Lembra 02: Lucas Velasco: Ni graduado ni Patito Feo

por Narciso Rossi
fotos: Machado

Lucas Velasco tiene veinticinco años y su cara da vueltas desde muy chico en las pantallas argentinas. Forma parte de una generación de actores que crece en la televisión y nos tomamos una tarde para hablar de su trabajo, del papel de la ficción nacional actual, de su banda de cumbia y de algunas cuestiones más.

NR: Además de actor, también sos cantante. Contale al público de Lembra cómo surge Arturitos, qué es para vos esta banda que compartís con Diego (Mesaglio).

LV: Hace mucho tiempo que vengo haciendo presencia en boliches, los fines de semana. Hace dos años había llegado a un punto en que me estaba aburriendo de hacer presencia: llegar, saludar y sacarme fotos. Entonces en cada presencia que iba me ponía a cantar. Empecé haciendo karaoke con temas de Maramá y yo veía que a la gente le gustaba mucho y recibía un montón de cariño. Entonces dije me voy a poner mi propia banda de música. Me divierte la onda de cumbia pop. Lo llamé a Diego Mesaglio, que habíamos trabajado en Graduados y seguíamos hablando. En ese momento era mi amigo ahora además es mi socio. Le dije mirá, estaría bueno hacer una banda. Vos sabés tocar la batería, yo conozco un par de músicos, estaría bueno que podamos armar algo. Así que de a poquito empezamos a armar la banda, a juntar gente y pensamos el nombre. Le pusimos Arturitos (risas). No sé por qué le pusimos Arturitos. Estábamos en mi casa, tiramos el nombre y quedó. Así que ahí fue cuando arrancamos. Empezamos a hacer temas propios, videoclips y acá estamos. Hacemos shows casi todos los fines de semana pero ya no voy solo, voy con toda la banda y es algo mucho más divertido y le estamos poniendo garra para que la banda explote. Todavía le faltan unos pasitos para que explote pero estamos ahí luchándola. Los videoclips tienen millones de vistos así que contentos y muy bien.

NR: Vos sos parte de un grupo de chicos que crece prácticamente en la televisión argentina. Empezaste a actuar hace mucho y ¿qué te pasa cuando ves una tira vieja en la que estás como parte del elenco? ¿Sos autocrítico con tu trabajo?

LV: La verdad que soy bastante autocrítico. No soy de esos actores que dicen no me miro. Yo si estoy en mi casa y puedo ver la novela la veo. No sería sincero si te digo que sé que la novela sale al aire a las nueve de la noche y que voy a organizarme para estar a las nueve de la noche acá así la veo. Es como que me da lo mismo verme o no verme pero si puedo lo veo. Y si no, no me preocupa. No es que después busco ni nada por el estilo. Sí es verdad que veo trabajos anteriores y digo uy, qué desastre que era acá, le tendría que haber metido más en esto, tendría que haber aprovechado más la oportunidad pero también vas creciendo. Me pasó con Graduados. Me dieron una oportunidad que hubiera estado bueno que la aproveche de otra manera y no lo pude hacer. No lo pude hacer por falta de experiencia. Si bien yo había estado en Patito Feo, desde el 2008 hasta el 2012 no hice nada. Tuve un parate muy largo y de repente empecé a trabajar con Nancy Dulpaá, Luciano Cáceres, Juan Leirado, Isabel Macedo, y encima era el programa más visto de la televisión argentina. Hacía 30 puntos de raitning y me faltaba mucha confianza en mí mismo en ese momento, me ponía nervioso. Ahora miro escenas así y digo qué boludo que no las aproveché. Pero bueno vas creciendo y te vas dando cuenta. Yo tengo veinticinco años y tengo mucho para crecer, muchísimo para aprender. Queda perfeccionarme y cada día crecer un poco más. Estoy tomando clases de teatro, voy a canto, a baile, tomo clases de guitarra y quiero perfeccionarme en todo lo que pueda para ser un actor completo. Cuando venga la próxima ficción, ojalá tenga la oportunidad de tener un buen papel para desarrollar. Pero es obvio que no me van a dar un papel jugado si nunca tuve un papel fuerte en el que pueda crecer. Ojalá me den la oportunidad y se den cuenta de que lo puedo hacer pero para eso hay que recorrer un camino largo e ir aprendiendo en cada paso que das.

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NR: Hay grandes destacados en tu carrera, ¿cómo fue vivir cada uno de los éxitos televisivos?

LV: Por suerte yo tuve la oportunidad de estar en todos éxitos. En todas las novelas en las que estuve fueron éxitos y eso es algo muy lindo. Patito Feo fue éxito, Graduados fue éxito, Educando a Nina fue éxito y después hice participaciones, en Esperanza Mía que también fue un éxito, en Camino al amor, Vecinos en Guerra… Graduados fue la experiencia más grande. Tenía más de 30 puntos de raiting todos los días. Salías a la calle y la gente te reconocía enseguida y te daba mucho cariño. Eso es lo que me llevo yo de cada novela. El cariño de la gente en la calle, que te alienten, que te pregunten cómo va a seguir la novela, que te/le revelen cosas a tu personaje. Muchísimo cariño y eso lo llevo conmigo. Así como también de cada ficción me llevo amigos, gente con la que me junto una vez por semana mínimo con cada uno. Y después también lo que me llevo es conocer gente porque gracias a ese laburo yo conocía a muchísima gente. Sin ir más lejos la banda (Arturitos) está donde está gracias a la cercanía que tengo con productores o gente de programas que me dieron una mano para que fuera a tocar a tal o cual programa de televisión. O camarógrafos que me ayudaron para hacer el videoclip y de todos los programas en los que estuve me fui llevando gente que hoy en día me ayuda a poder crecer con la banda.

NR: ¿Hay alguna experiencia divertida y reciente que puedas compartir con nosotros?

LV: El año pasado en Educando a Nina habíamos llegado medio tarde con Nico Furtado a una grabación. No tarde en realidad, hubo una confusión de horarios y bueno, y la pagamos porque llegamos tarde. Teníamos que hacer la última escena de todas. No recuerdo qué chiste había tirado yo antes de arrancar la escena que nos había agarrado una tentación impresionante y teníamos que hacer la escena. Cada vez que la arrancábamos nos reíamos y teníamos que volver a empezar. Volvíamos a hacer la escena y nos reíamos. No parábamos de reinos. Los cámaras, el productor, todos se estaban enojando. Era la última escena y se iba. Esto estaba pasando a las dos o tres de la mañana, no sé. Era una grabación de noche así que todos se querían ir. Y en un momento ya la empezás a pasar mal porque nos habíamos dejado de reír de los chistes. Nos reíamos de los nervios y no podíamos parar. Y decidimos hacer la escena sin mirarnos a los ojos. Así que la hicimos así, sin vernos, solamente diciendo la letra.

Sobre la ficción nacional, lo que te puedo decir, es que me gustaría que haya más, que no traigan esas novelas turcas, brasileñas o de otros países

NR: Hace poco subiste un video con María del Mar bailando y riéndose. En un momento ella deja de bailar y vos pareciera que la retás. Hubo muchas críticas por esto, por los gritos sobre todo, contános qué fue lo que pasó, ¿vimos una actuación? ¿Te molestó algo de lo que sucedió a partir de eso?

LV: Lo que más me molestó a mí fue el accionar de los medios. La gente siempre da su opinión y sea buena o mala a mí no me molesta. Lo que me molesta es cuando ya te agreden o insultan por hacerlo. Esos mensajes de “eh, le estás gritando, hijo de remil, cómo le vas a hacer eso a una mujer” y te comparan con gente que mata, que le pega o que le grita verdaderamente a una mujer. Y el video era con humor, fue todo una actuación. Imaginate que María nunca hubiese dejado que yo le hablara de esa manera. Yo jamás le hablé así a una mujer. Me dio mucha impotencia leer mensajes agresivos. Tenía ganas de poner a cada uno enfrente mío, sentarlo y preguntarle si no se daba cuenta de que era una actuación. Tanto a María como a mí nos pareció divertido el video y lo subimos. Lo que no me gustó fue que los medios lo suban diciendo “Lucas violento”, porque ellos mismos saben que fue una actuación pero como les vende lo hacen. Y no se dan cuenta que me dejan mal parado a mí y me pueden perjudicar en mi trabajo. Yo estuve más enojado con los medios. Las injusticias me enojan. Te entran a comparar con cosas que son incalificables y yo estoy totalmente en contra del maltrato a la mujer. Familiares y amigos me mandaban mensajes diciendo que se murieron de risa con el video, pero claro, la gente no te conoce y en este mundo todos opinan, pero ya está, es algo que pasó y está todo perfecto.

Lo que me molesta es cuando ya te agreden. Esos mensajes de “eh, le estás gritando, hijo de remil, cómo le vas a hacer eso a una mujer” y te comparan con gente que mata, que le pega o que le grita verdaderamente a una mujer

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NR: ¿Qué nos podés adelantar de tus próximos proyectos para lo que queda del año?

LV: Estamos terminando un videoclip muy copado que tiene una especie de cumbia y reguetón. Algo que me gustó mucho y estoy esperando que salga. Y, pronto también, se viene una peli pero no puedo adelantar nada de eso. Solo que voy a estar en la pantalla grande (risas).

NR: Y para despedirnos, Lucas, nos gustaría saber cómo ves vos la ficción nacional hoy en día.

LV: Sobre la ficción nacional, lo que te puedo decir, es que me gustaría que haya más, que no traigan esas novelas turcas, brasileñas o de otros países. Estaría bueno que para eso sucedan cosas diferentes. Me gustaría hacer algún protagónico y si pudiera elegir me gustan los policiales, las tiras de acción. Hasta ahora hice comedia así que me gustaría probarme en un papel más serio o un policial. Poder creer un lindo personaje que tenga que desenvolverlo.

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Modesto Rimba: nuevas voces

por Esteban Dilo

Mauro Lo Coco y Flavia Pantanelli se animaron a responder las preguntas para Lembra camino-de-ida-de-violeta-serrano-editorial-modesto-rimba-D_NQ_NP_224321-MLA20768894516_062016-Oen nombre de la editorial Modesto Rimba. Muchos conocen sus portadas, sus autores y sus editores. Pero la idea de la revista es dar a conocer, o en el caso de ser conocida, acercar a los lectores a las editoriales nacionales que la están peleando desde donde pueden.

Disfruten de las preguntas, disfruten de las respuestas y amíguense con lo nacional.

¿Cómo nació Modesto Rimba?

burjuja-negra.jpgModesto Rimba nace en Mayo de 2015 como un proyecto de ediciones independientes orientado a la publicación de narrativa (de ficción y no ficción), poesía y ensayo. La idea fue aportar nuevas voces al campo literario argentino, así como a la promoción y difusión de obras de autores consolidados. A poco de comenzar, también integramos un trabajo​de rescate de obra, porque nos interesaba especialmente poner en circulación material de valor que muchas veces se vuelve inhallable.

Recuerdo haber visto la imagen de una presentación y seguido a eso surgieron varios autores anunciando sus futuras publicaciones con ustedes. ¿Decidieron atacar el mercado con todo? ¿Cómo fueron esos primeros pasos?

Los primeros pasos fueron difíciles, como toda construcción. Nuestra idea no era atacar nuestra-herejia-no-era-ciega.jpgel mercado, pero sí que la editorial comenzara con el lanzamiento de un catálogo, y no de obra en obra. Nos parecía que juntos, los títulos y los autores iban a tener un mayor apoyo y circulación. Eso supuso manejar ansiedades y sincronizar prolijamente la operatoria, pero consideramos que era más razonable salir al mercado en grupo, que esla forma en que proponemos hacerlas cosas.

A la hora de querer publicar una obra, ¿cómo es el trabajo con el autor?

Las modalidades de publicación son diversas y varían en cada caso. Sin embargo, la totalidad de las publicaciones son, en última instancia, apuestas de la editorial. Publicamos sólo aquello que se ajusta a nuestros estándares​ de calidad literaria, que son, por cierto, altos.  Cada libro pasa por un exhaustivo trabajo de edición: queremos que cada obra alcance su máximo potencial, lo que a veces nos lleva a trabajar muchas horas con el material. Luego de eso, trabajamos en una propuesta gráfica acorde al material y en sintonía con nuestra imagen institucional. El autor tiene cierta incidencia en este último trabajo, nos importa su opinión y que esté cómodo con lo que planteamos. Es cuestión de comunicarse bien y ser claros respecto de la importancia de mantener una línea editorial y de ofrecer un objeto que tenga impacto y belleza.

Tapa-libro-adriana-romano-cuando-deje-de-llover-340x520¿Hasta el día de la fecha cuántos libros/autores llevan publicados?

Cuarenta y cinco.

¿Qué opinan sobre las publicaciones de libros digitales? ¿Tienen pensado abordar los e-book?

El e-book es una herramienta interesantísima como forma de impulsar a una obra, pero al menos por ahora no ha desplazado al libro en papel, principalmente porque los lectores (especialmente los de ficción, ensayo o poesía, digamos) gustan de atesorar, son bastante fetichistas y tienen una relación de afecto con el objeto. Hace rato que venimos pensando en incorporar una rama digital, pero queremos que tenga un perfil definido, una estética acorde y que ofrezca un diferencial respecto de libro tradicional. No nos gustaría ofrecer un producto solo consista en un cambio de soporte.

Leí que no buscan la seriedad pacata; entonces, ¿qué buscan?

Acercar los libros a los lectores, sin ceremonia, sin solemnidad, con calidez. Somos un puente entre autores, obras y lectores. Nos gusta que la gente que lee un título de Modesto Rimba lo disfrute y confíe en que nuestro catálogo les puede brindar otras gratas experiencias.

Cuando alguien habla de Modesto Rimba inmediatamente recuerda sus portadas. circulacion-facundo-martinez-340x520¿Cómo surgió esa idea y qué planes tienen para lo visual de la editorial?

Ni bien surgió la idea de hacer Modesto Rimba, la necesidad de hacer objetos bellos fue uno de los pilares. Discutimos muchísimo hasta llegar a un acuerdo sobre el diseño en general. El mérito fue principalmente de Susi Camilieri, cuyas propuestas fueron fabulosas. Es difícil resumir el proceso por el cual construimos nuestra identidad visual, pero teníamos claro que queríamos color, cierta estridencia elegante. Ahora que se nos reconoce por esta imagen, el desafío es volver a sorprender. Ya estuvimos innovando en formato, pronto reinventarnos nuestra burbuja característica. Renovar sin perder identidad ser versátiles sin perder la línea, esos son nuestros próximos objetivos.

Estuvieron en la Feria del libro de Buenos Aires ¿Cómo fue el contacto con la gente? ¿Pueden contar cómo fue/es esa experiencia?

La relación con la gente fue fabulosa. Vendimos más de lo que el más optimista de nosotros hubiera imaginado. La devolución de cada persona que vino al stand fue maravillosa. Nos elogiaban la estética, el catálogo, incluso el trato y la atención. Muchos se sorprendían por el crecimiento en tan poco tiempo. Recibimos mucho cariño, muchas felicitaciones… Estamos agradecidos y sorprendidos todavía.

la-barrera-del-sonido-marcelo-arias.jpg¿Cómo es su distribución? ¿Hasta dónde les gustaría llegar?

La distribución es a pulmón, librería a librería. Por ahora no podemos más que eso, y nos es de mucha ayuda toda colaboración de los autores y amigos en eso. Seguramente nos pondremos a trabajar más fuerte en esto en el futuro.

Nos gustaría llegar a ser más prolijos y organizados. Nos gustaría distribuir en todo el país. Nunca pensamos en un paso más allá del próximo. Sueños tenemos miles, pero preferimos avanzar de a poco, consolidando cada etapa.

¿Cuáles serán las próximas publicaciones?

Estamos trabajando en proyectos de rescate de obra y en una colección de psicoanálisis. También, en una novela de Hugo Correa Luna, y otra de Luisa Valenzuela. Pero todavía queremos darle visibilidad a libros que lanzamos para la feria y que hay que presentar y difundir. En agosto volveremos con novedades.

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El stand de Modesto Rimba en la Feria del Libro 2017.

Hernán González, una charla en globos de diálogo

por Emiliano Salto

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Hablamos con Hernán González, dibujante de cómics cordobés y miembro del sello Buen Gusto Ediciones, parte del colectivo Prendefuego.

Nos encontramos en el estudio de grabación de radio eterogenia, en el Centro Cultural España-Córdoba. Son las cuatro de la tarde de un viernes. Dentro de la cabina, Hernán se sienta detrás de un micrófono; unos auriculares negros presionan y achatan sus rulos apenas canosos. Sobre la mesa de la cabina se despliegan páginas de Bushido, título ambientado en el Japón feudal, creado y dibujado enteramente por Hernán. Katanas y dagas cortas empiezan a derramarse del papel para decorar los muros que nos rodean. Empezamos.

Lembra: Primero que nada te quería preguntar por la feria de cómics Dibujados. Vos estuviste participando.

Hernán: Dibujados es una experiencia maravillosa. El “ir a Dibujados” es todo para los productores de cómics del país. Es un espacio de encuentro, de intercambio, una oportunidad para saber qué se está haciendo (y por quiénes) en Rosario, en Buenos Aires, etc. Este año había algo así como noventa stands de productores, una animalada. Por suerte, el evento está tan bien organizado que podría soportar el doble de concurrencia sin problemas.   Los chicos que armaron todo allá son unos genios: Daniela Ruggieri, Scuzzo, El bruno, Gori y Luís Roldán. Todos historietistas espectaculares.

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Lembra: Al dibujados fueron con el colectivo Prendefuego, grupo editorial del que formás parte. ¿Cómo fue la experiencia de empezar a conformar este grupo?

Hernán: Hace tres años yo estaba trabajando con editorial Llantodemudo. Cuando fallece Diego Cortés, fundador y editor de Llanto, existía la posibilidad de continuar con la editorial o formar algo nuevo. Ziul Mitomante (Editorial Mitomante, me venía diciendo que era necesario que cada autor tuviese su propio sello, que cada uno se convirtiese en autor-editor. Tiempo después, cuando viajamos al evento Crack Bang Boom, vimos la necesidad de sumar esfuerzos y, principalmente, recursos para poder sustentar los costos de producción. Siendo un colectivo aprendimos a socializar todas las herramientas a disposición: los viajes, el costo de los materiales, las horas de trabajo, etc. Prendefuego se conformó como una especie de cooperativa.

Lembra: Hablando de costos ¿Cómo están viendo el 2017 desde el colectivo?

Hernán: ¡Excelente! (risas) La verdad está muy jodido. Los precios subieron mucho, especialmente en el costo de imprenta. Ellos manejan todos los precios en dólares. Si la tinta, que se compra en dólares, sube, ellos te suben el precio instantáneamente. Te querés matar. Igual, nosotros logramos mantenernos con una estructura piramidal.

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Lembra: Piramidal… ¿no una estafa pirámide?

Hernán: No, no, no (risas). No Herbalife. Mejor dicho, el sistema es circular: la gente compra libros a un sello y esa ganancia retroalimenta la producción de títulos de otros sellos. Parte del dinero va a pozo común y parte se distribuye entre los sellos que componen el colectivo.

Lembra: Algo que les da el número de integrantes es la posibilidad de repartirse y llegar a más lugares. 

Hernán: Totalmente. Por ejemplo el día de la feria Dibujados había otro evento en Río Cuarto y no me acuerdo en dónde más. Pudimos mandar gente a todos los espacios. No medimos ni calculamos a qué eventos vamos. Si hay veinte, tratamos de ir a los veinte. No importa que la concurrencia sea de dos personas o de mil, porque los que van distribuyen los productos de todos.

Lembra: ¿Cuántos sellos componen ahora Prendefuego?

Hernán: Somos… Contamusa, de Nicolás Viglietti; Mitomante, de Ziul Mitomante; Holograma, de Matías Zanetti; Gatomadre, de José Anzimendi y Buen Gusto Ediciones, con Nicolás Lepka y yo.

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Fuera de la cabina de grabación, un hombre de piel negra, casi tan negra como su traje de tres piezas se sienta a fumar en un sillón de cuero rojo desgastado. Sus pies enfundados en zapatos embarrados, descansan sobre el estuche de una guitarra. No espera en un cruce de caminos, espera en un cruce de viñetas. Espera que el diablo llegue y lo libere de la página.

Lembra: ¿Qué están preparando desde Buen Gusto Ediciones para el año?

Hernán: Yo estoy tratando de dibujar una novela gráfica por año (risas). Este año vamos a sacar Hell Hound on My Trail, con guión de Juan Bertazzi. La novela gráfica cuenta los últimos momentos en la vida de Robert Johnson, el famoso músico de blues, que se supone es el primero del club de los veintisiete y le vendió su alma al diablo.

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Lembra: ¿Hay algo de ese componente místico-sobrenatural en la obra?

Hernán: Y… nosotros con Juan ya estamos rozando más los cuarenta que los veintisiete (risas), así que es más una cosa de nostalgia. Pero a los dos nos gusta mucho el blues y teníamos ganas de trabajar con la temática musical. La idea surgió en un viaje en tren. Creo que el tren y el blues andan medio juntos, ¿no?

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Lembra: ¿Cómo abordaron la traducción a lo visual de algo que tiene tanta carga sonora?

Hernán: Es raro porque también es traducirlo de un cuento a un cómic. Inicialmente la historia era un cuento de Juan que yo adapté a guión. Creo que sirvió porque me parece que esa proceso le dio al trabajo una atmósfera especial, algo del Delta Blues… digo yo, la gente después verá… o dirá que es una cagada (risas).

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Un samurai, recién salido de las páginas de Bushido, se acerca al blusero que todavía espera al diablo. Discuten unos minutos. El samurai apoya su katana en el suelo, recoge el estuche de guitarra y se aleja.

Juan Mattio, entre la ficción y el periodismo

por Gustavo Grazioli

La literatura inscripta a las fuerzas del lenguaje y al propio trabajo de no quedarse con las primeras palabras que aparecen con el fin de cimentar una historia. Juan Mattio, quien publicó su primer trabajo Tres veces luz (Alquina, 2016) para la colección Negro Absoluto, describe procesos que involuntariamente están enmarcados en una soledad extrema donde solo quedan el texto, el tiempo y la maduración que esas palabras puedan ir adquiriendo en las instancias de corrección. Este autor de tradiciones heredadas, trae un acento nuevo para seguir complejizando el campo donde se disputan la lucha por los sentidos.

Mattio, además publicó, junto al escritor Kike Ferrari, la novela Punto Ciego. Así entonces, entre palabras y lecturas, su labor transcurre siempre bajo el manto de las prosas, porque también es periodista. Aunque él diga en su twitter “a veces periodista”. Este escritor parece determinar su terreno y de esta forma se pueden entrever algunas lecturas que se inscriben en el tranco de William Faulkner o Joseph Conrad, entre otros. Son marcadores que se cuelan en el medio de paradigmas que hasta ahora desembocan en Tres veces luz.

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En tú opera prima partís de una investigación para Infojus sobre unos polizones congoleños asesinados en un buque de carga ¿Cómo trabajaste ese cruce entre periodismo y literatura?

En principio la literatura y el periodismo pueden tener cruces más fuertes, en el sentido de las novelas de no ficción. La tradición de Walsh: usar la forma narrativa de la novela para contar una historia verídica. Mi plan no fue ese sino que fue partir de un hecho verídico que más o menos conocía. Sabía que habían pasado unos hechos de determinada manera. Nunca se supo, igual, quienes eran los polizones y ahí arriesgo que eran tres niños y un hombre, pero bien podrían haber sido otras edades u otras personas.

¿De qué manera trabajaste con el lenguaje?

Necesito partir de una situación real, por eso la pregunta de cómo funciona el lenguaje en esa situación es la que me sirve de punto de inicio para empezar a rascar la historia. Lo que me pregunté fue: ¿Qué pasa con el lenguaje en una situación tan límite? ¿Cómo se habla? Qué se dice en el medio de una situación así: encerrados en la bodega de un barco, adentro de un conteiner con pocas posibilidades de sobrevivir. Alejándote kilómetros y kilómetros de tu país, de tu familia. Ahí es donde empieza la ficción. Los personajes que construyo, que son directamente un revolucionario y un niño de la calle, tienen formas distintas de relacionarse con el lenguaje y pasar algo entre ellos. Van a funcionar como compañeros pero también como antagonistas.

¿Se puede pensar esta novela como una posible resolución del caso que te sirvió como disparador y de un posicionamiento ideológico sobre el mismo?

Al ser la primera novela que escribo tenía bastante temor de que se confundiera la ficción con la política. La construcción de esta historia me parecía que se podía llegar a tomar como una denuncia de los refugiados y no era mi intención. No pienso la ficción de esa manera ni la leo, sobre todo, de esa manera. Lo que me pasó fue que me parecía válido, si uno piensa en Faulkner y ve esclavos libertos y ve generales del norte y generales del sur, nadie impugna ese imaginario. Es un material como cualquier otro. Me parece que en nuestro país los revolucionarios tienen un lugar un poco mítico, o sea entre las cosas que nos pasaron como país hay un lugar de cierto heroísmo. Para mí, entonces, el militante revolucionario era una forma de compromiso con el lenguaje en particular. De cierta esperanza que lo encuentra en un momento que está desencantado, pero que sigue formado en esa esperanza. No sabe vivir de otra manera. En cambio el niño de la calle es como lo contrario a esa forma de ver el mundo. Es el desencanto total. Y ese era el choque que a mí me interesaba.

Necesito partir de una situación real, por eso la pregunta de cómo funciona el lenguaje en esa situación es la que me sirve de punto de inicio para empezar a rascar la historia.

18947289_10212066098184478_665717856_o.jpg¿Qué lugar ocupa la política en la ficción? ¿Se puede pensar a la ficción como una herramienta de cambio?

Me gusta pensarlo como de formas invertidas. Me parece más interesante pensar las formas literarias en relación a la política. Es interesante no pensarla de una forma inmediata. Es muy poco probable que un libro de ficción pueda intervenir en política. Para eso tiene que generar como una mala lectura. Algo así como una especie de Bovarismo. Hay ciertos libros que te hacen actuar la lectura. Por ejemplo, pienso en Madame Bovary que actúa las novelas que lee, pienso en Quijote que actúa las novelas de caballería, pienso en Walsh pidiéndole a Operación Masacre que actúe de alguna manera en la realidad. Para eso él abandona la ficción. Por eso no creo que un libro de ficción pueda actuar en la realidad inmediata. Ni por sus temas ni por sus formas. Lo que sí pienso es que las formas tienen que poder contarnos en el mundo que vivimos, que de por sí es un mundo muy complejo. La forma debería acompañar esa complejidad. Tener un narrador omnisciente en tercera, lineal, de principio a fin hoy me parecería muy difícil.

La materia social más profunda que tiene la literatura es el lenguaje. Generar un efecto de extrañamiento sobre el lenguaje es más o menos lo que uno le pide a la poesía. Que a las palabras de todos los días nos la devuelva convertidas en otra cosa. Esa me parece que es la función política de la literatura. Que no te deje tranquilo en relación al lenguaje, que no te hable desde el lugar común, que no te hable desde cliché, que pueda mover el leguaje que usas todos los días y lo pueda volver peligroso.

¿La decisión sobre el género que utilizaste te facilito la forma de pensar ese lenguaje?

El esquema de género negro me sirvió más que cualquier otro para contar eso que quería. O sea la oposición de los dos lenguajes: uno de un hombre formado en la esperanza revolucionaria, en el optimismo de la voluntad, como dice Gramsci; y un niño que no conoce esperanza y que ha sido expulsado de casi todos los lugares de donde puede ser expulsado una persona: su casa, su familia, su país. Por eso me sirvió el género negro para contar esto, por el tratamiento que hace sobre ciertas situaciones donde te permite cierto realismo.

Hay un análisis interesante que es pensar al género como un esquema que te permite contar una historia que se deje. El autor usa al género y no se inscribe en el. Uso el fantástico, uso el policial, uso la ciencia ficción o uso la gauchesca porque lo que quiero contar es potenciado por ese género que estoy utilizando y no al revés.

18945172_10212066098304481_335857597_n¿De qué manera pensas que opera la crítica literaria a la hora de decidir la lectura de un texto?

Siempre que se entra al territorio de las escisiones literarias, se entra en el terreno de la política. O sea la política literaria se hace ahí: en las facciones, las poéticas. Algo del orden de: este crítico defiende tal poética entonces posiblemente retome este libro e invisibilice este otro. Ahora se cumplió un año de la aparición de Tres veces luz y todas las reseñas que leí fueron muy generosas. Aparecieron en medios que van desde La Nación hasta revistas de baja circulación o blogs. Estoy agradecido a todo eso. No sé cuánto influye en la venta eso, lo que creo es que la mejor forma para que un libro circule es el boca en boca. Cuando se está hablado de un libro es muy difícil pararlo. A mí me llegó Quema de Ariadna Castellarnau de esa manera. No leí una reseña. Empecé a escuchar y lectores que respeto la admiraban, entonces accedí a ese libro más por el boca en boca que por otra cosa. Me parece que un lector se genera sus propias lecturas de referencia. Por eso, creo, que una reseña no garantiza nada.

Capitán Manu

Por Damián Connelly

En la segunda edición de “HACIENDO HISTORIETAS”, seguimos la charla con El Capitán Manu, uno de los autores que están dejando una marca en esta nueva generación de historietistas.

El Capitán Manu (también conocido como Manuel Loza), nacido en Quilmes, provincia de Buenos Aires, es un dibujante que viene molestando desde el under hace varios años; en la Comiqueando Online, con tiras de humor, o en la Editorial Panxa, con historietas de aventuras, entre otros lugares. Hoy, ya convertido en profesional, es un colaborador estable de Atmósfera, con varios proyectos y trabajos. Si alguien pregunta, siempre aclara que también es profesor en la facultad, como Indiana Jones. Entre sus obras principales de destacan “Almer integral” y “Estrella Roja”.

El día y la rutina

Como en la mayoría de los casos de historietistas del s. XXI, yo no vivo de la historieta, es una industria decadente que se va achicando y ajustando cada día más. ¿Es ésa una noticia triste? No, porque aparecen cada día más y más autores que están produciendo obras bellas porque es lo que les sale del corazón, a puro remo, a puro robarle tiempo al tiempo para poder producir ésa obra que te gustaría leer, que soñás con hacer. Atrás quedaron los días donde un dibujante trabajaba ochenta mil horas semanales dibujando personajes e historias que detestaba solamente para poder llegar a pagar el alquiler (bah, hay más de uno todavía dando vueltas). Yo soy docente universitario, doy clases en la UNA (Universidad Nacinal del Arte) casi todos los días y talleres en algunos institutos privados, así que cada día la mitad del día está dedicada a la actividad docente, desde preparar clases hasta hacer las malditas actas de fin de curso. Todos los días. Pero también todos los días me dedico a dibujar cada página de los proyectos con los que sueño, todos los géneros que quiero dibujar y hacer: revoluciones en planetas distantes, aventureros en oriente, luchadores con poderes ocultos y hasta historietas eróticas. Cada día avanzo aunque sea un poquito, siempre soñando con el libro a publicar mañana. No hay cansancio o hambre que detenga un corazón que sueña con contar historias. Mi rutina es despertarme a las siete y media de la mañana, caminar una hora y pico con mi perra así hace sus cositas de perro, después arrancar con un buen baño y mate y ya estoy listo para arrancar el día. A eso de las diez ya estoy instalado en mi escritorio, radio de fondo y la página que toque dibujar o entintar ése día. Y ahí le doy duro y parejo hasta las seis de la tarde que es cuando me voy a dar clases. Llego generalmente a las doce a mi casa, donde como una pavadita y me voy a dormir. Y así cada día, y así cada página.

Cada día avanzo aunque sea un poquito, siempre soñando con el libro a publicar mañana.

Los Materiales

Trabajo con papeles de grabado, tinta china y pincel. Soy un queso para la compu y se nota porque siempre me quedan unos manchones de tinta horribles. Pero bueh, se hacelo que se puede con lo que se tiene, no?

Los Autores

La construcción de la historieta como se está haciendo en los últimos años hace muy difícil distinguir el panorama actual de otros. Hay autores que me gustan y que podrían contestarme: “¡Ey, pero yo hago historietas hace quince años!” y para mí son descubrimientos actuales porque recién hoy los descubrí. En una industria que ya no existe y con limitaciones geográficas que se borraron hace años con Internet, quizás el historietista argentino más groso es un pibe que vive en Tucumán y hace historietas de zombies para Rusia, ¿Qué sé yo? Por mi parte me cebo y admiro mucho los laburos de Luciano Vecchio o Germán Erramouspe, tipos que pueden darle la vitalidad necesaria al género de la aventuras; las reflexiones que te pueden dibujar y narrar maravillosamente un Calvi o un Alcatena, la violencia estallada de un Renzo Podestá y la finura de un Lea Caballero. Hay tanto talento cada vez que entro a un evento donde haya historietistas que sería un ejercicio inútil ponerme a elegir favoritos. Y sólo nombré dibujantes olvidándome de los guionistas, y sobre todo de los guionistas que hoy pueblan las bibliotecas y que, a diferencia de generaciones anteriores, son tipos que aman el relato de género. Ahí tenés a dos que saben contar aventuras como Saracino o Santullo y al mostro del policial negro, Damián Connelly. Hay de todo y todo lindo.

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Ojalá el futuro nos traiga cada año más eventos y cada vez más federales, loco, quiero recorrer el país con historietas.

Los eventos

Los eventos hoy son montones y vamos todos y compramos historietas de a montones y se las compramos a los mismos artistas que las vendieron. Están buenísimos. Pero siguen siendo pocos como para poder contener a toda la ola de historietistas y publicaciones que hay. Ojalá el futuro nos traiga cada año más eventos y cada vez más federales, loco, quiero recorrer el país con historietas.

Brescia y los caprichos de la razón

por Sandra Gasparini

Los cuentos desarraigados de Brescia construyen otros espacios

Pablo Brescia (Buenos Aires, 1968; reside en Estados Unidos desde 1986) ha aterrizado en junio en suelo porteño. La visita tiene al menos dos motivos: el ejercicio de la docencia universitaria y la presentación de su último libro, La derrota de lo real. Publicó anteriormente los volúmenes de cuentos Fuera de lugar (Lima, 2012; México 2013) y La apariencia de las cosas (México, 1997), además de los textos híbridos de No hay tiempo para la poesía (Buenos Aires, 2011) con el seudónimo Harry Bimer, entre otros. Escribe la columna “El alma por el pie” para la revista cultural suburbano.net (Miami). Es profesor de literatura en la Universidad del Sur de la Florida (Tampa). Lo entrevistamos con ambos sombreros puestos, como a él le gustaría decir.

-Como argentino radicado en Estados Unidos, ¿la escritura dónde te ubica?

-Hice toda mi carrera universitaria (primero Filosofía y Educación Física y luego Literatura) en ese país. Ya llevo más tiempo en Estados Unidos que lo que viví en Argentina. Creo que estar en la periferia de la producción cultural hispana te pone al margen de algunas cosas pero también te da ciertas libertades. Alguien que escribe “descolocado” se bate principalmente contra tres cosas: la geografía, la lengua y el desarraigo cultural. En La derrota de lo real, mi último libro de cuentos, hay lugares sin marcas geográficas, pero también aparecen lugares inventados, amén de Nepal, California, Clearwater, Nuevo México, Venecia. Temáticamente es parte de la idea del desplazamiento y la itinerancia pero también constituye una invitación al lector a que viaje con los narradores y los personajes. Siempre digo que prefiero que al lado del sustantivo “escritor” no haya un adjetivo que indique procedencia. Ya es bastante difícil escribir a secas.

-Tu práctica de escritor ¿se compatibiliza con la de académico o ambas van por dos carriles separados?

-Mi circulación académica (es decir, mi producción como crítico) es más amplia que mi circulación literaria (es decir, mi producción como escritor). Cuando hablo de esto, digo, un poco en broma, que implemento la “teoría de los dos sombreros”. Me pongo uno para hacer crítica y otro para crear ficción. En el mejor de los casos, se alimentan y activan y es como una relación feliz. A veces no es tan así. Pero me parece que son prácticas que se cruzan en un núcleo básico: pensar la ficción y la crítica como maneras de resolver un interrogante, un problema.

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-¿Cuáles son tus lecturas literarias actuales? ¿Qué relación tenés con el circuito literario argentino?

-En el ámbito visible de la maquinaria de la literatura (editoriales grandes, premios, circulación) casi no existo en Argentina, en ese sentido. No soy “argentino”, en ese sentido. En términos de líneas narrativas o temáticas, me siento cerca de escritores como Patricio Pron, Samanta Schweblin y Mariana Enríquez. Y me gustan mucho los ensayos de Fabián Casas y las miniaturas de María Negroni.

-¿Podrías contarnos dos escenas de génesis de tus cuentos de La derrota de lo real?

-Un cuento como “Fidelidad” surgió de un momento vivencial: la muerte de un familiar. Fue inesperada y mientras veía a mi hija jugar me vino a la cabeza la imagen de decenas de ataúdes deslizándose por una corriente de agua. Y un cuento como “Los monólogos de la placenta” surge de la lectura de un artículo periodístico sobre el misterio de la función de la placenta y me dio el pie para imaginarme una historia de un doctor que colecciona placentas y concibe un plan misterioso.

-En tus cuentos lo fantástico toma caminos poco usuales, igualmente el realismo, un híbrido difícilmente estable. ¿Cómo te llevás con esos géneros? ¿Cuál es tu opinión sobre el crecimiento de la narrativa de terror en Argentina durante esta década?

-Soy un lector entusiasta de la literatura fantástica, tanto en su tradición universal como en la latinoamericana. Sin embargo, me parece que a veces lo fantástico es un discurso que se presta a abusos literarios de lo que prefiero escapar; el realismo, en cambio, es tan omnipresente que pareciera que nunca se lo abusa cuando en realidad sucede lo contrario. Volviendo a la idea de lo fantástico: lo sobrenatural como misterio insoluble o domesticación de lo insólito no me interesa. En mis textos, en cambio, trato de explorar lo que el código fantástico pone en escena: los límites de lo real, los caprichos de la razón, la incertidumbre, etc. Me parece que relatos incluidos en La derrota de lo real como “Takj” o “Código 51” transitan una vía alejada del fantástico estereotipado y cercana a los recovecos que nos deja lo real para poder respirar un poco ante tanto mundo. He visto con interés el fenómeno del crecimiento de la literatura con visos de terror en Argentina y la pregunta que me parece que hay que hacer es cómo se relaciona el género con la historia argentina (y no solamente la más reciente).

Blog: Preferiría (no) hacerlo (www.pablobrescia. blogspot.com)

Pablo Brescia, La derrota de lo real, Miami, Suburbano Ediciones/Librosampleados, 2017.
Se consigue acá.

Presentación: 23/06/2017 20HS en Gorlami Bar Cultural (Balcarce 971, San Telmo) + info

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Ni cine ni televisión

por Leo Murolo

La identidad audiovisual de las series web argentinas

Las series web pueden definirse como relatos de ficción, documental o animación breves destinados a nuevas pantallas y con esto nos referimos a internet en general, redes sociales virtuales y telefonía móvil en particular. Como no se trata de cine y de televisión están explorando el lenguaje audiovisual, aunque teniendo como espejo intertextual a aquellas tradicionales pantallas.

Las series web en Argentina empezaron, como debe ser, de manera experimental. Títulos como El Vagoneta (2008), Amanda O (2008), Embarcados (2010), La pareja del mundial (2010), El Rastro (2011), Doble Click (2012), Vera Blum (2013), entre otros, conjugaban una suerte de ubicación en los márgenes de lo televisivo con el profesionalismo de grandes productoras que tenían poco que perder en la apuesta, ligadas a empresas sponsors –bancos, automóviles, cadenas de electrodomésticos– las cuales en medio de estas cortas narraciones promocionaban sus productos. La narratividad y el lenguaje no ganaron mucho más que someterse a la prueba de una nueva pantalla. Estas apuestas sirvieron para ensayar la duración propicia, los colores, el uso del videograph, la escala de planos y la medida justa de los diálogos. Al tiempo que, quizás sin proponérselo, construían un lector ideal.

Una segunda etapa, mucho más fructífera en este corto camino, tiene como escenario páginas web como UN3, la apuesta audiovisual entre universitaria y competitiva de la Universidad Nacional de Tres de Febrero; FWTV, un canal web expresamente dedicado al entretenimiento y QubitTV, entre otras. Estos espacios programan series web de todo tipo y se postulan como los repositorios donde buscar lo último en el rubro. Desde ya que en YouTube y Vimeo abundan las series web, inclusive las mismas que se programan en las páginas especializadas, salvo que estas últimas funcionan como curaduría y programadoras, en definitiva, como canales al viejo uso televisivo.

En esta etapa podemos mencionar series como Cualca (2012) Estilo Esther (2013), Eléctrica (2013), Simple (2013), Famoso (2013), Tiempo Libre (2014), El show de Cúmulo y Nimbo (2014), Un año sin nosotros (2015), La Niña Elefante (2015), Policompañeros Motorizados (2015), Psicosomática (2016), Memoria Digital (2017), entre otras. De este modo no solamente algunas series ya son conocidas en el ambiente web sino también sus realizadores, que producen, actúan, escriben, participan de premiaciones, son jurados y críticos, al tiempo que también alternan trabajos con la televisión, el cine y la radio.

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Cualca nace en televisión pero tiene su fuerza en la web dado su formato humorístico de scketchs y gags breves. Se asienta en guiones efectivos y actuaciones de talentosos comediantes. Estilo Esther es una comedia de situación colorida que muestra en cada capítulo el mismo episodio –el asesinato de Esther– desde diferentes perspectivas y personajes. Su duración, iluminación y dirección son sus puntos fuertes. Eléctrica es una serie de humor que narra la historia de una productora televisiva de un programa de entrevistas. Se asienta en las actuaciones y un guión repleto de gags. Simple es una serie donde Germán, el protagonista, recurre a las más creativas estrategias para conquistar mujeres. Famoso es un programa de entrevistas donde su conductor asume el rol de un periodista inexperimentado que le hace pasar un mal momento a célebres entrevistados. Tiempo Libre se propone como una docu-ficción donde un actor desempleado filma su cotidianeidad en medio de pasos de comedia y una abundancia de personajes y miradas a cámara. El Show de Cúmulo y Nimbo trata de una animación con muñecos de trapo y demás elementos, donde dialogan sobre los temas más diversos de la condición humana. Un año sin nosotros trata de una pareja que después de estar diez años juntos decide vivir un año separados. La Niña Elefante trata de una historia oscura al estilo de Misery donde un reality de actores deviene con el correr de los capítulos en un thriller psicológico. Policompañeros Motorizados en plano fijo desde el parabrisas del automóvil dos policías patrullan las calles de la ciudad emulando un policial hollywoodense. Psicosomática se asienta en una historia de comedia con toques de ciencia ficción. Apela a la animación y a excelentes actuaciones. Memoria Digital habla digitalmente de la digitalización, cuenta una historia de amor desde posteos, conversaciones, fotografías y videos que la pareja produjo durante su relación.

Las muy buenas actuaciones, el cuidado en los guiones y en la dirección, ofician como condición de efectividad. Los nombres de Martín Lapissonde, Esteban Menis, Martín Garabal, Martín Piroyanski, Paula Grinszpan, Malena Pichot, Federico Bezenzette, Fernando Milsztajn, Pedro Levati, Daniela Martínez Nannini, Guido Ferro y Bernardo Schnitzler, entre otros, son clave para comprender la industria de las series web argentinas en la actualidad.

Una de las series web más famosas del mundo es la española Malviviendo. Sus realizadores cuentan que a poco tiempo de graduarse en la universidad no veían posibilidades concretas de insertarse en el mercado laboral del cine y la televisión, por lo que desarrollaron sus ideas en el formato serie web. Esto se traduce en nuevos profesionales formados en la contemporaneidad de la digitalización con la creatividad en ebullición, ávidos de dar a conocer su arte. Allí una de las claves y potencialidades de la serie web como formato. Con la irrupción de destacados realizadores, las series web argentinas se presentan en el concierto de producciones multimedia como narraciones creativas y de vanguardia.

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Como industria, las series web forjan su espacio desde hace unos diez años. Desde 2013, la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires incluyó la categoría para la premiación de proyectos a ser realizados. Lo mismo sucedió en 2015 con Espacio Santafesino, un programa del Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, que la agregó a las categorías audiovisuales a las cuales otorgaba un estímulo para la realización. En el mundo pueden encontrarse una veintena de festivales que las programan y premian. En Argentina tuvo lugar en 2015 la primera edición del Buenos Aires Web Fest (BAWEBFEST), que se celebra anualmente y otorga premios en las categorías nacional, iberoamericana e internacional. Finalmente, es en 2017 cuando el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) incluyó en su programa de fomento la categoría serie web. Del mismo modo que los museos, el mecenazgo y la crítica postulan qué es arte y qué no lo es, los premios y financiamientos, los reconocimientos y el boca en boca nos dicen que las series web están encontrando su espacio en la industria de la cultura y los medios de comunicación.

¿Qué le podemos pedir a las series web? Como consumidores de la industria cultural contemporánea estamos inmersos en la instantaneidad de internet, en las maratones de las series, en las experiencias de los megaeventos de fans, en las comunidades lúdicas de los juegos en red, en las tácticas y estrategias de las aplicaciones de citas, en la decodificación irónica y crítica de los memes, en el humor naif y adolescente de los youtubers. En ese contexto, las series web como identidad audiovisual de internet debe proponernos una nueva educación de la mirada, debe construir un gusto, afianzar sus lógicas de decodificación y proponer un repertorio temático tan o más amplio que los del cine y la televisión. Las series web tienen todo para crecer, lo principal es un público fan, prosumidor, nativo digital, o como quiera llamarse, que está dispuesto a consumir relatos mientras hace otra cosa, viaja en el transporte público, se aburre en salas de espera, responde un correo o chatea.