La historia de un género bastardo

por Martín Riano

Entre el polvo que sepulta a la crítica que desprecia a los géneros masivos, brota la literatura de terror argentina, empujada desde el mundo subterráneo de las revistas y editoriales independientes. Se alimenta del desprecio que recibió durante décadas por parte del mundo académico y se afianza con mucha fuerza, dejando en claro a los lectores y a las grandes editoriales que los horrores de sus páginas están más vivos que nunca.

Revista Lembra se puso en contacto con algunos de los impulsores del género en la actualidad, quienes explicaron cuáles son los fundamentos y orígenes del terror y cuál es el panorama hoy a nivel local.

Allá lejos y hace tiempo

Gonzalo Ventura, cofundador junto a Martín Blanco de la editorial especializada Santa Guadaña, sostiene que el terror es un género universal que acompaña al hombre desde el principio de los tiempos, y que las variaciones se establecen según el contexto. sg.pngEs decir, que lo que más cambia son las formas y no el contenido, y pone un ejemplo muy gráfico tomando un tema típico del género: “En Transilvania veremos castillos lúgubres y asfixiantes, en los que los viajeros más despreocupados vivirán una pesadilla y quizá puedan descifrar el enigma que los acecha; y clavar una estaca de madera en el corazón del temible vampiro antes de que este clave los colmillos en sus cuellos. En Estados Unidos los vampiros serán una corporación, tendrán jerarquías y se regirán por códigos establecidos por algún vampiro antiguo. Y los cazadores también serán una corporación y habrá un rebelde que atacará a los vampiros con tecnología de punta. Acá, en Argentina, el vampiro va a tener la camiseta de boca y se va a esconder en una villa”. En el mismo sentido agrega que en todos los casos “el vampiro es el mismo, y el miedo es a este muerto que no termina de morir. Pero cada cultura lo reflejará de maneras distintas”.

IMG-wax3 tapa-WA000cropAriel Tenorio es el creador de The Wax, una revista que no sólo transita la vereda del terror clásico sino que también explora los límites del humor negro, el grotesco y el gore. Desde su punto de vista, se puede trazar una línea evolutiva desde el terror gótico hasta la actualidad, pero aún hoy no terminan de fraguar las expresiones más recientes: “De las clasificaciones convencionales como el terror psicológico, el fantástico o el realista, todavía siguen goteando hijos extraños como el bizarro o el gore”. Para Tenorio existen, a grandes rasgos, algunas constantes inamovibles en el género: personajes arquetípicos, una atmósfera que se crea utilizando ciertos recursos estilísticos, y la búsqueda de una reacción en el lector.

Para explicar el terror en la literatura argentina, Tenorio nombra a Leopoldo Lugones y a Horacio Quiroga con el fin de rastrear “una raíz más o menos popular”, pero asegura que hay que remontarse al siglo XIX si lo que se quiere es observar sus orígenes en un entramado entre este género y la política: “Es una amalgama que se puede percibir en ‘El matadero’ de Esteban Echeverría, en ‘La refalosa’ de Hilario Ascasubi, o en algunos pasajes de la novela ‘Amalia’ de José Mármol”. Tenorio expresa que ese costado ligado a la historia política local ha impregnado la obra de muchos escritores desde la época de Rosas hasta el presente; autores que no son reconocidos como exponentes del género y sin embargo han dejado cicatrices profundas en sus lectores.

index-laf.jpgDiego Arandojo es el creador de Lafarium, que más que una revista es un concepto nacido hace ya veinte años en forma de fanzine y que se ha manifestado en infinidad de soportes hasta la actualidad. Él elige explicar el género que lo apasiona a partir de una disección de sus componentes: “Para que haya terror tiene que existir un ámbito frágil, que aquellos elementos que brindan seguridad a los personajes estén debilitados. Me gusta pensarlo como un género de quiebre, de ruptura; y que busca emocionar al lector”. En ese sentido, reivindica a lo que llama el ‘buen terror’, que “con una cantidad de recursos mínimos estremece”. Arandojo explica que la segunda característica clave es que haya una víctima, “porque en el terror hay cierto masoquismo, una relación entre el dolor y el placer: los buenos autores son seductores, nos conducen de la mano por el bosque de palabras, dándonos caramelos hasta que aparece el hacha”. La última característica distintiva, y tal vez la más importante, es que haya un gran final. “No importa si hablamos de cuentos terroríficos de una página o de una novela de cuatrocientas, el cierre es clave para significar o resignificar lo que leímos. Es el último respiro, la última gotita de sangre.”, argumenta Arandojo.

Se alimenta del desprecio que recibió durante décadas por parte del mundo académico y se afianza con mucha fuerza, dejando en claro a los lectores y a las grandes editoriales que los horrores de sus páginas están más vivos que nunca.

El rasgo particular que encuentra en los autores argentinos es la inclusión de elementos autóctonos: “Hay castas de autores que escriben ‘en neutro’ para lograr la expansión de sus obras, y otros que no reniegan del ‘voseo’, de la marca lingüística propia de nuestro país, además de integrar geografía, historia o leyendas locales”.

Aquí y ahora

Tenorio observa que el terror está atravesando una valoración que antes no tenía. No cree que se pueda hablar de un “boom” del género, porque para que eso suceda varios autores representativos deberían llegar a grandes cantidades de lectores: “tendríamos que hablar de un fenómeno de diez o doce nombres de la talla y el peso de Mariana Enríquez, o de Alberto Laiseca, aunque su obra sea diversa y escape al rótulo”. Al mismo tiempo señala el surgimiento de algunos escritores que van tomando relevancia, como Celso Lunghi, Nicolás Correa y Diego Muzzio. “En resumen, diría que el género terror tiene un presente muy interesante y un futuro prometedor”, sintetiza el creador de The Wax.

Ventura opina que siempre hubo escritores haciendo terror en Argentina, pero que no se les daba suficiente importancia: “Me parece que los intelectuales de antes  se horrorizaban con los géneros y en especial con el terror, pero este prejuicio se va disipando”. En ese sentido, sostiene que son los críticos literarios, los intelectuales y los medios los que generan que algo esté “de moda”, y que “por suerte ahora las percepciones van cambiando. Stephen King, por ejemplo, es un gran escritor. Pero si le preguntás a los intelectualosos lo van a bardear”.

Arandojo coincide con el diagnóstico de Ventura: “El terror en Argentina siempre existió”. Según su perspectiva, a diferencia de lo que ocurrió con el género fantástico, no hubo una línea de autores de terror específica que se mantuviera a lo largo de las décadas, pero sí una gran cantidad de escritores que tienen relatos de terror en su producción aunque no se hayan dedicado de lleno al género. “Creo que se asume más por parte de la crítica y el mundo académico -o sea, las zonas de canonización- que el fantástico argentino está consolidado y hasta respetado, mientras que el terror fue asomando la cabeza intermitentemente en los medios”. Ahora, pasada la primera década del siglo XXI, Arandojo encuentra otro contexto para el terror: “no es un ‘boom’, sino más bien una consecuencia de la colisión de medios: el cine, la televisión, los videojuegos e internet. El género en la actualidad, potenciado por lo audiovisual y los recursos online alcanzó un estatus más alto, se volvió masivo y demostró ante los mercados que puede ser un negocio”.

Al momento de mencionar autores pujantes del medio local, Tenorio señala a Rogelio Oscar Retuerto, Sebastián Chilano y Pablo Martínez Burkett: “Esos tres darán que hablar. Tienen un espíritu indiscutible”. Ventura, por su parte, no duda: “Me recomiendo a mí mismo y a mi socio. Retengan estos nombres: Gonzalo Ventura y Martín Blanco”. Sugiere también leer los libros de la editorial La Otra Gemela: “Tiene un gusto selecto para publicar y los autores son muy buenos”. Arandojo, a su turno, elige a la cada vez más exitosa Mariana Enríquez, y también elogia a la colección de antologías de cuentos Pelos de Punta “porque abrió una nueva línea en lo que respecta al género local”.

Sin título

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s