Lembra 04: Una fan sin pantalla

 por Fernando Sandro

Anunciado su estreno para el 26 de junio pasado, a menos de un mes en el aire, Telefé decidió levantar del aire su ficción escudo de este año Fanny, La Fan en un caso que no tiene demasiados precedentes en nuestra televisión. ¿Cuáles fueron las razones y cuáles son las implicancias de este hecho? ¿Los tiempos están cambiando?

Como se escucha por ahí, duró más la promoción que la serie. Durante varias semanas, meses, Telefé inundó sus tandas comerciales con una c hica de lentes y saquito suelto que se colaba en las promociones de sus programas para hacer reclamos varios; sobre todo, la incorporación de su adorado actor Emiliano Morante en cuanto programa exista. Mi persona favorita de Río Roma empezó a sonar por todos lados, pese a que originalmente no es una canción nueva.

Todo estaba listo para que Fanny, La Fan fuese un éxito… y sin embargo algo pasó. Si fue la saturación de tanta promoción, si fue el retraso en estrenarla cuando ya el producto de la vereda de en frente estaba instalado, o simplemente fue una cuestión de los duendes que no funcionaron. Los números no acompañaron, en esta televisión cada vezmás marketizada hablar de números bajos es preocupante.

television-2466661w620

La primera semana se mantuvo de lunes a viernes en el prime time de las 21.15hs. Para su segunda semana, se eliminaron los días viernes. En su tercera semana se la corrió al menos competitivo horario de las 19hs, y finalizando esa semana, justo antes de cumplir apenas un mes de aire, le dijo adiós a la pantalla televisiva.

Pero a decir verdad, Fanny, La Fan no fue completamente levantada, desde su cuarta semana fue pasada a emitirse exclusivamente en la página web del canal y en la aplicación para celulares ídem, y sus grabaciones continuarán hasta el 31 de agosto, aparentemente.

Todos estos hechos, desde su pronta y abrupta salida del aire, su acortamiento de capítulos que implica una suerte de cancelación, y su inédito –para una tira nacional– pase a una plataforma web, despertaron un revuelo del que bien vale hacerse eco para analizar varias cuestiones.

Cuando el amor muerde el polvo

Con libros originales del experimentado Ernesto Korovsky, Fanny, La Fan cuenta la historia de Fanny Rizzo (Agustina Cherry), una chica virgen, con aparentes problemas de asma, que en su momento fue apartada del colegio por su madre sobreprotectora Mabel (Laura Novoa), y recibió educación de aquella, y de la televisión.

1280x720-G-b.jpg

Ahora, es presidente del club de fans de la telenovela “Cuando muerde el amor”, protagonizada por su amor platónico, el actor Emiliano Morante (Luciano Cáceres). Querrán las coincidencias que Fanny termine ocultando su fanatismo y trabajando como asistente de Julia Ponsi (Soledad Fandiño), el interés romántico de “Cuando…”, y siendo una suerte de escritora fantasma de los guiones que logren salvar a su objeto de devoción de la ruina.

FannyIronías del destino, Fanny, La Fan comienza con una telenovela que se venía a pique en mediciones, y fue la propia tira producida por Underground la que terminó sufriendo el mismo pesar. Quizás Fanny necesitó de su propia fan para que la rescate. Sin embargo, pareciera que sucedió todo lo contrario.

Tiempos de redes sociales. Cuando el posible espectador se siente a disgusto lo expresa, y se hace notar. Desde antes de su estreno las quejas eran llamativas.

Se mezclan los tantos, la política metida hasta en el más mínimo detalle, y si alguien presupone que eventualmente se apoya o apoyó a tal o cual figura electoral, es excusa suficiente para pretender que sea borrado del mapa de medios.

Emiliano-de-Fanny-la-fan.jpgLa excusa de que es un programa juvenil y hasta infantil, entonces debería ir a un horario acorde. ¿Me pregunto si alguna vez habrán visto el programa en el que abundaban los gags de carga sexual y un contenido LGTB abordado de un modo adulto?

Pero principalmente, los gritos pidiendo que la levanten, con tal de que le devuelvan la franja de las 21hs a la lata extranjera de turno.

Si uno leía los mensajes en las redes parecía que a Fanny, La Fan le iba mal, y los comentaristas de las redes (algunos dedicados a esto del espectáculo de modo más o menos profesional) querían que le fuese peor.

¿Se podría analizar la conducta de un público que prefiere ver un producto extranjero, que no habla de nosotros ni de nuestra idiosincrasia, que ni lejanamente representan nuestra cultura como sucede con el boom de las telenovelas turcas, hindúes, rusas o coreanas? Leer comentarios acerca de la falta de talento local, duele, y mucho.

pedro-de-de-Fanny-la-fanDetrás del telón

Lo cierto e irrefutable es que, más allá de la calidad de la tira, hay trabajo delante y detrás, y eso es lo que preocupa frente a un caso de levantamiento del aire tan abrupto.

En el período corto de lo que va entre 2016 y este año, es alarmante la baja en cantidad de producción de ficción. Así como otras ramas ya sea cine o teatro también ven números rojos y sufrientes parates, la televisión se ve invadida de programas de panel y las mencionadas latas extranjeras. Todo en detrimento de lo que podría ser una buena producción que dé ocupación a gente que de no existir estas obras, no trabaja.

Ya se consumieron las ficciones del mediodía, de la primera tarde, y hasta las juveniles de la segunda tarde. Actualmente solo queda una tira en televisión abierta, y otra miniserie más que cuenta con financiamiento extranjero, que ya está filmada, y a la cual los números tampoco acompañan. Vamos ¿Recuerdan una época temprana en la que Telefé se haya quedado sin una sola ficción nacional en su pantalla?

Habría que mencionar el caso de la TV Pública y el sistema de medios estatales, durante años la cantidad de ficción producida bajo fomento estatal fue algo inaudito, un hecho para celebrar a viva voz. Sin embargo, se cansaron de aparecer voces en contra con argumentos falaces, y cual taladro percutor que perfora mentes, esos argumentos calaron en la opinión pública. Esto llevó a la situación actual en la que, ya prácticamente no hay fomento para esas producciones estales, la televisión pública se dedica a emitir algunas ficciones que se produjeron bajo el mando anterior y habían quedado en el tintero, y el back up de esas ficciones que significaban páginas online como Odeón (hoy Cine.Ar) y CDA fueron vaciadas de ese contenido sin demasiadas explicaciones.

Ante esta situación la comunidad artística se encuentra en alerta, como en aquel “Somos actores, queremos actuar” de la crisis post 2001. Se realizan marchas y reclamos varios, frente a un Estado (gobierno y sociedad) que más de una vez hace oídos sordos.

Es verdad, Fanny, La Fan no desapareció completamente, fue pasada a otra plataforma. Pero también es verdad que la causa fue una falta de apoyo, una nueva gerencia de canal extranjera que no está dispuesta a bancar la evolución de un producto; y que si bien se sigue viendo online sus números de capítulos serán recortados abruptamente.

La nueva casa ¿Otra chance para Fanny?

Ahí está Fanny Rizzo, viviendo ahora sus aventuras en el mundo de internet; y esto es también una novedad que abre un abanico de preguntas.

Si bien no es la primera vez que se levanta una tira, ni tampoco es la primera vez que Telefé decide pasar un producto a su plataforma online (lo hizo con algunas telenovelas latas extranjeras), y que tampoco Fanny, La Fan será la primera ficción nacional en verse online ni en jugar con una dualidad aire/internet (recordemos la pionera Amanda.O); sí es la primera vez que una ficción criolla hace el traspaso de un medio a otro.

¿Será cierto que el público que cosechó esta tira es más bien juvenil y puede adaptase y hasta mejorarse mediante el seguimiento online? Hay una realidad de que, sobre todo ese sector del público, plataformas como Netflix, entre otras, le han ganado un buen terreno a la televisión. ¿Están cambiando las costumbres? ¿Será el caso de Fanny, La Fan un paradigma de la nueva forma en que los espectadores argentinos eligen ver series aun si son nacionales? Son todas interrogantes tempranas para ser profundizadas. Lo palpable es que la causa de ese traslado no fue un deseo de experimentar, sino el riesgo de una pauta publicitaria baja con números e rating en rojo.

Tanto técnicos, como productores, libretistas y actores, han sido cautelosos a la hora de expresar sus opiniones respecto a este hecho que les concierne. Quizás solo sea un caso más y se armó una bola de nieve más grande de lo que debe. Pero pareciera que el caso de Fanny, La Fan es un espejo de nuestra realidad actual. Tiempos en los que quienes trabajan en el arte de la ficción están preocupados por sus trabajos; tiempos de recamos, y de una sobreabundancia de importación extranjera frente a un público que parece preferir eso antes que un compre argentino.

Como diría aquella emblemática y enajenada María Valenzuela al alzar su Martín Fierro “Aguante la ficción, carajo”.

0004607626.jpg

Anuncios

La noche del dibujante: Una crónica sobre Jorge De Los Ríos

por Diego Arandojo

Recuerdo, y me vuelvo niño.

Recuerdo las páginas de Anteojito. El mítico semanario infantil. Ya desaparecido. Fue en diciembre de 2001, el año fatídico que vivimos los argentinos. La edición 1925 marcó el fin de la publicación, asfixiada por la economía en decadencia del gobierno de Fernando de la Rúa. Los lectores (que ya éramos, muchos, adultos) perdíamos algo.

–Cuando un personaje se muere, también se muere algo de vos –me dijo Carlos Garaycochea, el célebre humorista y actor, cuando lo entrevisté para su largometraje.

Y sí. Cuando murió Anteojito también se fue algo de nosotros. No sé si la “infancia” en términos tan estrictos, pero sí una sustancia profunda que, en mi caso particular, asociaba esa revista al mundo escolar.

19964907_1983752341857603_320102225_n
A la derecha se ve el dibujo que Jorge De Los Ríos hizo para Anteojito. A la izquierda, la edición final de la ilusiración.

Mucho se habló y se hablará sobre la mente detrás de Anteojito: Manuel García Ferré. Un inmigrante español que llegó con una mano adelante y otra detrás, como suele decirse. Un hombre creativo, pujante, atrevido. Una pieza clave para comprender el crecimiento y desarrollo de la animación en el Río de la Plata.

–García apostaba a la ternura. Ese era su sello distintivo –me comenta Jorge de los Ríos, en su casa del barrio porteño de Villa del Parque. Estamos ubicados en el living, cerca de una ventana por donde se filtran los sonidos de una plaza atestada de personas. Es un día domingo. Siempre nos juntamos los domingos. Yo lo propuse, él aceptó.

Como decía antes, de niño Anteojito era algo más que una publicación; traía juguetes y actividades escolares, por lo cual era común que después de algunos tijerazos quedaran las páginas desarmadas. Pero estaba bien. Porque esa era su función: ilustrar al pequeño soberano y darle herramientas didácticas.

20045833_1983752225190948_192903517_n.jpg  Mucho después supe que de las 1925 portadas de la revista, 1500 habían sido dibujadas por Jorge. Porque no había firma. Y uno terminaba suponiendo que era el propio García Ferré quién las dibujaba. No así con las caricaturas de la revista Muy Interesante (que me enloquecían); ahí sí las firmaba: “Jorge de los Ríos”. El artista.

–Artista no. Un trabajador del dibujo, sí –acota, mientras disfrutamos un café y medialunas de por medio.

Pero, y disculpe maestro, usted sí que es un artista. Y uno de los grandes; humilde, perseverante, en cierto aspecto muy parecido a García Ferré, en tanto al amor que pusieron al dibujo.

–¿Tiene algún hobbie, Jorge? –le consulto.

–Sí.

–¿Cuál?

–Dibujar –concluye, sonriendo. Y una sonrisa potente, iluminadora. Aunque después de la partida de su compañera y gran amor, Delma Martínez, ya no sea la misma. Vivieron cinco décadas juntos. Un amor que permanece impoluto.

20030753_1983752495190921_861696037_n.jpg     Antes de comenzar las entrevistas que darían nacimiento a su libro, titulado Dibujando con el corazón y editado en 2017 por Universo Retro, yo había filmado a Jorge. Fue justamente dos años antes, en 2015.

Gracias a Delma logré documentar la vida y obra del maestro, que publiqué en mi canal de Youtube Documentales en viñetas, en tres episodios. El rodaje fue intenso. Por un lado a causa de ver material original (yo estaba fascinado), y por otra por un detalle técnico: casi me quedo sin capacidad en mi cámara de video. Nunca me había sucedido. Es que la obra de Jorge era tan vasta, tan rica… que ameritaba preparar una serie televisiva de varios capítulos para intentar capturar todo su trayecto profesional.

Pero volvamos. Estamos en 2015, termino de filmar. Cuando me estoy despidiendo de Jorge, Delma me cuenta algo.

–A Jorge le quedó un sueño sin cumplir…

–¿Cuál?

–Publicar un libro.

Estábamos ya en la salida del edificio, y ahí mismo le prometí a Jorge que, una vez concluido el documental, podría darle una mano con eso. Al menos para organizar la información.

Dos años después, su sueño se materializó. Aquí está el libro. Editado de forma espléndida, en altísima calidad, por Adrián Paglini. A todo color. Con una selección cuidada de sus trabajos. Y pluma e investigación de mi parte. Eso también fue un sueño, poder historiar a este gran trabajador del dibujo.

Como decía antes, nos juntamos los domingos “a hablar”, esa fue mi premisa. No quería nada forzado. El relato de Jorge era claro. Tenía una memoria prodigiosa. Recorría el pasado con facilidad. Yo grababa y tomaba notas.

A medida que transcurrían nuestros encuentros, un detalle me fue cautivando.

–Y para cumplir esa entrega, tuve que invertir otras dos noches más –decía el maestro.

Las noches del dibujante. Es que casi no dormía, cuando atravesaba las etapas más álgidas de trabajo. Cuando hacía animación, ilustración, publicidad… etcétera y etcétera. Todo al mismo tiempo. Ayudado por Delma y también por sus hijos. De ahí surgió el personaje Ñomi, el duende del lápiz. De la necesidad de tener un “ayudante mágico” que le permitiera cumplir con todos los clientes.

De hecho ese era el subtítulo original del libro: Las noches del dibujante. Pero después me di cuenta que no era el correcto, el que haría justicia a una vida tan comprometida como la de De los Ríos. Finalmente decidimos que el subtítulo fuera Dibujando con el corazón.

Pocos dibujantes han impactado en la vida de tantas generaciones. Es que Jorge, además de trabajar en García Ferré, había creado inolvidables colecciones de figuritas desde fines de la década del 60. Por ejemplo: Chapitas. ¿La recuerdan? Muchas de ellas de fútbol para la compañía Crack. Luego ya para la propia Anteojito.

–Mi segunda gran pasión es el fútbol. Más precisamente, River –me dice, rozagante.

De hecho, cuando en 2012 se cumplieron 111 años de la creación del Club, Jorge participó con una muestra de las caricaturas de jugadores. Todo un orgullo.

Me muestra dibujos que hacía de niño.

–Este lo hice a los 8… este a los 10… ¿Ves? Jugadores de fútbol de aquel entonces… –me indica. Y, por fuera de la técnica, están muy bien dibujados.

–Jorge, siempre dibujaste bien.

–Me apasionaba dibujar…

La pasión. Sí. Esa que lo hizo saltar de la publicidad a hacer las portadas de otra publicación mítica, Canal TV. La primera revista que se ocupó del espectáculo local e internacional. Allí reemplazó a Abel Ianiro, el previo portadista, que admiraba.

–Son más de 50 años de trayectoria –me dice, terminando de beber su café. Por un instante su mirada queda perdida, extraviada en el aire.

–Y todavía seguís.

–Todavía. Pero es distinto ahora –dice.

Me sigue mostrando dibujos originales. Están todos buenos. Qué difícil elegir lo que será parte del libro… Pero hay que hacerlo. Tengo que congelar mi fan interior, y darle lugar al escritor más frío y selectivo. Por el bien de la obra.

Ahora ya está consumado.

Un libro que es una puerta a la vida de un hombre genial.

Un pedazo de nuestra cultura. De lo más lindo de la Argentina.

Y yo, profundamente agradecido.

19866382_1983752468524257_1188413566_n.jpg

El nombre no es destino

por SaSa Testa

Simone de Beauvoir supo decir algo que hoy es casi un refrán: Mujer no se nace, se hace y se llega a serlo. Bueno, hombre tampoco se nace. Bienvenido, siglo XXI. En realidad, no podemos decir que “se nazca algo”. Solamente se nace.

Y sin embargo, lo que tenemos entre las piernas nos asegura que tendremos un nombre y no otro. La biología no será destino, pero sirve de bautismo nominalista. Por esa razón, las personas que me engendraron decidieron ponerme “Sabrina” y, como el apellido que se carga siempre es el de la subjetividad que porta el pene (no necesariamente falo), me apellidaron “Testa”.

Mis progenitores, así como sus progenitores habían hecho con ellxs, intentaron hacerme aquello que mi nombre y la biología decían que tenía que hacerme: mujer. Mi primer recuerdo vívido es de cuando tenía tres años y mi vieja me encajó un vestido de jean, con unas medias largas de color blanco y zapatos tipo Guillermina. Lloré toda la tarde hasta que me lo sacaron. El inicio de mis memorias viene de la mano del llanto y de la negación a hacer de mi cuerpx un eterno femenino.

El paso por la escuela no fue más amable conmigo que aquel recuerdo primigenio: como iba a una escuela privada (sí, yo caí en el escuela privada y, encima, religiosa), tenía que usar un uniforme que tenía pollera, camisa y corbata. Mis sentimientos estaban divididos: amaba la parte de arriba; odiaba la parte de abajo.

Por suerte, nunca fui muy fácil de llevar y en cuanto tomé conciencia de que me estaban obligando a vestirme como el sistema decía que tenía que hacerlo, me rebelé y le pedí autorización a lx directorx para dejar de ir con pollera y empezar a usar el pantalón de educación física. Me dijo que sí, pero que tenía que usar la camisa y la corbata arriba, en lugar de la chomba institucional. Genial. Pantalón, camisa y corbata. Y así empecé a ir al colegio, a pesar de que la mitad de mis compañerxs se cagaban de risa porque parecía unx ridículx. A mí me importaba un carajo. Mi comodidad valía más que sus burlas. Tenía once años, para doce.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Para esto, ya me había sacado los aros abridores que mis viejxs me habían puesto al nacer, para que se notara que “Sabrina” era una “nena”. Tenía ocho años y le dije a mi mamá que por qué me había puesto esos aros sin haberme dejado elegir primero. “Sacámelos”, le dije. “Nunca más me voy a volver a poner aros”, le dije. Y así fue.

Mi niñez y mi adolescencia fueron el inicio de la deconstrucción de aquella construcción armada desde el nacimiento y antes del nacimiento, por herencia cultural y por el atavismo propio de la pertenencia al grupo familiar. Y como no podía ser de otra manera, salí del closet a los 17 y les dije a todxs que me gustaban las minas. Las lesbianas no son mujeres, dijo Monique Wittig. Y tenía razón…

Definirse como una persona de género fluido, en una época que solo busca certezas, es, cuando menos, la apuesta política por un futuro sin categorías que excluyan. Y es, ante todo, hacerme cargo de quién soy. Yo no soy solamente Sabrina. Yo también soy Santiago Testa y puedo hablar de mí, declinando la /o/, la /a/, la /e/ o escribiendo con /x/. Porque si hablamos de declinar, lo primero que se tiene que caer es el sistema heterocispatriarcal, que sigue sosteniendo la lógica de la dominación y del abuso de lxs cuerpxs, de la violencia amparada bajo la impunidad de un poder judicial que cajonea transfemicidios, travesticidios y femicidios, mientras condena a prisión a una mujer lesbiana que se defiende de sus agresores sexuales y después la larga, porque la presión política pudo más, pero todavía tiene que pensar si la absuelve o no. Lo llamativo es que eso no nos hace ruido.

Estas situaciones están naturalizadas al punto tal de que los medios hegemónicos de comunicación las pasan por alto. Total, las cosas son así. Unxs matan, otrxs mueren. Es la ley capitalista de lx más fuerte. Ahora, si te dan el espacio para decir que tu identidad autopercibida puede vivenciar varias experiencias simultáneas de lxs génerxs, y que por eso te llamás Santiago y Sabrina, te volvés objeto de escarnio, de patologización y de burla. Porque es más normal que nos maten a que nos dejen vivir como se nos cante el culo. Sí, el culo, ese lugar de lx cuerpx que nos iguala a todxs, a todEs.

Mi niñez y mi adolescencia fueron el inicio de la deconstrucción de aquella construcción armada desde el nacimiento y antes del nacimiento, por herencia cultural y por el atavismo propio de la pertenencia al grupo familiar.

IMG_20170715_220019Y si hablamos de igualación, no debemos olvidarnos de que la lengua, en tanto sistema de signos, no es algo dado sino que se hace y se deshace en una práctica cotidiana (y, ahora que lo pienso un poco mejor, la lengua también suele darnos un placer de esos que mejor ni mencionar). Por lo tanto, es innegable que la manera en la que hablamos hoy no será la misma que la que se hable mañana. Y no es cierto que el lexema “todEs” no exista. El lenguaje inclusivo está acá, entre nosotrxs, y si hoy ciertos sectores con una conciencia lingüística anacrónica se debaten acerca de este, evidentemente la pacatería es prueba fehaciente de un germen de existencia que, así como cualquier discurso, puja por el reconocimiento de la comunidad de hablantes. Pero existe, sí, y nos hermana. Que las instituciones no quieran legalizarlo, eso es otro cantar.

Y ahora que me acuerdo, la palabra “homosexualidad” no estuvo incluida en el archivo discursivo sino hasta fines del siglo XIX, época en la que las instituciones le dieron espacio y también el carácter de patología. Pero las prácticas homoeróticas ya se daban desde que el mundo es mundo. Hoy, tenemos matrimonio igualitario y Ley de Identidad de Género, entre otros tantos reconocimientos ganados a costa de deconstruir ciertos discursos. Lo mismo, tal vez, pase con el lenguaje inclusivo, y llegue un momento en el que, sin darnos cuenta, abramos el diccionario y descubramos que la legitimidad lingüística no es solo para algunEs sino para todEs. Igualmente, no necesitamos de un libro de definiciones para saber que somos, que estamos, que habitamos, que luchamos y no descansamos.

Cine argentino y diversidad sexual II

por Emiliano Román

La mirada del siglo XXI (De los chongos amantes al niñero actor).

Con la llegada del nuevo milenio, otras miradas fílmicas de la diversidad sexual se empiezan a representar en el séptimo arte. Producto de años de activismo y militancia de organizaciones LGBT que tuvieron su efecto en lo social, político y cinematográfico.

La lucha comienza en los tempranos años setenta, con el Frente de Liberación Homosexual (FLH), en absoluta clandestinidad y soledad porque las organizaciones revolucionarias del momento no le hacían mucho lugar. El Frente, terminó de desarticularse poco antes de la dictadura. Ya en democracia, la figura de Carlos Jáuregui, fue clave para la visibilidad y adquisición de derechos de personas con diversidad sexual y de género. Esta batalla, de a poco, empezó a marcar agenda política y las conquistas comenzaron a llegar.

Paralelamente, en el ámbito cinematográfico también se dieron movimientos que revolucionaron la narrativa fílmica. En los noventa, en pleno auge neoliberal, toma fuerza el llamado Nuevo Cine Argentino. Un cine de autor, independizado de las grandes productoras, que se enfoca en historias minimalistas, realistas e intimistas, a través de un nuevo mundo representacional ligados a las raíces vernáculas y latinoamericanas.

El cine argentino también se nutre de lo que está pasando en el mundo. En los años noventa, nace en Estados Unidos el New Queer Cinema, como modo de respuesta a la imágenes naifs y estereotipadas que daba Hollywood sobre la homosexualidad. Con versiones más radicales de la diversidad, alejándose de los aspectos positivos o negativos. Por el lado europeo, Pedro Almodóvar ya era una superestrella a nivel mundial con obras que explotaban el lado más profundo y heterogéneo del deseo humano.

plata quemada
PLATA QUEMADA, 2000

En medio de este contexto nuevo, llamativamente las primeras películas que abordaron la diversidad en el año 2000, fueron producciones mainstream: Plata quemada de Marcelo Piñeyro y Apariencias de Alberto Lecchi.

En el film de Piñeyro, El Nene (Leonardo Sbaraglia), y Ángel (Eduardo Noriega), se conocen en un baño público mientras tienen un encuentro sexual, luego se unen a distintos actos delictivos para terminar prófugos de la justicia, junto al tercer integrante “El Cuervo” (Pablo Echarri). Acá no hay representación de la marica, sino al contrario, ambos personajes simbolizan el modelo masculino hegemónico: son machos, rudos, fríos, calculadores y hasta homofóbicos. El Nene violenta a sus levantes en los baños públicos tratándolos de “sodomitas”, y Ángel sufre de alucinaciones acústicas y místicas que le imponen la abstinencia sexual. En los dos casos, aparece un nuevo estereotipo que se va a repetir en varias producciones fílmicas: el chongo.

El chongo es viril, fuerte, seductor, atractivo, no tiene nada visible que se lo asocie con el homosexual. En algunas ocasiones es violento o delincuente, en otras tapado que no asume su pulsión homosexual, y muchas veces bisexual. Los chongos amantes y criminales de Plata quemada, terminan en un triángulo amoroso con una mujer (Leticia Bredice), pero la novedad es que esta vez, el personaje heterosexual es el que se queda afuera.

apariencias4
APARIENCIAS, 2000

Un mes después se estrena Apariencias, con Adrián Suar (Carmelo), y Andrea Del Boca (Verónica). La estrategia de Carmelo para seducirla es hacerse pasar por gay, ya que ella está convencida que él es homosexual. Las maniobras de Carmelo es convertirse en una marica, todos los gais que aparecen en el film responden al estereotipo del mariposón, no hay lugar para otra forma de representación. El punto culmine es el personaje de Fabio Posca, que interpreta a un afeminado, excéntrico y desenfadado, quien inmortaliza la frase: “toda mi vida tuve vértigo en la cola”.

Ese mismo año, sale Esperando al mesías de Daniel Burman. Un joven judío tiene un flechazo amoroso con una mujer que está en pareja con otra chica. Ella le aclara que no es lesbiana, eludiendo todo tipo de etiquetas, sino que se enamora de las personas, no de su género. Lo cual pone en crisis la identidad del joven, en medio de sus rituales obsesivos y religiosos.

Otro heterosexual que se enamora de una lesbiana, es un biólogo en Almejas y mejillones (2000, Marcos Carnevale). Hace de todo para conquistarla, hasta llegar a travestirse y fingir una cirugía de cambio de sexo. Con un final feliz heterosexual, claramente. En el mismo largometraje, Antonio Gasalla interpreta a un transformista y marica melodramática porque su chongo le es infiel.

Los personajes secundarios homosexuales aparecen en varias obras. En Bolivia (2002), Adrián Caetano narra la xenofobia y explotación que padecen los inmigrantes de países limítrofes. En el relato incluye a un personaje homosexual y provinciano, a quien el dueño del bar se resiste a darle trabajo por su orientación sexual. Eduardo Mignona, en La fuga (2002) muestra una relación amorosa entre dos presos con características de chongos, donde uno de ellos muere en el escape de la prisión.

tan de repente
TAN DE REPENTE, 2002

El aporte diferente y radical, viene desde la nueva generación del cine argentino. Diego Lerman con la muy premiada Tan de repente (2002), plantea una historia lésbica novedosa que rompe estereotipos narrativos y estéticos. Mao y Lenin, dos chicas darks deciden secuestrar a Marcia, una gorda bella, aburrida de su vida rutinaria, que no ofrece resistencia al rapto. Una road movie en blanco y negro, muy al estilo Nouvelle Vague, que luego modifica su rumbo cuando terminan azarosamente en Rosario, en la casa de la tía de Lenin. Las tres mujeres cambian de posición subjetiva, a partir de los encuentros que se dan en ese hogar.

vagon fumador
VAGÓN FUMADOR, 2002

La mirada más desenfadada, sin moralismos, siempre nace desde el cine independiente. Verónica Chen, estrena en el 2002: Vagón Fumador. Un punto de vista femenino y queer sobre la prostitución masculina, donde el levante se da en la plaza San Martín, en la cara del mismísimo “Padre de la Patria”. Al sexo lo vemos en cajeros automáticos, desde las cámaras de seguridad. Reni, una chica algo perdida, se enamora de un trabajador sexual y vive las más extremas experiencias para empatizar con su guapo chico, taxi boy.

ronda nocturna
RONDA NOCTURNA, 2004

El tema de los servicios sexuales masculinos, también lo aborda Edgardo Cozarinsky en Ronda Nocturna (2004). Nos lleva de paseo, toda una noche por Buenos Aires, con Víctor (Gonzalo Heredia). Cuando la masa se va a dormir, él sale a trabajar en busca de clientes. El paisaje urbano nos retrata la posmodernidad de una gran urbe latinoamericana: cartoneros, vendedores ambulantes, taxi boys, travestis, hasta embajadores en lujosos hoteles. Parece que a Víctor, el nihilismo de la gran ciudad lo motoriza para su tour pulsional sin dirección alguna, ni orientación sexual definida. Su única arma para sobrevivir a los efectos colaterales del neoliberalismo es su cuerpo, que se torna en objeto de deseo de los otros.

un año sin amor
UN AÑOS SIN AMOR, 2004

Anahí Berneri, nos ofrece en Un año sin amor (2004), un novedoso relato sobre el sida, por fuera de los discursos médicos, moralistas o sensibleros. Pablo (Juan Minujín), es un escritor que tiene el virus en la sangre, esto le funciona como modo de sublimación para escribir una obra sobre cómo se vive con el VIH, a la vez que descubre en las prácticas BDSM, un nuevo goce sexual para tramitar el dolor que le causa pasear por hospitales y la dificultad del encuentro amoroso, que al parecer es más complicada que la enfermedad. Para el virus hay cócteles, para el desamor no.

Los personajes de la obra de Lucrecia Martel se caracterizan por la ambigüedad y la sugerencia poética del deseo flotante, nacido a partir de la tensión incestuosa y homoerótica. Son universos en crisis, con presencia de lo siniestro, en tanto lo reprimido retorna desde lo familiar e inquietante. El clima asfixiante se inhala en la atracción libidinal que siente la hija de la casa por la criada denigrada en La Ciénaga (2000); y en el lesbianismo sofocado del despertar sexual de las adolescentes católicas que esperan la señal de Dios en La niña santa (2004).

El despabilar de la sexualidad adolescente también aparece en Glue (2006, Alexis Dos Santos), encarnado especialmente en Lucas (Nahuel Pérez Bicayart), quien debe lidiar con la inestabilidad de la pareja parental, el seco calor patagónico, el enigma de ser varón y la revolución pulsional que fija su mirada en su amigo chongo Nacho (Nahuel Viale).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Si hablamos de despertares homoeróticos, esto no es exclusivo de la etapa adolescente, también ocurre en la adultez. En Solos (2005, José Glusman), dos treintones amigos, comienzan a convivir luego de sus respectivos fracasos amorosos, sin saber abordar a las mujeres luego de tanto tiempo, empiezan a sentirse cómodos con su mutua compañía y la tensión sexual comienza a hacer ruidos.

Nuevas temáticas empiezan a narrase, como las neo-familias a través de la pareja homoparental. Dos mujeres en una relación amorosa, quieren ser madres en El favor (2004, Pablo Sofovich). El plan es que una tenga sexo con el hermano de la otra, así quedar embarazada y que el futuro hijo tenga los genes de ambas. A modo de sátira teatral, las chicas deben convencer al varón semental y machista, quien se resiste a la propuesta.

El falso documental Adopción (2009, David Lipszyc), está basado en una historia verídica. Reconstruye la adopción y crianza de Juan por parte de una pareja de varones. Juan nació en 1976 y es adoptado a los 8 años de un orfanato. Claro que en esa época, el trámite solo lo hace uno, ofreciendo un supuesto hogar monoparental. El pasado ominoso de Juan retorna desde sus fantasmas, con lo cual el padre adoptivo inicia una búsqueda de la verdadera identidad, en un acto de amor por su hijo.

La fecha del nacimiento de Juan, nos lleva a sospechar que su abandono está vinculado con la dictadura. No hay mucho material fílmico que relacione esta etapa oscura con la diversidad sexual. Se estima que unas 400 personas de la comunidad LGTB fueron desaparecidas durante el gobierno militar. El tema, es una deuda pendiente que tiene el cine argentino para que la memoria no sea un privilegio heterosexual.

Pero si buscamos bien en el cajón, algo encontramos. Más que un hombre (2007, Dady Brieva, Gerardo Vallina) cuenta la historia de Telmo (Luis Ziembrowski), un modista gay del interior que en 1977 refugia en su casa a un joven militante, perseguido por un comando de operaciones. La película repite, en todos los personajes homosexuales, el estereotipo primario de la marica. Pero esta vez, sí es un gran mérito: había que ser valiente para ocultar un prófugo de los militares, y sobre todo tener mucho coraje para ser marica en esa época.

rosa patria
ROSA PATRIA, 2009

Néstor Perlongher, poeta, militante y uno de los fundadores del FLH, decía que la marica al ser varón afeminado es revolucionaria, porque cuestiona la sociedad machista y fálica. Santiago Loza reconstruye la vida y obra de este intelectual en el magnífico documental Rosa Patria (2009), en el cual, además del pensamiento de Perlongher, se recogen testimonios de como los edictos policiales avalaban la represión a los homosexuales, inclusive en épocas pre dictadura, sobre todo con la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). “El tiempo de los mata putos”, afirma Fernando Noy en el film.

Por amenazas de la Triple A, Manuel Puig, uno de los escritores con más renombre internacional y cofundador del FLH, decide irse del país. Vereda Tropical (2004, Javier Torre), relata sus años de exilio en Río de Janeiro, aunque ambientada a finales de la década de los ochenta. Aquí se muestra a un Puig (Fabio Aste), caprichoso, un tanto vanidoso, temeroso de contraer el sida y persiguiendo a cuanto chongo carioca se le cruce por la ciudad, pero con un sentimiento de soledad desgarrador.

xxy
XXY, 2007

A esta altura, podemos ver como a diferencia de lo representado en el siglo pasado, la diversidad sexual se la aborda desde tópicos más complejos y heterogéneos. Lucía Puenzo, en su ópera prima XXY (2007), plantea un tema bastante invisibilizado hasta el momento: la intersexualidad. Alex (Inés Efron), es adolescente, nació con lo que antes se llamaba hemafroditismo. Creció tomando medicación que suprimían los caracteres sexuales secundarios masculinos. La solución que ofrece la medicina es la castración. El punto de vista del film es desde el padre (Ricardo Darín), un biólogo marino que tiene el dilema si es necesaria esta mutilación. El despertar sexual de Alex irrumpe ante la mirada de su padre, cuando conoce a un joven que tiene dudas sobre su orientación sexual.

el ultimo verano de la boyita
EL ÚLTIMO VERANO DEL BOYITA, 2009

En el 2009, la realizadora rosarina Julia Solomonoff vuelve a plantear esta cuestión en El último verano de la boyita, aunque su mirada la enfoca desde la diversidad cultural, a diferencia de Puenzo que lo hace desde el discurso biologocista. Jorgelina (Guadalupe Alonso), es una preadolescente, en plena etapa de curiosidad sexual, que decide ir a pasar unos días al campo con su padre, allí se vincula con Mario (Nicolás Treise), un niño campesino, formado para ser un peón rural.

El encuentro entre ambos, irá develando lo real en el cuerpo de Mario que se impone pero desconoce. La menstruación produce perplejidad. Solomonoff crea un relato con sutileza y moderación sobre la construcción de los géneros en el ámbito agreste. Mientras que en Alex, el tema es muy hablado, en Mario es silenciado e ignorado. A Alex, el “saber” médico le impone ser mujer; a Mario las necesidades agrarias lo condenan a ser varón.

La Leon2007 Real : Santiago Otheguy Daniel Valenzuela COLLECTION CHRISTOPHEL
LA LEÓN, 2007

La sexualidad no heteronormativa en un contexto rural, también es narrada en La León (2007, Santiago Otheguy). Una historia rodada en medio de los juncos del Delta, donde el solitario Álvaro (Jorge Roman), sufre el acoso homofóbico del Turu (Daniel Valenzuela), quién lo acusa de raro por no conocerle nunca una mujer. El problema es que Álvaro depende mucho del Turu, porque es el lanchero que lo acerca a la ciudad.

vil-romance
VIL ROMANCE, 2008

El cine de José Campusano, se especializa en la crudeza de historias situadas los suburbios bonaerenses. Con Vil romance (2008), tenemos un relato duro y violento, de un amor pasional entre un joven desempleado y un chongo rudo con trabajos un tanto extraños. El film indaga la violencia doméstica en una relación y como el machismo se puede instalar también en un vínculo homosexual.

el niño pez
EL NIÑO PEZ, 2009

La violencia de género, muchas veces naturalizada por una postura cinematográfica patriarcal, va adquiriendo mayor visibilidad. Lucía Puenzo, la desarrolla bajo un enardecido tinte dramático en El niño pez (2009). Un romance lésbico entre la hija de un juez, Lala (Inés Efron), y su empleada doméstica paraguaya Guayi (Emme), quien sufrió abusos sexuales de su padre, el patrón y más tarde sometida a trata de blancas. Un abanico de temáticas que develan la violencia física, psicológica y simbólica que se ejerce por la condición de ser mujer e inmigrante. Pero es el deseo de la protagonista el que resiste y marca el ritmo narrativo de la historia. Hay una escena, en la que Lala va a visitar a Guayi a un instituto de menores, donde es acosada verbalmente por las internas. Nuevamente el lesbianismo aparece asociado a la prisión.

leonera-01
LEONERA, 2008

Leonera (2008, Pablo Trapero) es un drama carcelario de mujeres, que supera los estereotipos presentados en el siglo pasado. Si bien, hay aisladas situaciones de acoso lésbicos y relaciones lesboeróticas entre Julia (Martina Gusman), y Marta (Laura García), la diferencia radica en que hay ausencia de villanas lesbianas y su condición sexual no es lo que las convierte en delincuentes, sino que el vínculo erótico se da a partir del lazo amoroso que se arma en situación de encierro. También es interesante como representa la sororidad entre mujeres privadas de su libertad, en especial cuando hay un punto de identificación que es la maternidad.

Una temática muy poco desarrollada en las representaciones fílmicas, es la diversidad sexual en adultos mayores. Daniel Burman, lo aborda, aunque muy tímidamente, en Dos hermanos (2009). Marcos (Antonio Gasalla), es un gay sexagenario que cumple con el destino impuesto a muchos varones homosexuales: cuidar de su madre hasta que muera. La sexualidad de Marcos aparece casi extinguida, solo manifiesta cierta atracción con el profesor de teatro. No hay lugar para el cuerpo y mucho menos para el goce sexual.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La sexualidad en las vejeces, también la podemos ver de manera sugerida en Lengua materna (2010, Liliana Paolinelli). Cuando Ruth (Viriginia Innocentti), le confiesa a su madre, Estela (Claudia Lapacó), que es lesbiana. Despierta en esta una curiosidad acerca de la sexualidad de su hija, que en realidad es más una pregunta acerca de su propia sexualidad. Con un rasgo maternal intrusivo, lee teorías psicoanalíticas, va al peluquero gay del barrio, frecuenta bares lésbicos con una amiga y en ese querer saber, se entromete en la relación de Ruth y su pareja.

En el año 2009, se presenta la primera película del realizador Marco Berger, quien en toda su obra tiene un denominador común: el explícito homoerotismo. Plan B (2009), trata de un muchacho que juega a seducir al novio de su ex novia. La tensión sexual, entre estos dos pibes de barrio, no tarda en llegar. En Ausente (2011), un alumno se obsesiona y acosa a su profesor. Vuelve a jugar con la libido flotante de dos amigos de la infancia que de repente se encuentran solos en una casa quinta en el film Hawaii (2013). Todas sus películas se destacan por el recorrido pulsional de la cámara, enfocada en miradas y cuerpos. Sus personajes repiten el estereotipo de ser atractivos, chongos y en su mayoría tapados.

Otro cineasta que suele abordar la temática LGBT, es Santiago Giralt. En una de las varias historias que relata en Toda la gente sola (2009), Damián (Elías Viñoles), es un joven gordo que trabaja en un hotel, y fija la mirada en el chongo del pastor evangélico (Alejandro Urdapilleta). Damián, debe recorrer el camino de asumir su deseo y vencer los prejuicios de su diversidad corporal.

En el 2010, llega la conquista impensada: el matrimonio igualitario. Además de reconocer los mismos derechos que las parejas heterosexuales, tiene un efecto simbólico en la sociedad, porque la diversidad sexual, encima de no ser una enfermedad, es una figura legal, con un estado que la avala. Cinematográficamente comenzaron a representarse algunas cuestiones naturalizadas de estar en pareja, sin caer en el cliché de amor prohibido.

amar es bendito
AMAR ES BENDITO, 2013

Liliana Paolinelli, pone a circular el problema de la monogamia, cuando en una pareja hay amor pero el deseo comienza a circular por otros lados. En Amar es Bendito (2013), Mecha y Ofelia llevan varios años juntas, hasta que aparece una tercera que devela una crisis en el modelo preestablecido. La solución pasa por ponerle fin al monogamia, tener historias paralelas y contarse todo cual amigas, pero hasta qué punto se puede sostener esto, cuando el narcisismo está en juego y en la sociedad todo está armado para la vida de a dos.

el-tercero-3
EL TERCERO, 2014

Rodrigo Guerrero le encuentra una variable al tema en El tercero (2014). Una pareja de varones treintañeros, invita a un joven a participar de un trío sexual. Cenan, se embriagan, tienen sexo y duermen juntos. El punto de vista es desde el invitado, Fede (Emiliano Dionosi), un muchacho algo tímido, a quien dicho encuentro le funcionó de manera reveladora: hay otras formas de vivir el amor.

A Fede, lo contactan por internet, una nueva manera de levante dada en este siglo. Antes la posibilidad era cara a cara, ya sea en las calles, baños públicos o discos de ambiente gay, ahora conocer gente, es más privado, ágil y multiplica las opciones, pero también trae sus riesgos. En el thriller Solo (2013, Marcelo Briem Stamm), Manuel conoce por chat a Julio, lo invita a su casa y se encuentra con un ser tan atractivo como controlador e invasivo. Lo que implica algunos peligros, porque ninguno sabe bien quién es el otro y los estereotipos a veces engañan.

Putos Peronistas
PUTOS PERONISTAS, CUMBIA DEL SENTIMIENTO, 2012

Las nuevas conquistas y revoluciones tecnológicas modificaron notoriamente la manera en que se dan los vínculos subjetivos, pero también sociales. Parte de los logros y convocatoria de las organizaciones LGBT, se debe al uso que le dieron al recurso de las redes. El documental Putos peronistas, cumbia del sentimiento (2012, Rodolfo Cesatti), sigue a una agrupación militantes de “putos, tortas y travas”, que sostienen: “el puto es peronista, el gay es gorila”. Desde el partido de La Matanza, construyen una organización que logró un importante impacto, gracias a su repercusión en las redes sociales, participando en todas las luchas y reivindicaciones que se dieron en los últimos años. Rescatan la figura de Néstor Perlongher y el FLH, a quienes consideran verdaderos héroes, al poner el cuerpo en situaciones tan adversas. Toman el mismo lema que ellos utilizaron alguna vez, extraído de una frase de la marcha peronista: “para que reine en el pueblo el amor y la igualdad”.

la peli de batato
LA PELI DE BATATO, 2012

Y si hay que recuperar personajes emblemáticos, en honor a la memoria por la diversidad, no puede faltar el nombre de Batato Barea. Peter Pank y Goyo Anchou en el imprescindible documental La peli de Batato (2012), recuperan la luz de esta figura representante del movimiento contracultural de los años ochenta. Clown, poeta y travesti, Batato fue un revolucionario urbano salido desde lo más profundo del underground. La película se sumerge en ese ambiente con exhaustivo material de archivo de sus bizarras performances, entrevistas a su entorno, pero también incluye confesiones del mismísimo artista, que desnuda su subjetividad ante la cámara. Batato, no soportaba guiones, ni en el escenario, ni en la vida. Sus performances eran militancia de la disidencia, alejado de etiquetas y rótulos, decide ponerse “tetas” sin dejar de llamarse como varón. Un verdadero personaje queer que habitaba esta ciudad, cuando casi nadie se animaba a serlo.

mia
MÍA, 2011

Ser travesti en una sociedad machista, siempre fue difícil. Una identidad clandestina, negada y condenada a la desigualdad. La cinematografía argentina tampoco ha hecho muchas innovaciones al respecto. En las ficciones, los personajes trans, suelen ser muy secundarios o decorado de escenas que representan el ambiente homosexual o la prostitución. Igual hay excepciones, en Viudas (2011, Marcos Carnevale), Martín Bossi encarna a la empleada doméstica travesti de Graciela Borges, siendo el personaje más atractivo de la historia. Pero es Javier Van de Couter con Mía (2011), quien filma la primera historia con una actriz protagónica trans (Camila Sosa Villada), quien interpreta a Ale, una chica trans que vive en la aldea rosa, un asentamiento que en los noventa, albergaba a maricas y travestis. Para sobrevivir, Ale se la rebusca como cartonera, costurera y a veces el trabajo sexual. Pero es el deseo y amor materno lo que se pone en juego en el relato, a partir que encuentra el diario íntimo de la madre fallecida de Julia, quien quedó a cargo de su padre alcohólico, encarnado por Rodrigo de la Serna. La aldea rosa fue cruelmente destruida en 1998, por orden de un juez.

T
T, 2016

En el año 2012, se sanciona la Ley de Identidad de Género de Argentina, única en el mundo, que permite a las personas trans ser inscriptas en sus documentos según el género que se autoperciban, asimismo todos los tratamientos médicos de reasignación de sexo, en caso que lo soliciten. El documental Fiesta con amigxs (2013), de Pablo Oliverio, rescata los momentos en que se discutió la Ley en el parlamento, además que nos permite compartir la cotidianeidad de dos mujeres trans, meses anteriores a esta conquista y poder entender lo importante de esta lucha. Juan Tauil en T (2016), hace un indispensable trabajo de investigación, acerca de la realidad de exclusión y marginación que es condenado el colectivo trans, cuya edad promedio de vida no pasa los 35 años, junto con la militancia de activistas imprescindibles como fueron Lohana Berkins y Diana Sacayán, entre otras.

Otro documental Yo nena, yo princesa (2014, María Aramburu, Valeria Pavan), aborda la temática infancias trans, ofrece una construcción de como Luana comenzó a vivir su femenidad. Los obstáculos sociales, científicos y educadores frente a una menor que biológicamente es varón, pero desde lo psíquico marca claramente una autopercepción femenina.

Esteros2
ESTEROS, 2016

El formato digital, las escuelas de cine, los festivales cinematográficos, entre los cuales se encuentra el Festival Asterisco de temática LGTBIQ, posibilitaron que en los últimos años se proyecten muchas historias que hablan la diversidad sexual. En Al cielo (2012, Diego Prado), un adolescente asiste a una iglesia evangélica porque le gusta un guitarrista que ensaya ahí. Natalia Meta recrea la noche gay de los ochenta en Muerte en Buenos Aires (2014). El naturalizado camino iniciático lésbico que se plantea en Atlántida (2014, Inés María Barrionuevo). El hipnótico relato vanguardista, barroco, lisérgico y antipatriarcal que nos hace Goyo Anchou en Heterofobia (2015). El recorrido que transita en El color del invierno (2015, Cecilia Valenzuela Gioia), la joven fóbica salteña para encontrarse con su deseo. La bella historia de amor, narrada en dos tiempos (niñez y adultez), que cuenta Esteros (2016, Papu Curotto). La fresca y dinámica comedia dramática Como una novia sin sexo (2016. Lucas Santa Ana), y su mirada sobre la amistad y la libido que circula en ella.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Marco Berger, cambia de registro en Mariposa (2015), crea su historia más arriesgada y compleja. Cuenta con un personaje que en un mundo siente atracción por su mejor amigo, y en el otro tiene fijación erótica por los hermanos de sus novias. Con Taekwondo (2016), co-dirigida con Martín Farina, vuelve a su fórmula homogénea de chongoerotismo y tensión sexual con un festín de planos cerrados de miradas, bultos, culos y torsos masculinos. Santiago Giralt realiza una road movie completamente gay y rural en Jess & James (2016), con esos dos chicos que se conocen a partir de un encuentro sexual y salen a la ruta en busca de aventuras. En la almodovariana Primavera (2016), rescata la figura de la marica en el personaje que interpreta Nahuel Mutti, pero lejos del estereotipo caricaturesco, sino desde una mirada lúdica y rica en matices.

el puto inolvidable
EL PUTO INOLVIDABLE, 2016

En la última edición del Festival Asterisco, se estrena El puto inolvidable (2016, Lucas Santa Ana). El nombre de Carlos Jáuregui, merecía un documental como este, por su lucha, militancia, valentía, y generosidad; por haber sido un revolucionario, visibilizando la diversidad sexual en medio de un contexto muy heteronormativo; por haber impulsado la Marcha del Orgullo Gay cuando eran apenas unas poca locas solas; por enfrentar esta lucha en los tiempos que el sida acribillaba a sus compañeros y generaba paranoia en la sociedad; por plantar las bases para las leyes de vanguardia que llegaron más tarde; y sobre todo por facilitarle la vida a las generaciones que vinieron después.

nadie nos mira 4_Por último, este año se estrenó en los cines, la nueva película de Julia Solomonff: Nadie nos mira (2017). Una historia que trasciende todo tipo de estereotipos. Nicolás (Guillermo Pfening), no es ni marica, ni chongo, ni tapado, ni patológico. Tiene su sexualidad resuelta y sus conflictos subjetivos van más allá de la orientación sexual. El también subvierte y padece los estereotipos. Mientras emigra a New York para cosechar una carrera como actor, trabaja de niñero y no consigue papeles porque es demasiado gringo para hacer de latino, y demasiado latino para hacer de gringo. La búsqueda de nuevos rumbos profesionales esconde la huida de una relación amorosa desbastadora. Solomonoff ubica en un personaje gay, un dilema que se propaga en cualquier sujeto más allá de su condición sexual y de género: el deseo de una mirada que no lo reduzca a puro objeto.

Todas estas historias, sobrepasan los estereotipos presentados en el siglo pasado. Dan cuenta del inmenso abanico que abarcan las sexualidades humanas. Los nuevos paradigmas apuntan a superar lo singular para pensar la cuestión desde lo plural, no se trata de lo masculino o lo femenino, sino de masculinidades, feminidades y otras subjetividades más allá del marco binario. También abordarlo a partir de heterosexualidades, homosexualidades, transexualidades, intersexualidades, etc. El desafío cinematográfico de la diversidad es no caer en la trampa de lo normalizador y homogeneizante, desde un prototipo estético aceptable. No representar solamente a personajes jóvenes, bellos, de clase media y cisgénero, sino también tener en cuenta, a la hora de la mirada fílmica, diversidades etarias, corporales, sociales y genéricas. Esto es parte del inmenso legado que nos dejaron Perlongher, Batato, Jáuregui, Lohana y Diana.

La hora de las travas

IDENTIDADES TRANS EN LA PANTALLA DEL SIGLO XXI

por Iván Paz

“reivindico mi derecho a ser un monstruo
y que otros sean lo normal”
Susy Shock

En el canon normativo de “diccionario”, las definiciones sobre las identidades de la disidencia sexual trans* se resumen en dos conceptos reconocibles: transgénero y transexual. Transgénero corresponde a aquellas personas cuya identidad de género no se adecua a su sexo asignado biológicamente. A su vez, la transexualidad refiere a aquellas personas que tampoco se sienten definidas por el sexo que les fue asignado, pero que, médicamente, han cambiado su sexualidad física con el fin de adecuarla a su género deseado. Ahora bien, en nuestro país, la tradición sudaca de lo travesti ha logrado conformar a lo trava como una identidad más dentro de la disidencia que, simplificadamente, se podría corresponder con la definición canónica de lo transgénero pero que es, en sí misma, una categoría más en términos de identidad, y es una identidad política. El ser-travesti como identidad se separa de las pretensiones de adecuarse a la binaridad sexo-genérica, en tanto no hay en las travas intenciones de constituirse a sí mismas como mujeres o varones, sino que la militancia que las caracteriza parte de la lucha por considerar a lo travesti como algo separado de aquel binarismo, y como identidad en sí misma. La mayor exponente en los últimos años en términos de la constitución de lo trava fue la gran Lohana Berkins, quien supo sintetizar en su cuerpo y su militancia lo que es la identidad travesti. Lohana se preguntaba, textualmente, por qué elegir entre los dos géneros, “como si estos géneros fueran la panacea del mundo, uno por opresor y la otra por oprimida”. Su autopercepción, que se ha ido modificado con el correr de los años, partió de la lucha por el derecho a decirse mujer, y culminó, hacia el final de su vida, con la reivindicación de lo travesti por sobre toda otra identidad normativa. Lohana se sentía, se decía y viviía como trava. En consonancia con el imaginario social, aquí lo travesti está (por su historia) asociado al trabajo sexual, es decir, al flagelo de la prostitución. Como tal, se constituyó desde sus orígenes, como mencionábamos, en una identidad muy política.

lohana2
Lohana Berkins fue una activista transgénero argentina, ​​ defensora e impulsora de la identidad transgénero.

Ahora bien, en la tradición yankee, de la cual proviene gran parte de la teoría epistemológica de lo trans*, el término transvestite refiere a cualquier persona que viste de formas que convencionalmente pueden ser atribuidas al sexo puesto, y que actúa en consecuencia. Es un término que no deja de estar ligado a concepciones médicas, al igual que la transexualidad en sí misma, que está ligada a percepciones medicalizadas de las identidades de las personas. No refiere tanto a una identidad, más sí a una práctica. Lo transvestite está asociado a la práctica de aquello que denominan cross-dressing, y refiere más que nada a hombres, usualmente heterosexuales, que llevan a cabo susodicha práctica con fines sexuales (fetichistas) o como una forma de desafío de los estándares sociales, podríamos pensar, como el personaje de Max Klinger en la vieja serie M.A.S.H.

Como vemos, este intrincado juego de definiciones e identidades presenta una complejidad en sí mismo que, en muchas ocasiones, presta a confusiones. Actualmente, en nuestro país, los movimientos de la disidencia sexual se están cuestionando a sí mismos ciertos límites y ciertas costumbres en lo que hace a sus propias conformaciones como movimientos. Así como las mujeres de los feminismos exigen que sus espacios de lucha sean ocupados por mujeres, y exigen a los hombres que su militancia comprenda un cuestionamiento de sus privilegios, los movimientos trans* han comenzado a cuestionar el problema de las voces. ¿Quién puede hablar sobre las personas trans*? ¿Tienen los hombres y mujeres cisgénero derecho, formación, experiencia suficiente como para estudiar a lo trans*? ¿Los hombres gays, como miembros de las comunidades sexuales disidentes, pretenden tomar palabra en los estudios de lo trans* y hablar por todas aquellas personas que, en última instancia, quedan reducidas a sujetos de estudio?

Natypostedit
Naty Menstrual es artista integral, escritora, artista plástica y diseñadora.

¿Faltan personas trans* en la academia, o sobran personas de la academia que se arrogan el derecho a hablar de lo trans*? Todas estas preguntas, así como aquellas que refieren a las alianzas entre los movimientos trans* y los feminismos, entre otras cosas, se encuentran constantemente en boga. En términos culturales, el uso del arte como herramienta política es algo muy común en dichas comunidades de nuestro país: como experiencia dentro de lo travesti, tenemos a la Cooperativa Arte-Trans, fundada y dirigida por la artista trava Daniela Ruiz, que nació como medio de lucha contra la marginación. También, contamos con la performer transudaka Susy Shock, a quien podemos ver asiduamente en Casa Brandon, en la Ciudad de Buenos Aires, regalándonos su voz, y del mismo palo proviene Naty Menstrual, otra transgresora artista integral. Marlene Wayar, discípula de la política Lohana Berkins y exponente de la comunidad trans*, estaría de acuerdo en considerar al arte como medio de expresión de las comunidades, como herramienta de lucha (http://www.revistaanfibia.com/cronica/fluidos-trans-arte-y-performance-queer). Nuestra tradición cinematográfica, como fue mencionado en el artículo Cine argentino y diversidad sexual  ha dado cuenta de un activo rol del travestismo en la narrativa de nuestra ficción. En la segunda parte de dicha nota se sigue indagando al respecto. En la televisión, muchos recordaremos al no tan feliz personaje de Florencia de la V en Los Roldán, una de las pocas (sino la única) experiencia trans* que nos ha narrado la pantalla chica. Como vemos, para ser un país que alberga a la tradición trava como identidad política, la historia de nuestro cine responde, contadas pero no por eso despreciables veces, a las demandas de la historia. Nuestra televisión, no tanto. Partiendo de todos estos cuestionamientos, yéndonos desde nuestra tradición hacia los terrenos de la industria cultural masiva, indagaremos cómo las identidades trans* son tomadas desde las pantallas (el cine, las series televisivas) y cómo, en este siglo XXI testigo de la queerización de las comunidades, les debemos a las identidades trans* más historias de las que podamos reconocer.

PARTICIPACION-PROGRAMA-ROLDAN-HACE-ANOS_IECIMA20101124_0065_12
Flor de la V, actriz, conductora y directora trans, en la piel de Laisa Roldán. Los Roldán, 2004.

transparent (1).jpgEn principio, ¿qué ha sido, en los últimos 20 años, de la representación de lo trans* en la pantalla hegemónica? Para comenzar el análisis, propongo tomar lo que considero son dos casos paradigmáticos sobre el tema: la serie televisiva Transparent, y la premiada película The Danish Girl. Transparent, la también cuantiosamente premiada serie de Amazon Studios creada por Jill Solloway, nos narra la historia de la tardía conversión de Mort, el personaje principal interpretado exquisitamente por un talentosísimo Jeffrey Tambor, a Maura. Ex profesor, padre divorciado de tres hijos, la serie comienza por mostrarnos los primeros pasos de la metamorfosis de Morth hacia Maura, la mujer transgénero con la que compartiremos las primeras tres temporadas. (Ex) patriarca de una disfuncional familia californiana, Mort/Maura nos plantea emocionantes facetas de una mujer trans* que comienza por no saber cómo “salir del clóset” (de las travas) ante sus hijos, y que culmina, hacia el final de la tercera temporada, planteándose a sí misma la necesidad de someterse a una cirugía de cambio de sexo. Con tintes de comedia y no pocas situaciones dramáticas, llevándonos a recorrer además la vida de sus hijxs y la influencia de la familia en la constitución de Maura como persona, Transparent es una propuesta transgresora y, personalmente, una de las series que más me ha conducido a pensar los vínculos entre el género y la pantalla. Por otro lado, The Danish Girl, protagonizada por un Eddie Redmayne nominado a mejor actor en los premios Óscar, nos cuenta la historia del drama de la pareja de artistas daneses Einar y Gerda Wegener, cuya vida da un inesperado giro cuando Einar, sustituyendo a una de las mujeres modelos femeninas de su mujer, comienza a tomar un gusto especial por sus apariencias femeninas, y es testigo de cómo los retratos de su mujer son un éxito comercial. Lo que en principio comienza como una aventura decantará, a lo largo del filme, en una metamorfosis intensa e inesperada para Einar, quien nos relata en primera persona las vivencias de su verdadera yo, Lili Elbe. Como vemos, ambas historias narran la transición en dos personas que, en primera instancia, ostentan determinados privilegios de clase. Esto es, quizás, lo que les permite contar historias que trasciendan a la mera supervivencia, a las condiciones materiales de existencia, y se encaminen directamente en los sendos caminos de la más pura subjetividad. En ambas historias, además, hay muchas otras cosas en común: transformaciones inesperadas, lugares comunes y poco comunes, hombres que dejan de serlo, mujeres que devienen, y dos aclamados y brillantes protagonistas. Sí: dos hombres. Dos hombres interpretando a personas trans*.

UK_DanishGirl_Payoff_1Sheet.jpgEn este siglo, la industria cultural pareciera haber tomado partido por la necesidad de contar la historia de las personas trans*, sobre todo las mujeres. Considero a Transparent y The Danish Girl como ejemplos paradigmáticos de esto no sólo por las múltiples nominaciones y premiaciones que han recibido, sino por las excelentes performances que nos presentan y las muy bien narradas historias que las componen. Sin embargo, haciendo un recorrido por el principal repertorio de historias trans* en la pantalla, notamos que la tendencia se profundiza: hombres y mujeres cisgénero, en la mayoría de los casos heterosexuales, interpretando a hombres y mujeres trans*. Lo hemos visto a comienzos de siglo, por ejemplo, en Todo sobre mi madre (1999) de Pedro Almodóvar, cuya historia se basa en la travesía del personaje de Cecilia Roth tras la muerte de su hijo para encontrar al padre del mismo, una mujer trans* llamada Lola e interpretada por Toni Cantó, cuya amiga Agrado, otra mujer transexual, es interpretada por Antonia San Juan. Lo vemos también en Boy’s Don’t Cry (1999), la biografía de Brandon Teena, un hombre trans* que fue violado y asesinado en Nebraska y que es interpretado en la pantalla por Hilary Swank, rol por el cual fue premiada por la Academia (además de aquel reconocido de Million Dollar Baby). En la adaptación fílmica del musical Hedwig and the Angry Inch (2001), John Cameron Mitchell adopta el doble rol de director y protagonista al ponerse en la piel de una transgénero alemana líder de una banda de rock que sobrevivió a una fallida operación de cambio de sexo, contándonos la historia de sus desventuras en el amor y los negocios y llevándonos a explorar su pasado y su identidad. Normal_FilmPosterTenemos, también, a Normal (2003), que nos narra la historia de Roy, de cómo se constituye como mujer encerrada en el cuerpo de un hombre (casado con Jessica Lange, vale mencionar) e interpretado por Tom Wilkinson; Transamerica (2005), película independiente estadounidense que nos cuenta cómo Bree, una mujer trans interpretada por la mujer cis Felicity Huffman descubre, a punto de someterse a una vaginoplastía, que tiene un hijo que busca a Stanley, su identidad “anterior”; y no podemos olvidarnos, por supuesto, del éxito de Jean-Marc Vallée, Dallas Buyers Club, y el personaje transexual de Ryon interpretado mágicamente por un inspirado Jared Leto. Como vemos, el patrón se repite. También más al norte, desde Canadá, e incluso desde París, en el viejo contintente, hay dos películas, en mi consideración, excelentes: Laurence Anyways (2012) de Xavier Dolan, y une_nouvelle_amie_the_new_girlfriend-829295087-large.jpgUne nouvelle amie (2014) de François Ozon. La primera de ellas nos narra la historia, ambientada entre fines de los ’80 y principios de los ’90, del amor imposible entre una chica llamada Frederique (Fred), y Laurence, un novelista y profesor de literatura que nos va develando su profundo deseo de convertirse en su verdadero ser, una mujer, y que es interpretado por el francés Melvil Poupaud. A lo largo de casi tres horas, nos ubicamos en la perspectiva de Fred para entender cómo la vida de Laurence ha sido una mentira, teniendo que comportarse como hombre sin sentirlo realmente, y cómo es que toma la decisión de rectificar dicha situación, acompañado obviamente por los dramas y contratiempos que debe afrontar. La obra de Ozon, una fiel muestra del estilo rebelde y transgresor del director, se aleja quizás demasiado de la épica espirituosa de Dolan (que ya nos devela con el propio nombre de la película, la cual acaba con la bella alocución “c´est Laurence Anyways” y que hace referencia constante a la importancia de la esencia real de las personas) y se centra en las fronteras del drama erótico, narrándonos cómo el personaje de Claire descubre el secreto mejor escondido de su fallecida amiga Laura, el cual comprende la verdadera identidad del marido de ésta última, David, ex príncipe azul devenido en mujer transexual, Virginia. La amistad clandestina que se forjará entre ambas, interpretadas por Anaïs Demoustier (Claire) y el francés Romain Duris (David/Virginia), sienta las bases de un subversivo y entretenido filme quizás demasiado poco político. En ambos casos, distintas perspectivas sobre personas trans* en distintos lugares del planeta se aúnan, nuevamente, con la tendencia que venimos analizando: personas trans* (muy bien) interpretadas por hombres cisgénero.

Como buena regla, dicha tendencia tiene también sus excepciones. En la pantalla grande, la película Tangerine (2015) de Sean Baker (padre del delirante Greg the Bunny) presenta a Sin-Dee Rella, una trabajadora sexual transgénero que descubre a su novio y proxeneta engañándola con una mujer cisgénero. Filmada en primera persona íntegramente con smartphones iPhone, la película nos propone un divertido drama a través de la aclamada performance de Kitana Kiki Rodríguez, la mujer trans* encargada de dar vida a nuestra protagonista. Escapándonos a la TV, este año pudimos ver a la ambiciosa producción When We Rise, una miniserie basadas en la autobiografía del mismo nombre escrita por Cleve Jones, viejo pionero y militante de los derechos LGBT en EE.UU. quien trabajó, entre otras cosas, codo a codo con Harvey Milk. La propuesta de When We Rise es interesante en dos sentidos: por un lado, nos muestra el verdadero rol que las mujeres transgénero (en su mayoría negras, también latinas) tuvieron en los eventos previos que dieron forma a los disturbios de Stonewall, que, como sabemos, fueron la primera ocasión en la historia de los EE.UU. en que la comunidad LGBT luchó contra la opresión del sistema, y que son reconocidas como el nacimiento a nivel mundial del movimiento moderno LGBT. Por otro lado, en la serie podemos ver a la actriz Ivory Aquino, quien interpreta a la activista trans* Cecilia Chung y que decidió, previo a aceptar dicho papel, develar al mundo que es realmente una mujer transgénero. En ambos casos, tanto Tangerine como When We Rise son dos instancias en las que, efectivamente, podemos ver a personas trans* interpretando a personajes trans*. Sin embargo, ¿es suficiente? Por supuesto que no.

movieposter

En el año 2016, en la 68° entrega de premios Emmy, Jeffrey Tambor, el protagonista de Transparent, fue (debidamente) galardonado con el premio de mejor actor principal en comedia por su rol de Maura, una mujer trans*. En su discurso de agradecimiento, pronunció unas palabras que no quiero dejar de mencionar, que me llevaron en su momento a pensar con profundidad la cuestión de las identidades trans* en la pantalla, a escribir sendos trabajos sobre la relación imagen-género en Transparent y, en última instancia, inspiraron esta nota. Tambor dijo:

No voy a decir esto bellamente. Pero a ustedes, productores y dueños de cadenas, y agentes, y mentes creativas, por favor den una oportunidad al talento transgénero. Denles audiciones. Denles su historia. Hagan eso. Y también, una cosa más: yo no estaría descontento si fuera el último hombre cisgénero en interpretar a una mujer transexual en la televisión. Tenemos trabajo que hacer.

El desafío está planteado. Desde nuestro lugar sudaca, seguramente le debamos a la furia trava muchas historias que contar. El problema de las voces, del debate de quién habla por quién, está latente hoy en día en las comunidades de la disidencia sexual. El arte y la cultura, tal vez, deberían hacerse un eco más fuerte respecto al rol que queremos que las identidades trans* jueguen en dichos ámbitos, respecto de cómo y para qué. El siglo XXI trajo aparejado un estallido de las luchas de las mujeres, de las reivindicaciones de los movimientos LGBT y los alcances de la recepción que las sociedades tienen para con dichas comunidades. En términos de la pantalla, el cine y la televisión no han quedado exentas de dicha tendencia, y en lo que refiere a las personas trans*, aún menos: de eso hemos intentado dar cuenta aquí. Sin embargo, el hecho de que, como dijo Jeffrey Tambor, aún no podamos garantizar plenas oportunidades a los talentos transgénero es parte del desafío que aún tenemos por delante. Deseamos que el cine y la televisión, en EE.UU. y en Europa y por supuesto aquí, no sólo sientan la responsabilidad de contar historias trans*, sino que también consideren necesario que las cuenten sus verdaderxs protagonistas. El objetivo es que la lucha contra los roles de género, para todos los que sentimos que el arte también es combate, no se quede sólo en las performances, sino que sea también una forma de garantizar el acceso a más oportunidades para todxs aquellas personas que, ya sea dentro o fuera del binario, desean expresar lo que realmente son. Queremos más Jeffrey Tambor, más Eddie Redmayne haciéndonos reir y emocionar hasta las lágrimas, sí: pero también queremos más Kiki Rodríguez e Ivory Aquino. Y que sean mayoría. Porque como decía Lohana Berkins, el tiempo de la revolución es ahora.

El saco de historias de Sebastián

por Gerardo van Junker

¿Por dónde empiezo? A ver… tienen que leer este libro. Esa es la excusa que nos reúne este momento. “Un saco de cuentos”, un título con doble intención. Por un lado, el de homenajear a Stephen King y, por el otro, la forma perfecta para enmarcar las temáticas que abordan estas historias y de esa manera evitar encasillarse en etiquetas como “un libro de terror”, o “un compendio de relatos fantásticos” y es que Sebastián De ZalduaLeveque es un ingeniero del relato, más adelante les voy a explicar por qué. Es la suma de todos los libros que ha leído, la suma de todos los escritores que lo han influenciado. Los amantes de Cortázar lo reconocemos en las historias de “Un saco de cuentos” como nos pasa también a los amantes de Borges y Stephen King. Sigue la tradición cuentística argentina y, sin embargo, hace más que eso. Aprendió de la tradición para hacer su propio camino.

Sebastián forma parte de una generación joven de escritores atravesadados por hechos que los contextualizan: Primero, la llegada de internet en su adolescencia. A mediados de la década pasada, los cybers y el wifi gratuito en la provincia de San Luis abrieron las puertas a música, películas, autores, series. Internet les proporcionó las herramientas y esta generación supo aprovecharlas. Los nativos digitales, los que nacieron del 2000 para acá, tienen la suerte de tener las herramientas pero no saben qué hacer con ellas. La anterior, vivió la transición, sabían que les faltaba y salieron a buscarlo.

Son escritores del interior y sí, Dios atiende en Buenos Aires y por mucho tiempo más va a ser el paradigma que rija la cultura argentina. Sí, atiende en Buenos Aires pero Internet les dio línea directa, acortó las distancias.

El segundo hecho es local, de los villamercedinos e inclusive puede trasladarse al ámbito de la provincia de San Luis, y es la Feria del Libro de Villa Mercedes. En el 2013, Sebastián y otros escritores no se querían quedar afuera, quería formar parte. No ser simples espectadores y entonces pensaron cómo llegar. Y fueron a las bases, juntaron un puñado de cuentos, les pusieron título, los imprimieron y vendieron en un stand de la Feria. Vendieron todo. Y ese mundo mágico les abrió las puertas, conocieron a escritores que admiraban como a Marcelo di Marco, a quién conocían por Internet, hablaron con editoriales, se empaparonde las experiencias y aprendieron. Con el paso de las ediciones es normal encontrarlo a Sebastián participando en las actividades, leyendo o simplemente llenando su mochila de libros.

Ahora voy a explicar por qué es un ingeniero del relato. Cuando escribimos, cuando lo hacemos con conciencia, aprendemos a contar una historia superficial, que cumple con las tres partes básicas. Inicio, nudo y desenlace. Pasaron cuatro años desde “El paso de los Furia” de Sebastián y este “Un saco de cuentos”. Aquél primero irradiaba talento y juventud. Y este, demuestra el trabajo minucioso, el progreso. Las historias de “Un saco de cuentos” funcionan en distintos niveles, lo cual demuestra la complejidad del escritor. En el primer nivel, la punta del iceberg si se quiere se encuentra esa historia que cumple las tres partes del relato. En un segundo nivel, se encuentran el contexto en el que escribe y no es ajeno. Estás historias retratan al hombre del siglo XXI y sus problemáticas, también la docencia de la catedra de Trabajador Social de Sebastián juega su rol fundamental. Es por eso que encontramos historias que versan sobre la trata de personas, los psiquiátricos, o el bullying. No solo nos está contando una historia para entretenernos, también está generando conciencia, nos muestra los problemas para que después lo meditemos y, a la vez, nos cuenta una historia fantástica o una historia de terror altamente adictiva. Literalmente leí este libro en un día. Hay un tercer nivel que habita en los relatos y es la realidad. Estamos ante un escritor sincero, que deja su alma en cada relato, que deja una memoria suya en cada relato, que deja la historia de vida en cada relato.

Un libro apasionante hasta el final.

resize_1494938103

Título: Un saco de cuentos
Autor: Sebastián De ZalduaLeveque
Editorial: Ediciones Literarias Villa Mercedes Grande

Los mantras modernos

por Alan Ojeda

En 2012 Martín Felipe Castagnet generó revuelo en el panorama literario hispanoamericano con su novela Los cuerpos del Verano (Factotum). Ese mismo año, la novela resultó ganadora por unanimidad del VII Premio a la Joven Literatura Latinoamericana otorgado en Francia por la Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs de Saint Nazaire y Publicado por La Marelle de Marsella. Ahora, en 2017, hizo su aparición, de la mano de la editorial Sigilo, su nueva y esperada novela: Los mantras modernos. Esta nueva novela nos presenta otra visión de un budismo tecnológico no teísta, donde el ego encuentra una nueva vía para disolverse y fusionarse con el todo, mostrando de manera ejemplar cómo las viejas tradiciones del pensamiento pueden articularse con la tecnología sin ningún problema.

Los cuerpos del verano ya nos había transportado a un mundo (¿un futuro próximo?) coherente y compacto, que en pocas páginas lograba construir una experiencia cercana sin la necesidad de recurrir a estrategias ya trilladas como apelar a una localización reconocible o realizar guiños culturales al presente. Los mantras modernos vuelve a sorprender con una narración fresca, profunda y no exenta de humor que nos sitúa, desde las primeras líneas, en una cercanía casi salingeriana con los personajes. Ahora, ¿cómo se construye ese efecto de futuro casi inmediato y cotidianeidad en un mundo que comienza desde 0 y del que no sabemos más que lo que nos ofrecen los personajes en sus acciones? En una primera instancia, podríamos decir que a partir del tono despojado y los personajes lo suficientemente humanos como para lograr empatizar, imaginarles una cara, un cuerpo y una voz. Por decirlo de otra manera, hay en la novela de Martín, eso que llamamos “mundanidad”. En este caso, esa palabra no posee ninguna connotación despectiva sino todo lo contrario. Hablamos de la mundanidad entendida en los mismos términos que podemos observar en Her (2014) de Spike Jonze, es decir, una novela totalmente ajena a la pretensión de aparentar ser algo que no es. Con Los mantras modernos, Martín hace gala de su estar en el mundo, su plena consciencia de que cualquier tipo de énfasis en su “contemporaneidad” arruinaría la naturalidad construida en la narración. La prosa casi conversada y los diálogos entre los personajes logran alcanzar la cotidianeidad sin hundirse en ella, generando el efecto de una distancia temporal mínima entre la narración y la realidad que habitamos.

Las desapariciones

Seguro no falta, ni faltará, aquel que critica el uso de la idea de “desaparecidos” en la novela. Esa crítica, ya absurda, solo expone la ausencia de toda capacidad de re-contextualización por parte del lector, incapaz de entender los posibles unos de una idea, más allá de las ya trilladas referencias al pasado político de nuestro país. Para esos críticos, pareciese que ser argentino es una fatalidad que inscribe, sin opción, cada narración en los años 70.

En Los mantras modernos, la desaparición implica, en gran medida, un fenómeno de la voluntad. Por algún motivo, algunas personas desean (consciente o inconscientemente) desaparecer. Sin embrago, esta desaparición no implica una fuga sino una desmaterialización de los cuerpos, que se van haciendo más transparentes hasta perderse por completo. Pero aquellos que desaparecen no están del todo ausentes, sino que se encuentran en un estado intermedio. Es decir, muchos de los que eligen esfumarse pueden ser contactados gracias a las tecnologías disponibles: el “bindi”, un parche que se instala en la frente y que permite conectarnos a los buscadores y a otras personas, y un equipo de guantes que permiten volver tangibles esos cuerpos invisibles.

Muchos de los desaparecidos no desean volver y prefieren mantenerse en esa condición etérea que poco a poco los consume. Otros, llegan a un nivel más profundo: trascienden la realidad que habitan y acceden a “la fosforescencia”, una versión futura y apocalíptica del presente, llena de lo que los personajes denominan como “naturaleza exótica” y monstruos. Ahora, ¿qué implicancias puede tener desaparecer para la nueva generación? ¿Qué función cumple ese retirarse del mundo y abandonar la imagen? La desaparición es, a la vez, un fenómeno de desconexión y auto-destructivo. Pareciera que, en los tiempos que corren, el peso de la existencia, de un continuamente-estar-velando-por-el-mundo ya es insoportable y es necesario encontrar nuevas formas de evasión. En un mundo donde la negatividad parece haberse diluido y ya no hay puntos para establecer resistencia alguna, sólo se puede operar sobre uno mismo. La presencia casi mínima del estado en ambas novelas de Martín, reducida a funciones administrativas o a mantener un mínimo orden, pone en evidencia la presencia ineludible del mercado, que ahora es el espacio que habitamos y sobre el cual interactuamos. Es por eso que, si en Los cuerpos del verano se estimulaba el mercado de cuerpos y la posibilidad de abolir la muerte a través de la migración corporal o el estado de flotación (y los únicos que parecían resistir esa lógica eran el hijo de Rama y los “panchama”; que decidían ser quemados en sus antiguos cuerpos), en Los mantras modernos la resistencia al mundo está en escapar al ojo infernal del otro desapareciendo y licuando la existencia corporal en el todo.

Alotecnologías vs homeotecnología

En su ensayo “El hombre operable”, Peter Sloterdijk divide la tecnología en dos tipos. Las alotecnologías son aquellas que para transformar el mundo, necesitan violentarlo. Esto hace referencia a casi todas las tecnologías desde la antigüedad hasta el origen de la cibernética. Explotar una montaña, cambiar los cursos de los ríos, la bomba de hidrógeno…todas implican una violencia destructiva sobre la materia y el ecosistema. En cambio, las homeotecnologías trabajan sobre la noción de información, lo que permite adaptar su uso reduciendo al mínimo la violencia que se realiza en un acto de transformación. Entonces, ¿cuáles son las homeotecnologías? Los embodiments, las máquinas capaces de condensar agua a partir del aire, y los paneles solares, entre otras cosas. Ahora, ¿Pero qué tiene que ver esto con la novela? Tanto Los cuerpos del verano como Los mantras modernos nos proponen una visión homeotecnológica del mundo, en el que la tecnología es, lejos de las viejas ideas distópicas de robots asesinos, una piel que habitamos con plena naturalidad. Ahora, hay una relación íntima y casi mágica entre los “bindis”, su servidor y “la fosforescencia”. Del otro lado de la realidad hay grupos que se dedican a “explotar” el futuro, a sacar usufructo de las ruinas de la humanidad, no sin consecuencias.

Martín Felipe Castagnet nos plantea un nuevo estado de la técnica que es necesario pensar. La naturaleza como concepto, al igual que las tecnologías, son inventos del hombre. Las homeotecnologías implican una nueva responsabilidad sobre nosotros mismos y la necesidad de pensar nuevas formas de resistencia y rebeldía a través del último eslabón de la cadena de producción: nuestro cuerpo.

9789874063083Crear mundos, pensar de nuevo

Si hay algo que destaca del resto del panorama literario a Martín Felipe Castagnet es su capacidad de imaginar mundos consistentes. Lejos de la pereza que implica recurrir a un costumbrismo ya agotado que busca “representar la realidad” (sea lo que eso signifique), las novelas de Martín parten desde cero, produciendo una arquitectura propia, una nueva ontología y tensionando las categorías existentes para pensar la relación entre la literatura y la vida en los tiempos que corren. Pensar es todo lo contrario de establecer axiomas o categorías fijas, y nada mejor que pensar a través de un espejo deforme de la realidad para dudar de nuestra forma de habitar el mundo. Es por eso que Martín ha ganado en buena ley el espacio que ahora ocupa en el panorama literario contemporáneo.