Wonder Women y la subversión de las mujeres en la ciencia ficción

por Iván Paz

“no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”
Mary Wollstonecraft

Al día de la fecha, Wonder Woman se ha convertido, incluso con pocas semanas en cartelera, en la entrega blockbuster más importante que hemos visto hasta el momento, y en uno de los caballitos de batalla de DC previo al estreno, a fines de este año, de Justice League. Cuando el fracaso de Suicide Squad nos hizo pensar a los aficionados que, quizás, a DC le costaría levantarse mucho más de lo que esperábamos, y tras el éxito que supuso la intervención de Wonder Woman en la no tan buena Batman v. Superman, la estrategia de DC está dando sus frutos: producir el filme sobre la más grande heroína que haya tenido este universo, entregarle todo a una mujer. La intervención creativa de la directora Patty Jenkins cumplió con las expectativas de lograr modernizar una historia clásica de los ’70, oportunidad que se perdió Marvel cuando, hace años, decidió correr a Jenkins de la dirección de la primera entrega de Thor por supuestas “diferencias creativas”, cuyo lugar fue ocupado por… un hombre. En fin, el éxito de la entrega se debe, creemos, a múltiples factores: una sobria interpretación de Gal Gadot; una narrativa interesante con un guion que actúa en consecuencia; una edición de efectos especiales que satisface hasta al más exigente; un villano recreado exquisitamente por un siempre vigente David Thewlis (que retoma fielmente, además, al mejor Ares de los cómics y videojuegos de la saga Injustice). El combo perfecto para toda entrega de ciencia ficción que, para los amantes de los detalles, creemos que presenta algo más.

wonder-woman-movie-forest-battle-scene-gal-gadot-219244-640x320.jpgUna de las corrientes históricas del feminismo es la que se ha conocido como feminismo de la igualdad, la cual se plantea como objetivo, a grandes rasgos, construir la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en tanto originariamente humanos. La socióloga francesa Christine Delphy ha llegado a declarar incluso, leyendo a lo que luego sería la teoría queer, que los hombres y mujeres de la sociedad jerárquica actual no son más que construcciones sociales. Si bien dudamos de que la propia Wonder Woman se haya considerado a sí misma una feminista de la igualdad, su aporte desde esta perspectiva es esencial en tanto Diana no tiene consciencia de los roles sociales, ni mucho menos de los límites del género: su misión se dirige, exclusivamente, a la igualdad de todos y todas. La comunidad de las mujeres amazonas en la que ella nace, en la isla oculta de Themyscira, presenta desde el comienzo rasgos de sororidad. Incluso allí vemos una primera inversión de los roles clásicos de lo(a)s protagonistas: el rey y el guerrero, Príamo y Aquiles, son aquí la reina de las amazonas, Hippolyta, con una interpretación (como siempre) brillante de Connie Nielsen, y sobre todo Antiope, en manos de nuestra amada Robin Wright, la guerrera por excelencia encargada del entrenamiento en fuerza de todas las amazonas. La disrupción entre ellas se da desde el mismo comienzo: la reina Hippolyta, comprensiblemente ofuscada por la irrupción de hombres en la isla y totalmente decidida a no prestar asistencia a las necesidades de la humanidad, decide no sólo resguardar la entidad de las amazonas, quienes debían esperar pasivamente bajo el manto de la paz lograda, sino que miente a Diana respecto a sus verdaderas raíces, quién es ella realmente. Recuperando el espíritu de su tía Antiope, quien cae en batalla contra los soldados alemanes, Diana se enfrenta ante la disyuntiva de respetar el mandato de su madre, quien siempre abogó por mantenerla lejos de los campos de batalla, o seguir sus propios instintos que pedían, desesperadamente, sumarse a la lucha por aquella digna igualdad de todos los habitantes de la Tierra. Como sabemos, difícilmente haya un personaje más humano (aun no siendo humana) o bien podríamos decir más humanista que la propia Diana, quien abandona Themyscira para encarnarse en plena Gran Guerra al servicio de la desesperada y desesperanzada raza humana. Diana se encarga de romper con el esquema de la mujer preocupada (exclusivamente) por los restos humanos de la guerra, que a modo de asistencia social se inclina más por ayudar a las aldeas arrasadas en combate que por destruir al enemigo. El hecho de usar una tiara, brazaletes y de vestirse como se le da la reverenda gana no quitan a Diana la chance de demostrar que, en la guerra, los géneros no interesan a nadie, lo cual se encarga de probar, ciertamente, en la praxis misma: sabiendo que no hace falta ser Chris Pine para convertirse en un aguerrido soldado, se pone al frente de cada batalla de liberación que llevará, en última instancia, a la victoria de los Aliados. Su antagonismo, incluso, además de Ares y los robustos soldados del imperio alemán, se dará también, a la distancia, con la Doctora Maru, otra mujer dispuesta a romper la hegemonía del sexo masculino en el ámbito científico. Aun así, la película no está exenta de cuestionamientos caídos en lugares comunes (“¿cómo puede una mujer venir con nosotros, soldados masculinos, a intervenir en un campo de batalla?”), que soluciona con pequeños momentos cómicos en los que la propia Diana, desentendida totalmente de los roles de género, llega a afirmar muy segura de sí misma haber nacido de un molde de cerámica que su madre esculpió con sus propias manos, o incluso a intentar salir, semidesnuda, a las calles de la Londres sumergida en la guerra. Las amazonas, la reina y la guerrera, la mujer maravilla, la enemiga: una película entregada totalmente a las mujeres. Diana: una protagonista que lucha, pareciera, siguiendo los principios del feminismo de la igualdad, arrasando (aún inconsciente e inocentemente) con la división de papeles en función del sexo.

la-1496443500-cr28oqru0l-snap-image.jpgLa ciencia ficción no pareció poder librarse nunca de aquella división sexual de roles, presentándonos a aclamados personajes femeninos como Scully en The X Files, u Olivia Dunham en Fringe, que no llegaban a alcanzar un reconocido protagonismo por constituirse siempre a sí mismas como damas de compañía de los caballeros. En términos de series televisivas de ciencia ficción, hoy pareciéramos haber logrado que aquellos límites se tornen más difusos, con los aguerridos personajes femeninos de The Walking Dead, o incluso su propio spin-off, Fear The Walking Dead, rendido en su recién estrenada tercera temporada a los pies de su protagonista, Maddison Clark. No podemos obviar, por supuesto, a la reina de reinas, Game of Thrones, que ingresa en su séptima temporada con tres de las casas más relevantes de la historia (Stark, Lannister, Targaryen) representadas firmemente por mujeres. Lo mismo podemos afirmar de series animadas, como Star Wars Rebels, de series por venir, como StarTrek: Discovery (protagonizada por la ex TWD, Sonequa Martin-Green) o por series que no pertenecen exclusivamente al universo de la ciencia ficción, como House of Cards, cuyo final de temporada nos deja a todos expectantes respecto al nuevo rol de Claire Underwood. En términos superheróicos, las aclamadas Jessica Jones (de Marvel) y Supergirl (DC) aceptaron también el desafío de poner a mujeres a comandar las batallas, dando, por el momento, muy buenos resultados.

Wonder-Woman-Movie-Trailer-Gal-Gadot.jpgVolviendo a la pantalla grande, el protagonismo femenino pareciera haberse asentado ya hace años en tiras juveniles, como Harry Potter, donde el rol femenino nunca fue de compañía, o The Hunger Games, donde Katniss compartía de igual a igual los deberes protagónicos con Peeta Mellark, llegando, en debidas ocasiones, a apropiárselo por completo. El universo cinematográfico de X-Men tuvo también una intentona similar, en tanto aun debiéndole su existencia a Logan, Eric y Xavier no nos privó jamás de personajes como Jean Gray, Storm, Rogue o Mystique (aunque, podríamos decir, no hayan sido lo debidamente explotadas). Sin embargo, en términos de paradigma, toda la saga Star Wars ha logrado desde el comienzo, proponiéndoselo o no, revalidar el lugar que la mujer ocupa verdaderamente en una narrativa de ciencia ficción. Si bien se encargó de crear al quizás más grande villano de toda la historia, e incluso encarnó en su hijo al héroe de héroes, Star Wars nos presenta desde el vamos a una alianza rebelde comandada en la práctica por la princesa Leia, vaya figura de empoderamiento femenino si los hay, y virtualmente presidida por la senadora Mon Mothma, una de las primigenias opositoras al régimen del Imperio. Incluso en el reboot de la saga en este siglo nos presentaron, en las precuelas, a Padme Amidala, quien no escatimó jamás en maquillarse de pies a cabeza cuando fuera necesario para luego salir a empuñar las armas ante las guerras que se advenían (y sin la cual, podríamos decir, tampoco tendríamos a Luke y Leia). Rogue One nos trajo a Jyn Erso, guerrera sin quien no hubiéramos tenido jamás acceso a los planos de la Estrella de la Muerte, y el Episodio VII a nuestra nueva heroína (¿Skywalker?), Rey. La narrativa de Star Wars no ha escapado nunca a la importancia de los roles femeninos y a la necesidad de que, ante la amenaza de una destrucción de la humanidad entera (o la galaxia, venido el caso), empecemos a replantearnos realmente la importancia de la asignación de roles dependiente del sexo.

El espíritu de esta nota me surgió al encontrar una imagen que, orgullosamente, declaraba que hemos logrado ver a las Princesas de nuestra infancia convertidas en Generales. Refería, claramente, a Robin Wright, quién supo ser la princesa Buttercup en The Princess Bride y ahora vemos convertida en Antiope, y también a Carrie Fisher, ex Princesa y actual General Leia Organa. Partiendo de ello, pensando en ellas, sabemos que la lucha de las mujeres no se da sólo dentro de una pantalla, sino que ocurre, también, en nuestro mundo. La aclamada Robin Wright, Antiope (y Claire Underwood, por supuesto), viene luchando hace tiempo a través de una campaña que propone igualar los salarios de las mujeres al de aquellos hombres protagonistas de shows de entretenimiento, considerando en su caso (muy justificadamente) que su Claire es tanto o más necesaria que el Frank Underwood de Kevin Spacey, y que cobrar menos por su trabajo por el sólo hecho de ser la señora de no se justifica en esta realidad. Por otro lado, Carrie Fisher, nuestra general Leia, ha demostrado más de una vez su disconformidad con todo lo que los demás esperaban, siempre, de ella. Se ha peleado con muchísima altura contra aquellos que, tras el estreno del Episodio VII y recordando con “añoranza” a aquella Princesa Leia exhibida como un pedazo de carne debajo de Jabba, le achacaban haber envejecido un tanto demasiado, llegando incluso a mandar a pudrirse a todos los que pensaban que su cuerpo no había envejecido, quizás, tan bien como ella. En el caso de Gal Gadot, la protagonista de Wonder Woman, la situación es un poco más compleja: si bien ha sabido defender el incipiente feminismo del filme, es menos recordada por ello y más por haber justificado, como ex miembro del ejército israelí, el genocidio de dicho país sobre el pueblo de Palestina, una actitud, podríamos decir, muy poco wonderwomanezca. Sin embargo, siempre podremos recordar a Lynda Carter, quien fue la primera en parir al personaje en los revoltosos años ’70, y que ha declarado, en varias ocasiones y muy a lo Wollstonecraft, que ella siempre intentó armar una Wonder Woman “para las mujeres”.

El éxito de Wonder Woman, en los términos analizados aquí, no trae aparejado, como hemos intentado dilucidar, nada novedoso. Sin embargo, consideramos que nos puede llevar a pensar, con justa causa, en cómo se ha ido develando la gesta del nombre propio de las mujeres en un universo que nunca ha renegado de su masculinidad hegemónica, como lo es el de la ciencia ficción. Cuando en el filme nos develan que el arma real no es la espada matadioses sino la propia Diana hay un mensaje que debemos leer por detrás: las herramientas que las mujeres tienen para salir a luchar contra la hegemonía patriarcal del mundo están, siempre, en ellas mismas. Si la batalla es contra dioses rebeldes, allí tendremos a Diana, dispuesta a hacer estallar todos los paradigmas y a reescribir, a su manera, los roles de género. Cuando la lucha sea contra los dioses nietzscheanos, aquellos encarnados en valores absolutos que pretenden, también, decirles a las mujeres cómo y dónde deben ocupar sus lugares, también estará Wonder Woman, la figura que ha sabido desligarse de su lugar de “fantasía masculina” para salir a reclamarle, a la ciencia ficción, que la pantalla grande también le pertenece a ellas.

Un comentario sobre “Wonder Women y la subversión de las mujeres en la ciencia ficción

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  1. Muy buen artículo, aunque discrepo en la visión sobre Olivia Dunham. Creo que Olivia, en sus dos versiones, cada una en su universo particular, es una protagonista por derecho propio en Fringe. Mucho más determinante que Peter o Walter.

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