El angosto sendero del medio

por Martín Gustavo Cassatti

El disenso

Desde que el hombre es hombre y ha podido expresar sus ideas y opiniones sobre una cosa y, en gran medida, gracias al acto ineludiblemente individual del pensamiento, se han producido discrepancias en cuanto a las opiniones de los individuos con respecto a casi cualquier tema que podamos utilizar de ejemplo. Esta discrepancia, que inicia de manera individual, no tarda en conseguir adeptos y detractores, los que se van sumando a las  de uno u otro bando y refuerzan o complementan las ideas originales. Sin que pase demasiado tiempo tenemos grupos y hasta comunidades enteras con diferentes puntos de vista. Sigmun Freud decía: “Si dos individuos  piensan igual, puedo asegurar que uno de ellos piensa por ambos.”

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En todos los órdenes de la vida vamos a encontrar disenso, entendido como la falta de consenso sobre alguno. Eso se da en todos los niveles, desde la más tierna infancia, cuando no estamos de acuerdo con el menú que nos preparó mamá; en la niñez y adolescencia, cuando obviamente nuestros maestros y profesores no coinciden con nosotros en cuanto a la calidad que creemos que nuestros exámenes tienen; y el fenómeno se prolonga durante toda nuestra vida
adulta, laboral y de pareja.
En muchos ámbitos, como por ejemplo a la hora de tomar la sopa, el disenso se resuelve simplemente con autoridad. Alguien (llamémosle “mamá”, a los fines del ejemplo), con un nivel de autoridad mayor, determina cuál es la idea que se va a tomar como válida (“la sopa te hace bien”), cuál es el curso de acción a seguir (“la vas a tomar toda”) o cuál va a ser la postura con respecto al incumplimiento (“si no la tomás, cobrás”).
Pero en otros ámbitos el disenso puede ser motivo de parálisis si es que se debe resolver antes de poder proseguir con alguna acción. Entonces, ¿qué alternativa nos queda en ese caso?

Debate y discusión

El debate es un acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre un mismo tema entre dos o más personas, el que será más completo a medida que los argumentos expuestos vayan aumentando en cantidad y en solidez de sus motivos… indirectamente puede cumplir un rol de aprendizaje y enriquecimiento para quienes participan ya que pueden, eventualmente, cambiar a otra postura o profundizar y enriquecer la propia, aunque eso no es la finalidad o el principal motivo de un debate.
Wikipedia

homer-bart-simpsonEsta definición puede parecer rebuscada e incluso inaplicable en nuestra vida diaria pero analizada de manera imparcial no es sino una conversación con reglas. Otro término que se utiliza con cierta frecuencia es el de “discusión”. La discusión difiere con el debate en que es mucho más informal, no tiene estructura, no tiene reglas, es el acto de intercambiar ideas, argumentos o razonamientos, entre dos o más personas, para llegar a un acuerdo con respecto a un tema.
Ahora bien, ¿por qué nos cuesta tanto discutir? Siendo algo que hacemos desde que los individuos comenzaron a comunicarse entre sí, ¿no deberíamos haber aprendido ya cómo hacerlo? y la pregunta que me intrigó desde el principio:¿siempre fuimos tan malos discutiendo?
La respuesta es un categórico NO. No siempre fuimos tan malos discutiendo. No voy a hablar aquí de los debates formales, con un moderador, un temario elegido, tiempo de investigación y documentación previo. No, voy a hablar de la simple discusión de café, la de los domingos al mediodía, la del viernes después de ver el partido por televisión. Esa discusión, la cotidiana, se ha ido deteriorando rápidamente.

Las antisociales redes sociales

¿Estamos olvidando cómo discutir? Las redes sociales están haciendo cada vez más fácil el evitar la argumentación, la defensa de las ideas, la aceptación de opiniones adversas y el desarrollo de habilidades básicas de negociación.
Las redes sociales tienen un elemento en común, independientemente de cuál de ellas estemos analizando (Facebook, Twitter, Instragram, etc.), que es la inmediatez. Todo en las redes sociales es ahora, ahora mismo, o antes aún si fuera posible.

social_media_freak.jpg

Las preguntas son breves, escuetas, sin demasiado detalle, las respuestas son instantáneas, sin un análisis del contexto (nadie tiene tiempo para eso), los argumentos se deben resumir en 140 caracteres, o en un meme, si pudiera ser. Nadie niega la adrenalina que genera una de esas discusiones a la velocidad de la luz, donde en lugar de arribar a un lugar común pareciera ser que el objetivo es sacarlo al otro de la carretera. Aunque después no sepamos ni hacia donde iba esa carretera.
Al día de hoy recuerdo aguerridas discusiones en las que participé, en mi casa, en mi familia, en mi trabajo, con mis amigos. Y esas discusiones generalmente arribaban a un cierto compromiso. “La sangre no llegó al río”, como se solía decir. ¿Por qué eso era más común hace algunas décadas que ahora?
Por la presencia. Esas discusiones eran presenciales. Uno tenía que estar en la misma habitación que su oponente. Tenía que verle la cara, al esgrimir sus argumentos, tenía que soportar los embates y aprendíamos a hacerlo durante toda la vida. ¿Por qué ahora no?
Es que cuando uno está discutiendo frente a frente, es difícil cerrarle la puerta en la cara a alguien, sobre todo si nos une un vínculo a esa persona. Eso marca un paso importante, una línea que si se cruza no sabemos si podremos dar marcha atrás luego.
¿Es igual en las redes sociales? No. Nada que ver. No es tan difícil cerrarle la puerta en la cara a alguien virtual. Sobre todo porque no hay puerta. Y no hay cara. Y el botón de bloquear ni siquiera hace un ruido que pueda sobresaltarnos. Las redes sociales hacen que la huida de una discusión sea más sencilla, y que el traspasar esa línea imaginaria que impide seguir intercambiando ideas, sea fácil, demasiado fácil.
El problema con esto es que luego, fuera de la Matrix, en el mundo real, necesitamos de esas habilidades de negociación para poder discutir frente a otras personas, para buscar un consenso en algún escenario. Y, como un músculo que la pereza nos hizo dejar de ejercitar durante mucho tiempo, nuestra habilidad para discutir con altura, con conceptos, se ha atrofiado.

El, cada vez más angosto, camino del medio

long-road-copy.jpgPero esto no queda sólo en la incapacidad de discutir. No sólo se están olvidando las habilidades básicas de una buena discusión, un debate, sino que se está perdiendo uno de los cimientos fundamentales de éste tipo de prácticas. El fundamental entendimiento de que el otro “tiene permiso para pensar diferente”. No hablo de aceptar esa otra idea, o compartirla. Hablo del más básico reconocimiento de que el otro tiene
el derecho a pensar distinto.
Ese reconocimiento es fundamental para poder establecer un terreno común sobre el cual debatir. Ambas partes tienen que reconocer, como mínimo, que el otro tiene la capacidad de pensar por sí mismo y que algo lo ha llevado a la idea que tiene, por más que creamos que está equivocado.

Lo que hay es una resistencia a estereotipos que nos joden.
Chinchiya Arrakena (una amiga)

Es cierto. Bueno, es bastante cierto. Pero un estereotipo que nos jode no deja de ser un tema a discutir, ¿por qué nos jode? ¿nos jode el estereotipo o quienes se aferran a él para actuar de tal o cual modo? ¿hemos interpretado bien cuál es el estereotipo que jode? ¿le jode a muchos o a pocos?
Casi cualquier cosa se puede poner a discusión. Pero para eso hace falta darle la entidad suficiente. No podemos discutir sobre algo que negamos que exista. El camino del medio, como yo lo llamo, no es la ruta cómoda por donde podemos transitar quedando bien con Dios y con el Diablo, donde nadie nos molesta, siendo políticamente correctos.
El camino del medio es un terreno escabroso, que está justo donde nos rozamos los que vamos para “allá” con los que vienen para “acá”. Es un lugar de conflicto pero que tiene la hermosa particularidad de que quienes transiten por él pueden aspirar a un entendimiento de las cosas un poco más amplio que los que van tranquilos por su correspondiente banquina.
En un debate ambos participantes aprenden algo del otro. Y no hay excusa para no enseñar.

lamentehumanaSi renunciamos a nuestro deber de enseñar, perdemos también el derecho a criticar la ignorancia ajena.”

Cierro este trabajo con un decálogo que confeccioné, medio en broma, medio en serio, después de seguir detalladamente un debate en Facebook sobre el tema:

“¿Es posible disentir con alguien y respetarlo igual? ¿Es posible disentir y no insultar, sino argumentar?”

1. Es posible argumentar sin insultar, pero aparentemente es imposible que a algunas personas tus argumentos les resulten insultantes (sobre todo si no puede refutarlos).

2. Cualquiera sea el tema de debate la probabilidad de que aparezca alguna etiqueta política insultante crece exponencialmente con el correr del tiempo.

3. Cualquier tema tiene una respuesta rápida, sencilla y generalmente incorrecta.

4. Quienes vienen de las ramas más duras (ciencias, tecnologías, matemáticas, etc.) del conocimiento generalmente están más acostumbrados a tener que demostrar lo que dicen con hechos. Por lo tanto a ellos les ofende menos que se les pida ‘demostralo’.

5. Quienes vienen de las ramas más blandas (psicología, abogacía, medicina, sociología) del conocimiento suelen ver el debate como un fin en si mismo, por lo que generalmente no les molesta no llegar nunca a ninguna conclusión (cosa que exaspera al otro grupo mencionado en 4)

6. “Ya está, con vos no se puede hablar” es usado con similar frecuencia en los dos grupos.

7. “No entendiste nada” también se usa de igual forma por ambos grupos.
Aparentemente siempre la responsabilidad está en el lado del que debe entender y no del lado del que debe explicar.

8. La introducción de la política en cualquier discusión generalmente sirve de catalizador y acelera todos los procesos de puteadas, mandadas a la mierda y afines.

9. La introducción de la religión es similar a la política pero aparentemente es un catalizador menos potente.

10. Los datos concretos, comprobables, verificables, confiables y replicables suelen estar ausentes, cualquiera sea el tema de discusión, pero en caso de aparecer, suelen ser presentados por miembros del grupo 4. y tildados como irrelevantes por miembros del 5.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s