A sangre fría

por Emiliano Román

Adrián Caetano alcanza el reconocimiento como cineasta, allá por los años noventa, gracias a su ópera prima: “Pizza, birra, faso”. Formó parte en lo que se dio en llamar el “Nuevo cine argentino”, una camada de jóvenes realizadores independientes que presentaban una nueva manera de filmar y contar historias en Argentina, entre ellos figuraban Pablo Trapero, Lucrecia Martel; Daniel Burman y Martín Retjman, entre otros.

Luego de su segundo largometraje “Bolivia”, Caetano se convierte en un director más popular e industrial, es llevado a la TV para realizar las series “Tumberos” y “Disputas”. En cine consolida su prestigio con grandes obras: “Un oso rojo” y “Crónica de una fuga”, para luego cambiar de registro narrativo en un drama más intimista como “Francia”, el documental del ex presidente Néstor Kirchner “NK” y la experimental “Mala.

Con “El otro hermano” vuelve a sus raíces y nos presenta una historia violenta, tenebrosa, corrupta y marginal.  Basada libremente en la novela de Carlos Busqued, “Bajo este sol tremendo”, el relato nos traslada a Lapachito, un pueblo fantasma perdido en el medio del Chaco, donde la abulia y la desesperanza son lugares comunes ante promesas políticas incumplidas y una sensación de la nada misma.

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Cetarti (Daniel Hendler), es el antihéroe, un ex empleado público sin mucho rumbo,  apático e insensible, llega al lugar para reconocer el cuerpo de su madre y hermano que fueron asesinados por Morales, la pareja de ella, quien posteriormente se suicida, en circunstancias muy extrañas. El hace años no tenía vínculo con su familia y no sabremos bien el motivo, tampoco nos enteraremos que fue lo que causó el crimen. Sí, vemos a un personaje con desidia e indiferencia que solo le interesa cobrar el seguro de vida y vender las chatarras de su hermano para irse a Brasil.

Quien le avisó a Cetarti fue Duarte (Leonardo Sbaraglia), Un ex militar, compañero del asesino de su madre y albacea de este. Es el típico “chanta” argentino que está lleno de “chanchullos” esquivando la ley en todo momento. Le propone al personaje de Hendler, cobrar el seguro de vida en unos pocos días, a cambio de la mitad del dinero. Como Certarti tampoco tiene muchos escrúpulos acepta inmediatamente, aunque no sabe las actividades siniestras que lleva a cabo Duarte.

Es ahí donde nos sumergimos en un relato tétrico, tan agobiante como el sol chaqueño. Mezcla de thriller, policial negro y western criollo, Caetano nos cuenta una historia de la fealdad: la fealdad de la degradación humana; la fealdad de ese pueblo con locaciones que en su mayoría son lúgubres y desoladas; la fealdad de los personajes, tanto Hendler como Sbaraglia pierden todo atractivo físico y portan una presencia desmejorada.

Estos rasgos hacen que lo que al principio se torne gracioso, o paródico se transforme en aterrador y sórdido. Lo de Sbaraglia es sublime, ganó el premio a mejor actor en Festival de Cine de Málaga, logra encarnar a un villano inolvidable, entre la casi caricatura del corrupto y el cinismo monstruoso de un perverso, que se instala como violador de la ley y un modo de goce basado en angustiar al otro para luego culpabilizarlo y hacerlo responsable de vivir las situaciones más aberrantes de las que se puede llegar a tener experiencia.

El fantasma de la última dictadura sobrevuela todo el tiempo en la historia, ahoga, sofoca, sobre esa tierra árida y desmemoriada. Caetano toma varios aspectos del cine clásico para narrarnos un policial muy turbio, con pizcas de gore, cuotas de humor negro, y un suspenso que transmite una tensa calma que va a ir incrementando en intensidad. La cámara se ubica desde los planos cerrados que nos hacen transpirar como a los personajes, a el contrapicado, jugando con la subjetiva de hasta los muertos. El notable trabajo fotográfico de Julián Apezteguia es sostenido por unos diálogos precisos y contundentes.

No hay código, ni valores, tampoco afectos y mucho menos culpas, solo indiferencia y crueldad, apoyada en las grandes actuaciones de sus protagonistas y de un reparto que sabe sostener la trama de un ritmo narrativo que va in crescendo y que tampoco se diluye en la acertada construcción de cada uno de los personajes.

Muy interesantes aportes de la española Angela Molina, quien muestra a un personaje avejentado y deteriorado como la ex mujer del asesino Molina, y de Alian Devetac, que interpreta el hijo de ella, sería el hermanastro de Cetartri y aprendiz de Duarte, un joven sin muchos recursos simbólicos pero con una fijación por fumar porro y mirar documentales.

“El otro hermano” es una historia ominosa, donde aquello no tramitado del pasado, tanto social como familiar retorna en forma de actuaciones y de la manera más siniestra, creando una atmósfera aplastante, bajo un sol tremendo que más que iluminar conduce a los lugares más oscuros del ser humano, y Caetano sabe usar el lenguaje cinematográfico para contarlo de manera tan fluida y contundente que hace bello lo feo.

El Otro Hermano (Argentina, 2017)

Dirección: Israel Adrián Caetano Guión: M Adrián Caetano, Nora Mazzitelli (Novela: Carlos Busqued) Elenco: Daniel Hendler, Leonardo Sbaraglia, Alian Devetac, Alejandra Fletchner, Max Berliner, Pablo Cedrón, Ángela Molina Duración: 112 minutos

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