Lembra 03: Guillermo Pfening: Un personaje hecho a medida

por Leo Murolo
fotos por: John Harris

Guillermo Pfening es actor y director, sus trabajos en cine, televisión y teatro se destacan por la profundidad en la construcción de los personajes, dimensión que lo llevó a obtener premios como el Cóndor de Plata en 2013 por Wakolda y el de mejor actor por su protagónico en Nadie nos mira en el Festival de Cine de TriBeCa de Nueva York, creado por Jane Rosenthal y Robert de Niro en 2002. El jurado estuvo integrado entre otros por Willem Dafoe, quien acompañó el premio con elogiosas palabras hacia su trabajo.

Vimos su rostro en películas como Wakolda, Caíto, El Patrón, Nacido y Criado, Tiempo Muerto, entre otras. Por estos días estrenó en Argentina Nadie nos mira, una comedia dramática en la que compone a Nicolás, un personaje “construido a su medida”, según Julia Solomonoff, la directora del film. Su personaje es un actor argentino que huye de una historia de amor inconclusa y emigra a Nueva York con la promesa de realizar una película que nunca se concreta. En la eterna víspera se ocupa de cuidar el hijo de su amiga. Como babysitter ocasional experimenta una vida ignota diferente a la de celebridad televisiva que tenía en su país. El duelo por un amor que no quería ser mirado signa sus contradicciones.

En la presentación de la película en Buenos Aires la directora decía que tu personaje se trata de un rol hecho a tu medida. Sabiendo que te involucraste en la realización desde el comienzo, ¿Cómo fue la génesis de la película y cuánto te involucraste en ese proyecto?

La génesis fue casi en el 2010 cuando el proyecto era diferente, cuando nos juntamos con Julia en un bar con otra productora que no es la que terminó siendo y era la historia de dos hombres y una mujer. Después, un día Julia me mandó un mail donde me dijo que la película iba a ser otra. De alguna manera creo que Julia fue encontrando la película. Si bien el guión estaba totalmente escrito, creo que este proceso de filmar durante cuatro o cinco meses -porque tuvimos que esperar cada estación- Julia lo terminó aprovechando de una manera muy jugosa porque terminó descubriendo mucho más qué es lo que de alguna manera quería contar y cómo lo quería contar. Entonces esto que ella dijo como un traje hecho a medida, es algo que de alguna manera fuimos confeccionando en el rodaje. También en ese traje a medida hay cosas que se quedan afuera. Me siento muy parte del proceso de toda la película porque estuve muy involucrado pensando junto con Julia qué necesitaba el personaje y lo que aportaba era desde mí, después Julia lo acomodaba a su película.

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Cuando se realiza un traje a medida tiene muchas pruebas en el medio, por lo tanto también se va modificando. A la vez uno cree desde afuera de la actuación que todo rol es un desafío, ¿qué desafío presentó para vos tener que componer a Nicolás? 

El desafío es porque pareciera que uno nunca sabe qué le está pasando a Nicolás y eso es difícil para un actor porque es un montón de cosas: es un actor, es babysitter, tiene esta cosa de mentirse a sí mismo, de mentirle a los demás, de crear una vida que no es, y a la vez parece que nada de eso es tan importante. Me parece que lo más difícil a veces de interpretar son las cosas que son un poco tibias, la vulnerabilidad, porque enseguida uno puede caer en una víctima y creo que Nicolás, como es un poco todo, por momentos es víctima por momentos es héroe. Cuando arranca la película cree que está bien o muy fortificado, de a poco se va derrumbando y de repente le encuentra una vuelta al final. Eso me parece lo más difícil, de alguna manera el tono me parecía complicado.

¿Cómo fue filmar en Nueva York, cómo fue ese escenario, formó parte de la película como un personaje más? 

Fue mucho más sacrificado que filmar en Buenos Aires. Primero porque el presupuesto que teníamos para filmar en Nueva York era mínimo. Para Argentina puede ser mucho, pero para Nueva York es mínimo. Cuando vas a Nueva York todo lo multiplicás por quince, como cada agua que tomás. Todo termina siendo carísimo. Algunas cosas terminan siendo al mismo precio que acá, pero lo que quiero decir es que nos las tuvimos que ingeniar en un montón de cosas. Por ejemplo, un permiso lo teníamos durante cuarenta minutos en un lugar porque sabíamos que la policía en ese momento no iba a estar ahí y había un montón de cosas que teníamos calculadas. A la vez fue muy lindo y muy fluorescente, como descubrir una ciudad que al menos no conocía de esa manera.

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La recorriste en bicicleta, Nicolás anda mucho en bicicleta.

Claro, anda mucho en bicicleta. Cruzar todos esos puentes en bicicleta, que en la película se me ve una vez pero lo crucé como diez veces justo cuando pasaba el tren y un montón de cosas que eran muy agobiantes. Tomarme el subte a las seis de la mañana y volver a mi casa a las nueve de la noche, cero comodidades. No digo lujo, porque uno no está acostumbrado al lujo en Argentina, pero al menos estás en tu ciudad. De alguna manera se me metió el personaje eso es lo que me ayudó a estar tanto tiempo allá. Inclusive la producción me mudó de barrio -más o menos cada un mes me mudaba- eso me ayudó a tener una comprensión un poco más global de lo que era la ciudad, estar en diferentes barrios y de alguna manera en diferentes maneras de vivir.

Una ciudad muy diversa, Harlem, Bronx, el Centro, son lugares muy diferentes. 

Muy diferentes, es como que Nueva York pareciera una ciudad que es el mundo. Un parte representante de cada país está ahí. Es lo que pasa todo el tiempo, era impresionante cuando me tomaba el subte a la mañana, a la noche o a la tardecita para volver a mi casa, había personas de todas partes del mundo, lleno de latinos y luego depende para dónde vayas. Si vas para Queens está lleno de latinos y de orientales, no había un americano. Tenías que hacer una cuadra para encontrar un americano. Es una ciudad que la mueve la inmigración, que de alguna manera son quienes laburan.

Después de ver la película hablé con algunas personas que coincidían en que les había generado una suerte de tensión, de una angustia constante, ante aquel escape de un desamor. Al margen de estar contaminado de haberla hecho, ¿qué te genera a vos ver la película como obra?

Esa sensación de angustia… Es como que ya me fijo en otras cosas. Nunca me puedo relajar como para ver la película. A mí me divierte mucho verla, lo que sí pienso es que quedó como una obra que tiene sentido en sí misma. Es decir, si vos la desmenuzás -yo la vi siete veces- entendés como un motón de cosas, inclusive cosas del vestuario. Pudimos hacer una obra que tiene sentido en sí misma, de alguna manera da una vuelta entera. Siento que es una película que habla básicamente del amor y del desamor, y creo que básicamente es una película que habla de una persona en crisis. De alguna manera es como la superación de una crisis, eso es lo que me cayó más de la película.

Sos un actor premiado, ganaste el Cóndor de Plata, como director ganaste de muy joven el Festival George Méliès. ¿Cómo son esos acontecimientos, los sentís como bisagras, como incentivos?

Fue muy loco porque siendo actor el primer premio que recibo es como director. Y recién en Wakolda, que fue en 2013, es que recibo un premio como actor. No me interesaban tanto los premios. Sí hay algo de los premios que te legitima, que piensen en vos.

A veces se cometen injusticias con los premios, creo que hice un buen protagónico al menos para que se haya tenido en cuenta como revelación en los premios y se pasó por alto. Después te das cuenta que nominan a gente para que vaya al evento ¡a cada actor o a cada actriz! Entonces ahí decís me chupan un huevo los premios, pero después cuando te los dan te gusta (risas).

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¿Cómo fue haber ganado el premio al mejor actor en el Festival de TriBeCa de Nueva York?

Estrenar la película en Nueva York con todos los compañeros ahí fue algo increíble. El premio fue re loco, fue muy mágico y muy lindo. También que Willem Dafoe, que había sido el jurado, observe tu trabajo con detenimiento y te diga las cosas que me dijo, de alguna manera todo cobra sentido. A veces en Argentina se desdibuja un poco eso, las prioridades o los órdenes están un poco trastocados. Está buenísimo, es un mimo.

Viendo tu recorrido en películas y cortos, como actor y director, ¿Podemos decir que sos más del cine que de la tele?

No sé, se está dando así de alguna manera, digamos que se fue dando así. En realidad hice antes cine que televisión, fui un poco mixturando la cosa. Una cosa fue trayendo a la otra, pero me gusta el teatro, me gusta la tele y me gusta el cine. La verdad que me gusta hacer todo.

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¿Estás pensando en dirigir otra película?

Sí, estoy escribiendo dos películas. Una es la continuación de Caíto y la otra es una película sobre cirugías estéticas, que trata sobre lo plástico como una manera de envejecer. Un interés que viene por cosas que observo de la realidad y que lo ves cuando prendés la tele.

¿Qué creés que tiene de distintivo el cine argentino en comparación con otros?

En general es una mirada de autor, que todos los cines de todos los países tienen porque hay un cine norteamericano independiente que también tiene eso. Me parece que el cine de autor tiene cierta honestidad, no sé si es “verdad” la palabra pero depende de quién lo mire también porque hay gente que se identifica directamente con una película yanqui de estudio y se identifica con esos tiempos y con ese sistema de montaje porque están acostumbrados a eso. Una de las grandes falencias que tenemos en Argentina es que el público no está educado con nuestro cine, no está educado con nuestras imágenes, no hay en la escuela primaria una educación audiovisual y para contrarrestar lo que se te mete todo el tiempo de afuera. Hay pibes que no conocen otra manera de ver, de pensar, de escuchar el cine. Que hay otros temas. Está todo muy mediatizado, y eso les entra por todos lados, entonces cuando ven algo con otros tiempos, con otros colores, con otro sonido, les aburre.

¿Qué pensás del rol del Estado en relación a la actividad audiovisual?

Estoy de acuerdo con que el Estado tiene que regular algunas cosas, en este caso las industrias culturales. Te puedo contar que tengo millones de amigos que ahora están en crisis económica, crisis de todo, dando de baja cosas que estaban establecidas en sus vidas desde hacía años, porque no pueden solventar la vida como “nos hicieron creer que podíamos”. Como eso que dijeron que “les hicieron creer que podían comprar un plasma”, bueno, a nosotros nos hicieron creer que podíamos vivir de lo que queríamos y hay un montón de gente que tiene que volver a trabajar en un bar.

Porque la industria audiovisual se cayó, se desplomó, y eso es lamentable. Y no creo que sea por errores que se cometieron que tienen que ver con adjudicaciones de créditos en un concurso. Por ejemplo, todo lo que pasó con Andrea del Boca -que la novela era paupérrima-, con la excusa de que se iba a elevar la telenovela argentina en el mundo y la verdad es que fue un bochorno. Los mismos actores que la estaban haciendo se reían de lo que hacían. No sé si eso no hubiera pasado, no estaríamos pagando el precio de que los concursos se hayan bajado directamente. Pero esta democratización del audiovisual que había en cuanto a que cada provincia pudiera contar su historia, su orígenes y podía plasmarlos en una pantalla de tele o de lo que sea se cayó a pedazos. Entonces ahora todo vuelve a estar centralizado en Buenos Aires y hay poca producción. Ojalá que esto sea un traspié por lo que tenemos que pasar para ir a otro lado, porque es una industria muy grande, son un montón de familias que comen y viven de esto.

  • NADIE NOS MIRA: ENTRE SER Y ESTAR La directora Julia Solomonoff (El último verano en la Boyita) presenta en Nadie nos mira una película a la que no le sobra nada: una escena, un diálogo, un escenario. Filmada casi íntegramente en Nueva York, la historia transita las cuatro estaciones situando la ciudad como un personaje más. Se trata de una historia de amor, de desamor, identidad y furia.La metáfora de no ser visto atraviesa la película entre escenas propias de la comedia y del drama. Un amor negado por uno de los amantes relega al otro a la huida. Es allí cuando el personaje de Nicolás (Guillermo Pfening), un actor muy popular en Argentina por protagonizar la telenovela del horario central, emprende un viaje incierto. No ser visto implica en primer lugar dejar la popularidad y la fama para recluirse en la posibilidad de filmar una película en Nueva York que nunca se concreta.Nicolás trabaja como babysitter del hijo de su amiga Andrea (Elena Roger) y de mozo, mientras busca de manera incansable la posibilidad de oportunidades como actor. La construcción de su personalidad se asienta entre la mentira y la realidad. Por un lado el relato de una vida que no existe pero que erige para contarle a su madre, a amigos y compañeros de trabajo. Asimismo, su mismidad puede encontrarse en la relación que genera con Theo, el bebé que cuida, tan cercana y genuina que sus miradas parecen construirlos el uno al otro.No ser visto en televisión, en cine ni en las cámaras de seguridad de los supermercados donde roba pequeñeces, son las metáforas más cercanas. No ser visto, finalmente, por Martín (Rafael Ferro), la persona que ama y que lo niega ante la mirada de los demás, es el grado cero del dolor que lo motoriza para buscar y buscarse tan lejos de su país en donde no está pero el único lugar donde puede ser él mismo.
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María Riot: el trabajo sexual es trabajo

por Lourdes Montes
foto de cabecera: por Gonzalo Resti

María Riot se llama Florencia. A los veintiún años comenzó a trabajar por webcam en sitios para adultos. Hoy, con veinticinco, ya se dedica a lo que quiere. Es prostituta.

¿Cómo decidiste dedicarte al trabajo sexual y a quiénes tuviste como referentes o a quién recurriste antes de comenzar a ejercerlo.?

Empecé a ejercer el trabajo sexual hace cuatro años pero era una idea que tenía desde mi adolescencia. En ese momento no tenía referentes que ejercieran el trabajo sexual pero sí muchas figuras del punk como Lydia Lunch, Courtney Love o Kathleen Hanna que reivindicaban su sexualidad desde un lugar que me parecía sumamente poderoso y que me hizo crecer teniendo una visión de mi propia sexualidad y del mundo desde otro lugar. A los 15 años conocí el riot grrrl, un movimiento de los 90’s, que me llevó al feminismo y ahí empecé a investigar y descubrí muchas trabajadoras sexuales feministas que me hicieron ver que era posible que yo también pudiera ejercerlo en algún momento. Mis referentes trabajadoras sexuales las descubrí ya ejerciéndolo, y una de ellas y la más importante para mí, es Georgina Orellano, la Secretaria General de AMMAR ya que ella fue una de las personas que, leyendola, me hizo empezar a cuestionarme porqué ocultaba mi trabajo y que a pesar de que creía no tener ningún prejuicio, también tenía mucho estigma encima y que no quería tener una doble vida y seguir mintiéndole ni a mi familia ni a la sociedad, sino que además quería militar por nuestros derechos.

¿Cuál es el impacto que tiene ser parte de AMMAR y luchar por los derechos de lxs trabajadorxs sexuales? ¿Cómo funciona la organización?

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Foto: Violeta Capasso

Comenzar a militar en AMMAR fue un antes y un después en mi vida. A pesar de que había ido a algunas reuniones años atrás, no seguí yendo porque me costaba mucho asumirme como trabajadora sexual: tenía culpa de haber decidido que prefería ofrecer servicios sexuales a estar en un call center o atendiendo la caja del almacén de mi familia. La sociedad misma te genera culpa y te señala por el dedo por ser una mujer y querer tener sexo, por cómo te vestís, por las cosas que decís o haces, así que imaginate si decidís cobrar por lo que se supone que tenés que hacer gratis, por procreación o por amor. Fue un proceso para mí el poder asumir que sí, soy una trabajadora sexual y fue en parte por leer a otras compañeras y darme cuenta de que yo tenía ciertos privilegios que tenía que usar para visibilizar las problemáticas que nos atraviesan como colectivo y que perjudican aún más a quienes están en más vulnerabilidad y que hoy en día por el estigma no pueden hablar o cuando hablan, son ignoradas.
Ammar se formó a fines de 1994, con compañeras que buscaban frenar el hostigamiento constante que sufrían por parte de la policía. La organización lleva 22 años de militancia constante, importante trabajo territorial y un gran avance que se dio especialmente estos últimos años, gracias a nuestra presencia en el movimiento feminista, a las redes sociales que permiten visibilizarnos aún más y que por las lamentables leyes que se están llevando a cabo contra nosotras, nos encontramos cada vez más unidas y organizadas para pedir derechos.

La sociedad misma te genera culpa y te señala por el dedo por ser una mujer y querer tener sexo.

En cuanto al debate sobre el trabajo sexual, el feminismo está dividido entre dos corrientes: la que busca regular y la que busca abolir el trabajo sexual. ¿Cómo conviven estas dos corrientes tan opuestas? ¿Cómo podrías describir el trabajo que vos haces y en qué se diferencia de los casos de trata de los cuales hablan lxs abolicionistas?

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Foto: Mara Haro

El feminismo desde sus comienzos igualó la trata con la prostitución, creando una gran confusión y que se haya masificado una narrativa sobre el trabajo sexual muy difícil de desarmar. El abolicionismo además, impulsado por teóricas, en general blancas y académicas, es decir, desde un lugar de privilegio, escribieron libros y dieron conferencias de porqué el trabajo sexual no era legítimo y lo equiparaban con violencia, cuando las mismas trabajadoras sexuales estaban sufriendo violencia pero no por los clientes en sí sino por el estigma, por no acceder a derechos, por ser excluidas del feminismo y por tener sus voces invisibilizados. El movimiento de trabajadoras sexuales organizadas, donde COYOTE y Carol Leigh forman parte fundamental, como así también Ruth Mery Kelly en Argentina, logró poner en la agenda del feminismo, como otros feminismos, por ejemplo, los feminismos negros, que ese feminismo más institucionalizado y mainstream estaba dejando afuera a las minorías. En Argentina, la última modificación de la Ley de Trata dictamina que ninguna trabajadora sexual puede consentir serlo, porque no podemos consentir nuestra propia explotación. ¿Eso no pasa acaso en cualquier otro trabajo, donde todos explotamos nuestro cuerpo para tener un beneficio económico? Esta Ley lo único que ha logrado es llenar las cárceles de trabajadoras sexuales o ex trabajadoras sexuales que trabajaban como secretarias o tenían acuerdos económicos con sus compañeras para poder llevar adelante su trabajo. Ejecer hoy la prostitución en Argentina no es ilegal pero sin embargo todos los lugares y maneras en que puedas hacerlo están criminalizados. Por la trata lo que se está haciendo es perseguirnos a nosotras, porque eso es lo más fácil y lo que les llena de números de “víctimas rescatadas” y con ello países como Estados Unidos les da plata de modo de recompensa. En otros trabajos como la industria textil o la agraria existe la trata de personas y en mayor medida y sin embargo, se usan otros métodos para detectar la trata y combatirla. Sin embargo, con la trata en la industria sexual es distinto: se nos persigue a nosotras y se nos da la figura de víctimas o de proxenetas.
No hay políticas públicas para aquellas que no quieren ejercer la prostitución y nosotras, las trabajadoras sexuales que queremos seguir ejerciendo, también denunciamos eso. Hay políticas de “maquillaje”, donde algunos municipios dan talleres para hacer carteras o tortas, lo que no les alcanza para nada, porque no olvidemos que la mayoría de las trabajadoras sexuales son madres y muchas de ellas, jefas de hogar. ¿Con tanta plata que tiene la Protex, la Oficina de rescate de víctimas aún no están creando trabajo genuino para aquellas personas que no desean ejercer la prostitución? Las “salvan” y las dejan en la calle. Y a nuestras propias compañeras que se reconocen como trabajadoras se les hace allanamientos, se les roba sus pertenencias y se las anota como víctimas cuando no lo son. Es vergonzoso.

Además de prostituta y activista acá en Argentina, participaste como actriz de películas pornográficas en Europa, con directoras como Erika Lust. ¿Qué elementos de las películas donde elegís trabajar hacen que sean feministas?

En los últimos tiempos he pensado mucho en las etiquetas como porno feminista o porno ético. No me convencen, creo que sirven para visibilizar que existe otro tipo de pornografía pero encasillan y uno puede trabajar en una película con perspectiva feminista pero que las condiciones laborales no sean buenas, es decir, que el porno sea feminista no significa que sea inherentemente bueno sino que busca representar otro tipo de sexualidad, no perpetuar ciertos estereotipos o imágenes que se repiten en cualquier video de porno comercial que podemos encontrar gratuitamente en internet y que haya diversidad de cuerpos y de ideas que no sean sexistas ni racistas.
Creo que podemos crear una pornografía diferente, con una perspectiva distinta, propia, que se escape de esos clichés que aparecen en todos lados, donde todo gira alrededor del placer del hombre, donde las prácticas que se visualizan son siempre las mismas y los cuerpos que aparecen en pantalla cumplen en su mayoría con ciertos patrones y estereotipos de belleza.

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Foto: Chio Lunarie – En rodaje con Erika Lust

¿Estás interesada en dirigir alguna película en un futuro?

Sí, me encuentro trabajando ahora mismo en mi propio proyecto de pornografía. Estoy buscando recursos para hacerlo y además empezando a estudiar cosas técnicas que necesito para poder llevarlo adelante, porque aunque tengo la experiencia detrás de las cámaras, soy exigente y quiero hacer un buen material. Tengo muchos proyectos alrededor de la pornografía. La industria del porno en Argentina no existe, solo hay pocos directores que aún siguen haciendo rodajes y son hombres con una visión del sexo y del porno muy distinta a la mía y más allá de proyectos y festivales de posporno, al menos hoy no encontré alguien que haya mantenido en el tiempo un proyecto pornográfico alternativo, independiente y que visibilice diversidad sexual y corporal en nuestro país. Creo que ser mujer y hacer porno hoy es político.

Entrevista a Salvador Sanz

por Mauro Insaurralde Micelli

Nacido en Buenos Aires en 1975, Salvador Sanz puede ser considerado como uno de los artistas jóvenes más representativos de la actual escena nacional historietil y, además, como uno de esos autores que se salen de la media por sus abordajes temáticos, en los cuales la cotidianeidad de las urbes se ve perturbada por fuerzas extrañas dignas de Lovecraft o que vira de manera indefectible hacia paisajes contrautópicos que nada tiene que envidiarle a un Orwell o un Huxley. Maestro Nacional de Dibujo egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, el artista que nos ocupa hoy es poseedor de un estilo tan inconfundiblemente único como atrapante.

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MI: Bueno, Salvador, antes que nada, muchas gracias por concederme esta entrevista. Conozco tus tiempos o escasez de ellos, así que se agradece la pausa para charlar un rato. Vamos a empezar hablando de tu evolución como artista. ¿Qué cosas mantenés de tu época como editor y autor en la ahora mítica Catzole y cuáles fuiste dejando por el camino? ¿Sentís que todo ese proceso ha valido la pena? ¿Hay algo que extrañes de esas viejas épocas?

SS: Mi forma de trabajar fue cambiando bastante, ahora soy más ordenando sobre todo con el proceso de escritura del guion, pero algunas cosas las mantengo igual, aun sigo trabajando sobre papel y calco el boceto en una hoja para luego entintarlo. Toda esa época fue muy importante para aprender este oficio, hacer muchos amigos y producir mucho arte.

MI: Con respecto a las otras disciplinas u oficios en las que te has desempeñado (la animación, la publicidad), ¿qué papel ocupa todo eso en tu vida? Quizá muchos ya lo sepan, pero para los que no, hay que señalar que has participado en cosas como “Mercano el Marciano”, el corto “Gorgonas” (una genialidad) o esa publicidad de una golosina bastante famosa -a la cual no vamos a nombrar para no pasar chivo gratuito- en la que un amigo imaginario decide volver a reencontrarse con eladulto con el que había compartido su infancia (otra perla, subjetivamente hablando).

SS: Básicamente la publicidad es trabajo para mí, trato de ser lo bastante profesional con eso, pero no es algo que atraiga creativamente hablando, la animación fue diferente por que hice proyectos personales como “Gorgonas”, aunque también trabajé de eso por un tiempo. Hoy en día estoy bastante alejado de la animación pero esporádicamente vuelvo a la publicidad cuando se me convoca.

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MI: Me contaron que participaste en el diseño del bestiario para la película “Necronomicón”. ¿Cómo fue esa experiencia?

SS: Muy divertido, es un proyecto muy atípico en nuestro país, mi trabajo consistió en diseñar criaturas sobrenaturales que luego serían modeladas y animadas en CGI. También aporté algunos dibujos conceptuales sobre los sets donde se va a rodar. Aun no pude ver mucho del resultado final, estoy muy ansioso por ver el resultado.

MI: Centrándonos en tu profesión más reconocible, varias de tus historias han trascendido el ámbito local y se han insertado con gran éxito en mercados extranjeros como el español o el estadounidense, ¿en qué ha cambiado tu situación como artista a partir de este fenómeno? ¿Te ha llevado a una búsqueda de nuevos temas? ¿Te ha condicionado a la hora de plantear un argumento?

SS: No ha cambiado en nada, sigo abordando la fantasía y el horror, y por lo general mis historias siguen transcurriendo en el país.

MI: Volvamos al ámbito local, ¿cómo ves la situación de la historieta nacional en estos momentos? Ya sea como industria o como ambiente, ¿qué cosas se están haciendo bien y cuáles deberían corregirse de cara a futuro?

SS: Creo que hay muchas editoriales independientes con material muy interesante y hay muchos eventos con propuestas distintas. Todo se puede mejorar, pero en general la cosa se mantiene.

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MI: Como ya se ha mencionado, sos un autor muy querido y elegido por el público. ¿Cómo te relacionás con tus fanáticos? ¿Cuál ha sido el pedido más raro que te han hecho en alguno de los tantos eventos a los que has sido invitado? (Sé de un caso en el que una persona te ha pedido que le dibujaras un Guts de Berserk en un tomo de AngelaDellaMorte, por citar un caso).

SS: ¡Jaja! Me han pedido cosas extravagantes en las dedicatorias, una vez dije que los pies eran muy difíciles de dibujar, y al rato me pidieron que haga un pie en una dedicatoria. Pero en general la gente tiene la mejor onda conmigo en los eventos.

MI: Aprovechando que sos profesor te pregunto, con una mirada docente, ¿qué consejos les darías a todas esas personas que quieren iniciarse en el mundo de la historieta como profesión?

SS: Dibujen muchas horas por día y traten de ser originales. Busquen qué le pueden aportar a la historieta, desde su visión, que se diferencie del resto.

MI: Hay algo que siempre he querido preguntarte y por una cosa o la otra jamás he tenido la oportunidad hasta ahora. Como lector, mi obra favorita de tu autoría es Legión, porque en ella se plantea que es a través del arte que la realidad se ve sacudida y perturbada para siempre. Teniendo esto en cuenta, ¿qué papel tiene para vos el arte como motor de cambio social? ¿Sentís que el artista debe aislarse de la realidad social o debe actuar en consecuencia para promover sus revoluciones particulares?

SS: Personalmente trato de aislarme de la realidad con mi arte, pero eso es muy difícil y siempre se filtra la realidad en la obra, aunque sea inconscientemente. Pero sí creo que el arte es una expresión tan poderosa que ha cambiado el mundo y lo volverá a hacer siempre.

MI: Para cerrar, no me quiero ir sin homenajear de alguna forma a un gran entrevistador como ha sido el señor Jorge Guinzburg, así que te lo tengo que preguntar: ¿Cómo fue tu primera vez… en la que llevaste un trabajo para que te lo evaluaran?

SS: ¡Jaja! Mi primera entrevista fue en la antigua Fierro, tenía unos 15 años quizás y me fue muy mal. Juan Lima, el por entonces redactor de la revista, me explicó muy gentilmente que no estaba listo para publicar y tenía razón.

Wonder Women y la subversión de las mujeres en la ciencia ficción

por Iván Paz

“no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”
Mary Wollstonecraft

Al día de la fecha, Wonder Woman se ha convertido, incluso con pocas semanas en cartelera, en la entrega blockbuster más importante que hemos visto hasta el momento, y en uno de los caballitos de batalla de DC previo al estreno, a fines de este año, de Justice League. Cuando el fracaso de Suicide Squad nos hizo pensar a los aficionados que, quizás, a DC le costaría levantarse mucho más de lo que esperábamos, y tras el éxito que supuso la intervención de Wonder Woman en la no tan buena Batman v. Superman, la estrategia de DC está dando sus frutos: producir el filme sobre la más grande heroína que haya tenido este universo, entregarle todo a una mujer. La intervención creativa de la directora Patty Jenkins cumplió con las expectativas de lograr modernizar una historia clásica de los ’70, oportunidad que se perdió Marvel cuando, hace años, decidió correr a Jenkins de la dirección de la primera entrega de Thor por supuestas “diferencias creativas”, cuyo lugar fue ocupado por… un hombre. En fin, el éxito de la entrega se debe, creemos, a múltiples factores: una sobria interpretación de Gal Gadot; una narrativa interesante con un guion que actúa en consecuencia; una edición de efectos especiales que satisface hasta al más exigente; un villano recreado exquisitamente por un siempre vigente David Thewlis (que retoma fielmente, además, al mejor Ares de los cómics y videojuegos de la saga Injustice). El combo perfecto para toda entrega de ciencia ficción que, para los amantes de los detalles, creemos que presenta algo más.

wonder-woman-movie-forest-battle-scene-gal-gadot-219244-640x320.jpgUna de las corrientes históricas del feminismo es la que se ha conocido como feminismo de la igualdad, la cual se plantea como objetivo, a grandes rasgos, construir la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en tanto originariamente humanos. La socióloga francesa Christine Delphy ha llegado a declarar incluso, leyendo a lo que luego sería la teoría queer, que los hombres y mujeres de la sociedad jerárquica actual no son más que construcciones sociales. Si bien dudamos de que la propia Wonder Woman se haya considerado a sí misma una feminista de la igualdad, su aporte desde esta perspectiva es esencial en tanto Diana no tiene consciencia de los roles sociales, ni mucho menos de los límites del género: su misión se dirige, exclusivamente, a la igualdad de todos y todas. La comunidad de las mujeres amazonas en la que ella nace, en la isla oculta de Themyscira, presenta desde el comienzo rasgos de sororidad. Incluso allí vemos una primera inversión de los roles clásicos de lo(a)s protagonistas: el rey y el guerrero, Príamo y Aquiles, son aquí la reina de las amazonas, Hippolyta, con una interpretación (como siempre) brillante de Connie Nielsen, y sobre todo Antiope, en manos de nuestra amada Robin Wright, la guerrera por excelencia encargada del entrenamiento en fuerza de todas las amazonas. La disrupción entre ellas se da desde el mismo comienzo: la reina Hippolyta, comprensiblemente ofuscada por la irrupción de hombres en la isla y totalmente decidida a no prestar asistencia a las necesidades de la humanidad, decide no sólo resguardar la entidad de las amazonas, quienes debían esperar pasivamente bajo el manto de la paz lograda, sino que miente a Diana respecto a sus verdaderas raíces, quién es ella realmente. Recuperando el espíritu de su tía Antiope, quien cae en batalla contra los soldados alemanes, Diana se enfrenta ante la disyuntiva de respetar el mandato de su madre, quien siempre abogó por mantenerla lejos de los campos de batalla, o seguir sus propios instintos que pedían, desesperadamente, sumarse a la lucha por aquella digna igualdad de todos los habitantes de la Tierra. Como sabemos, difícilmente haya un personaje más humano (aun no siendo humana) o bien podríamos decir más humanista que la propia Diana, quien abandona Themyscira para encarnarse en plena Gran Guerra al servicio de la desesperada y desesperanzada raza humana. Diana se encarga de romper con el esquema de la mujer preocupada (exclusivamente) por los restos humanos de la guerra, que a modo de asistencia social se inclina más por ayudar a las aldeas arrasadas en combate que por destruir al enemigo. El hecho de usar una tiara, brazaletes y de vestirse como se le da la reverenda gana no quitan a Diana la chance de demostrar que, en la guerra, los géneros no interesan a nadie, lo cual se encarga de probar, ciertamente, en la praxis misma: sabiendo que no hace falta ser Chris Pine para convertirse en un aguerrido soldado, se pone al frente de cada batalla de liberación que llevará, en última instancia, a la victoria de los Aliados. Su antagonismo, incluso, además de Ares y los robustos soldados del imperio alemán, se dará también, a la distancia, con la Doctora Maru, otra mujer dispuesta a romper la hegemonía del sexo masculino en el ámbito científico. Aun así, la película no está exenta de cuestionamientos caídos en lugares comunes (“¿cómo puede una mujer venir con nosotros, soldados masculinos, a intervenir en un campo de batalla?”), que soluciona con pequeños momentos cómicos en los que la propia Diana, desentendida totalmente de los roles de género, llega a afirmar muy segura de sí misma haber nacido de un molde de cerámica que su madre esculpió con sus propias manos, o incluso a intentar salir, semidesnuda, a las calles de la Londres sumergida en la guerra. Las amazonas, la reina y la guerrera, la mujer maravilla, la enemiga: una película entregada totalmente a las mujeres. Diana: una protagonista que lucha, pareciera, siguiendo los principios del feminismo de la igualdad, arrasando (aún inconsciente e inocentemente) con la división de papeles en función del sexo.

la-1496443500-cr28oqru0l-snap-image.jpgLa ciencia ficción no pareció poder librarse nunca de aquella división sexual de roles, presentándonos a aclamados personajes femeninos como Scully en The X Files, u Olivia Dunham en Fringe, que no llegaban a alcanzar un reconocido protagonismo por constituirse siempre a sí mismas como damas de compañía de los caballeros. En términos de series televisivas de ciencia ficción, hoy pareciéramos haber logrado que aquellos límites se tornen más difusos, con los aguerridos personajes femeninos de The Walking Dead, o incluso su propio spin-off, Fear The Walking Dead, rendido en su recién estrenada tercera temporada a los pies de su protagonista, Maddison Clark. No podemos obviar, por supuesto, a la reina de reinas, Game of Thrones, que ingresa en su séptima temporada con tres de las casas más relevantes de la historia (Stark, Lannister, Targaryen) representadas firmemente por mujeres. Lo mismo podemos afirmar de series animadas, como Star Wars Rebels, de series por venir, como StarTrek: Discovery (protagonizada por la ex TWD, Sonequa Martin-Green) o por series que no pertenecen exclusivamente al universo de la ciencia ficción, como House of Cards, cuyo final de temporada nos deja a todos expectantes respecto al nuevo rol de Claire Underwood. En términos superheróicos, las aclamadas Jessica Jones (de Marvel) y Supergirl (DC) aceptaron también el desafío de poner a mujeres a comandar las batallas, dando, por el momento, muy buenos resultados.

Wonder-Woman-Movie-Trailer-Gal-Gadot.jpgVolviendo a la pantalla grande, el protagonismo femenino pareciera haberse asentado ya hace años en tiras juveniles, como Harry Potter, donde el rol femenino nunca fue de compañía, o The Hunger Games, donde Katniss compartía de igual a igual los deberes protagónicos con Peeta Mellark, llegando, en debidas ocasiones, a apropiárselo por completo. El universo cinematográfico de X-Men tuvo también una intentona similar, en tanto aun debiéndole su existencia a Logan, Eric y Xavier no nos privó jamás de personajes como Jean Gray, Storm, Rogue o Mystique (aunque, podríamos decir, no hayan sido lo debidamente explotadas). Sin embargo, en términos de paradigma, toda la saga Star Wars ha logrado desde el comienzo, proponiéndoselo o no, revalidar el lugar que la mujer ocupa verdaderamente en una narrativa de ciencia ficción. Si bien se encargó de crear al quizás más grande villano de toda la historia, e incluso encarnó en su hijo al héroe de héroes, Star Wars nos presenta desde el vamos a una alianza rebelde comandada en la práctica por la princesa Leia, vaya figura de empoderamiento femenino si los hay, y virtualmente presidida por la senadora Mon Mothma, una de las primigenias opositoras al régimen del Imperio. Incluso en el reboot de la saga en este siglo nos presentaron, en las precuelas, a Padme Amidala, quien no escatimó jamás en maquillarse de pies a cabeza cuando fuera necesario para luego salir a empuñar las armas ante las guerras que se advenían (y sin la cual, podríamos decir, tampoco tendríamos a Luke y Leia). Rogue One nos trajo a Jyn Erso, guerrera sin quien no hubiéramos tenido jamás acceso a los planos de la Estrella de la Muerte, y el Episodio VII a nuestra nueva heroína (¿Skywalker?), Rey. La narrativa de Star Wars no ha escapado nunca a la importancia de los roles femeninos y a la necesidad de que, ante la amenaza de una destrucción de la humanidad entera (o la galaxia, venido el caso), empecemos a replantearnos realmente la importancia de la asignación de roles dependiente del sexo.

El espíritu de esta nota me surgió al encontrar una imagen que, orgullosamente, declaraba que hemos logrado ver a las Princesas de nuestra infancia convertidas en Generales. Refería, claramente, a Robin Wright, quién supo ser la princesa Buttercup en The Princess Bride y ahora vemos convertida en Antiope, y también a Carrie Fisher, ex Princesa y actual General Leia Organa. Partiendo de ello, pensando en ellas, sabemos que la lucha de las mujeres no se da sólo dentro de una pantalla, sino que ocurre, también, en nuestro mundo. La aclamada Robin Wright, Antiope (y Claire Underwood, por supuesto), viene luchando hace tiempo a través de una campaña que propone igualar los salarios de las mujeres al de aquellos hombres protagonistas de shows de entretenimiento, considerando en su caso (muy justificadamente) que su Claire es tanto o más necesaria que el Frank Underwood de Kevin Spacey, y que cobrar menos por su trabajo por el sólo hecho de ser la señora de no se justifica en esta realidad. Por otro lado, Carrie Fisher, nuestra general Leia, ha demostrado más de una vez su disconformidad con todo lo que los demás esperaban, siempre, de ella. Se ha peleado con muchísima altura contra aquellos que, tras el estreno del Episodio VII y recordando con “añoranza” a aquella Princesa Leia exhibida como un pedazo de carne debajo de Jabba, le achacaban haber envejecido un tanto demasiado, llegando incluso a mandar a pudrirse a todos los que pensaban que su cuerpo no había envejecido, quizás, tan bien como ella. En el caso de Gal Gadot, la protagonista de Wonder Woman, la situación es un poco más compleja: si bien ha sabido defender el incipiente feminismo del filme, es menos recordada por ello y más por haber justificado, como ex miembro del ejército israelí, el genocidio de dicho país sobre el pueblo de Palestina, una actitud, podríamos decir, muy poco wonderwomanezca. Sin embargo, siempre podremos recordar a Lynda Carter, quien fue la primera en parir al personaje en los revoltosos años ’70, y que ha declarado, en varias ocasiones y muy a lo Wollstonecraft, que ella siempre intentó armar una Wonder Woman “para las mujeres”.

El éxito de Wonder Woman, en los términos analizados aquí, no trae aparejado, como hemos intentado dilucidar, nada novedoso. Sin embargo, consideramos que nos puede llevar a pensar, con justa causa, en cómo se ha ido develando la gesta del nombre propio de las mujeres en un universo que nunca ha renegado de su masculinidad hegemónica, como lo es el de la ciencia ficción. Cuando en el filme nos develan que el arma real no es la espada matadioses sino la propia Diana hay un mensaje que debemos leer por detrás: las herramientas que las mujeres tienen para salir a luchar contra la hegemonía patriarcal del mundo están, siempre, en ellas mismas. Si la batalla es contra dioses rebeldes, allí tendremos a Diana, dispuesta a hacer estallar todos los paradigmas y a reescribir, a su manera, los roles de género. Cuando la lucha sea contra los dioses nietzscheanos, aquellos encarnados en valores absolutos que pretenden, también, decirles a las mujeres cómo y dónde deben ocupar sus lugares, también estará Wonder Woman, la figura que ha sabido desligarse de su lugar de “fantasía masculina” para salir a reclamarle, a la ciencia ficción, que la pantalla grande también le pertenece a ellas.

Cine argentino y diversidad sexual

por Emiliano Román

La mirada del siglo XX (de Pocholo a la abuela trans)

La representación de las sexualidades no heteronormativas siempre formaron parte de las producciones culturales y obras artísticas. El cine, en tanto productor y reproductor de subjetividades, ha hecho un largo y variado recorrido en el tema, respondiendo casi siempre al paradigma de la época, basado en estereotipos que en un primer momento fueron rígidos, monopólicos y superficiales. El cambio de complejidad en el desarrollo narrativo de la diversidad sexual y de género, nace con el nuevo siglo, resultado de la lucha y resistencia de agrupaciones activistas de los colectivos LGBTIQ y de movimientos cinematográficos, sociales y  políticos.

El cine argentino se encargó tempranamente de la visibilidad fílmica de personas LGTB, siempre acorde con los discursos sociales y científicos del momento. Hasta 1973 la homosexualidad era considerada una patología en el “Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales” (DSM). Recién en 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la eliminó  de su listado de enfermedades mentales. Eso influyó en la representación cinematográfica en gran parte del siglo pasado, retratando personajes desde el costado mórbido.

A pesar de que el psicoanálisis, desde principio de siglo, ya venía diciendo que no existe un patrón innato en la sexualidad humana, porque no estamos regidos por instintos que determinan nuestro comportamiento, sino por pulsiones y eso hace que la libido tenga montones de matices subjetivos. Por otro lado, varias teorías filosóficas y feministas desarrollaban la idea que no hay nada natural o biológico en el género, sino que es construido social y culturalmente.  La performatividad del género es una práctica social. Es así como la persona no tiene autonomía, sino que está obligada a “actuar”, en función de una normativa genérica que legitima o margina.

De todos modos, una sociedad heteronormativa y patriarcal necesita imponer la perfomatividad del género a través de los estereotipos esperables y estigmatizar a todo aquel que queda por fuera de las normativas. El cine es un arte, pero también es una industria y un entretenimiento, por lo tanto es uno de los aparatos culturales por lo cual se construye subjetividad. La construcción del género es producto de lo que Althusser llamó “aparatos ideológicos del Estado” y el cine forma parte de estos aparatos sociales de construcción.

El estereotipo es un elemento de construcción de sentido ideológico, si bien no necesariamente es negativo, suele estar asociado a impresiones cargadas de prejuicios y generan creencias colectivas, que tienden a cosificar. Son representaciones limitadas de cierta identidad que se reproducen de acuerdo al paradigma dominante de la época.

El cine es un arte, pero también es una industria y un entretenimiento, por lo tanto es uno de los aparatos culturales por lo cual se construye subjetividad.

los_tres_berretines-423165789-mmedEl cine argentino, desde sus comienzos participó en la construcción de una identidad nacional, basada en valores morales que provenían del criollismo, inculcando la honestidad, el trabajo y el patriotismo, haciendo hincapié en los rasgos hiper-viriles de sus personajes masculinos. El paradigma que circulaba del varón homosexual, allá por los años treinta, era el del invertido. El estereotipo correspondiente para estos sujetos marginales que habitaban el espacio público, era la marica. En la segunda película sonora argentina Los tres berretines (1933, Enrique Susini), ya tenemos al primer personaje gay de nuestra historia cinematográfica: “Pocholo”, interpretado por Homero Cárpena.

La marica es extravagante, exageradamente afeminado, con ademanes delicados, quebradura de muñecas, vestimenta excéntrica y voz aguda. Es utilizado como recurso para hacer reír a través de la burla, participando de alguna subtrama, especialmente acompañando a mujeres. Pocholo era un personaje simpático, un cinéfilo que se pavoneaba con las damas de la casa y las liberaba de estar siempre en la cocina. Las acompañaba al cine y compartían la misma pasión. Ellas esperaban ansiosas que llegue “Pocholo” para llevarlas a la función, mientras que los viriles señores estaban interesados en el futbol y el tango.

“Pocholo” marca un arquetipo de lo que vendría luego y monopoliza todas las representaciones de los gais en la pantalla grande: la mariquita. Con nombres ridículos, en general eran coreógrafos, modistos o mucamos fieles a los personajes femeninos. Si bien el estereotipo era burlón, carecía de agresión, estaban ahí para participar de alguna escena con gags y causar muchas risas. A “Pocholo”, le siguió “Pirulo”, el amigo afeminado de Amanda Ledesma en El astro del tango (1940, Luis Bayón), y los varios personajes secundarios en las películas de Niní Marshall. Se destaca una escena de Yo quiero ser bataclana (1941, Manuel Romero), donde el coreógrafo la saca del ballet por ser sustituta, a lo cual ella responde encolerizada: “No sé cuál de los dos, es más esa cosa”.

Casi todas las comedias de la época tenían su mariquita que garantizaba escenas de humor. En La casa de los millones (1943, Luis Bayon), Luis Sandrini era el anfitirión de una fiesta vestido de lacayo, llegan tres afeminados que se burlan de su traje, a los cual él responde que son las tres Marías y termina reflexionando con gestos de resignación: “Y mañana serán hombres”.

La serpiente de Cascabel (1948, Carlos Schlieper), presenta un profesor de danza en un internado de señoritas. Visiblemente amanerado, muestra un carácter ofuscado e histriónico porque es muy exigente con su trabajo. La figura del estereotipo marica seguirá presente en las comedias durante todo el siglo. El problema en esa época, no era la visibilización de la marica, hoy casi extinguida de la representación cinematográfica, la cuestión pasaba por lo cliché del estereotipo, personajes muy secundarios con pocas vetas subjetivas, más allá de sus rasgos femeninos en un cuerpo de varón, y siempre al servicio del o la heterosexual. Si bien no deja de ser una inclusión excluyente, es más adelante cuando el estereotipo vendrá estigmatizado desde un lugar más denso y homofóbico.

El travestismo también es representado desde épocas muy tempranas. La primera película sonora es ¡Tango! (1933, Luis Moglia Barth), un musical de guapos y malevos que simboliza el imaginario tanguero, cierra con una performance drag de la popular cantante Azucena Maizani, interpretando el tango “Milonga del 900” vestida de varón, emulando a un compadrito (signo de la virilidad). Lo que ya implicaba una desnaturalización del macho cantante de tangos y una primera actuación transgénero. Ya a modo de ficción en La estancia del gaucho Cruz (1938, Leopoldo Torres Ríos), el personaje de Rosa Rosen se hace pasar por varón para conquistar a un patrón que tiene fama de “Don Juan”.

vidalita.jpgMirtha Legrand también se travistió de gaucho en Vidalita (1949, Luis Saslavsky), para hacerse cargo de la estancia de su abuelo que está creído que tiene un nieto varón. Su personaje entra y sale todo el tiempo entre ser chico y chica, lo cual provoca que se enamore de ella un capitán que está dispuesto a casarse, sin tener en claro su verdadera identidad, cosa que iría a descubrir en la noche bodas. Esto generó innumerables cargadas de los paisanos del pueblo, pero para el happy end heteronormativo, Vidalita demuestra que era una muchacha y todos felices y contentos.

El travestismo también es representado desde épocas muy tempranas. La primera película sonora es ¡Tango! (1933, Luis Moglia Barth).

La desnaturalización de sexualidades hegemónicas en el cine durante estos años funciona como transgresión, solo si se trata de una estrategia transitoria y humorística que no pone en juego la heterosexualidad de los personajes. Por otro lado, el travestismo es llevado a cabo por mujeres que al presentar semblante de varón le serviría para mostrar habilidades superadoras, en cambio si el que se trasviste es masculino, la imagen es degradante al rebajarse a ser mujer.

deshonra.jpgLas lesbianas no han corrido mejor suerte con esto de la visibilidad cinematográfica. En 1951, Catrano Catrani con Mujeres en sombras inaugura un nuevo sub género: cárcel de mujeres, donde comienzan a aparecer lesbianas en situación de prisión. El año siguiente Daniel Tinayre estrena Deshonra, y adelantado como siempre, por primera vez muestra una relación amorosa entre mujeres, claro que ambas estaban presas, una era alcohólica, la otra asesina y malísima. Este tipo de películas siguió hasta fines de los ochenta y es un estereotipo que reproduce un espeso paradigma. La lesbiana es potencial delincuente, debe estar encerrada. La sexualidad femenina siempre fue algo ruidoso para el patriarcado, o debe ser sagrada o estar al servicio del goce masculino. Cuando esto no ocurre más vale ponerla entre rejas.

El realizador Carlos Christensen, fue uno de los precursores del melodrama. Muchos de sus films tienen encriptados detalles que son índice de homosexualidad. En Safo. Historia de una pasión (1943), subvierte los estereotipos de género establecidos en la época. Una sublime Mecha Ortiz es una mujer hombruna, decidida e independiente que arrastra y seduce al joven inocente y lacrimoso Roberto Escalada. O invierte los géneros hegemónicos, o se trataba de una historia homosexual donde el personaje de Mecha Ortíz era en realidad un varón.

En La muerte camina bajo la lluvia (1948), muestra a cuatro caballeros solteros que viven en una pensión con extrañas y excéntricas conductas para formar un clan criminal. El pederasta que personifica en Si muero antes de despertar (1952), secuestraba y abusaba de niñas pero todo indica que su verdadero objeto de deseo era el pequeño díscolo Lucio.

Con los años sesenta, la homosexualidad solo ocupaba visibilidad en las páginas policiales de las noticias. Aparecen nuevos estereotipos que oscilaban entre pervertidos, malvados o delincuentes basados en paradigmas patológicos y/o moralistas. Las lesbianas siguen presas como en El octavo infierno, cárcel de mujeres (1964, Ariel Cortazzo), pero es nuevamente Daniel Tinayre quién se presenta como un pionero. En la  hitchcockiana y erótica El rufian (1961), relata un triángulo amoroso entre un cirujano homosexual, su esposa y el amante de esta. El médico intentaba por todos los medios hacer pasar a la mujer por loca, consultando con varios especialistas, debido a que ella había percatado que el doctor tenía amoríos con un joven colega. Finalmente, el marido es asesinado por el amante de ella. El film de Tinayre es la primera vez que exhibe a un personaje homosexual abiertamente y por fuera del estereotipo del mariposón payasesco; también ofrece una nueva cuestión narrativa que se va a repetir hasta el cansancio: el personaje con disidencia sexual siempre va a terminar mal, no hay posibilidad de un final feliz para estos casos.

Con Extraña ternura (1964), Tinayre vuelve a apostar al triángulo amoroso y si bien la homosexualidad es insinuada, trata de un millonario que se obsesiona con su ahijado y no soporta que el joven enloquezca con una cantante de cabaret. Represión mediante, el muchacho se tornó en su objeto de deseo y claramente este señor “extraño”, es el malo de la película.

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Durante estos años, llega la revolución sexual. El cine con cuotas de erotismo toma gran auge, ya sea en forma de thriller, melodrama o comedia picaresca. La sexualidad comienza a ser un negocio, por eso, de a poco, se da lugar muy tímidamente a identidades diversas, que generalmente apuntan al morbo del espectador. Por primera vez aparecen en pantalla personalidades de identidad trans. En 1962, Enrique Carreras, llama a la francesa Coccinelli, la primera transexual intervenida quirúrgicamente de fama mundial, para que interprete una escena en Los viciosos. Luego de un formidable show, unos periodistas le piden una foto y al tomar ella una muñeca, le preguntan si no es demasiado grande para tener juguetes, a lo cual ella responde: “Como mujer tengo solo cuatro años”.

En Testigo para un Crimen (1963, Emilio Vieyra), aparece una travesti llamada Michelle. Hace una perfomance streap, al presentarla el conductor dice: “es hombre o mujer, de ustedes será el veredicto: él o ella, es hermosa”.

fuego.jpgSi hablamos de cine erótico, el mejor representante de esos tiempos fue Armando Bó con su actriz ícono Isabel Sarli. En muchas de sus películas está presente el mismo personaje: “Manolo” un mayordomo que responde el estereotipo primario de la marica. Pero en el film Fuego (1969), tenemos a las primeras escenas de sexo lésbico. Sarli hace de una ninfómana insaciable y deja que su ama de llaves (Andrea), claramente lesbiana, con voz gruesa y actitud viril, despliegue sus pulsiones sobre su cuerpo. Si bien nuevamente en estas películas el personaje homosexual está al servicio del heterosexual, hay una escena que cuestiona los mandatos heteronormativos. Cuando el pretendiente de Isabel intenta denigrar a Andrea desde un lugar moralista, ella le responde: “Esto no es bajo instintos, esto es amor señor, un amor como el suyo, de dos seres que se aman profundamente”. Aunque la que queda excluida del triángulo es la lesbiana.

Otro triángulo amoroso se da en La piel del amor (1973). Susana Giménez seduce a Claudio García Satur para entregárselo a su marido Héctor Alterio, un perfil refinado de la marica, pero con rasgos manipuladores y una marcada obsesión con el joven. El estereotipo psicopático se hace nuevamente presente, y es el personaje homosexual el que se vuelve a quedar solo.

En los años setenta, aparecen las primeras representaciones complejas de la homosexualidad que desarrollan la subjetividad del personaje, ya no desde un lugar unidimensional. Hasta aquí se mostraba las disidencias sexuales pero sin nombrarlas, los que los transformaba en personajes abyectos. “Ni nombrados, ni prohibidos” diría Butler (1991). El punto de inflexión lo hace La tregua (1974) de Sergio Renán. Basada en una novela de Mario Benedetti, fue la primera película argentina nominada al Oscar. Por primera vez en un relato fílmico, los estereotipos son tímidamente deconstruidos. Tres personajes secundarios gais desestructuran la realidad del protagonista Martín Santome (Héctor Alterio). Santini (Antonio Gasalla), empleado nuevo en la oficina, es un amanerado claustrofóbico. Al ser es objeto de burla por parte de sus compañeros, les contesta enfurecido sobre la miserable vida que llevan ellos como oficinistas. Acá la marica no estaba para hace reír, sino para incomodar e interpelar ciertas formas de vidas incuestionables del sistema.

El otro personaje es Jaime (Oscar Martinez), el mismísimo hijo de Santome, la novedad es que se muestra a un gay como un joven de clase media, de “buenos modales”, trabajador, intelectual y atractivo. Al no ser comprendido por su familia, abandona la casa y en algún punto habilita al padre a tener otra historia de amor transgresora, con una mujer mucho menor que él. En una escena donde Santome le cuenta a su hijo una anécdota de Santini, tratándolo a este de anormal, Jaime le responde: “Vos querés decir marica papá, se dice marica”. Un tercer personaje aparece en la trama, es interpretado por Sergio Renán, que al tener un diálogo con Alterio  le dice que no hay ningún depravado que pervierte a su hijo y que nadie está pervertido.

la raulito

En 1974, Lautaro Murúa estrena La Raulito, biopic de la célebre hincha de Boca Junior, María Esther Duffau, con un inolvidable trabajo interpretativo de Marilina Ross. Es la primera vez que se aborda un film desde el punto de vista de un personaje con identidad disidente. “La Raulito”, se vestía, se comportaba y se hacía llamar como varón desde muy pequeña, para sobrevivir en un mundo expulsivo que no le ofrecía lugares de pertenencia. “No quiero ser hombre, lo que no quiero es ser mujer” confiesa. Podríamos considerar a “La Raulito” como el primer personaje protagónico queer del cine argentino.

mi novia el.jpgEn 1975, se proyecta la comedia Mi novia el… (1976, Enrique Cahen Salaberry). Originalmente se iba a llamar Mi novia el travesti  pero esa palabra “irreproducible” fue censurada y sustituida por puntos suspensivos. Susana Giménez interpreta a una mujer que se hace pasar por una travesti para trabajar en un cabaret. Colmada de chistes con recursos homofóbicos y transfóbicos, también ponía en el tapete la estupidez del machismo argentino. El supuesto final feliz es que el personaje de Susana es una mujer y no “el coso ese”, como le dice un amigo.

La dictadura cívico-militar se apropia del gobierno en 1976. El cine entró en una etapa infame, con el acento en los valores de familia y tradición, las comedias y el drama pasatista monopolizaban el ámbito cinematográfico. Las sexualidades no hegemónicas solo tenían lugar en las comedias pícaras de Olmedo y Porcel, que intensificaban los aspectos negativos del estereotipo primario, caricaturizando al gay o a la travesti hasta los lugares más grotescos y abyectos, desde el desprecio de una mirada misógina y homofóbica. Por otro lado, la censura y prohibición están a la orden del día.  Se le impone a Armando Bó que el personaje “Manolo” sea menos homosexual en su film El último amor en Tierra del Fuego (1979), y la película Piedra Libre (1976, Leopoldo Torres Nilson), fue censurada porque incitaba al lesbianismo.

Así y todo, María Luisa Bemberg, una de las pioneras del cine feminista en Argentina, logra eludir la censura y estrenar Señora de Nadie, en 1982. Un relato que cuestiona el matrimonio y la  heterosexualidad obligatoria. Julio Chavez interpreta a Pablo, joven gay amigo de la protagonista Leonor (Luisina Brando). Un papel rico en matices que puede nombrarse a sí mismo como marica y tener una sexualidad asumida. Bemberg nos posibilita otra novedad: no hay desenlace triste, ni trágico para el personaje homosexual. Una escena final donde Leonor y Pablo están acostados, celebrando el vínculo de la amistad.

Las sexualidades no hegemónicas solo tenían lugar en las comedias pícaras de Olmedo y Porcel, que intensificaban los aspectos negativos del estereotipo primario, caricaturizando al gay o a la travesti hasta los lugares más grotescos y abyectos, desde el desprecio de una mirada misógina y homofóbica.

A mediados de los años ochenta, vuelve la democracia al país, nuevos aires de libertad se respiran, pero también aparece súbitamente la epidemia del SIDA. Lo cual implicó un retroceso en el imaginario social acerca de la homosexualidad masculina. El paradigma del discurso médico y patológico vuelve a apropiarse desde la paranoia colectiva. Tanto en El desquite (1983,) como en La Búsqueda (1985), de Juan Carlos Desanzo, lo gay aparece asociado a lo marginal, promiscuo y criminal. En la biopic del caso Shocklender: Pasajeros de una pesadilla (1984, Fernando Ayala), se alude a la bisexualidad del padre y sus vinculaciones con la dictadura.

atrapadas.pngLo lésbico sigue presente desde el estereotipo carcelario. Podemos establecer una trilogía que cuentan más o menos lo mismo: Las procesadas (1975, Enrique Carreras), Atrapadas (1985, Aníbal Di Salvo), y Correccional de mujeres (1986, Emilio Vieyra). En todas, las villanas son lesbianas delincuentes, pero a esto hay que sumarles a las guardias cárceles que aprovechan su posición de poder para satisfacer sus libidos homosexuales.

Párrafo aparte merece Atrapadas, una película tan trash que ya es un clásico de culto, donde Camila Perisé interpreta a un verdadero monstruo lésbico, que no tiene el menor escrúpulo de mandar a sus compañeras de prisión como trata de blancas y en hacer pis en el rostro de su “retobada” rival: Leonor Benedetto.

adios roberto.jpgEn la primavera democrática se estrenan las dos primeras películas del cine argentino con temática homosexual: Adiós Roberto (1985, Enrique Dawi), y Otra historia de amor (1986, Américo Ortiz de Zárate). Ambas películas retratan las dificultades de llevar adelante una relación amorosa entre dos varones en medio de un contexto homofóbico. Si bien hay que rescatar que visibilizaron por primera vez un drama de temática gay, el costo subjetivo que pagan los personajes por salir del placar es muy alto.

Sobre todo en Adiós Roberto, donde la homofobia también es interna, interpretada por Carlos Calvo, un pibe de barrio que se autotortura con fantasías, a modo de alucinaciones visuales y auditivas que condenan su flamante homosexualidad. En Otra historia de amor sí hay resistencia e interpelación al discurso homofóbico, pero a un personaje lo despiden del trabajo y al otro lo trasladan a España.

atraccion-peculiar.jpgLas comedias siguen presentando al estereotipo primario. La más representativa es Atracción peculiar (1988, Enrique Carreras), con el dúo Olmedo y Porcel. Esta vez Olmedo interpreta a un personaje homosexual pero desde un estereotipo afeminado hiperbólico; en cuanto a Porcel, es heterosexual aunque se apellida Trolombati, desde ahí nos damos una idea por donde viene la burla. Plagada de gags fálicos, acá la homosexualidad puede ser nombrada aunque con palabras como “pedazo de trolo”, “marica”, “puto” y “mariposón”.

Entrados los años noventa, una nueva apertura social se vuelve a respirar, esto es producto que los movimientos LGBT comenzaron a marcar agenda política, el cine no queda afuera de estos procesos, ya no hay tanta fijeza de los estereotipos en las estructuras narrativas. En Dios los cria (1991, Fernando Ayala), un gay (Hugo Soto), forma una familia, un tanto queer, con una prostituta (Soledad Silveyra), y el hijo de esta. Frente al contexto de un barrio que los rechaza, deciden irse a vivir al sur. El costo de la salida del placar es el exilio de la ciudad, pero terminan juntos sin ceder a sus deseos, a diferencia de los films de los años ochenta.

Parece que las lesbianas salieron de prisión, ya no se las representa como criminales sino como personajes con una complejidad multidimensional. En Funes un gran amor (1993, Rául de la Torre), dos reconocidas actrices, Nacha Guevara y Andrea del Boca, interpretan un romance lésbico en medio de un burdel de los años cuarenta. Película que también plantea una subversión de los roles asignados a los géneros en esos años. Un mujer pianista llega a un club para integrar la banda de músicos varones y a su vez tiene un amante mucho menor que ella, que además es su sobrino. En Matar al abuelito (1993, Luis Cesar D’Angiolillo), el personaje que encarna Laura Novoa es de una chica lesbiana que puede sincerarse ante los otros y ser aceptada.

 Eva Perón (1996, Juan Carlos Desanzo), una de las tantas biografías de Evita que fue llevada al cine, tiene una escena con Paco Jamandreu, su famoso modisto, quien le dice a ella: “Ser puto, ser pobre y ser Eva Perón, en este país despiadado es la misma cosa”.

Martín Hache.jpgAdolfo Aristaraín realiza Martín Hache (1997), donde Eusebio Poncela, interpreta a un gay amigo íntimo del protagonista, un papel con mucha presencia en la historia, el cual vive al límite de los excesos pero también es el que más clara tiene su posición en la vida, funciona como sostén frente el derrumbe de los otros tres personajes y transmite de manera camaleónica una personalidad dúctil y atractiva.

cohen versus rossi.jpgCohen versus Rossi (1998, Daniel Varone), es un sainete modernizado, en el cual el “abuelo” (Alfredo Alcón), se trasviste porque se autopercibe como mujer, provocando el rechazo de su hijo político y mafioso. Es interesante como las dos nietas de la familia, los dos personajes más dignos de la historia, son las únicas que la tratan como abuela. Algo a destacar es que se aborda la diversidad sexual en la tercera edad, tema bastante invisibilizado hasta en la comunidad gay. De todos modos, el largometraje por momentos muestra los deseos de la abuela trans como una construcción delirante y no como identidad de género. En el film tiene un papel Florencia de la V, la primera mujer trans que se convirtió en estrella del espectáculo, quien años más tarde pudo sacar su documento de identidad como mujer y ser madre al adoptar dos hijos.

Pero esto es parte de los logros que se alcanzarán en el siglo siguiente, donde el cine nacional exhibirá otras representaciones fílmicas de la complejidad sexual y de género, acorde a un discurso social más inclusivo, con una nueva generación de cineastas deseosos de una mirada más rica, heterodoxa y diversificada  de la subjetividad humana, tanto a nivel estético como narrativo.

Si en gran parte del siglo XX el campo de la visibilidad de las diversidades sexuales era a condición de procesos de estereotipificación que garantizaban mantener al margen las identidades disidentes que habitan el espacio público, en el siglo XXI, se deconstruyen estos mecanismos desde un paradigma “normalizador”, que tiene sus cuestiones, pero eso será tema de abordaje en un próximo escrito.

Continúa en el próximo número.

La Coop: Una historia de amor por los libros

por Esteban Dilo

Marcos Almada, editor de Alto Pogo, respondió algunas preguntas en nombre de La Coop. Van a encontrarse con una marabunta de editoriales nacionales, unidas para que podamos disfrutar de ellas en todos los aspectos posibles, no posibles pero sí leíbles.

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¿Cómo nació La Coop?

Podríamos decir que La coop se gestó en el ciclo llamado Pista, que se lleva a cabo en Zona futuro, ese espacio dentro de la Feria del libro, que contiene las nuevas tendencias, lo emergente, lo alternativo, referido a las letras, pero también a la música, a la plástica, al teatro, al cine. El ciclo Pista consiste en que varios sellos editoriales nuevos, tiene 5 minutos para presentarse en sociedad. Zona Futuro estimula el encuentro. Y eso pasó. Nos encontramos algunos editores, y nos pusimos a hablar de los procesos de la edición, de talleres, costos, la distribución, las librerías, la comunicación, las ferias. A partir de ahí empezamos a juntarnos a charlar más seriamente en la posibilidad de unificar esfuerzos y trabajar juntos. Después fuimos llamando a otros sellos, y al día de hoy ya somos 14 sellos editoriales que trabajan en conjunto.

Siendo tantos sellos editoriales, ¿qué pasa cuando llega un borrador prometedor? ¿Hay un orden de prioridades para analizar quién lo va a editar?

El criterio de selección de textos para publicar es independiente de cada sello. Trabajamos en conjunto la distribución, la circulación, la comunicación, viajamos en conjunto a las ferias del libro, y ciertos procesos de producción, pero cada sello forma su propio catálogo de manera independiente. Sí, pasa que nos recomendamos autores, y hacemos circular, a veces, el material que nos llega.

¿Siguen sumando editoriales a La Coop?

Este año se sumaron tres sellos, Evaristo, Clase Turista y Clubcinco, con los que ya veníamos trabajando.

¿Cómo deben hacer para integrarse al proyecto?

En verdad, a esta altura, nosotros vemos qué sello nos interesa, de qué manera trabaja el editor, y analizamos en conjunto si es posible integrarlo, y en qué beneficiaría a La coop su integración.

¿Qué opinan sobre las publicaciones de libros digitales? ¿Tienen pensado abordar los e-book?

Alguno sellos de La coop ya publicaron e-book. Hay una idea de hacerlo también en conjunto. El e-book, mas allá de las ventas que genere, es un muy buen formato para que los textos lleguen allá donde no llega el papel. Nos interesa por eso mismo, para que los textos circulen y que los autores que publicamos se conozcan en otros lugares a donde no llegamos con la distribución.

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Foto: Noelia Pirsic

A la hora de querer publicar una obra, ¿cómo es el trabajo con el autor? (¿es autoedición, coedición o publicación como apuesta de la editorial?)

Ningún sello de La Coop cobra por la edición. Es una apuesta al texto y al autor. El trabajo es cara a cara con el autor. Se lee mucho, se corrige lo que estimemos que hay que corregir, se discute con el autor, y se llega a un acuerdo. Del mismo modo en el que nos ponemos el libro al hombro y hacemos muchas movidas para que el libro se distribuya, circule, se venda, del mismo modo le pedimos al autor que trabaje paralelamente a nosotros, que acerque ideas, contactos, propuestas. La mayoría de las veces pasa, la minoría no.

¿Cómo es su distribución? ¿Hasta dónde les gustaría llegar?

La Coop tiene una distribuidora propia que llega a varias muchas librerías de Capital y Gran Buenos Aires, y también en varias librerías de las provincias. Gracias al trabajo de Juan Alberto Crasci que se puso al frente de la distribución, todas las semanas sumamos una nueva librería. Queremos llegar a la mayor cantidad de puntos de venta. Para eso trabajamos constantemente. Incluso La Coop distribuidora ya le presta servicio a varios sellos externos a La Coop.

¿Tienen planes para sumar otro local más?

Siempre soñamos.

Hace poco Leo Oyola estuvo firmando nunca corrí, siemprecobré en la librería. ¿Cómo resultó la presentación?

Leo, además de un gran escritor es un motor, un escritor que le pone al cuerpo al libro. Hace años que lo veo trabajar, y siempre me maravilló la fuerza que tiene. Podría nombrar otros escritores como él. Juan Guinot, Gabriela Cabezón Cámara, Nicolás Correa, Bibiana Ricciardi, Macarena Moraña, Loyds, Jotaele Andrade, Walter Lezcano, Gustavo Yuste, Javier Roldán, Pablo Martinez Burket. Autores generosos, que no solo empujan el propio carro.

¿Cuáles serán las próximas publicaciones?

Sorpresa.

Los anomales Vol°2: MadCrampi

por Alan Ojeda

Los anomales es una serie de entregas sobre magia y arte. ¿Por qué? Porque en los caminos subterráneos (y otros no tanto) del país aún se mantienen tradiciones que muchos pensarían que se encuentran desaparecidas. ¿Qué ha pasado con la Golden Dawn, los Martinistas, la O.T.O y otras logias esotéricas? Resisten, porque como lo dijo Rilke: “Resistir lo es todo”. La idea de magia ha sido muy productiva en el arte. Cine, literatura, pintura, no hay espacio donde el toque de lo invisible haya aparecido para conmocionar el imaginario.

Los anomales entrevistará a exponentes de distintas ramas del esoterismo contemporáneo. El cuestionario será, de base, el mismo. ¿Por qué? Porque permitirá que los entrevistados tomen posición sobre ejes principales de la materia en discusión, que a su vez son lo suficientemente específicos y generales como para abrir las indagaciones sin obtener repeticiones.

En esta segunda entrega responde MadCrampi. Nacido en Noviembre de 1972, MadCrampi es director de cine, escritor y estudiante de Ciencias Ocultas. Entre su obra fílmica podemos mencionar Run Run, Bunny! (2003), Mondo Psycho (2006), Todos Mis Muertos (2012) y Mala Vida, cuyo estreno comercial se espera para este año. También ha producido para otros directores como el documental La Peli de Batato de Goyo Anchou y Peter Pank. En el ámbito literario ha publicado una serie de micro relatos bajo el título de ZintoniZado No-ZintoniZado (Fan Ediciones, 2011) incluyendo la micro-nouvelle La Conspiración de Ouranos.

–   ValentinTomberg, en su libro sobre los arcanos mayores del tarot, dice que gracias a Cristo ya nadie debe ser iniciado por otra persona en los misterios, sino que ya todos lo estamos. Sin embargo, hay elementos que nos despiertan por primera vez esa curiosidad/sensibilidad de la magia. ¿En qué momento comenzaron a transitar este camino? ¿Cuáles fueron los primeros acercamientos a la magia?

El postulado cuando menos me desconcierta; por ahí ValentinTomberg sabe algo que yo ignoro, pero si desde la aparición del Cristo no es necesaria la iniciación no se que estuvimos haciendo los últimos dos mil años pero yendo a la pregunta puntual, creo que la Magia siempre estuvo ahí, como llamándome. Crecí en una casa con una importante bibliteca esotérica y lo primer que llamo poderosamente mi atención fue el Tarot que mi padre guardaba en un pequeño maletín y yo lo sacaba para verlo para vez que tenía la oportunidad. Desde entonces quise entender lo que de alguna manera ya sentía que me pertenecía o tal vez sería más correcto decir que desde entonces todo mi esfuerzo fue por recordar. Toda la vida fui buscando e involucrándome en todos los sitios menos los correctos; parte del aprendizaje también pero mi padre, un hombre de la vieja escuela fue severo cuando me advirtió que nunca fuera detrás de un charlatán, de gente que pusiera por delante el dinero o de grupos que me abrieran las puertas sin ponerme a prueba previamente. Así que el camino solitario fue desolador y varias veces tires los guantes, pero cada vez que esto pasaba, la Magia reapareció y me reencauzo y así, sincronismo tras sincronismo, fue llegando al lugar en donde hoy estoy y la pregunta que siempre me sobrevuela ¿Mago se nace o se hace?

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 – ¿Qué diferencias hay entre la práctica de la magia y las prácticas religiosas tradicionales?

La práctica religiosa tradicional es más bien devocional y pasiva mientras que la práctica mágica es iluminista y activa, aunque hay muchos puntos en donde ambas suelen encontrarse. Un ejemplo es la Misa; la Misa se trata de un ritual mágico que incluye la idea del Sacramento como algo vivo; el sacerdote invoca cierta fuerza la cuál ha de ser cristalizada en un alimento o bebida para luego ser consumida por la congregación. También podemos encontrarnos con lo devocional dentro de la práctica mágica, pero a diferencia de la religión, no como un fin en si mismo sino más bien como un medio para alcanzar determinado fin. Pero en cualquiera de los casos tanto el Mago como el Mistico buscan alcanzar el conocimiento de la divinidad; Crowley decía: “No estamos ni con la virgen ni con el pichón, nuestro método es la ciencia, nuestro fin la religión” y acá hay que dejar de ver la palabra Religión como una mala palabra ya que desde el punto de vista mágico Religión se entiende como Unión (religare, unir), como Yoga y Yugo, unión. La Magia busca la unión del macro con el microcosmos pero utilizando distinta aplicación; el camino del Mago es prometeico, heroico, atrevido; como el alquimista, mete las manos en el fuego a ver que pasa; el sendero religioso es más pasivo; el místico confía demasiado en los planes de la divinidad y contempla sin inquietarse. También hay que decirlo, la religión tal como la conocemos esta en banca rota; las vueltas de la vida me han llevado a asistir a ritos católicos carente de cualquier manifestación de magia y poder y sus sacerdotes parecen más interesados en hacer politiquería y bajar una línea moral que en administrar sus propios misterios.

– ¿Cómo encontrás el panorama actual del desarrollo de las órdenes a nivel local e internacional? ¿Al día de hoy hay algún nuevo personaje relevante para la producción de nuevas lecturas sobre el tema como lo fue Crowley a comienzos de siglo?

Las cosas están bastante revueltas y aunque todo está bastante confuso no puede ser del todo malo; claro que los que nos mantenemos en el margen romántico de la magia tenemos una tendencia a exagerar la nota y a ponernos molestos con tanta diletancia y sobreinformación; desde los 60s que el resurgir de la magia y las ciencias ocultas devino en un nuevo mercado y la proliferación de literatura esotérica y todo tipo de merchandising mágico no termina de completarse si no es con nuevas Órdenes, fraternidades y grupos mágicos sin ningún tipo de anclaje en la Tradición y con propuestas curriculares de dudosa efectividad, pero bueno, uno tampoco es nadie para juzgar el camino de los demás; los tiempos no son ajenos al cambios pero ciertas cosas se adaptan para permenecer; antes la información debía ser encontrada, como la puerta del santuario; hoy la información está a un click, al igual que tantas puertas pero como en el cuento de Poe La Carta Robada, el escondite está a la vista pero en medio de tanto ruido son pocos los que lo pueden ver. Me causa mucha gracia ciertos autores que no paran de publicar libros en los que realmente no dicen nada y suman cada año más y más páginas, ediciones de lujo, etc. Creo que después de Crowley no hay mucho que rescatar; hay demasiados exegetas del Maestro Therion que no aportan nada. Si tengo que destacar a alguien es a Peter Carroll -fundador de la Magia del Caos- quien me parece el mejor Mago/Ocultista del Siglo 20 y hasta ahora del 21; también destaco a Donald Tyson, un hombre con una obra basta, tan erudita como moderna -en el mejor sentido de la palabra- y sumamente personal.

19692268_10154793578202759_1409978956_n– ¿Qué función cumplen las practicas esotéricas en el individuo en particular? ¿Qué función cumple hoy en día en la sociedad hiper-secularizada de la modernidad tardia?

Recuerdo que una vez mi Maestro me dijo que después de la Iniciación era imposible volver atrás, era imposible regresar al burgo, porque hoy la iniciación -a cualquier nivel- es algo que la sociedad ya no ofrece. La Magia da Poder real a la Palabra; cuando se pronuncia un juramento frente a los poderes invisibles se está firmando un pacto inviolable en los Planos; uno puede jurar guardar secretos, puede jurar fidelidad a un Maestro, puede jurar ayudar en cualquier condición a un hermano y hasta dar la vida para defender el honor de uno de ellos; en esta sociedad donde la palabra no tiene ningún valor, la vida misma no tiene valor; incluso no hace tanto -siempre lo cuento porque me parece paradigmático- los mismos viejos ladrones de mi barrio ayudaban a mi abuela cuando la veían venir cargada con las bolsas del mercado, eran delincuentes y aun así, hombres de honor; hoy en este mismo barrio muelen a patadas a un pobre viejo por un celular; hoy nos gobierna la vulgaridad y la vulgaridad es enemiga de la Magia; esta sociedad es contrainiciática, nos va canibalizando mientras las masas parecen mesmerizadas tras una falsa noción de progreso y evolución social; No es casual que la Magia haya resurgido con el advenimiento del materialismo dialéctico y desde entonces no haya dejado de ofrecer resistencia. La práctica de la Magia buscar elevar al hombre a un nivel superior de moral, volverlo “más que humano”, hacerlo consciente de su propio genio y de su propia divinidad en una sociedad con altos niveles de alienación. No podemos creen en la justicia, no podemos creer en la política como herramienta de cambios; por eso Robert Anton Wilson decía que hasta el anarquismo había fallado por mantenerse ligado a la política y que la única clave para la liberación estaba en la Magia; hacer de lo ordinario algo extraordinario, una salida del laberinto, pero por arriba.

–   La variedad de logias/ordenes es grande, pero en un periodo que va desde comienzos del Siglo XX y mediados de siglo, se vivió un reflorecimiento con nuevas logias y tradiciones (la fragmentación de la Golden Dawn, el nacimiento de la O.T.O y sus desprendimientos internos como los typhonianos y draconianos, etc) ¿En qué tradición te ubicás? ¿Cuáles son las bases de esa tradición? ¿Qué la distingue del resto?

Yo me ubico dentro de la Tradición Thelemica, es decir, la tradición iniciada por Crowley a partir de la revelación del Libro de la Ley en 1904 y su máxima: “Haz tu voluntad”; fui formado en la OTO a la que considero el ala más ortodoxa de la Tradición, aunque últimamente me siento más bien una especie de thelemita “protestante” ya que fue encontrando en el camino algunas nuevas expresiones más heterodoxas con las que siento algún tipo de afinidad.

Aunque algunos bienintencionados gustan considerar a Thelema como una religión, lo que aleja a Thelema de cualquier forma conocida de religión es la idea de que no es aceptable una interpretación canonica de la Ley, cada individuo debe interpretarla para si y cada individuo debe buscar y ejecutar su Verdadera Voluntad. Prefiero llamar a Thelema, un camino, un sendero de Iniciación o si se prefiere una filosofía con una praxis: la Magick.

En mi caso abracé a Thelema por ser la única senda capaz de darme una respuesta cabal y contundente a cada dilema filosófico, ético y moral: “Haz tu voluntad será el todo de la Ley, el Amor es la ley, el amor bajo la Voluntad”; Crowley fue un Maestro completamente honesto y ante cualquiera que le preguntara que debía hacer simplemente respondía: “Haz tu voluntad”. Aunque parezca obvio es un mensaje muy fuerte, tanto para la vida diaria -ahí en donde se ve en acción la magia- como también una redefinición de los antiguos paradigmas. Ya no hay fórmulas fijas ni recetas de cocina, ahora impera la Ley de la Voluntad del Mago ante todo.

19692441_10154793578207759_736774156_n    Desde Crowley en adelante se ha acentuado cada vez más la cuestión de los senderos de la mano derecha y la mano izquierda. ¿Son complementarios o forman parte de un dualismo innecesario? ¿Cuáles son los riesgos del sendero de la mano izquierda y por qué parece haberse vuelto más popular con el correr de los años?

Yo creo que son un infantilismo; es un intento de occidentalizar conceptos de oriente que se terminan confundiendo y al final no aportan nada. Muchos consideran a Crowley el fundador de la Mano Izquierda; para otros representa la Mano Derecha y al final parece una pelea de hinchadas. Creo que hay un sendero y ese sendero circunstancialmente puede girar hacia un lado o hacia el otro.

– ¿Cómo pueden trasladarse las prácticas mágicas en la vorágine de la sociedad actual? ¿Es posible lograr cumplir con las demandas rituales con los problemas de tiempo y espacio que suelen aquejar a la mayoría de los habitantes?

Es un desafío y está bien asumirlo; como decía antes, la magia es transformar lo ordinario en extraordinario y de la misma manera que el hábito no hace al monje, el templo es el cuerpo del mismo Mago así que la falta de lugar o la falta de tiempo no es excusa; yo me he encontrado ritualizando en los más extraños lugares pero nunca me he creído una sola excusa para no trabajar. En última instancia el Mago debería proveerse de sus necesidades usando su misma Magia porque un Mago que está atrapado en un trabajo que no le deja tiempo para sus prácticas y sus estudios, un Mago que apenas puede proveerse el alimento diario y no cuenta con recursos para poder hacerse de los materiales necesarios, es un Mago poco creíble. Claro, todos experimentamos nuestras crisis, es parte del devenir, pero el Mago debe ser heroico porque como dice el Libro de la Ley, “el éxito es tu prueba” porque en el error aprendemos todos, pero en el éxito hay un desafío de orden superior. En la antigüedad los Magos hacían verdaderas proezas y no hay que tener mucha imaginación para pensar los alcances de su Magia; ellos lideaban con sus propios desafíos; tenía que abrir al medio a un animal, hacer con las tripas su propio papel pergamino o como en Abramelin, retirarse seis meses al Bosque. Ahora que todo está al alcance hay que desafiar justamente eso; alcanzar el logro de mágico, la iluminación, la Gran Obra, la conversación con el Santo Ángel Guardian o como cada uno lo llame, en medio de la urbe enloquecida, de los sonidos de las sirenas 24 hs al día, de la distracción de internet, etc. no deja de ser una epopeya

– ¿De qué manera interactúan las practicas esotéricas con el resto de las actividades que realizan diariamente? (trabajos, producción artística, etc)

Para mi es algo indivisible; dedicarse activamente a la Magia implica convertirse en un artista; en muchos casos hay que escribir las conjuraciones, diseñar los talismanes, coses túnicas y otros vestuarios o tallar metales y uno siempre debe entregar lo mejor y nunca conformarse; el mago-vago no logran los mejores resultados o en todo caso logran resultados acordes a su nivel de esfuerzo. Por otro lado no creo tampoco en el Mago que vive ritualizando porque la Magia no se limita a un circulo dibujado en el piso, una túnica y una columna de incienso y ese es otro de los grande logros de Crowley, haber llevado la Magia al plano más material, al día a día; un simple ritual diario llamado el Deber nos recuerda para que comemos cada vez que nos sentamos a la mesa y es porque nuestro cuerpo necesita el combustible para lograr la Gran Obra; el Liber Resh, una especie de adoración solar, nos nutre de la energía de nuestro estrella principal y sitúa nuestra consciencia en un tiempo cíclico en donde la muerte no es más que otro estadío en la rueda universal. Magia es “causar cambios en conformidad con la Voluntad” y en la medida de que somos conscientes de ese cambio, estamos obrando magia; ahí donde había un hoja en blanca ahora hay un poema y es Magia, ahí donde había un silencio ahora hay una melodía y es Magia; ante todo lo que me planteo diariamente es no pasar un solo día sin Magia; lo que sea, si no hay un ritual, leo, reviso mis notas, estudio el Tarot, escribo en mi diario o simplemente me junto a beber un vino con algún colega mago y nos retroalimentamos.

19858427_10154793578197759_1865033811_n– ¿Qué efectos fueron notando con la práctica cotidiana de los rituales y ejercicios espirituales?

Los efectos son sutiles y acumulativos; nadie se transforma por hacer solo un ritual; en algunos casos hay resultados inmediatos y estoy pensando en las prácticas goéticas por ejemplo o los visones surgen con mucha fuerza y poder pero creo que no es lo más importante y uno se termina perdiendo entre los fuegos artificiales y eso no es lo más importante. Claro que me gusta mucha mucho la Goetia y las prácticas de evocación con su aura misteriosa y clásica, pero son medio para otro fin y no el fin en si mismo; recién mencionaba el Liber Resh que parece un ritual de tan básico y tonto pero su poder está velado hasta mucho tiempo después de prácticarlo y prácticarlo día a día y mes a mes. Después ahí está el Diario Mágico, donde basta mirar las más viejas anotaciones y ver que tan lejos ha llegado uno con respecto al punto de partida (y que tan lejos esta tan bien de llegar)

– El tema del esoterismo siempre estuvo íntimamente ligado al fenómeno de la videncia, sin embargo, esta ha sido tratada de diversas maneras: videncia desde el plano astral, adivinación mediante tarot, geomancia o astrología y reforzamiento de la intuición. ¿Qué opinás de la práctica adivinatoria? ¿Estás relacionado con alguna de esas prácticas? ¿Cuáles fueron los resultados?

Ante todo separemos la videncia del arte de la adivinación; adivinación significa volverse divino, devenir en la voz de la divinidad y un buen Mago debe ser capaz de obtener cualquier tipo de respuestas y ser maestro de alguna de las herramientas adivinatorias disponibles, sea geomancia, astrología, runas, I Ching o Tarot; aunque cada una es completamente diferente y todas están entramadas con un sistema filosófico particular. Pero el saber manipular con pericia una herramienta adivinatoria no hace al Mago un buen vidente. Sin ir más lejos es mi caso; yo soy un buen adivino pero un mal vidente y como muchos Magos, uno termina formando equipo con quien tiene ese talento desarrollado, tal como el afamado caso de John Dee con Eduard Kelly; mientras De ese encargaba de las conjuraciones enoquianas, era Kelly quien tenía el talento de escrutar el cristal. Idealmente el mago debería ser tan buen vidente como exorcista pero hay una condición natural que va a favorecer que uno tenga más desarrollado una potencia que otra.

– ¿Qué recomendaciones tenés para los que desean comenzar a experimentar las prácticas mágicas? ¿Qué lecturas recomendás?

Se que no es popular mi postura actual; hubo un tiempo en que estuve más involucrado en la Magia del Caos y me sentía una suerte de Mago Punk; pero con el tiempo cambie; ahora creo más en la necesidad de una Tradición, de una raíz, aunque el tiempo lo lleve a uno por el sendero solitario, me parece bueno tener una pista de aterrizaje; la mía es Thelema; no es una Verdad única e indiscutible pero es mi base; de ahí me puedo mover, puedo ser un turista de otros espacios mágicos; estuve en la Wica, en la Rosacruz, en otros grupos diversos pero Thelema siempre va a ser mi brújula para indicarme en donde está mi Norte. A mis estudiantes les enseño hasta donde puedo, hasta donde sé; no me gusta que repitan como loros ni me consideren un maestro que no lo soy; así que me limito a facilitarles los contenidos básicos de la Tradición Occidental para que después vayan y puedan encontrar su camino; para que sepan distinguir entre un charlatán y un Maestro y desde ya, remarcar la importancia de la Iniciación; he visto gente deambular un par de meses de diferentes Ordenes e irse defraudados y quiero decirles esto: los velos están ahí justamente para los que se atrevan a cruzar y ver del otro lado lo que hay. Un buen Maestro no acepta un estudiante de buenas a primeras, y una Orden seria tampoco. Tal vez los mecanismos de selección hoy sean un tanto diferentes, pero están. En estos días donde todos nos creemos con derecho a hablar, a opinar, a emitir juicios de valor, entrar a una Orden o ser recibido por un Maestro implica callar, bajar un poco la cabeza -no someterse a ningún capricho ni abuso, eso está claro- pero el estudiante debe saber que el Maestro sabe cosas que él no y que de alguna manera está haciendo su trabajo para sacar lo mejor de él; al fin y al cabo el verdadero Maestro no quiere discípulos, sino lo que quiere es formar a nuevos Maestros que continúen con la Tradición.