Amel, una banda con música en la sangre

por Sandra Gasparini

Hablamos con Gonzalo Pallas, vocalista, guitarrista y compositor en Amel
EL CAMINO ES AMOR
La banda espera sacar su tercer álbum a comienzos de mayo

Nos  estamos despidiendo en la terraza de Arribeños, la casa natal de Luis Alberto y sus hermanos Ana y Gustavo Spinetta en el barrio porteño de Núñez, en el límite con el Bajo Belgrano. Gonzalo Pallas (hijo de la que sobre la alfombra/ toca su sombra) nos ha recibido en esa usina de talento familiar que no es museo sino sede de ensayos, inspiración artística y amistades que perduran en el tiempo. Hablamos un poco de los que quedan (Charly, Fito), de los que se han ido (el Flaco, Cerati). La tarde tiene una luminosidad especial en esta manzana. Será que la canción llegó hasta el sol.

Gonzalo nos recibe acompañado de Mumi, su “gata punk”. Uno de los tantos felinos que aprovechan la luz de la tarde en la casa. Cascabelita no está hoy: es la chica de tapa de 2853, el segundo disco editado por Amel.

GP-Mi vieja (Ana Spinetta) escribe poemas. Escribe muy lindo. Nunca se dedicó a publicarlos, a mostrarlos. Se dedicó a criar a sus hijos, ser una madre. Pero pinta muy bien, talló madera. Le pintó por otro lado el mambo artístico. Tengo un libro de poemas de ella, de 1966, en un cuaderno que no publicó.

SG-¡Antes de “Ana no duerme”! Sería buenísimo conocerlos.

GP- No le interesaba hacerlo. Sí, por ahí, meter alguna poesía en una canción, ya lo craneé eso.

SG-Estuve escuchando los dos discos y veo una gran diferencia entre Amel (2012) y 2853 (2015), ambos de una gran calidad musical y artística. Del primero me llamó la atención el tema “Abuelo” y quería preguntarte cuál era tu relación con tu abuelo materno, por qué pensaste en él para escribirlo.

GP-Me acuerdo de que estaba en Brasil y me enteré de su fallecimiento, yo no podía volver al país y me surgió ese tema, como de descarga. Tuve una relación hermosa, muy de compinche. Tengo recuerdos, de subir y él, tallando madera, arreglando guitarras en el taller, o con los pajaritos que criaba. Yo venía al colegio que está acá (Belgrano), jardín y secundario, y pasaba: salía, merendaba hasta que me buscaban. Mi abuelo arreglaba las guitarras de esa escuela.

SG-Fue un muy buen cantante de tangos además, conocido como Carlos Omar. ¿Escuchás tango?

GP-No suelo escuchar. Sí me gusta, me atrae bastante, he ido a milongas, he ido a bailar pero no soy de escuchar. Mi abuelo cantaba muy bien y tenía también un don para las maderas, se dedicaba a la luthería en casas de música, laburaba en un montón de cosas. Hacía muñecos, escribía muy bien.

SG-Ahí ya estaba toda la impronta artística…

GP-Sí. Siempre siguió cantando, acá, a capella.

SG-Me pareció que el primer disco tiene una marca más funky.

GP-No sé si coincido. Para mí el primer  disco es más canción- naïf. Lo siento más naïf también  por las edades, los tipos de letra o armonías de las canciones. Arranqué escuchando Los Beatles, fue lo que más me pegó. Estuve un tiempo viviendo con Gustavo y mis abuelos en la casa de mi vieja, de chico, por una reforma y ahí me copé con la música, Gus me pasó mucha. También Luis (Luis Alberto) me dio una guitarra y ahí un poco empecé a descubrir lo que eran Los Beatles, las primeras emociones con la música fueron ellos. Más allá de que siempre estaba rodeado de buena música.

SG-Son el mejor aprendizaje. Cuando era muy chica escuchaba Los Beatles y Almendra.  Me rompieron la cabeza.

GP-Son despertadores de producciones. Con respecto a las influencias del disco creo que Amel tiene un poco de todo. Más naïf me refiero a lo popero… El 2853 es más ecléctico y tiene desde funks y raps hasta blues y temas más jazzeros. Son canciones.

SG-Eso es lo interesante, hay como sellos… El comienzo me parece muy de la música prog: los cortes, la extensión, cómo van  trabajando las armonías, dónde va la voz. Después tenés un blues, “Palabras de más”, y “El cuervo”, muy folk.

GP-Es una canción “El cuervo”: todas salen de una acústica, no dejan de ser canción. Algunos que otros temas salen de bases o zapadas.

SG-Contame cómo componen.

GP-No nos atamos a un modo de composición sino que vamos viendo lo que el tema pide y cómo llega. Muchos temas por ahí los traigo yo, están medio armados, establecidos más allá de que después coloreemos todos y se vaya a otro lugar. Eso es lo rico también, de Amel y una banda.

SG-Las letras son tuyas…

-Sí. Hay muchos temas que salen de una zapada que después organizamos un poco, como “Dale rojo”, el instrumental. Lo mismo “Mantra” u otros de ese estilo. Después hay algunos en los que tanto Francisco (Zunana) como Pablo (Castagneris) traen una base y la laburamos. También trae Fran, más establecidos.

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SG-Muy capo el guitarrista en los arreglos, la precisión que tiene al tocar…

GP-Sí, todos son muy buenos. Ninguna de las dos guitarras tiene roles muy establecidos: hay momentos de la canción en la que yo hago base y él melodía y momentos donde yo hago eso y él base. Hay como unas lindas parejas de guitarras, tenemos sonidos distintos que nos diferencian.

SG-Aparte, tu rítmica no es la típica, metés algunos acordes… eso sí está en el adn (risas)… marca Spinetta…

GP-Y… aprendí de él. Son los primeros acordes que aprendí.

SG-Y Gustavo también, una base impresionante, un sonido bien preciso.

GP-Sí, vintage pero a la vez como que es 2017.

SG-Hablando de las canciones y de las letras… ¿el nombre del disco?

GP-Tiene que ver con un número de vuelo para nosotros… el número de vuelo de la nave nodriza (Revista Lembra juró no revelar el secreto).

SG-Al mirar el arte de tapa se me ocurrió preguntarte por esta división tan al uso del vinilo y de los cassettes en Lado A y Lado B. ¿Quién fue el de la idea?

GP-Porque eran diecinueve temas y queríamos sacar todo lo que teníamos hasta el momento… fue un capricho… pero una de las formas para que quedara algo más conceptual. Es un cd que lo hicimos a través de un proyecto colectivo, utilizamos la plataforma idea.me, es como una gran excusa para mostrar lo tuyo, que la gente se cope y pueda colaborar. Era como una venta anticipada del disco. Lo hicimos muy a pulmón y lo pudimos lograr: juntamos cuarenta lucas y pudimos grabarlo. Estaba la idea de hacer un disco doble. Entonces dijimos: vamos a ponerle el concepto de doble pero que sea un disco. Fue eso: el número de vuelo que determina los dos viajes y dos tipos de lectura que vos podés hacer, no lo podés dar vuelta… Si empezás desde el B arrancás desde el “Mantra”. Los dos lados, con instrumentales. El B tiene otro encare, más experimental y tiene que ver con cómo fueron surgiendo los temas.

SG-Las letras también tienen un lazo entre sí. ¿Cómo las pensaste?

GP-Sí. No tengo algo muy estructurado sino que es según cómo se me van viniendo las imágenes a la cabeza, las melos o lo que el tema pida. A veces primero va la música, a veces tengo algo escrito. Otras escuchar una música te dispara determinada imagen. Hay que tener una excusa para escribir siempre, ¿no? Amores, desamores, experiencias, alguna cosa más de cuento, que no existe, fantasía, digamos, alguna crítica ecológica implícita en las letras… Es más o menos eso lo que a mí me inspira.

SG-A mí me llamaba la atención la recurrencia sobre los lugares que había en las letras. A partir de ese tema tan pegadizo, “Arribeños”, que dice “los sueños de ayer/ no quiero crecer/voy a un lugar/espero llegar/Arribeños”… vos decís en un reportaje “mi semilla musical nació acá”. Además de Arribeños, ¿qué otros lugares te inspiran?

GP-Creo que la inspiración está dentro de uno, no importa el lugar al que vayas. Sí por ahí eso te abre un concepto de imágenes posibles. Hace poquito me fui al Sur, estuve escribiendo un montón. Me venían imágenes referidas a la escenografía que tenía ahí…

SG-Lo sublime.

GP-Claro… lleno de árboles, lagos… inevitablemente no podés dejar de escribir la palabra “lago” en algún momento, “montaña” o “árbol”… estás ahí. Sin embargo creo que la inspiración está dentro de uno. Lo que nos inspira también son los amores y los desamores, para bien y para mal.

SG-¿Qué haría la música sin el amor y el desamor? Sobre todo sin el segundo…

GP-Claro…  Creo que el desamor es más poderoso que el amor en ese sentido de inspiración con respecto a las letras. El amor es mucho más poderoso pero los poetas son sufridos… necesitan sufrir un toque. Habría que tratarlos psicológicamente (risas).

SG-Hay un montón de tratados sobre arte y locura…

GP-Se trata de sacar algo de adentro tuyo, por ahí es algo que quedó pero hay que extirparlo. También nos inspiran otras cosas.

SG-En el tema “Libertad” me  llamó la atención esta frase: “por más que quieran succionar mi dulce sangre azul”. ¿En qué clave escribiste eso? ¿Se podría pensar que las genealogías familiares pueden llegar a ser una cárcel?

GP-Ah, mirá…

SG-La sangre azul… como haciendo un chiste con eso.

GP-No habla de la sangre azul de los príncipes y reyes… me parece que estoy hablando de otro tipo de sangre azul que vendría a ser la que está dentro tuyo, la sangre más pura que todavía no tocó el oxígeno.

SG-Yo me había hecho toda la película de que era un chiste con “Los Spinetta”…

GP-(Risas) Puede ser… tiene que ver con la idea de pureza.

SG-Lo pensé como un tener que dar cuenta del talento o la relación con Luis, con la familia, cosa que en realidad no ocurre porque ustedes no hacen uso de eso. Construyen su propio camino con la financiación colectiva, etc. Sé que a Gustavo no le gusta mucho que le pregunten sobre su hermano.

GP-No creo que le moleste… le molestan los monitores. Depende cómo encaren.

SG-Es que en un punto hay que ponerse en el lugar de ustedes. Para los fans la vida está atravesada por esa impronta pero ustedes lo viven de otra manera. A Gustavo le preguntan si es el hermano de Spinetta… no queda otra que responderles: “yo soy Spinetta, flaco”. En un reportaje vos decís con respecto a Amel: “Somos una familia, pero una mucho más grande que la familia de sangre”. ¿Cuál es el legado de Luis en Amel, en tu vida y qué es lo que deja esta banda en ella?

GP-Es muy amplio. Yo creo que es un poco hacer las cosas bien todos los días, ser feliz, más allá de la música y del arte. Disfrutar el camino, el tránsito de la vida. Amel para mí es… somos hermanos, desde chicos. Nos vemos todos los días prácticamente.

SG-¿Cuántos días a la semana ensayan?

GP-Tres veces por semana y nos vemos todos los días, formamos como una familia más allá de los músicos. Somos un montón de amigos alrededor de la banda, que encaramos la movida juntos. Ya sea desde el sonidista, Federico, hasta Guille, que nos hace las visuales en vivo, Cami y Guadalupe, que nos venden las remeras en los shows, Bernardo que nos lleva en la camioneta hasta donde sea. Somos un montón. Hace más de diez años que estamos juntos.

SG-Facundo Vidal es el tecladista actual. ¿Lautaro (Balestra Martínez) se fue de la banda?

GP-No, están los dos. Tal vez en el nuevo disco toquen los dos. Son totalmente distintos a la hora de tocar. Facundo toca jazzero, muy virtuoso, viene del clásico. El Pollo (Lautaro) lo mismo, pero tiene otro encare, es autodidacta, más de escenografías y de efectos…

SG-Más Rick Wakeman…

GP-Detrás de otro espectro de texturas que Facundo, que por ahí se manda un solazo. El miércoles tocamos en Quilmes y fuimos con los dos.

SG-Contame cuál es el proyecto actual de la banda, si hay diferencias con lo que venían haciendo.

GP-Sí, hay como otra madurez que en 2853. Van a ser menos temas pero un montón también (risas). Fuimos con cinco temas armados y terminamos grabando catorce. Son todas ideas que veníamos trayendo a partir del último disco y se fueron armando orgánicamente después de haber hecho 2853. Ojalá lo podamos tener prontito para ir mostrándolo. Ya estuvimos tocando temas nuevos en Quilmes.

SG-Hay un montón de temas ya de Amel, contando los dos primeros discos… más ahora ¿quince? Hay que tocar todos esos temas en vivo…

GP-Tiene otra solidez, otra energía.

SG-¿Cómo lo definirías?

GP-Más maduro que el 2853 seguro. Es poderoso, es ecléctico pero ya el primero lo es.

SG-Poco vendible… (risas). Siempre te quieren encasillar para meterte en alguna batea determinada.

GP-Eso no importa.

SG-Por eso decía que la banda era casi progresiva en un sentido amplio del término: hay de todo y no importa.

GP-Eso genera el propio sonido de la banda, esa búsqueda de no encasillarse. Hacemos blues, funky. Para mí Amel es canciones y hacemos lo que la canción pida. Por ahí sale algo más folk, o más jazzera o más blusera.

SG-Son canciones que se pueden tocar con una guitarra criolla.

GP-Sí, sin encasillarnos, en un estilo que tiene que ver con eso.

SG-¿Habrá algo conceptual?

GP-Todavía no lo tenemos súper definido, está en un sesenta por ciento el disco. Está todo grabado pero falta agregar algunas cosas que seguimos haciendo, sobre todo voces que seguimos agregando.

SG-¿Dónde graban?

GP-En La diosa (salvaje) tuvimos cinco días de grabación y ahí hicimos los catorce temas, todas las bases. Grabamos en vivo, sin click, con nuestros tiempos, los de los cuerpos, tiene otra dinámica a la hora de la escucha porque no está tan estructurado. Eso también hace que se vuelva más orgánica la música, que haya más matices, que en algunos momentos te vayas unos puntitos más arriba o más abajo.

SG-La imperfección…

GP-Que hace esa cosa orgánica. A la vez hace que no haya ediciones a la hora de corregir. Lo que quedó, quedó y eso nos encanta. Por suerte pudimos lograr un buen desempeño entre todos. Hay temas que salieron más rápido que otros. Son tomas enteras. Elegimos el sonido de todo.

SG-Lo más real posible.

GP-No se puede editar todo, los técnicos se vuelven locos.

SG-Un Frankenstein.

GP-Sí un Frankenstein que hacen todos y que hace a la magia de grabar un disco. Nosotros decidimos que salga lo más orgánico posible. Elegimos tomas, algunas por el espíritu y otras por el final, que era “ese”.

SG-Hay bandas que las escuchás en vivo y hay mucha diferencia, a veces es una gran desilusión.

GP-Sí, tal cual. Pasa en otras cosas, con los discos, con la producción, que se diferencia de lo que va a sonar en vivo. A nosotros nos pasó un poco al revés: uy, qué bueno que es el “vivo”, que es mucho más fresco.

SG-Además son diez años de tocar juntos. Eso se nota arriba de un escenario.

GP-El vivo siempre cambia algo, siempre el lugar es distinto.

SG-La gente es distinta.

GP-A veces caemos en un lugar y hay que remarla, el sonidista se vuelve loco pero es parte también de salir a tocar.

SG-¿Algunos de los chicos de Amel son compañeros tuyos de la escuela secundaria?

GP-Tanto Pablo como Francisco, sí. Gustavo, Pablo y Francisco serían como el Amel original con el que arrancamos, después se sumó Lautaro en el segundo disco y cuando quiso estudiar Bioquímica se abrió. Apareció Facundo, que conocimos en San Miguel (tocaba en una banda de allá, Solsticio, muy linda). Ahora el Pollo (Lautaro) volvió y para este disco la idea sería tocar con dos teclas.

SG-Eso suma. En una época Pez hizo shows donde convivieron dos monstruos como Ernesto Romeo y Pepo Limeres.

GP-Sí… Ojalá podamos sostenerlo. Facundo es de San Miguel y estudia mucho; se le complica para  los ensayos. Cuando no puede él va el Pollo. Hay algún registro subido que se puede ver.

SG-Pensaba en dos conceptos que surgen de las letras. Uno que sale así de la nada, venís escuchando “Mantra”, una onda muy espiritual y de repente aparece la frase “políticos transgénicos”. Hablame de eso.

GP-(Risas) Bueno, el “Tema último” es como una descarga, bastante contestatario. Comienza diciendo el miedo ama la piel, perro que me quiere morder, mi mente queriendo el control, gente que viene y que va… comidas transgénicas, políticos vendiendo el amor. Y después del solo se entran a mezclar las palabras: gente contaminándose, políticos transgénicos, el dinero tomando el control, y así…

SG-Es un juego que tiene mucho de ironía y de sátira social.

GP-Es un juego de palabras… los políticos transgénicos es muy lindo… hay un montón… sobre todo en este momento. Hay uno que es peor que Monsanto (risas).

SG-El otro concepto es un poco lo que empezamos hablando: “El camino es amor”… de “En el desierto”.

GP-El desierto es un desamor. Se lo escribí a una ex novia y habla de los fantasmas que uno tiene con la pareja, y el amor y todo lo que conlleva enamorarse. A perder esa persona que vos querés, dejar esos fantasmas y vivir un poco el amor con una libertad, la cual sea de montaña y sol, luminosa, sin tantas ataduras… Con el amor también empiezan a aparecer otras cosas: posesiones… Tiene que ver con amarse y respetarse y no paranoiquear. Además el tema dice “se detiene el reloj… pende de un hilo”…

SG-Dalí… (risas). ¿Y “En la cueva”? En el cd se dice que la grabación está hecha en Estudios El Pie y en La Cueva…

GP-Tiene que ver. Era la casa del sonidista, el Oso, que no sale nunca de su casa, muy ermitaño… Muchos temas salieron de ir a la “cueva”. Lo íbamos a visitar porque no salía, y grabábamos demos.  Ese tema salió de ahí. Éramos medio adolescentes todavía…

SG-“Suban a la nave”, el tema diecinueve, el último del Lado B, donde aparecen tu primos Dante y Valentino… ¿cómo surgió?

GP-Ese tema surgió también en la “cueva”, con bases de Pablo y Fran, yo le puse una letra y queríamos que fuera un rap

SG-¿Lo hicieron pensando en ellos?

GP-No, se fue dando todo, en un cumple les dije que teníamos como una especie de rap, que por qué no lo cantaba Valen, y si Dante aportaba un solo… se recoparon.

SG-Quedó buenísimo.

GP-Sí. Arranco como cantando la primera parte del tema y después sigue el rap de Valen y Dante se mandó un solazo al final del tema. Estuvo buenísimo compartir eso también.

SG-¿Te ves con ellos?

GP-A veces; últimamente, no tanto. Por ahí con Valen sí…

SG-¿Con Catarina y Vera?

GP-Estamos todos muy dispersados.

SG-Están todos grandes, tienen sus familias, viven lejos…

GP-Sí… así que nada, fue muy linda esa experiencia de haber tocado los cuatro varones de la familia.

SG-¿Cuándo será la próxima presentación de la banda?

GP-Habrá una presentación a fines de abril con temas nuevos en Santos 4040, en Colegiales. Para esa fecha probablemente haya una edición digital del disco. Faltan muchas cosas, por ahí llegamos, por ahí no… tendrá su maduración. Queremos que quede algo bueno.

SG-¿Quién hará el arte de tapa?

GP-El primero lo hizo Gus, armó en cerámica una maqueta gigante…

SG-¿Llegaron a tocar con eso?

GP-No, nos hubiese encantado, pero no lo podíamos mover (risas).

SG-Como en la película Esto es Spinal Tap…

descargaGP-Era una mesa bastante grande, con un collage. Ya el “Amel” era muy pesado. Era una obra de arte que era para llevarla a un museo y dejarla un tiempo. Tenía hasta leds, agua de cascada, arena, estaba llena de objetos. El segundo lo hice yo, que agarré una cámara que había dejado Guille, un amigo, subí a la terraza, le saqué una foto a la gata, que estaba  ahí…

SG-¿Era gata, Amel?

GP-Amel es otro gato que ya está en el aire… La gata es Cascabelita pero no tiene que ver con Amel. Aunque por qué no… Ella “hace” de Amel. Es la capitana de  la nave. Está como mirando el horizonte. Es una foto sin retoque, con saturación al taco, como estaba la máquina, se me fundió el gato en la pared (risas).

Termino con el principio: Nacho en la puerta con la bici. Tocamos el timbre de Arribeños, ese santuario del rock nacional donde ensayaron Almendra, Pescado Rabioso e Invisible y donde la usina de sueños sigue viva, ahora en manos de Gustavo Spinetta y Gonzalo Pallas. Él nos recibe con mate y una sonrisa que ya tiene historia y se transforma en otra cosa, otra música, otro tiempo.

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Amel es:

Gonzalo Pallas: guitarra y voz
Francisco Zunana: guitarra
Pablo Castagneris: bajo, coros y percusión
Gustavo Spinetta: batería y percusión
Lautaro Balestra Martinez: Teclados
Facundo Vidal: Teclados

Dónde se consigue 2853:

Mondo Rabioso, Av. Corrientes 753, Galería Corrientes Angosta, Local 33
Zivals, Av. Callao 395

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