Los mantras modernos

por Alan Ojeda

En 2012 Martín Felipe Castagnet generó revuelo en el panorama literario hispanoamericano con su novela Los cuerpos del Verano (Factotum). Ese mismo año, la novela resultó ganadora por unanimidad del VII Premio a la Joven Literatura Latinoamericana otorgado en Francia por la Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs de Saint Nazaire y Publicado por La Marelle de Marsella. Ahora, en 2017, hizo su aparición, de la mano de la editorial Sigilo, su nueva y esperada novela: Los mantras modernos. Esta nueva novela nos presenta otra visión de un budismo tecnológico no teísta, donde el ego encuentra una nueva vía para disolverse y fusionarse con el todo, mostrando de manera ejemplar cómo las viejas tradiciones del pensamiento pueden articularse con la tecnología sin ningún problema.

Los cuerpos del verano ya nos había transportado a un mundo (¿un futuro próximo?) coherente y compacto, que en pocas páginas lograba construir una experiencia cercana sin la necesidad de recurrir a estrategias ya trilladas como apelar a una localización reconocible o realizar guiños culturales al presente. Los mantras modernos vuelve a sorprender con una narración fresca, profunda y no exenta de humor que nos sitúa, desde las primeras líneas, en una cercanía casi salingeriana con los personajes. Ahora, ¿cómo se construye ese efecto de futuro casi inmediato y cotidianeidad en un mundo que comienza desde 0 y del que no sabemos más que lo que nos ofrecen los personajes en sus acciones? En una primera instancia, podríamos decir que a partir del tono despojado y los personajes lo suficientemente humanos como para lograr empatizar, imaginarles una cara, un cuerpo y una voz. Por decirlo de otra manera, hay en la novela de Martín, eso que llamamos “mundanidad”. En este caso, esa palabra no posee ninguna connotación despectiva sino todo lo contrario. Hablamos de la mundanidad entendida en los mismos términos que podemos observar en Her (2014) de Spike Jonze, es decir, una novela totalmente ajena a la pretensión de aparentar ser algo que no es. Con Los mantras modernos, Martín hace gala de su estar en el mundo, su plena consciencia de que cualquier tipo de énfasis en su “contemporaneidad” arruinaría la naturalidad construida en la narración. La prosa casi conversada y los diálogos entre los personajes logran alcanzar la cotidianeidad sin hundirse en ella, generando el efecto de una distancia temporal mínima entre la narración y la realidad que habitamos.

Las desapariciones

Seguro no falta, ni faltará, aquel que critica el uso de la idea de “desaparecidos” en la novela. Esa crítica, ya absurda, solo expone la ausencia de toda capacidad de re-contextualización por parte del lector, incapaz de entender los posibles unos de una idea, más allá de las ya trilladas referencias al pasado político de nuestro país. Para esos críticos, pareciese que ser argentino es una fatalidad que inscribe, sin opción, cada narración en los años 70.

En Los mantras modernos, la desaparición implica, en gran medida, un fenómeno de la voluntad. Por algún motivo, algunas personas desean (consciente o inconscientemente) desaparecer. Sin embrago, esta desaparición no implica una fuga sino una desmaterialización de los cuerpos, que se van haciendo más transparentes hasta perderse por completo. Pero aquellos que desaparecen no están del todo ausentes, sino que se encuentran en un estado intermedio. Es decir, muchos de los que eligen esfumarse pueden ser contactados gracias a las tecnologías disponibles: el “bindi”, un parche que se instala en la frente y que permite conectarnos a los buscadores y a otras personas, y un equipo de guantes que permiten volver tangibles esos cuerpos invisibles.

Muchos de los desaparecidos no desean volver y prefieren mantenerse en esa condición etérea que poco a poco los consume. Otros, llegan a un nivel más profundo: trascienden la realidad que habitan y acceden a “la fosforescencia”, una versión futura y apocalíptica del presente, llena de lo que los personajes denominan como “naturaleza exótica” y monstruos. Ahora, ¿qué implicancias puede tener desaparecer para la nueva generación? ¿Qué función cumple ese retirarse del mundo y abandonar la imagen? La desaparición es, a la vez, un fenómeno de desconexión y auto-destructivo. Pareciera que, en los tiempos que corren, el peso de la existencia, de un continuamente-estar-velando-por-el-mundo ya es insoportable y es necesario encontrar nuevas formas de evasión. En un mundo donde la negatividad parece haberse diluido y ya no hay puntos para establecer resistencia alguna, sólo se puede operar sobre uno mismo. La presencia casi mínima del estado en ambas novelas de Martín, reducida a funciones administrativas o a mantener un mínimo orden, pone en evidencia la presencia ineludible del mercado, que ahora es el espacio que habitamos y sobre el cual interactuamos. Es por eso que, si en Los cuerpos del verano se estimulaba el mercado de cuerpos y la posibilidad de abolir la muerte a través de la migración corporal o el estado de flotación (y los únicos que parecían resistir esa lógica eran el hijo de Rama y los “panchama”; que decidían ser quemados en sus antiguos cuerpos), en Los mantras modernos la resistencia al mundo está en escapar al ojo infernal del otro desapareciendo y licuando la existencia corporal en el todo.

Alotecnologías vs homeotecnología

En su ensayo “El hombre operable”, Peter Sloterdijk divide la tecnología en dos tipos. Las alotecnologías son aquellas que para transformar el mundo, necesitan violentarlo. Esto hace referencia a casi todas las tecnologías desde la antigüedad hasta el origen de la cibernética. Explotar una montaña, cambiar los cursos de los ríos, la bomba de hidrógeno…todas implican una violencia destructiva sobre la materia y el ecosistema. En cambio, las homeotecnologías trabajan sobre la noción de información, lo que permite adaptar su uso reduciendo al mínimo la violencia que se realiza en un acto de transformación. Entonces, ¿cuáles son las homeotecnologías? Los embodiments, las máquinas capaces de condensar agua a partir del aire, y los paneles solares, entre otras cosas. Ahora, ¿Pero qué tiene que ver esto con la novela? Tanto Los cuerpos del verano como Los mantras modernos nos proponen una visión homeotecnológica del mundo, en el que la tecnología es, lejos de las viejas ideas distópicas de robots asesinos, una piel que habitamos con plena naturalidad. Ahora, hay una relación íntima y casi mágica entre los “bindis”, su servidor y “la fosforescencia”. Del otro lado de la realidad hay grupos que se dedican a “explotar” el futuro, a sacar usufructo de las ruinas de la humanidad, no sin consecuencias.

Martín Felipe Castagnet nos plantea un nuevo estado de la técnica que es necesario pensar. La naturaleza como concepto, al igual que las tecnologías, son inventos del hombre. Las homeotecnologías implican una nueva responsabilidad sobre nosotros mismos y la necesidad de pensar nuevas formas de resistencia y rebeldía a través del último eslabón de la cadena de producción: nuestro cuerpo.

9789874063083Crear mundos, pensar de nuevo

Si hay algo que destaca del resto del panorama literario a Martín Felipe Castagnet es su capacidad de imaginar mundos consistentes. Lejos de la pereza que implica recurrir a un costumbrismo ya agotado que busca “representar la realidad” (sea lo que eso signifique), las novelas de Martín parten desde cero, produciendo una arquitectura propia, una nueva ontología y tensionando las categorías existentes para pensar la relación entre la literatura y la vida en los tiempos que corren. Pensar es todo lo contrario de establecer axiomas o categorías fijas, y nada mejor que pensar a través de un espejo deforme de la realidad para dudar de nuestra forma de habitar el mundo. Es por eso que Martín ha ganado en buena ley el espacio que ahora ocupa en el panorama literario contemporáneo.

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