El fantástico universo del comic made in acá a la vuelta

por Damián Connelly

En la primera edición de “HACIENDO HISTORIETAS”, hablamos con El Capitán Manu, uno de los autores que están dejando una marca en esta nueva generación de historietistas.

El Capitán Manu (también conocido como Manuel Loza), nacido en Quilmes, provincia de Buenos Aires, es un dibujante que viene molestando desde el under hace varios años; en la Comiqueando Online, con tiras de humor, o en la Editorial Panxa, con historietas de aventuras, entre otros lugares. Hoy, ya convertido en profesional, es un colaborador estable de Atmósfera, con varios proyectos y trabajos. Si alguien pregunta, siempre aclara que también es profesor en la facultad, como Indiana Jones.  Entre sus obras principales de destacan “Almer integral” y “Estrella Roja”.


Raíces.

Me llamo Manuel Loza, aunque firmo como Capitán Manu en mis historietas.

Empecé a leer historietas desde muy chico, arranqué aprendiendo a leer con esos tomitos de Mafalda que daban vueltas en todas las casas, pero el hábito de la lectura fuerte arrancó con unas historietas que eran de mi vieja cuando era chica, se llamaban Joyas de la Mitología Griega, Vidas Ejemplares, y no me acuerdo más. Estaban buenísimas y eran historias de aventuras y viajes.

Ya un poquito más grande y para que me aguante calladito en algún viaje, mi mamá me empezó a comprar revistas de Superman y Batman de esas que editaba Perfil. Casi como si estuviera marcado desde el principio a tener una obsesión, en mis primeras revistas Superman conocía a todos los personajes de Jack Kirby (Orión, Darkseid, Apokolips, etc) que hoy pueblan mi cabeza las 24 hs. Y Superman sigue siendo mi compás moral a la hora de caminar este mundo. Al vivir lejos de casi todos mis compañeros de clase, me empecé a refugiar cada vez más y más en la lectura, en los viajes, en la fantasía. Tolkien, Superman, Bradbury eran mundos entre los que saltaba para zafar el aburrimiento. Nunca estás solo si sabés escaparte a la Tierra Media.

Incluso en esas revistas de Superman con las que empecé a leer historietas pasaba algo muy loco: Superman protagonizaba relatos más parecidos a la aventura que a la estructura clásica de los superhéroes. Eran viajes a lugares distantes y maravillosos y con peligros terribles y extraños, lejos estaban de la estructura clásica de “Superhéroe salva la ciudad”.

Ahí dibujaban John Byrne y Jerry Ordway, pero mi amor más grande era Norm Breygfoyle en Batman. Esos cuerpos exagerados, ese dinamismo. Bruce Timm ayudaba mucho desde Batman La Serie Animada también. El movimiento en el dibujo se convirtió en una obsesión que todavía me persigue, sigo viendo estatismo la gran mayoría de las historietas que leo.

Nunca estás solo si sabés escaparte a la Tierra Media.

Y después llegó Miller. Un día de vacaciones, ya de adolescente, me compré Sin City: La Gran Matanza de Fran Miller. Me volví loco. Era todo lo que buscaba en un relato. Todo. El dibujo y la distribución de las páginas me sacaban el sueño, la historia era bella y violenta y chocante, los héroes eran ambiguos y admirables. Todavía hoy recuerdo ése verano como un momento donde hice un pacto definitivo con la vida: iba a ser historietista o no iba a ser nada. No hay negociación ahí.

Me pasé mañanas enteras dibujando en clase, me llevé todas las materias todos los años (cuando tenés un Norte, un amor tan fuerte, lo demás te despierta un desinterés titánico), yo entraba al colegio, armaba mis páginas en la mesa, y dibujaba como un poseso hasta que era hora de irse. Mi vieja me daba un peso para comprarme algo en el recreo, yo me aguantaba el hambre y cada semana me compraba una historieta. Descubrí Boy-Vampiro de Risso y empecé a mirarlo fijo cada noche, intentando aprender cómo distribuir esas masas negras en un dibujo (todavía no aprendía que la historieta se trata de páginas y no de dibujos), me compraba todo lo que encontraba de Cybersix y me preguntaba si amar tanto a Meglia me hacía traicionar a Bruce Timm. Y dos mostros estaban siempre ocupando cada vez más y más espacio en mi biblioteca, Superman y Frank Miller. Dos amores que hoy siguen estando en el podio de mi vida. Y siguen ocupando más y más espacio en mi biblioteca.

Tanto dibujo y algún que otro problemita propio de un adolescente con severas dificultades de adaptación llevaron a mis viejos a buscar ayuda. El psicólogo fue el primero en darse cuenta que hay fuerzas mucho más grandes que cualquiera de nosotros y dijo “Éste chico tiene que estudiar historietas”.

Buscaron talleres sin conocer historietistas ni saber nada del tema y llegaron a la Escuela de Garaycochea. Allá conocí a Oswal. Oswal fue mi maestro en más de un sentido, no sólo me enseñó las cosas de la historieta que aún hoy uso y enseño, sino que encontré en él un modelo de persona a imitar. Quería ser como Oswal, siempre sabio, siempre amable, siempre buen tipo y siempre lleno de datos. Con Oswal podías colgarte a hablar de Frank Miller y después discutir sobre tribus amazónicas y de ahí a la composición del hielo en la cola de un cometa. Oswal paseaba por esos temas con soltura y aplicaba siempre la gran base del diálogo: escuchaba y preguntaba más de lo que decía. Una joya. Ojalá un día me parezca aunque sea un poquito.

¿Y cuál era la obsesión estética del dibujo en Oswal? ¿Qué era lo que él siempre buscaba?

El movimiento.

La Historieta.

La primera historieta que hice en mi vida fueron los cinco números de Beast-Man que se publicaron en el año 1992. Una tirada pequeña, sólo una copia de cada uno, y una distribución aún más pequeña, el patio de la Escuela N°6 de Bernal donde yo cursaba. Tenía diez años y lo único que quería en la vida era dibujar las aventuras de este superhéroe que había inventado cuya descripción era “es Batman con los poderes de Superman”. Esos cinco números son un tesorito mío.

Y la última historieta… En este momento estoy dibujando tres historietas, un libro de aventuras, un libro erótico y un webcomic. Ayer a la tarde, justo antes de salir de mi casa estuve dibujando la tira número 72 de Estrella Roja.

Estrella Roja Tira 39Estrella Roja Tira 40

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