Cine argentino y diversidad sexual II

por Emiliano Román

La mirada del siglo XXI (De los chongos amantes al niñero actor).

Con la llegada del nuevo milenio, otras miradas fílmicas de la diversidad sexual se empiezan a representar en el séptimo arte. Producto de años de activismo y militancia de organizaciones LGBT que tuvieron su efecto en lo social, político y cinematográfico.

La lucha comienza en los tempranos años setenta, con el Frente de Liberación Homosexual (FLH), en absoluta clandestinidad y soledad porque las organizaciones revolucionarias del momento no le hacían mucho lugar. El Frente, terminó de desarticularse poco antes de la dictadura. Ya en democracia, la figura de Carlos Jáuregui, fue clave para la visibilidad y adquisición de derechos de personas con diversidad sexual y de género. Esta batalla, de a poco, empezó a marcar agenda política y las conquistas comenzaron a llegar.

Paralelamente, en el ámbito cinematográfico también se dieron movimientos que revolucionaron la narrativa fílmica. En los noventa, en pleno auge neoliberal, toma fuerza el llamado Nuevo Cine Argentino. Un cine de autor, independizado de las grandes productoras, que se enfoca en historias minimalistas, realistas e intimistas, a través de un nuevo mundo representacional ligados a las raíces vernáculas y latinoamericanas.

El cine argentino también se nutre de lo que está pasando en el mundo. En los años noventa, nace en Estados Unidos el New Queer Cinema, como modo de respuesta a la imágenes naifs y estereotipadas que daba Hollywood sobre la homosexualidad. Con versiones más radicales de la diversidad, alejándose de los aspectos positivos o negativos. Por el lado europeo, Pedro Almodóvar ya era una superestrella a nivel mundial con obras que explotaban el lado más profundo y heterogéneo del deseo humano.

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PLATA QUEMADA, 2000

En medio de este contexto nuevo, llamativamente las primeras películas que abordaron la diversidad en el año 2000, fueron producciones mainstream: Plata quemada de Marcelo Piñeyro y Apariencias de Alberto Lecchi.

En el film de Piñeyro, El Nene (Leonardo Sbaraglia), y Ángel (Eduardo Noriega), se conocen en un baño público mientras tienen un encuentro sexual, luego se unen a distintos actos delictivos para terminar prófugos de la justicia, junto al tercer integrante “El Cuervo” (Pablo Echarri). Acá no hay representación de la marica, sino al contrario, ambos personajes simbolizan el modelo masculino hegemónico: son machos, rudos, fríos, calculadores y hasta homofóbicos. El Nene violenta a sus levantes en los baños públicos tratándolos de “sodomitas”, y Ángel sufre de alucinaciones acústicas y místicas que le imponen la abstinencia sexual. En los dos casos, aparece un nuevo estereotipo que se va a repetir en varias producciones fílmicas: el chongo.

El chongo es viril, fuerte, seductor, atractivo, no tiene nada visible que se lo asocie con el homosexual. En algunas ocasiones es violento o delincuente, en otras tapado que no asume su pulsión homosexual, y muchas veces bisexual. Los chongos amantes y criminales de Plata quemada, terminan en un triángulo amoroso con una mujer (Leticia Bredice), pero la novedad es que esta vez, el personaje heterosexual es el que se queda afuera.

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APARIENCIAS, 2000

Un mes después se estrena Apariencias, con Adrián Suar (Carmelo), y Andrea Del Boca (Verónica). La estrategia de Carmelo para seducirla es hacerse pasar por gay, ya que ella está convencida que él es homosexual. Las maniobras de Carmelo es convertirse en una marica, todos los gais que aparecen en el film responden al estereotipo del mariposón, no hay lugar para otra forma de representación. El punto culmine es el personaje de Fabio Posca, que interpreta a un afeminado, excéntrico y desenfadado, quien inmortaliza la frase: “toda mi vida tuve vértigo en la cola”.

Ese mismo año, sale Esperando al mesías de Daniel Burman. Un joven judío tiene un flechazo amoroso con una mujer que está en pareja con otra chica. Ella le aclara que no es lesbiana, eludiendo todo tipo de etiquetas, sino que se enamora de las personas, no de su género. Lo cual pone en crisis la identidad del joven, en medio de sus rituales obsesivos y religiosos.

Otro heterosexual que se enamora de una lesbiana, es un biólogo en Almejas y mejillones (2000, Marcos Carnevale). Hace de todo para conquistarla, hasta llegar a travestirse y fingir una cirugía de cambio de sexo. Con un final feliz heterosexual, claramente. En el mismo largometraje, Antonio Gasalla interpreta a un transformista y marica melodramática porque su chongo le es infiel.

Los personajes secundarios homosexuales aparecen en varias obras. En Bolivia (2002), Adrián Caetano narra la xenofobia y explotación que padecen los inmigrantes de países limítrofes. En el relato incluye a un personaje homosexual y provinciano, a quien el dueño del bar se resiste a darle trabajo por su orientación sexual. Eduardo Mignona, en La fuga (2002) muestra una relación amorosa entre dos presos con características de chongos, donde uno de ellos muere en el escape de la prisión.

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TAN DE REPENTE, 2002

El aporte diferente y radical, viene desde la nueva generación del cine argentino. Diego Lerman con la muy premiada Tan de repente (2002), plantea una historia lésbica novedosa que rompe estereotipos narrativos y estéticos. Mao y Lenin, dos chicas darks deciden secuestrar a Marcia, una gorda bella, aburrida de su vida rutinaria, que no ofrece resistencia al rapto. Una road movie en blanco y negro, muy al estilo Nouvelle Vague, que luego modifica su rumbo cuando terminan azarosamente en Rosario, en la casa de la tía de Lenin. Las tres mujeres cambian de posición subjetiva, a partir de los encuentros que se dan en ese hogar.

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VAGÓN FUMADOR, 2002

La mirada más desenfadada, sin moralismos, siempre nace desde el cine independiente. Verónica Chen, estrena en el 2002: Vagón Fumador. Un punto de vista femenino y queer sobre la prostitución masculina, donde el levante se da en la plaza San Martín, en la cara del mismísimo “Padre de la Patria”. Al sexo lo vemos en cajeros automáticos, desde las cámaras de seguridad. Reni, una chica algo perdida, se enamora de un trabajador sexual y vive las más extremas experiencias para empatizar con su guapo chico, taxi boy.

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RONDA NOCTURNA, 2004

El tema de los servicios sexuales masculinos, también lo aborda Edgardo Cozarinsky en Ronda Nocturna (2004). Nos lleva de paseo, toda una noche por Buenos Aires, con Víctor (Gonzalo Heredia). Cuando la masa se va a dormir, él sale a trabajar en busca de clientes. El paisaje urbano nos retrata la posmodernidad de una gran urbe latinoamericana: cartoneros, vendedores ambulantes, taxi boys, travestis, hasta embajadores en lujosos hoteles. Parece que a Víctor, el nihilismo de la gran ciudad lo motoriza para su tour pulsional sin dirección alguna, ni orientación sexual definida. Su única arma para sobrevivir a los efectos colaterales del neoliberalismo es su cuerpo, que se torna en objeto de deseo de los otros.

un año sin amor
UN AÑOS SIN AMOR, 2004

Anahí Berneri, nos ofrece en Un año sin amor (2004), un novedoso relato sobre el sida, por fuera de los discursos médicos, moralistas o sensibleros. Pablo (Juan Minujín), es un escritor que tiene el virus en la sangre, esto le funciona como modo de sublimación para escribir una obra sobre cómo se vive con el VIH, a la vez que descubre en las prácticas BDSM, un nuevo goce sexual para tramitar el dolor que le causa pasear por hospitales y la dificultad del encuentro amoroso, que al parecer es más complicada que la enfermedad. Para el virus hay cócteles, para el desamor no.

Los personajes de la obra de Lucrecia Martel se caracterizan por la ambigüedad y la sugerencia poética del deseo flotante, nacido a partir de la tensión incestuosa y homoerótica. Son universos en crisis, con presencia de lo siniestro, en tanto lo reprimido retorna desde lo familiar e inquietante. El clima asfixiante se inhala en la atracción libidinal que siente la hija de la casa por la criada denigrada en La Ciénaga (2000); y en el lesbianismo sofocado del despertar sexual de las adolescentes católicas que esperan la señal de Dios en La niña santa (2004).

El despabilar de la sexualidad adolescente también aparece en Glue (2006, Alexis Dos Santos), encarnado especialmente en Lucas (Nahuel Pérez Bicayart), quien debe lidiar con la inestabilidad de la pareja parental, el seco calor patagónico, el enigma de ser varón y la revolución pulsional que fija su mirada en su amigo chongo Nacho (Nahuel Viale).

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Si hablamos de despertares homoeróticos, esto no es exclusivo de la etapa adolescente, también ocurre en la adultez. En Solos (2005, José Glusman), dos treintones amigos, comienzan a convivir luego de sus respectivos fracasos amorosos, sin saber abordar a las mujeres luego de tanto tiempo, empiezan a sentirse cómodos con su mutua compañía y la tensión sexual comienza a hacer ruidos.

Nuevas temáticas empiezan a narrase, como las neo-familias a través de la pareja homoparental. Dos mujeres en una relación amorosa, quieren ser madres en El favor (2004, Pablo Sofovich). El plan es que una tenga sexo con el hermano de la otra, así quedar embarazada y que el futuro hijo tenga los genes de ambas. A modo de sátira teatral, las chicas deben convencer al varón semental y machista, quien se resiste a la propuesta.

El falso documental Adopción (2009, David Lipszyc), está basado en una historia verídica. Reconstruye la adopción y crianza de Juan por parte de una pareja de varones. Juan nació en 1976 y es adoptado a los 8 años de un orfanato. Claro que en esa época, el trámite solo lo hace uno, ofreciendo un supuesto hogar monoparental. El pasado ominoso de Juan retorna desde sus fantasmas, con lo cual el padre adoptivo inicia una búsqueda de la verdadera identidad, en un acto de amor por su hijo.

La fecha del nacimiento de Juan, nos lleva a sospechar que su abandono está vinculado con la dictadura. No hay mucho material fílmico que relacione esta etapa oscura con la diversidad sexual. Se estima que unas 400 personas de la comunidad LGTB fueron desaparecidas durante el gobierno militar. El tema, es una deuda pendiente que tiene el cine argentino para que la memoria no sea un privilegio heterosexual.

Pero si buscamos bien en el cajón, algo encontramos. Más que un hombre (2007, Dady Brieva, Gerardo Vallina) cuenta la historia de Telmo (Luis Ziembrowski), un modista gay del interior que en 1977 refugia en su casa a un joven militante, perseguido por un comando de operaciones. La película repite, en todos los personajes homosexuales, el estereotipo primario de la marica. Pero esta vez, sí es un gran mérito: había que ser valiente para ocultar un prófugo de los militares, y sobre todo tener mucho coraje para ser marica en esa época.

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ROSA PATRIA, 2009

Néstor Perlongher, poeta, militante y uno de los fundadores del FLH, decía que la marica al ser varón afeminado es revolucionaria, porque cuestiona la sociedad machista y fálica. Santiago Loza reconstruye la vida y obra de este intelectual en el magnífico documental Rosa Patria (2009), en el cual, además del pensamiento de Perlongher, se recogen testimonios de como los edictos policiales avalaban la represión a los homosexuales, inclusive en épocas pre dictadura, sobre todo con la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). “El tiempo de los mata putos”, afirma Fernando Noy en el film.

Por amenazas de la Triple A, Manuel Puig, uno de los escritores con más renombre internacional y cofundador del FLH, decide irse del país. Vereda Tropical (2004, Javier Torre), relata sus años de exilio en Río de Janeiro, aunque ambientada a finales de la década de los ochenta. Aquí se muestra a un Puig (Fabio Aste), caprichoso, un tanto vanidoso, temeroso de contraer el sida y persiguiendo a cuanto chongo carioca se le cruce por la ciudad, pero con un sentimiento de soledad desgarrador.

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XXY, 2007

A esta altura, podemos ver como a diferencia de lo representado en el siglo pasado, la diversidad sexual se la aborda desde tópicos más complejos y heterogéneos. Lucía Puenzo, en su ópera prima XXY (2007), plantea un tema bastante invisibilizado hasta el momento: la intersexualidad. Alex (Inés Efron), es adolescente, nació con lo que antes se llamaba hemafroditismo. Creció tomando medicación que suprimían los caracteres sexuales secundarios masculinos. La solución que ofrece la medicina es la castración. El punto de vista del film es desde el padre (Ricardo Darín), un biólogo marino que tiene el dilema si es necesaria esta mutilación. El despertar sexual de Alex irrumpe ante la mirada de su padre, cuando conoce a un joven que tiene dudas sobre su orientación sexual.

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EL ÚLTIMO VERANO DEL BOYITA, 2009

En el 2009, la realizadora rosarina Julia Solomonoff vuelve a plantear esta cuestión en El último verano de la boyita, aunque su mirada la enfoca desde la diversidad cultural, a diferencia de Puenzo que lo hace desde el discurso biologocista. Jorgelina (Guadalupe Alonso), es una preadolescente, en plena etapa de curiosidad sexual, que decide ir a pasar unos días al campo con su padre, allí se vincula con Mario (Nicolás Treise), un niño campesino, formado para ser un peón rural.

El encuentro entre ambos, irá develando lo real en el cuerpo de Mario que se impone pero desconoce. La menstruación produce perplejidad. Solomonoff crea un relato con sutileza y moderación sobre la construcción de los géneros en el ámbito agreste. Mientras que en Alex, el tema es muy hablado, en Mario es silenciado e ignorado. A Alex, el “saber” médico le impone ser mujer; a Mario las necesidades agrarias lo condenan a ser varón.

La Leon2007 Real : Santiago Otheguy Daniel Valenzuela COLLECTION CHRISTOPHEL
LA LEÓN, 2007

La sexualidad no heteronormativa en un contexto rural, también es narrada en La León (2007, Santiago Otheguy). Una historia rodada en medio de los juncos del Delta, donde el solitario Álvaro (Jorge Roman), sufre el acoso homofóbico del Turu (Daniel Valenzuela), quién lo acusa de raro por no conocerle nunca una mujer. El problema es que Álvaro depende mucho del Turu, porque es el lanchero que lo acerca a la ciudad.

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VIL ROMANCE, 2008

El cine de José Campusano, se especializa en la crudeza de historias situadas los suburbios bonaerenses. Con Vil romance (2008), tenemos un relato duro y violento, de un amor pasional entre un joven desempleado y un chongo rudo con trabajos un tanto extraños. El film indaga la violencia doméstica en una relación y como el machismo se puede instalar también en un vínculo homosexual.

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EL NIÑO PEZ, 2009

La violencia de género, muchas veces naturalizada por una postura cinematográfica patriarcal, va adquiriendo mayor visibilidad. Lucía Puenzo, la desarrolla bajo un enardecido tinte dramático en El niño pez (2009). Un romance lésbico entre la hija de un juez, Lala (Inés Efron), y su empleada doméstica paraguaya Guayi (Emme), quien sufrió abusos sexuales de su padre, el patrón y más tarde sometida a trata de blancas. Un abanico de temáticas que develan la violencia física, psicológica y simbólica que se ejerce por la condición de ser mujer e inmigrante. Pero es el deseo de la protagonista el que resiste y marca el ritmo narrativo de la historia. Hay una escena, en la que Lala va a visitar a Guayi a un instituto de menores, donde es acosada verbalmente por las internas. Nuevamente el lesbianismo aparece asociado a la prisión.

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LEONERA, 2008

Leonera (2008, Pablo Trapero) es un drama carcelario de mujeres, que supera los estereotipos presentados en el siglo pasado. Si bien, hay aisladas situaciones de acoso lésbicos y relaciones lesboeróticas entre Julia (Martina Gusman), y Marta (Laura García), la diferencia radica en que hay ausencia de villanas lesbianas y su condición sexual no es lo que las convierte en delincuentes, sino que el vínculo erótico se da a partir del lazo amoroso que se arma en situación de encierro. También es interesante como representa la sororidad entre mujeres privadas de su libertad, en especial cuando hay un punto de identificación que es la maternidad.

Una temática muy poco desarrollada en las representaciones fílmicas, es la diversidad sexual en adultos mayores. Daniel Burman, lo aborda, aunque muy tímidamente, en Dos hermanos (2009). Marcos (Antonio Gasalla), es un gay sexagenario que cumple con el destino impuesto a muchos varones homosexuales: cuidar de su madre hasta que muera. La sexualidad de Marcos aparece casi extinguida, solo manifiesta cierta atracción con el profesor de teatro. No hay lugar para el cuerpo y mucho menos para el goce sexual.

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La sexualidad en las vejeces, también la podemos ver de manera sugerida en Lengua materna (2010, Liliana Paolinelli). Cuando Ruth (Viriginia Innocentti), le confiesa a su madre, Estela (Claudia Lapacó), que es lesbiana. Despierta en esta una curiosidad acerca de la sexualidad de su hija, que en realidad es más una pregunta acerca de su propia sexualidad. Con un rasgo maternal intrusivo, lee teorías psicoanalíticas, va al peluquero gay del barrio, frecuenta bares lésbicos con una amiga y en ese querer saber, se entromete en la relación de Ruth y su pareja.

En el año 2009, se presenta la primera película del realizador Marco Berger, quien en toda su obra tiene un denominador común: el explícito homoerotismo. Plan B (2009), trata de un muchacho que juega a seducir al novio de su ex novia. La tensión sexual, entre estos dos pibes de barrio, no tarda en llegar. En Ausente (2011), un alumno se obsesiona y acosa a su profesor. Vuelve a jugar con la libido flotante de dos amigos de la infancia que de repente se encuentran solos en una casa quinta en el film Hawaii (2013). Todas sus películas se destacan por el recorrido pulsional de la cámara, enfocada en miradas y cuerpos. Sus personajes repiten el estereotipo de ser atractivos, chongos y en su mayoría tapados.

Otro cineasta que suele abordar la temática LGBT, es Santiago Giralt. En una de las varias historias que relata en Toda la gente sola (2009), Damián (Elías Viñoles), es un joven gordo que trabaja en un hotel, y fija la mirada en el chongo del pastor evangélico (Alejandro Urdapilleta). Damián, debe recorrer el camino de asumir su deseo y vencer los prejuicios de su diversidad corporal.

En el 2010, llega la conquista impensada: el matrimonio igualitario. Además de reconocer los mismos derechos que las parejas heterosexuales, tiene un efecto simbólico en la sociedad, porque la diversidad sexual, encima de no ser una enfermedad, es una figura legal, con un estado que la avala. Cinematográficamente comenzaron a representarse algunas cuestiones naturalizadas de estar en pareja, sin caer en el cliché de amor prohibido.

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AMAR ES BENDITO, 2013

Liliana Paolinelli, pone a circular el problema de la monogamia, cuando en una pareja hay amor pero el deseo comienza a circular por otros lados. En Amar es Bendito (2013), Mecha y Ofelia llevan varios años juntas, hasta que aparece una tercera que devela una crisis en el modelo preestablecido. La solución pasa por ponerle fin al monogamia, tener historias paralelas y contarse todo cual amigas, pero hasta qué punto se puede sostener esto, cuando el narcisismo está en juego y en la sociedad todo está armado para la vida de a dos.

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EL TERCERO, 2014

Rodrigo Guerrero le encuentra una variable al tema en El tercero (2014). Una pareja de varones treintañeros, invita a un joven a participar de un trío sexual. Cenan, se embriagan, tienen sexo y duermen juntos. El punto de vista es desde el invitado, Fede (Emiliano Dionosi), un muchacho algo tímido, a quien dicho encuentro le funcionó de manera reveladora: hay otras formas de vivir el amor.

A Fede, lo contactan por internet, una nueva manera de levante dada en este siglo. Antes la posibilidad era cara a cara, ya sea en las calles, baños públicos o discos de ambiente gay, ahora conocer gente, es más privado, ágil y multiplica las opciones, pero también trae sus riesgos. En el thriller Solo (2013, Marcelo Briem Stamm), Manuel conoce por chat a Julio, lo invita a su casa y se encuentra con un ser tan atractivo como controlador e invasivo. Lo que implica algunos peligros, porque ninguno sabe bien quién es el otro y los estereotipos a veces engañan.

Putos Peronistas
PUTOS PERONISTAS, CUMBIA DEL SENTIMIENTO, 2012

Las nuevas conquistas y revoluciones tecnológicas modificaron notoriamente la manera en que se dan los vínculos subjetivos, pero también sociales. Parte de los logros y convocatoria de las organizaciones LGBT, se debe al uso que le dieron al recurso de las redes. El documental Putos peronistas, cumbia del sentimiento (2012, Rodolfo Cesatti), sigue a una agrupación militantes de “putos, tortas y travas”, que sostienen: “el puto es peronista, el gay es gorila”. Desde el partido de La Matanza, construyen una organización que logró un importante impacto, gracias a su repercusión en las redes sociales, participando en todas las luchas y reivindicaciones que se dieron en los últimos años. Rescatan la figura de Néstor Perlongher y el FLH, a quienes consideran verdaderos héroes, al poner el cuerpo en situaciones tan adversas. Toman el mismo lema que ellos utilizaron alguna vez, extraído de una frase de la marcha peronista: “para que reine en el pueblo el amor y la igualdad”.

la peli de batato
LA PELI DE BATATO, 2012

Y si hay que recuperar personajes emblemáticos, en honor a la memoria por la diversidad, no puede faltar el nombre de Batato Barea. Peter Pank y Goyo Anchou en el imprescindible documental La peli de Batato (2012), recuperan la luz de esta figura representante del movimiento contracultural de los años ochenta. Clown, poeta y travesti, Batato fue un revolucionario urbano salido desde lo más profundo del underground. La película se sumerge en ese ambiente con exhaustivo material de archivo de sus bizarras performances, entrevistas a su entorno, pero también incluye confesiones del mismísimo artista, que desnuda su subjetividad ante la cámara. Batato, no soportaba guiones, ni en el escenario, ni en la vida. Sus performances eran militancia de la disidencia, alejado de etiquetas y rótulos, decide ponerse “tetas” sin dejar de llamarse como varón. Un verdadero personaje queer que habitaba esta ciudad, cuando casi nadie se animaba a serlo.

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MÍA, 2011

Ser travesti en una sociedad machista, siempre fue difícil. Una identidad clandestina, negada y condenada a la desigualdad. La cinematografía argentina tampoco ha hecho muchas innovaciones al respecto. En las ficciones, los personajes trans, suelen ser muy secundarios o decorado de escenas que representan el ambiente homosexual o la prostitución. Igual hay excepciones, en Viudas (2011, Marcos Carnevale), Martín Bossi encarna a la empleada doméstica travesti de Graciela Borges, siendo el personaje más atractivo de la historia. Pero es Javier Van de Couter con Mía (2011), quien filma la primera historia con una actriz protagónica trans (Camila Sosa Villada), quien interpreta a Ale, una chica trans que vive en la aldea rosa, un asentamiento que en los noventa, albergaba a maricas y travestis. Para sobrevivir, Ale se la rebusca como cartonera, costurera y a veces el trabajo sexual. Pero es el deseo y amor materno lo que se pone en juego en el relato, a partir que encuentra el diario íntimo de la madre fallecida de Julia, quien quedó a cargo de su padre alcohólico, encarnado por Rodrigo de la Serna. La aldea rosa fue cruelmente destruida en 1998, por orden de un juez.

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T, 2016

En el año 2012, se sanciona la Ley de Identidad de Género de Argentina, única en el mundo, que permite a las personas trans ser inscriptas en sus documentos según el género que se autoperciban, asimismo todos los tratamientos médicos de reasignación de sexo, en caso que lo soliciten. El documental Fiesta con amigxs (2013), de Pablo Oliverio, rescata los momentos en que se discutió la Ley en el parlamento, además que nos permite compartir la cotidianeidad de dos mujeres trans, meses anteriores a esta conquista y poder entender lo importante de esta lucha. Juan Tauil en T (2016), hace un indispensable trabajo de investigación, acerca de la realidad de exclusión y marginación que es condenado el colectivo trans, cuya edad promedio de vida no pasa los 35 años, junto con la militancia de activistas imprescindibles como fueron Lohana Berkins y Diana Sacayán, entre otras.

Otro documental Yo nena, yo princesa (2014, María Aramburu, Valeria Pavan), aborda la temática infancias trans, ofrece una construcción de como Luana comenzó a vivir su femenidad. Los obstáculos sociales, científicos y educadores frente a una menor que biológicamente es varón, pero desde lo psíquico marca claramente una autopercepción femenina.

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ESTEROS, 2016

El formato digital, las escuelas de cine, los festivales cinematográficos, entre los cuales se encuentra el Festival Asterisco de temática LGTBIQ, posibilitaron que en los últimos años se proyecten muchas historias que hablan la diversidad sexual. En Al cielo (2012, Diego Prado), un adolescente asiste a una iglesia evangélica porque le gusta un guitarrista que ensaya ahí. Natalia Meta recrea la noche gay de los ochenta en Muerte en Buenos Aires (2014). El naturalizado camino iniciático lésbico que se plantea en Atlántida (2014, Inés María Barrionuevo). El hipnótico relato vanguardista, barroco, lisérgico y antipatriarcal que nos hace Goyo Anchou en Heterofobia (2015). El recorrido que transita en El color del invierno (2015, Cecilia Valenzuela Gioia), la joven fóbica salteña para encontrarse con su deseo. La bella historia de amor, narrada en dos tiempos (niñez y adultez), que cuenta Esteros (2016, Papu Curotto). La fresca y dinámica comedia dramática Como una novia sin sexo (2016. Lucas Santa Ana), y su mirada sobre la amistad y la libido que circula en ella.

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Marco Berger, cambia de registro en Mariposa (2015), crea su historia más arriesgada y compleja. Cuenta con un personaje que en un mundo siente atracción por su mejor amigo, y en el otro tiene fijación erótica por los hermanos de sus novias. Con Taekwondo (2016), co-dirigida con Martín Farina, vuelve a su fórmula homogénea de chongoerotismo y tensión sexual con un festín de planos cerrados de miradas, bultos, culos y torsos masculinos. Santiago Giralt realiza una road movie completamente gay y rural en Jess & James (2016), con esos dos chicos que se conocen a partir de un encuentro sexual y salen a la ruta en busca de aventuras. En la almodovariana Primavera (2016), rescata la figura de la marica en el personaje que interpreta Nahuel Mutti, pero lejos del estereotipo caricaturesco, sino desde una mirada lúdica y rica en matices.

el puto inolvidable
EL PUTO INOLVIDABLE, 2016

En la última edición del Festival Asterisco, se estrena El puto inolvidable (2016, Lucas Santa Ana). El nombre de Carlos Jáuregui, merecía un documental como este, por su lucha, militancia, valentía, y generosidad; por haber sido un revolucionario, visibilizando la diversidad sexual en medio de un contexto muy heteronormativo; por haber impulsado la Marcha del Orgullo Gay cuando eran apenas unas poca locas solas; por enfrentar esta lucha en los tiempos que el sida acribillaba a sus compañeros y generaba paranoia en la sociedad; por plantar las bases para las leyes de vanguardia que llegaron más tarde; y sobre todo por facilitarle la vida a las generaciones que vinieron después.

nadie nos mira 4_Por último, este año se estrenó en los cines, la nueva película de Julia Solomonff: Nadie nos mira (2017). Una historia que trasciende todo tipo de estereotipos. Nicolás (Guillermo Pfening), no es ni marica, ni chongo, ni tapado, ni patológico. Tiene su sexualidad resuelta y sus conflictos subjetivos van más allá de la orientación sexual. El también subvierte y padece los estereotipos. Mientras emigra a New York para cosechar una carrera como actor, trabaja de niñero y no consigue papeles porque es demasiado gringo para hacer de latino, y demasiado latino para hacer de gringo. La búsqueda de nuevos rumbos profesionales esconde la huida de una relación amorosa desbastadora. Solomonoff ubica en un personaje gay, un dilema que se propaga en cualquier sujeto más allá de su condición sexual y de género: el deseo de una mirada que no lo reduzca a puro objeto.

Todas estas historias, sobrepasan los estereotipos presentados en el siglo pasado. Dan cuenta del inmenso abanico que abarcan las sexualidades humanas. Los nuevos paradigmas apuntan a superar lo singular para pensar la cuestión desde lo plural, no se trata de lo masculino o lo femenino, sino de masculinidades, feminidades y otras subjetividades más allá del marco binario. También abordarlo a partir de heterosexualidades, homosexualidades, transexualidades, intersexualidades, etc. El desafío cinematográfico de la diversidad es no caer en la trampa de lo normalizador y homogeneizante, desde un prototipo estético aceptable. No representar solamente a personajes jóvenes, bellos, de clase media y cisgénero, sino también tener en cuenta, a la hora de la mirada fílmica, diversidades etarias, corporales, sociales y genéricas. Esto es parte del inmenso legado que nos dejaron Perlongher, Batato, Jáuregui, Lohana y Diana.

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