María Riot: el trabajo sexual es trabajo

por Lourdes Montes
foto de cabecera: por Gonzalo Resti

María Riot se llama Florencia. A los veintiún años comenzó a trabajar por webcam en sitios para adultos. Hoy, con veinticinco, ya se dedica a lo que quiere. Es prostituta.

¿Cómo decidiste dedicarte al trabajo sexual y a quiénes tuviste como referentes o a quién recurriste antes de comenzar a ejercerlo.?

Empecé a ejercer el trabajo sexual hace cuatro años pero era una idea que tenía desde mi adolescencia. En ese momento no tenía referentes que ejercieran el trabajo sexual pero sí muchas figuras del punk como Lydia Lunch, Courtney Love o Kathleen Hanna que reivindicaban su sexualidad desde un lugar que me parecía sumamente poderoso y que me hizo crecer teniendo una visión de mi propia sexualidad y del mundo desde otro lugar. A los 15 años conocí el riot grrrl, un movimiento de los 90’s, que me llevó al feminismo y ahí empecé a investigar y descubrí muchas trabajadoras sexuales feministas que me hicieron ver que era posible que yo también pudiera ejercerlo en algún momento. Mis referentes trabajadoras sexuales las descubrí ya ejerciéndolo, y una de ellas y la más importante para mí, es Georgina Orellano, la Secretaria General de AMMAR ya que ella fue una de las personas que, leyendola, me hizo empezar a cuestionarme porqué ocultaba mi trabajo y que a pesar de que creía no tener ningún prejuicio, también tenía mucho estigma encima y que no quería tener una doble vida y seguir mintiéndole ni a mi familia ni a la sociedad, sino que además quería militar por nuestros derechos.

¿Cuál es el impacto que tiene ser parte de AMMAR y luchar por los derechos de lxs trabajadorxs sexuales? ¿Cómo funciona la organización?

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Foto: Violeta Capasso

Comenzar a militar en AMMAR fue un antes y un después en mi vida. A pesar de que había ido a algunas reuniones años atrás, no seguí yendo porque me costaba mucho asumirme como trabajadora sexual: tenía culpa de haber decidido que prefería ofrecer servicios sexuales a estar en un call center o atendiendo la caja del almacén de mi familia. La sociedad misma te genera culpa y te señala por el dedo por ser una mujer y querer tener sexo, por cómo te vestís, por las cosas que decís o haces, así que imaginate si decidís cobrar por lo que se supone que tenés que hacer gratis, por procreación o por amor. Fue un proceso para mí el poder asumir que sí, soy una trabajadora sexual y fue en parte por leer a otras compañeras y darme cuenta de que yo tenía ciertos privilegios que tenía que usar para visibilizar las problemáticas que nos atraviesan como colectivo y que perjudican aún más a quienes están en más vulnerabilidad y que hoy en día por el estigma no pueden hablar o cuando hablan, son ignoradas.
Ammar se formó a fines de 1994, con compañeras que buscaban frenar el hostigamiento constante que sufrían por parte de la policía. La organización lleva 22 años de militancia constante, importante trabajo territorial y un gran avance que se dio especialmente estos últimos años, gracias a nuestra presencia en el movimiento feminista, a las redes sociales que permiten visibilizarnos aún más y que por las lamentables leyes que se están llevando a cabo contra nosotras, nos encontramos cada vez más unidas y organizadas para pedir derechos.

La sociedad misma te genera culpa y te señala por el dedo por ser una mujer y querer tener sexo.

En cuanto al debate sobre el trabajo sexual, el feminismo está dividido entre dos corrientes: la que busca regular y la que busca abolir el trabajo sexual. ¿Cómo conviven estas dos corrientes tan opuestas? ¿Cómo podrías describir el trabajo que vos haces y en qué se diferencia de los casos de trata de los cuales hablan lxs abolicionistas?

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Foto: Mara Haro

El feminismo desde sus comienzos igualó la trata con la prostitución, creando una gran confusión y que se haya masificado una narrativa sobre el trabajo sexual muy difícil de desarmar. El abolicionismo además, impulsado por teóricas, en general blancas y académicas, es decir, desde un lugar de privilegio, escribieron libros y dieron conferencias de porqué el trabajo sexual no era legítimo y lo equiparaban con violencia, cuando las mismas trabajadoras sexuales estaban sufriendo violencia pero no por los clientes en sí sino por el estigma, por no acceder a derechos, por ser excluidas del feminismo y por tener sus voces invisibilizados. El movimiento de trabajadoras sexuales organizadas, donde COYOTE y Carol Leigh forman parte fundamental, como así también Ruth Mery Kelly en Argentina, logró poner en la agenda del feminismo, como otros feminismos, por ejemplo, los feminismos negros, que ese feminismo más institucionalizado y mainstream estaba dejando afuera a las minorías. En Argentina, la última modificación de la Ley de Trata dictamina que ninguna trabajadora sexual puede consentir serlo, porque no podemos consentir nuestra propia explotación. ¿Eso no pasa acaso en cualquier otro trabajo, donde todos explotamos nuestro cuerpo para tener un beneficio económico? Esta Ley lo único que ha logrado es llenar las cárceles de trabajadoras sexuales o ex trabajadoras sexuales que trabajaban como secretarias o tenían acuerdos económicos con sus compañeras para poder llevar adelante su trabajo. Ejecer hoy la prostitución en Argentina no es ilegal pero sin embargo todos los lugares y maneras en que puedas hacerlo están criminalizados. Por la trata lo que se está haciendo es perseguirnos a nosotras, porque eso es lo más fácil y lo que les llena de números de “víctimas rescatadas” y con ello países como Estados Unidos les da plata de modo de recompensa. En otros trabajos como la industria textil o la agraria existe la trata de personas y en mayor medida y sin embargo, se usan otros métodos para detectar la trata y combatirla. Sin embargo, con la trata en la industria sexual es distinto: se nos persigue a nosotras y se nos da la figura de víctimas o de proxenetas.
No hay políticas públicas para aquellas que no quieren ejercer la prostitución y nosotras, las trabajadoras sexuales que queremos seguir ejerciendo, también denunciamos eso. Hay políticas de “maquillaje”, donde algunos municipios dan talleres para hacer carteras o tortas, lo que no les alcanza para nada, porque no olvidemos que la mayoría de las trabajadoras sexuales son madres y muchas de ellas, jefas de hogar. ¿Con tanta plata que tiene la Protex, la Oficina de rescate de víctimas aún no están creando trabajo genuino para aquellas personas que no desean ejercer la prostitución? Las “salvan” y las dejan en la calle. Y a nuestras propias compañeras que se reconocen como trabajadoras se les hace allanamientos, se les roba sus pertenencias y se las anota como víctimas cuando no lo son. Es vergonzoso.

Además de prostituta y activista acá en Argentina, participaste como actriz de películas pornográficas en Europa, con directoras como Erika Lust. ¿Qué elementos de las películas donde elegís trabajar hacen que sean feministas?

En los últimos tiempos he pensado mucho en las etiquetas como porno feminista o porno ético. No me convencen, creo que sirven para visibilizar que existe otro tipo de pornografía pero encasillan y uno puede trabajar en una película con perspectiva feminista pero que las condiciones laborales no sean buenas, es decir, que el porno sea feminista no significa que sea inherentemente bueno sino que busca representar otro tipo de sexualidad, no perpetuar ciertos estereotipos o imágenes que se repiten en cualquier video de porno comercial que podemos encontrar gratuitamente en internet y que haya diversidad de cuerpos y de ideas que no sean sexistas ni racistas.
Creo que podemos crear una pornografía diferente, con una perspectiva distinta, propia, que se escape de esos clichés que aparecen en todos lados, donde todo gira alrededor del placer del hombre, donde las prácticas que se visualizan son siempre las mismas y los cuerpos que aparecen en pantalla cumplen en su mayoría con ciertos patrones y estereotipos de belleza.

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Foto: Chio Lunarie – En rodaje con Erika Lust

¿Estás interesada en dirigir alguna película en un futuro?

Sí, me encuentro trabajando ahora mismo en mi propio proyecto de pornografía. Estoy buscando recursos para hacerlo y además empezando a estudiar cosas técnicas que necesito para poder llevarlo adelante, porque aunque tengo la experiencia detrás de las cámaras, soy exigente y quiero hacer un buen material. Tengo muchos proyectos alrededor de la pornografía. La industria del porno en Argentina no existe, solo hay pocos directores que aún siguen haciendo rodajes y son hombres con una visión del sexo y del porno muy distinta a la mía y más allá de proyectos y festivales de posporno, al menos hoy no encontré alguien que haya mantenido en el tiempo un proyecto pornográfico alternativo, independiente y que visibilice diversidad sexual y corporal en nuestro país. Creo que ser mujer y hacer porno hoy es político.

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