Ahora ya está consumado.

Un libro que es una puerta a la vida de un hombre genial.

Un pedazo de nuestra cultura. De lo más lindo de la Argentina.

Y yo, profundamente agradecido.

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Un comentario sobre “La noche del dibujante: Una crónica sobre Jorge De Los Ríos

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  1. Maravilloso, uno de grande viene a conocer al que ilustró esas geniales tapas de Anteojito, tuve la chance de charlar con De Los Ríos y es una persona sumamente simpática y afable, un personaje increíble, me dieron ganas de besarle esas manos increíbles que aún siguen dibujando, obviamente el libro lo voy a comprar sin pensarlo dos veces, por 100 años más don Jorge, gracias Diego por tantas notas hermosas con estos personajes desconocidos para la gran mayoría del a gente.

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