Martín Slipak: Creciendo en la pantalla

 entrevista: Narciso Rossi
fotos: Mariana Roveda

En una calle de Palermo, a las diez de la mañana, veo a Martín sentado en la esquina de un bar. Nos saludamos como extraños pero su cara no es nueva; la mía, sí. Mientras nos acomodamos y la gente mira curiosa le propongo grabar la entrevista y accede de inmediato, ahí, alrededor de una mesita redonda donde reposan los celulares y dos botellas con agua. No nos conocemos. Lo único que nos puede acercar es una charla.

NR: Hace poco leí Resurrección, la novela de Gonzalo Calzada que llevó al cine y que protagonizás. Como consumidor de terror me gustaría preguntarte cómo te sentís con el género, qué te parece que le falta a la ficción nacional de terror desde tu mirada.

MS: En principio me parece que para un actor es de lo más divertido de actuar el género de terror. Tenés la posibilidad de pasar por varias etapas, ya que las películas de terror en general pasan por varias etapas. Siempre necesitás una concentración y una colocación para que la historia sea creíble, porque es muy fácil que el terror no se crea. Entonces requiere un compromiso del actor con el género y eso me parece muy divertido. En el caso de Resurrección había algo del lenguaje, en relación al personaje que era un cura, y a la época que requería un trabajo previo en relación a la credibilidad de ese lenguaje determinado. En relación al terror en sí mismo sucede algo que todos lo saben y es que la falta de recursos económicos en la Argentina hace que se haya tendido a hacer un terror más gore, más bizarro. Me parece que hoy se le está tratando de dar otra vuelta al cine de género, alejándose un poco de esa estética. Manteniéndola también en otras películas pero haciendo el intento de pasar a un terror más psicológico o a un terror más social que a mí me parece muy interesante y creo que todavía le falta a este país la experiencia y la exploración en esa área del género. Creo que hay una reivindicación del cine de terror que se está dando acá. Me parece que se van a hacer cosas cada vez mejores si la industria se remonta, si sobrevive.

En relación al terror en sí mismo sucede algo que todos lo saben y es que la falta de recursos económicos en la Argentina hace que se haya tendido a hacer un terror más gore, más bizarro.

NR: ¿Vos consumís terror o lo hiciste para componer algún personaje como el sacerdote de Resurrección?

MS: No soy un gran espectador del cine de terror. Me gusta el cine oscuro pero me gusta algo de lo verosímil también. Me copo con Haneke que es bastante dark pero no sé si me muero viendo El Exorcista. Pero qué sé yo, cuando vi The Others me pareció fantástica. Pero bueno no disfruto cierto masoquismo del género de terror, pero está más en mi naturaleza. No es algo que digo para qué se hace. Me gusta un cine oscuro, retorcido, pero que no llega a generar esa adrenalina del miedo. Con respecto a Resurrección, me encantó el guión, me gustó el personaje. Me gustó el mundo que planteaba. No se hace tanta película histórica acá y si se hace me parece que es muy formal. Tal vez como lo más sucio del cine histórico a mí se me ocurre Leonardo Fabio o lo que hizo (Fernando) Spiner con Aballay, ese tipo de cuestiones, pero el resto de cine histórico que he visto acá me parece demasiado formal. Lo que propuso Gonzalo (Calzada) fue mucha investigación en relación a la época, a entender lo que era el contexto de la fiebre amarilla. Me hizo ver algunos títulos. Pero sobre todo tratar de entender lo que estaba sucediendo que era catastrófico, que modificó la geografía de este país. Era de verdad una pesadilla. Creo que ahí estuvo un poco el hallazgo, la virtud, de Gonzalo como director. Algo de sumergirnos en ese mundo antes del rodaje nos vino muy bien a todos.

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NR: ¿Hay algún perfil, o estereotipo de personaje, que hayas hecho o quieras hacer, que te interese mucho o más que otros?

MS: No. No sé, eh. No. Me parece que a todos los personajes trato de buscarles algo interesante. Si pienso que un personaje no va a tener un potencial interesante no tiene sentido hacerlo. Por eso no hay personajes que me den más ganas de hacer que otros. Lo que siempre me dan ganas es de explorar diferentes registros de actuación. Eso sí. De pronto hacer algo muy cercano como Tratame bien, donde no había que forzar ninguna composición, y de repente hacer cosas más expresionistas en cine, en teatro, en televisión. Lo que más me obsesiona es no perder la posibilidad de entrenar los diferentes registros y lenguajes dentro de la actuación.

NR: Uno de los personajes que más me gustó fue el de Historia de un clan. ¿Cómo viviste vos la experiencia de esa tira, sobretodo sabiendo que está basada en una historia real?

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MS: Para mí hay una premisa que tiene que existir de por sí en el aire y es que uno no va a hacer jamás lo que existió. Uno va a hacer una visión o una opinión sobre eso. Esos actores que intentan parecerse lo máximo posible a tal o cual personaje, como espectador me alejan. Para eso está Martín Bossi. Yo no soy imitador y no me parece una virtud de un actor cuando se acerca lo máximo posible a un personaje determinado de la historia. Me parece interesante cuando un actor pone una opinión sobre eso. Una visión o una reinterpretación, incluso. En ese sentido me parece que Historia de un clan tenía eso. Bueno, era la versión de Luis Ortega sobre el clan Puccio. Cada vez que uno trabaja con Luis es entregarse a la manera de trabajo de él. Para mí hay algo muy visceral cuando trabajo con Luis y si uno está entregado a eso algo va a suceder. Me metí en una serie donde ya estaba empezado el trabajo y también me conecté con eso. Los actores venían laburando muy bien y todos estaban súper concentrados porque estaban haciendo algo que era buenísimo.

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NR: Escuché que en El Deseo la energía no era buena para trabajar. ¿Te pasó esto de entrar y notar malas vibraciones en otra tira o solamente ahí?

MS: Me pasó en un par de series, que las cosas no vayan bien. Generalmente está relacionado con que no vaya bien en rating o que se juegue algún asunto de egos o de liderazgo. También me pasó de tener malas experiencias de ensayo en algunas obras y que la obra funcione. En estos casos se pasa esa página y todo está bien. Hay algunos pocos autores que generan climas más tensos o complicados. Allá ellos y pobres de ellos que no pueden disfrutar de la vida y del trabajo. Para mí cuando uno tiene la posibilidad de actuar debe ser feliz porque es el trabajo que uno eligió, y trabajás con gente, con zonas sensibles, frágiles. Sí, me volvió a pasar en alguna serie que le fue mal pero incluso de esa serie que te digo me sacaron enseguida, no sé por qué y nunca lo supe, y me sirvió porque después pude hacer Historia de un clan y algunas cosas con Gastón Portal. O sea que hay algo donde parece que si es energía que se envía mal a mí me repele enseguida.

NR: Vos hablás de ser feliz. ¿Qué es el trabajo para vos, una parte placentera de la vida, algo alejado de la vida real?

MS: Hay algo en relación al trabajo que socialmente no está bien pensado. El gran porcentaje de la gente trabaja de algo que no le gusta. Entonces me parece que ahí hay algo que está mal. Si estuviese más repartido en relación al placer y al talento, incluso si uno hiciera ciertas tareas como responsabilidades que en general la gente que tiene un buen pasar y delega en gente más necesitada, digo, todo funcionaría mejor. En mi caso tengo la suerte de trabajar de lo que a mí me gusta. También sufro mucho cuando el trabajo no está. Lo sufro, me genera ansiedad, cargo con la responsabilidad de que algo sea interesante, de que este bien. Es como que me hago bastante cargo de eso entonces para mí el trabajo es algo que está lleno de sensaciones.

Hay algunos pocos autores que generan climas más tensos o complicados. Allá ellos y pobres de ellos que no pueden disfrutar de la vida y del trabajo. Para mí cuando uno tiene la posibilidad de actuar debe ser feliz.

NR: ¿Actuar te da el placer que buscás o por momentos sentís que dejás cosas de lado? ¿Lo pensaste en algún momento a lo largo de tu carrera?

MS: Cuando uno logra alcanzar un presente de absoluta entrega en la actuación pero también de absoluto estar en la actuación entra en una especie de zona meditativa o en un lugar que uno en general no logra alcanzar y que es muy placentero. Sea con la escena que sea, trágica, cómica, feliz. Cuando estás ahí y sucede algo que no planeabas o que sucede y que está, eso es algo que se disfruta mucho. Después, no sé si todos dejan cosas de lado por actuar. En mi caso sí porque empecé muy chico y hubo cosas que dejé: salir, hacer una vida más adolescente, infantil. O poner el juego en el trabajo y no en el funcionamiento de la vida, y que después me haya costado volver a retomar el juego en lo cotidiano. Pero si uno logra organizarse en lo económico, en el placer, en los sentidos, no necesariamente debe dejar cosas de lado.

NR: Había una relación de trabajo con Claudia Lapacó, en Resistiré, que parecía traspasar los límites de la ficción. ¿Fue así realmente? ¿Existía esa complicidad, ese afecto, que se veía? ¿Y tenés, por otro lado, compañeros con los que te guste trabajar o jugar?

MS: Mirá. Fue muy cuidadosa ella. Yo tenía poca experiencia y me estaba metiendo en un súper éxito que explotaba. Me ayudó, fue muy contenedora. Fue hace mucho la verdad. En realidad todos los vínculos ahí fueron muy amables. Pablo (Echarri) también, Hugo Arana, Rominca Ricchi, también Celeste (Cid). Estaban muy felices todos y se cuidaban los unos a los otros. Claudia me traía desde Martínez en su auto, charlábamos mucho, es una gran mujer, una gran persona. Qué lindo cuando se transmite algo así. Y con respecto a los compañeros tengo muchos. Muchos, muchos. (Luis) Machín es un tipo con el que me gusta laburar. Con Esteban Lamothe y Rafa Ferro el año pasado nos hicimos muy amigos, pero hay muchos actores que me interesan y que me dan ganas de volver a trabajar. La mayoría es buena gente, muy sabia. También criticada. El actor es un poco agitado, voraz, pero la verdad es que te digo esos tres porque les tengo mucho afecto pero hay muchos más.

NR: Otra historia que me parece necesario destacar es El principio de Arquímedes. En esa obra vos pasaste por varios personajes, en diferentes temporadas. ¿A qué se debió este cambio, de ser un personaje y después otro? ¿Y qué tan fácil o difícil es para un actor volver a componer otro personaje en una misma historia?

MS: Sí. Yo hice mucho la obra. Fue una obra compleja de hacer. El elenco original resultó muy interesante. Estaba Juan Minujín, Beatríz Spelzini. Y yo lo observé mucho a Juan. Me pareció que había conseguido una ambigüedad muy interesante. Lo admiraba mucho en esa obra. Sobre todo sus decisiones escénicas en relación a su lectura del personaje y de la obra. Dialogaban excelentemente con el texto. Después pasaron otros actores que también hacían el trabajo muy interesante y después yo me fui de la obra. En un momento me llama la directora para que en diez días estrene en Mar del Plata en el personaje que había hecho Juan. Y yo la ensayé y me di cuenta, no solo que la obra estaba muy incorporada a mi persona sino que yo tomaba algo de las decisiones que había tomado Juan. No lo imitaba pero me agarraba mucho de lo que él había trabajado.

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NR: Hablando de teatro, ¿qué opinión tenés sobre lo que sucedió este último tiempo o desde la llegada del nuevo gobierno, con el teatro, con la ficción nacional? Lo pregunto desde una mirada más política que social.

MS: Hay mucho menos. Hay menos ficción, hay menos trabajo para los actores. Hay en relación a las series del INCAA un gran fantasma, tuvieron muy mala prensa. Me parece que puede haber pasado en cualquier espacio donde circule mucho dinero. Por mi parte lo que viví con esas series fue mucho trabajo, no demasiado bien pago, pero con contenidos muy interesantes. Lo digo objetivamente. Y además la oportunidad de acercar a la sociedad autores que valen la pena y que muchos no conocían como Roberto Arlt, Walsh. Se acercaron además muchos directores de cine a la tele. Antes había una línea divisoria que se fue perdiendo por suerte y me da lástima que ya no estén más. Digo, creo que la gente cree los actores se llenaron de plata haciendo esas series. Yo gané menos de lo que puedo trabajar en Pol-Ka o en Telefé pero hay un trabajo más sostenido. Había mucha ficción dando vuelta. Mi manera de pensar eso es que hubo ficciones muy interesantes y otras donde la bajada de línea social era un poco solemne y un poco obvia. A mí me gusta cuando se transmite una preocupación social cuando no es literal. Cuando se requiere que el espectador piense más. Pero fuera de eso era trabajo. Conocí a muchos directores interesantes. Sí las extraño y me gustaría que estén.

NR: También hay una gran diferencia, que se percibe siendo espectador, entre este tipo de ficciones. Por ahí las series de la TV Pública tienen menos escenarios, menos decorado pero van con el punto fuerte en los diálogos, en la filosofía. Pienso en Doce casas o en En terapia. ¿Tiene que ver esto con los recursos económicos que se tiene o pensás que hay algo más?

MS: Sí, es posible pero también me parece que tiene que ver con una visión un poco más intelectual de la ficción y que tal vez esa sea justamente la falla, ¿no? Cuando algo que pone un paradigma en juego sería interesante preguntarse de qué manera uno puede proponer una pregunta social sin necesidad de rellenar todo de una forma tan literaria. Temas como la mujer golpeada, la pobreza, están bien pero hay que ve cómo. Después en el caso de las series de Loza, bueno, en Loza hay un goce de por sí en la palabra. En todas sus obras hay un regocijo en algo de la verbalidad, de lo dicho, y por otro lado también hay una puesta en juego al melodrama. Se intentaba la búsqueda de contenidos un poco más intelectuales y muchas veces eran un poco literarios por demás.

NR: ¿Te interesa ir más lejos en la actuación? ¿Trabajar en producciones de otros países?

MS: Me interesa verlas. No hablo otros idiomas por lo tanto estoy limitado ahí. Podría ser alguna de habla hispana. Mad Men tiene zonas espectaculares. O todo lo que es la trama en Breaking Bad, bueno. Me gusta tener en cuenta eso. La construcción de una trama y no los volantazos que se pegan acá en la televisión todo el tiempo. Pero sí, claro que me gustaría.

NR: ¿Te afecta eso de ir según el rating, escribiendo sobre la marcha de acuerdo a lo que funcione mejor en el público en determinado momento?

MS: No, a mí no. Al producto, sí. Uno ya sabe donde se mete al meterse en una tira. Sabés que el guión es una base y que podés improvisar, ya sabés que puede cambiar todo en cualquier momento y estás dispuesto a eso. Si laburás con Gastón Portal que muchas veces ha escrito sobre la marcha pero que lo hace genial, te entregás a eso también en el goce de la incertidumbre. Creo que es cuestión de poder tener una visión de donde estás y poder acomodarte de acuerdo a eso. Ya no sufro esas cosas ni me indigna ni nada por el estilo. Trabajo sobre eso. No sé cómo es con las novelas centroaméricanas, por ejemplo. Sí tengo entendido que en las series estadounidenses, inglesas, etc., se trabaja distinto. Tiene que ver con un trabajo previo, con guiones ya escritos pero bueno, esto va ligado directamente a las condiciones económicas. Somos un país tercermundista y me parece que en todos los ámbitos de la vida funcionamos así, que las cosas se resuelven al instante, no solo en lo ficcional. La vida es así y uno está curtido por eso. Incluso hay actores a los que les cuesta trabajar con ese arco construido de antemano, que solo trabajan con la inmediatez. Yo creo que hay que ser muy observador y ver qué trabajo requiere cada experiencia.

NR: Además de actuar, ¿te interesa dirigir, escribir, dar clases?

MS: Escribí una obra que la dirigí en la bienal. Un unipersonal que fue una gran experiencia. Ahora tengo otra obra que quiero hacer y que está un poco más trabada. Pero calculo que en algún momento la haré. Y estoy dando clases, sí. Empecé a dar clases y me produce mucho placer. Doy los miércoles en El elefante que es el teatro de Lisandro Rodríguez. Son laboratorios cortos, de dos meses, un mes. Cada uno lleva el material que quiere trabajar y las doy a la gorra. Cada uno paga lo que puede. Me encantaría poder mantener ese esquema toda la vida, ganas plata de otro lado y poder dar las clases donde la gente pague lo que pueda pagar. La gente está mal de plata, entonces no podría poner un número. Tal vez en algún momento lo tenga que hacer. En general es gente que tiene ya alguna experiencia o algún acercamiento a la actuación pero también puede haber principiantes. No trabajo con niveles. Creo que los actores con experiencia también tienen mucho que aprender de los que nunca hicieron teatro. Me gusta colocarlos siempre en zonas de riesgo, darles lugar para caminar pero que ese lugar sea algo fino, donde uno pueda caerse todo el tiempo.

La entrevista que se convirtió en charla termina justo a tiempo para que Martín vaya a buscar a Nina al jardín. No nos despedimos como extraños, nos saludamos con un beso y un abrazo y mientras me alejo por una calle poco transitada pienso en todo lo que aprendí, y en todo lo que me quedará por escribir. Pensando, sobretodo, en lo que puede acercar a las personas el mismo uso de la palabra.

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