Abelardo Castillo. La muerte del siglo XX y la totalización del lenguaje

por Nahuel Paz

Para empezar voy a ser imprudente: si Eric Hobsbawm propone un corto siglo XX que va desde la primera guerra europea, en 1914, hasta la caída de la URSS en 1991, yo me atrevo a señalar que la Narrativa argentina del siglo XX se terminó el dos de mayo de 2017, con la muerte de Abelardo Castillo.
Y con su muerte se va una capacidad única de totalizar el lenguaje.

DIGAMOS:

En una ocasión, en una entrevista pública, le pregunté a Castillo por ciertas similitudes de un cuento suyo con una obra de Humberto Costantini. La pregunta estuvo mal hecha y Abelardo tronó contra mi impertinencia veinteañera. Castillo decía que nunca había que negar las fuentes ni creer en la paternidad literaria de ciertos temas.

LA TOTALIZACIÓN DEL LENGUAJE:

Abelardo Castillo logró que, en una narración, el paso de tercera persona a primera y de primera a tercera multiplicara las formas de contar y lo hizo con una naturalidad inobjetable. Sin importar que ese narrador se llame Esteban Esposito o Bender o Hernán o no tenga un nombre y uno sospeche que ese nombre siempre es el mismo.

Solamente Castillo puede acumular 14 verbos para evitar un vulgarismo (en “La fornicación es un pájaro lúgubre”), en un cuento escrito como homenaje a Henry Miller (y a Poe) y que desmantela el lenguaje y el amor para rearmarlo. Y escribe “las palabras no eran cosas, no podían corromperse”. En esa instancia de la narración Bender, alternando la primera y la tercera persona, el yo y el otro, reflexiona sobre el concepto del amor, en las distintas etapas de la vida: de chico hacer el amor es cortejar, hablar de amor. De joven “hacer el amor significó brutalmente acostarse con una mujer. Confieso que me sentí ofendido. Era, me pareció, un abuso de lenguaje”. Y diciendo lo que no es, acumulando verbos, con una prosa deliberadamente escandalosa, se explaya en la sustancia poética y totalizadora.

Todo el lenguaje se sostiene en esos pliegos que los narradores de Castillo logran insertar con naturalidad en una historia, sin que el sentido parezca violentado o impostado, haciendo que el lenguaje se convierta en un aliado. Si falta un verbo (coger, la palabra natural para designar el acto sexual en nuestro castellano), se enumeran catorce. Y jugar con el doppelganger duplicando la mirada y la narración y nuevamente el lenguaje y entonces Esteban Esposito bebe, mientras lo vemos beber y él se ve beber, y todo sin que la historia cambie demasiado, bordeando el lenguaje para empezar de nuevo con citas y paráfrasis.

“Toda historia, creíble o no, necesita un comienzo. No es así en la vida real, donde nada empieza ni termina nunca, simplemente sucede, donde las causas y los efectos se encadenan de tal modo que para explicar debidamente el encuentro casual de dos desconocidos, un sueño o una guerra entre naciones, uno debería seguir su rastro hasta el origen del mundo, pero es así en los libros, o al menos estamos acostumbrados a que sea así”. El evangelio según Van Hutten

LA MUERTE DEL SIGLO XX

Vuelvo a la paternidad literaria. Cuando aquella entrevista pública terminó, Castillo con una voz que contrastaba con el tono anterior, me explicó, a su modo y como si yo fuese un animalito cerril, lo que había intentado preguntarle antes (Castillo y Costantini se conocían y compartían tertulias desde “El Escarabajo de oro”), citó una obra de Eugene O´Neill y dijo que había sido Liliana Heker la primera en abordar el tema. Luego habló de su fastidio ante la comparación entre “El perseguidor” de Cortázar y “Noche para el negro Griffiths” (Las Panteras y el templo). Sobre esta cuestión Gonzalo Garcés[i] hizo un análisis perfecto. Me limito a coincidir con Garcés: el cuento de Castillo sale ganando.

La muerte de los grandes relatos: los enigmas alrededor de la traición de Judas, en la mitología cristiana; cambiar el mundo, duplicarlo. Competir con los precursores fuertes, y develar el secreto de la vida. Crear cuentos como sistemas cerrados, recrear un lapso de la vida de Edgar Poe y meterse en todos los resquicios del lenguaje, eso hizo Castillo. Y a su muerte el siglo XX completa su panteón: Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Abelardo Castillo. Al resto de los escritores les queda el siglo XXI.

[i] https://www.pagina12.com.ar/36097-los-vasos-comunicantes

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