Pensar las cuestiones de género

por Sandro E. Ulloa

Perspectivas críticas para analizar la Argentina actual

Aclaraciones epistemológicas

En principio, parece necesario ­–y no por ello obvio– realizar algunas aclaraciones epistemológicas en torno a qué se entiende por “género”, “feminismo”, “perspectiva de género” u otros conceptos similares que, muchas veces, parecen ser recogidos –sobre todo por los medios masivos de comunicación­– como una “gran bolsa de sinónimos”.

Retomando los aportes de Amorós (2000), es importante pensar que tanto al hablar de “género”, “feminismo” o, incluso, “diversidad”, la enunciación más adecuada quizá debiera ser en plural, es decir: “géneros”, “feminismos” y “diversidades”. Este “capricho” semántico, deja de ser tal si se entiende que el lenguaje es una construcción social en interacción concreta con la realidad social, cultural y política. Así, el plural no sólo refleja la presencia de distintos movimientos, corrientes teóricas o discusiones disciplinares sino que, además, manifiesta la heterogeneidad que presentan los estudios, las perspectivas y los planteos sobre feminismos, géneros y diversidades que se producen en la academia y, sobre todo, en la militancia social y política. En este sentido, se rescata lo que plantea Butler (1999) en el prefacio a la segunda edición de El género en disputa. Así, como menciona la filósofa, en relación al feminismo pero extensible a los otros conceptos aquí planteados, existe “unx[1]sujetxpolíticx” que parece escindirse –aunque más no sea a veces y en parte– de “unxsujetxteóricx o académicx”, es decir, la homogeneidad en los feminismos, los géneros y las diversidades podría darse en la “arena” de la lucha política y militante por la defensa de ciertos derechos, aunque claramente debe revisarse, analizarse y discutirse en los ámbitos de pensamiento y construcción de conocimiento. Aquí, quizá, valga la pena revisar los planteos de Butler desde una mirada local y temporal, pensando si esxsujetxpolíticx puede seguir siendo algo “que nos une”.

Sintetizando y concretando ciertos supuestos –amén de cometer injusticias en la historia y la teoría del campo–, basta decir que cuando se habla de “género” se hace referencia a aquella construcción social, normativa y política que regula los cuerpos, las sexualidades y las identidades de las personas. Construcción asociada a otra categoría –también social, cultural y política– como es la de “sexo”. Ambas conceptos: “géneros” y “sexos” se anudan y se encarnan en cuerpos normativizados que, podría decirse, se delimitan en parámetros de normalización vinculados al binarismo, la heteronormatividad, el biologicismo, el falogocentrismo y, por supuesto, el patriarcado. En relación con toda esta maraña conceptual, ¿qué se entiende, entonces, por “perspectiva de género”, “análisis de género” o, incluso, “estudios de género”?

En general –y otra vez sintetizando–, se alude a las perspectivas de género haciendo referencia a aquellas miradas críticas, epistemológicas, disciplinares y, por supuesto, políticas y militantes que pretenden poner en cuestión, en crítica, en análisis y en revisión desnaturalizadora la forma en la que lxssujetxs son constituidxs como tales, es decir, las identidades y las subjetividades. Como la misma Butler (2004) indica, la función de la filosofía conlleva la revisión categorial, aunque no por ello se inhabilite la realidad concreta de las personas.

Cuando se habla de “género” se hace referencia a aquella construcción social, normativa y política que regula los cuerpos, las sexualidades y las identidades de las personas.

Por otro lado, también cuando se apela a la idea de “perspectiva de género” se alude a la necesidad de desnaturalizar las normatividades poniendo el foco en los derechos de las personas y resaltando las dimensiones que subjetivan a las subalternidades, las diversidades y las identidades oprimidas, de allí que lo más común sea pensar a la “perspectiva de género” como una forma de incluir las problemáticas históricas y sociales que afectan y atañen a las mujeres, por ejemplo, en su condición de tales, al enfrentarse a la estructura social, netamente patriarcal y machista (Gamba, 2007).

Género-géneros y militancia política en Argentina

Butler (1999), al describir su propia obra, habla de la importancia que ha tenido su lucha política y social en la revisión de las categorías de “sexo-género” y en la posibilidad de plantear una teoría queer que revise las estructuras fijas y deterministas que parecen establecer a los géneros, las sexualidades y las subjetividades. Se podría decir que Butler recoge el viejo lema político del feminismo: “lo personal es político” pero, si se permite, hay algo más aquí para poder analizar y que tiene que ver con la dialéctica –es decir, con ese movimiento de autoimplicación– que se produce entre “la realidad material” y “las normas” o, de modo más amplio, “la realidad académica y del pensamiento”. En su propio análisis sobre la conceptualización de la teoría queer, Butler pone énfasis en la importancia que tiene la militancia en la construcción de otras realidades que están siendo antes de poder ser enunciadas y/o pensadas.

Pero ¿qué realidades y qué militancias ha estado siendo en Argentina? A pesar del contenido peyorativo que parece habérsele dado, en los últimos dos años, al concepto de “militancia”, la lucha política por los derechos ha sido fundamental, en este país, para el desarrollo de las temáticas de géneros, de diversidades y, en concreto, para la intromisión de la perspectiva de género en los distintos planos de la política y la cultura. Así, desde principios del siglo XIX, las mujeres argentinas han debatido con y desde los feminismos, procurando lograr: el voto universal, el acceso a la educación, el divorcio y otros derechos –personales y sociales– para las mujeres. Por otro lado, también la militancia por las diversidades de orientaciones de géneros o de identidades, ha estado presente en el plano político, aquí es necesario hacer hincapié en la larga tradición que tiene la CHA o, incluso, en la construcción de una identidad social y política asociada a la posibilidad de “orgullo” por la identidad abyecta.

En esta relación dialéctica, la militancia política en Argentina ha encaminado la construcción de leyes, de normas y de políticas de Estado que legitiman, posibilitan y defienden los derechos de las mujeres y las diversidades de género. Sin embargo, como toda relación dialéctica, éstas leyes, normas y políticas, también han sido las que han sentado las bases y la seguridad para nuevas profundizaciones teóricas, nuevos desarrollos subjetivos y, por qué no, nuevas vivencias experienciales. La intención no es entrar en una discusión fútil sobre si la realidad construye a la ley o de quién es el logro y la gloria de tal sanción normativa sino, muy por el contrario, reconocer la importancia de la micropolítica social y militante o, menos peyorativamente, la importancia que tiene, en el desarrollo social, la participación micropolítica del conjunto social, sólo por tomar algunas ideas de Foucault (2010).

La militancia política en Argentina ha encaminado la construcción de leyes, de normas y de políticas de Estado que legitiman, posibilitan y defienden los derechos de las mujeres y las diversidades de género.

En este sentido, también, esta relación dialéctica podría explicar por qué, muchas veces, los planteos sociales y de la política “de a pié” no pueden ser recogidos o revisados por las presentaciones judiciales, los medios de comunicación o, incluso, la reflexión teórica. Así, la militancia ha propiciado los encuentros de mujeres, los “ni una menos”, las leyes de identidad de género y de matrimonio igualitario o, más concretamente, la Estación de Subte: Carlos Jáuregui, sin embargo y por otro lado, pocas universidades nacionales cuentan con grupos especializados y financiados por el Estado sobre estudios de género y diversidad; la mayoría de las ofertas académicas no contemplan la formación en género para profesionales de la salud, el derecho, la justica o la educación o, más puntualmente, el Estado sigue financiando y coqueteando con la Iglesia Católica. Sin embargo, estas tensiones han profundizado y han hecho avanzar las reflexiones y las acciones políticas.

Perspectivas de análisis para una mirada de la actualidad

Recogiendo la lucha política sobre géneros y sexualidades en Argentina y atendiendo a la profunda tradición de la que el país puede vanagloriarse, sería necesario pensar qué perspectivas o qué planteos deben ser contemplados para estudiar la realidad actual en los marcos dialécticos: realidad-norma. Así, sin la intención de despejar dudas, sino con la necesidad de seguir pensando, se propone una serie de perspectivas que pretenden generar un estado de cuestión sobre por qué y por dónde están las reflexiones sobre géneros y sexualidades en la Argentina de 2017.

Algunas perspectivas, sin la ambición de saturar los planteos, podrían ser:

  1. Pensar las estrategias políticas en la visualización de las acciones políticas respecto de los géneros y las sexualidades, analizando la tensión que se produce entre: impacto mediático, empatía ciudadana y estrategia política: ¿es necesario apelar a discursos cercanos a todas las personas o es necesario arremeter con acciones feministas de mucho impacto social? ¿qué acción tiene mayor efectividad política?
  2. Reconocer los entrecruzamientos entre feminismos y diversidades con los posicionamientos e ideologías partidarias, desnaturalizando las supuestas neutralidades de una lucha que “va más allá” de las ideologías: ¿qué cuestiones unen al feminismo como ideología? ¿existe un feminismo político y partidario? Lo partidario ¿deslegitima la lucha y la tradición feminista?
  3. Defender los derechos adquiridos en los últimos años ante la arremetida del conservadurismo eclesial, económico y fascista: ¿cómo no ceder espacios ganados en torno a derechos sexuales, reproductivos y educativos frente a la importancia que adquiere la Iglesia Católica con Bergoglio-Francisco y la arremetida de dicha institución como espacio representativo de poder? ¿cómo defender la separación del Estado de la Iglesia?
  4. Instaurar las reflexiones y los planteos sobre géneros, sexualidades y diversidades en las políticas públicas, de Estado y educativas, frente a la arremetida de los recortes, la derecha neoliberal y el vaciamiento del Estado: ¿cómo sostener una lucha social por los derechos de todxs, sin profundizar planteos de garantía meramente individual en el acceso a los derechos? ¿cómo sostener las estructuras del Estado y sus políticas, en relación con los géneros, las sexualidades y las diversidades, frente a las situaciones de pobreza y necesidad social que parecen ser más urgentes y más prioritarias?
  5. Generar espacios de encuentro, diálogo y discusión entre perspectivas de género, sexualidad y diversidad que contemplen la pluralidad de dimensiones y breguen por el pensamiento complejo y plural, no homogéneo: ¿cómo construir espacios plurales para pensar, por ejemplo, a la prostitución, sin caer en visiones monolíticas que desoyen a las subjetividades concretas?
  6. Construir espacios de eticidad y politicidad que reconozcan los derechos de lxssujetxs con independencia de la intervención judicial y con la libertad de acción de lxssujetxs: ¿cómo lograr el respeto total de las libertades sexuales, subjetivas y de diversidad sin apelar a las normas, sin recaer en la “tolerancia” del insulto, la discriminación y el hostigamiento como “mal menor” para el acceso a un derecho?

Prospectivas y cuestiones de género: ideas para un cierre

Butler dice “… para participar en la política, para formar parte de una acción conjunta y colectiva, uno tiene que reclamar la igualdad plena (mismos derechos para todos, trato equitativo), pero además es preciso que actúe y haga reivindicaciones en ese mismo marco de igualdad, como actor que se encuentra en la misma posición que los demás. Así es como las comunidades que se reúnen en la calle empiezan a llevar a la práctica una idea de la igualdad, la libertad y la justicia que es distinta de la que sostienen sus oponentes. Por tanto, el “yo” es al mismo tiempo un “nosotros”, al que no se ha tenido que fusionar en una unidad imposible” (2015: 58).

A partir de las palabras de la filósofa, no resta mucho más que decir pero, quizá, sí mucho más por hacer y, sobre todo, en los marcos políticos actuales en tanto defensa y resistencia de luchas conquistadas y objetivos por lograr. Nicastro (2006) entiende que ante las crisis sociales, las personas van naturalizando ciertas formas de violencia dada las opresiones y las presiones que lxssujetxs sufren en su vida cotidiana. Así, el camino que toca es “estar alerta” para que la cotidianeidad no despolitice a las subjetividades y se termine siendo un “yo” que sólo es un “puro yo”, sin un “nosotros”, jugando con las palabras de Butler.

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[1] En adhesión a la teoría de queer, se utiliza la letra “x” en reemplazo de las vocales que imponen asignación binaria de género. Cfr. (Ulloa, 2012).

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